sábado, 6 de julio de 2024

1986. Dom XIV B - Jesús anuncia el Evangelio en su pueblo


Jesús anuncia el Evangelio en su pueblo de Nazaret

Mc 6,1-6


Texto

1Saliendo de allí se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. 2Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? 3¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él. 4Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa». 5No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. 6Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando

 

Hermanos:

1. El Evangelio de san Marcos, que vamos leyendo este año, en su sencillez, nos resulta sumamente expresivo. Jesús que duerme en la barca, pero es capaz de dominar las fuerzas del viento y del mar, Jesús que cura a la mujer hemorroísa y resucita a la niña de 12 años, hija de Jairo, judío, jefe de la sinagoga. Cada una de esta escena es el retrato total de una persona que es diferente de todos los rabinos, maestros y profetas. ¿Quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen? Pues este es el Hijo de Dios, a quien nosotros hemos dado toda nuestra fe.

Hoy, un episodio de lo que una vez le ocurrió en su pueblo de Nazaret, del que quizás se podría decir que no tiene mayor transcendencia, pero que, visto en profundidad, termina en lo mismo. ¿Quién es este? Si conocemos su parentela…, si aquí nos conocemos todos con nombres y familias…, si aquí nadie es más que nadie… Pero sucede que este habla como nadie ha hablado, sin haber pasado por las escuelas de los rabinos…, si incluso dicen que ha hecho milagro en Cafarnaúm, que está a cuarenta kilómetros de Nazaret… Son preguntas que saltan y que los nazaretanos no las supieron responder, Jesús quedó defraudado y, sin duda, triste. Vamos, pues, a ver una serie de detalles, para que no nos encontremos nosotros en la misma situación que aquellos incrédulos oyentes, sino que, por el contrario, nos beneficiemos del regalo infinito que ds, nuestro Padre, nos ha hecho al darnos a su Hijo amado.

 

2. Jesús está ya en plena actividad, y, aunque no lo hayamos leído, Jesús ha ido a la región de Gerasa, que está a la otra parte del lago, y ha sanado a un endemoniado, que andaba como un loco por los sepulcros.

Jesús viene a su pueblo, No viene a visitar a su familia y amigos; viene con sus discípulas, es decir, viene ahora como misionero, como mensajero de Dios, que anuncia el Reino. El pueblo tenía sinagoga, y Jesús, hijo de Israel, acude a la sinagoga, porque es consciente de que el Evangelio que él lleva, está destinado primero a los hijos de Israel.

 

¿Quién es este? Es el carpintero, el artesano. Es el hijo de María. Probablemente, al decir hijo de María, y no hijo de José, como era normal designar a las personas por el padre, es indicio de que José había muerto…, aunque la expresión sin más de “hijo de María” nos lleve de por sí a pensar en el nacimiento virginal. También esto sería posible para un lector cristiano.

Lo que Jesús dijo resultó maravilloso, porque nunca habían oído cosas semejantes. ¿Cómo se explica esta sabiduría si este hombre no es ningún doctor que venga de los libros…? Es claro que Jesús habla con la sabiduría de Dios, no con la sabiduría de los hombres… Ya lo había dicho san Marcos a propósito del primer sermón de Jesús, en Cafarnaúm: Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen» (Mc 1,27).

Es oportuno recordar aquí lo que cuenta san Juan en un episodio que le ocurrió a Jesús en Jerusalén, con ocasión de la Fiesta de los Tabernáculos o de las Tiendas, que una fiesta muy popular, de muchas peregrinaciones. “A mitad de la fiesta, subió Jesús al templo y se puso a enseñar. Los judíos preguntaban extrañados: «¿Cómo es este tan instruido si no ha estudiado?». Jesús entonces les contestó: «Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado; el que esté dispuesto a hacer la voluntad de Dios podrá apreciar si mi doctrina viene de Dios o si hablo en mi nombre” (Jn 7, 14-17).

En aquella ocasión nos había advertido el evangelista: “Y es que tampoco sus hermanos creían en él (Jn 7,5).

Los hermanos de Jesús, como Santiago, hermano del Señor, son sencillamente los parientes de Jesús, en el estilo del lenguaje judío. Expresión que ha dado tanto que hablar, en particular entre nuestros hermanos protestantes. No son otros hijos de María, ni tampoco hermanastros de Jesús, hijos de un hipotético matrimonio anterior de José. Jesús en la Cruz no puede decir “Ahí tienes a tu hijo”, por Juan, si María hubiera tenido otros hijos con la obligación de atenderle. Pero esto, hermanos, es asunto de clases, poniendo sobre la mesa todos los textos, y explicándolos debidamente cada uno.

Sigamos con lo que pasó en Nazaret: No le creyeron. Y Jesús dijo una frase, que era un refrán o un dicho sabido y que lo seguimos diciendo: que nadie es profeta en su patria. San Marcos nos ha transmitido así el comentario de Jesús: “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa”.

Eso ya les había ocurrido a los profetas. Así el profeta Ezequiel, de quien leemos hoy cuando Dios le envía: “a ellos te envío para que les digas: “Esto dice el Señor”. Te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos” (Ez 2,4-5).

 

4. El desenlace d esta escena tiene dos puntos diferentes: Jesús fracasó y no fracasó. Dice el Evangelio:

No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

Esto nos puede pasar exactamente hoy, hermanos. Cuando san Francisco comenzó su aventura espiritual con aquella llamada a la pobreza, el primer enemigo fue su propio padre, comerciante de Asís. Aquello era un despilfarro intolerable. Y lo llevó ante el obispo de Asís. Y entonces el joven Francisco se quitó su propia ropa, se desnudó, y se la entregó a su padre: Hasta ahora he llamado “padre mío” a Pietro Bernardone; a partir de ahora sí puedo decir: Padre nuestro que estás en los cielos… Y hubo jóvenes y adultos del propio pueblo que lo siguieron. No tuvo que ir a buscarlos     lejos.

A los pocos años una joven quedó iluminada por el ejemplo de Francisco: Clara de Asís. Con el correr de los acontecimientos, siguieron a Clara su hermana Inés, su madre Hortolana.

Jesús sí curó enfermos hasta en su pueblo, aunque la mayoría le dijeran que no. Los santos están aquí, en mi pueblo, en mi parroquia. Yo estoy llamado a ser uno de ellos; yo estoy llamado a ser curado por Jesús y a amarle con todo el corazón.

 Pablo fue uno de esos seguidores de Jesús, a pesar de que había sido un fanático fariseo.  Pero Pablo, que ha tenido sublimes visiones, sabe perfectamente que solo la gracia de Dios, solo la gracia, no nuestra entrega, nuestra habilidad, nuestras conquistas, obran maravillas. Nos ha dicho en la lectura de hoy.

“… si quisiera gloriarme, no me comportaría como un necio, diría la pura verdad; pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí. Por la grandeza de las revelaciones, y para que no me engría, se me ha dado una espina en la carne: un emisario de Satanás que me abofetea, para que no me engría. Por ello, tres veces le he pedido al Señor que lo apartase de mí y me ha respondido: «Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad». Así que muy a gusto me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo (2Cor 12,6-9).

 

Hermanos, este es el cuadro espiritual en que nos movemos. Cristo es el centro, Cristo es el Guía, Cristo es el que nos lleva al Padre y el que hace maravillas y quiere hacerlas conmigo.

 

Señor Jesús, un día predicaste en Nazaret, y hoy sigues anunciando el Reino entre nosotros a través de tantas voces. Te suplico que me tengas como discípulo, y a través de mis palabas, mi testimonio y mi vida entera, yo sea anunciador del Reino que nos has traído.

 

 2 julio 2024

 

viernes, 28 de junio de 2024

1985. Dom XIII B – Dom XIII B Jesús bondadoso vence la enfermedad y la muerte


Jesús bondadoso vence la enfermedad y la muerte

Mc 5,21-43


 21Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor y se quedó junto al mar. 22Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, 23rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». 24Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba. 

25Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. 26Había sufrido mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. 27Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, 28pensando: «Con solo tocarle el manto curaré». 29Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba curado. 30Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de la gente y preguntaba: «¿Quién me ha tocado el manto?». 31Los discípulos le contestaban: «Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». 32Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. 33La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le confesó toda la verdad. 34Él le dice: «Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad». 

35Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?». 36Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe». 37No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. 

38Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos 39y después de entrar les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida». 40Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, 41la cogió de la mano y le dijo: Talitha qumi (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»). 42La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de sí llenos de estupor. 43Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

 

Hermanos:

1. El Evangelio de hoy nos resulta un tanto largo, algo más que otras veces. Son una serie de escenas entrelazadas que no se pueden desunir, con detalles incluso pintorescos, que san Marcos no quiere perder. Y en este Evangelio aparecen verdades impresionantes, que valían entonces y valen hoy:

- La primera y principal que Jesús es el Dios con nosotros, el todocompasivo el todopoderoso, vencedor de la enfermedad, vencedor de la muerte.

- Y que quien se acerca a él con fe, venga de donde venga – lo mismo del judaísmo que del mundo pagano – no va a regresar con las manos vacías. Jairo, judío, jefe de una sinagoga judía, y la mujer hemorroísa, que no es propiamente discípula, pero que ha oído hablar de Jesús y confía en él; son ambos un ejemplo inmarcesible para nosotros.

Ahora bien, hermanos, hay una primera lectura de un sabio de Israel, de aquel que escribió el libro de la Sabiduría, que nos puede dar la clave de lo que pasa. Este sabio creyente ha meditado y en sus reflexiones ha llegado a estas conclusiones, que, al mismo tiempo, son principios. Son verdades que podemos tallarlas a cincel como verdades para la vida.

-         Dios no ha hecho la muerte, | ni se complace destruyendo a los vivos. Él todo lo creó para que subsistiera | y las criaturas del mundo son saludables: | no hay en ellas veneno de muerte.

Es una visión maravillosa del mundo en que vivimos. Y esta otra, del mismo libro unida en la lectura de hoy.

-         Dios creó al hombre incorruptible | y lo hizo a imagen de su propio ser; 24mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, | y la experimentan los de su bando.

Dice la ciencia que el ser viviente nace, crece, se reproduce y muere.  Pero la fe nos ha revelado otra cosa: que como el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios, el hombre no ha nacido para la muerte, sino para la vida. El hecho de que exista la muerte es una descomposición del plan primero de Dios: el hombre buscó la muerte por el pecado, y entonces el demonio la introdujo.

Cuando uno contempla el mal horroroso que existe en el mundo, uno dice: Esto no puede ser original, esto ha venido de fuera, y la Biblia, como Palabra de Dios, te dice: por envidia del diablo entró la muerte en el mundo, y añade:  y la experimentan los de su bando.

2. Con este cuadro de pensamiento veamos, queridos hermanos, qué pasa en el relato del Evangelio.

Jesús está en plena actividad de anuncio del Reino de Dios en toda aquella región en torno al lago de Galilea. Un judío, que resulta ser nada menos que el jefe de una sinagoga judía, tiene una hija pequeña que se está muriendo. Y un padre, si de verdad es padre, hace por su hijita lo posible y lo imposible. Si está enferma y está tan grave que se va a morir, voy a llamar a un rabino y vamos a rezar las oraciones por los enfermos., …

 

 

3. Y ahora se interfiere otra escena. Se trata, al parecer, de una judía; tiene una enfermedad propia de mujer. Una descompensación total de su menstruación

Pues no hace esto. Va a Jesús y he aquí lo que hace: se echó a sus pies, 23rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva». 

Este hombre cree que la oración y la bendición de Jesús es del todo especial y que si Jesús impone las manos sobre la niña se va a curar. Y tiene razón, porque la fe, si es fe

………………..

oooooooooooooooooooooooooo

miércoles, 26 de junio de 2024

1984. Duerme Jesús en la barca – Rima espiritual sobre el sueño de Jesús en la barca


Duerme Jesús en la barca



 

Este poema es el eco oracional y poética al mensaje transmitido en la homilía del domingo pasado: Dom. XII B, Jesús impera al viento y al mar.

La escena de Jesús durmiendo en la barca ha resonado diversas veces en los escritos de Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (cartas y poesías). En determinado momento escribe a su hermana Celina:

“Celina querida, ten la seguridad de que tu barca está en alta mar, tal vez muy cerca ya del puerto. El viento del dolor que la empuja es un viento de amor, y ese viento es más rápido que el relámpago...[…]

Los Apóstoles le habían dado una almohada, el Evangelio nos cuenta este detalle. Pero en la barquilla de su esposa querida Nuestro Señor encuentra otra almohada mucho más suave: el corazón de Celina. Allí lo olvida todo, allí está como en su casa... No es una piedra lo que sostiene su cabeza divina (aquella piedra por la que suspiraba durante su vida mortal): es un corazón de hija, un corazón de esposa. ¡Y qué contento está Jesús! ¿Pero cómo puede estar contento cuando su esposa sufre, cuando vela mientras él duerme dulcemente? ¿No se da cuenta de que Celina no ve más que la noche, de que su rostro divino está escondido para ella, y de que a veces hasta la carga que siente sobre su corazón le parece pesada...?

[…] Y sin embargo, Jesús está contento de verla entre sufrimientos, se siente feliz de recibirlo todo de ella durante la noche... Espera la aurora, y entonces... sí, entonces ¡¡¡qué despertar el de Jesús...!!!  (Carta a su hermana Celina, 27 julio 1873, cuando Teresita tenía 20 años).

Celina le responde: “Tu carta me ha hecho tanto bien, que he dado gracias por ella a Nuestro Señor. No lo entiendo, pero siempre me dices justamente lo que necesito que me digan...”

Pero lo que me pasa a mí, cuando al noche cubre mi alma y vienen los temores, como negros murciélagos, también el pasa a mi Madre la Iglesia.  Le está pasando, pero su fe va a salir más hermosa.

Mi pecho se ha estremecido:
Duerme Jesús en la barca,
el viento ruge furioso
y en el mar hay marejada.

Despierta, Rabí, despierta,
y deja esa cabezada,
que aquí nos hundimos todos,
sin remedio entre las aguas.

Y el Rabí se despertó
del cansancio que llevaba
y en pie se puso en la popa
enhiesto como atalaya.

Cállate y enmudece,
huracán de voces bravas,
y amánsate, mar hinchado,
bajo estas humildes palmas.

El estruendo se hizo mudo,
y el mar dejó su bravata,
suave como una caricia
y la brisa los bañaba.

Y Jesús brillaba hermoso,
hermoso como la Pascua,
con un rostro celestial
y manos que apaciguaban.

Entonces salió una voz
de las honduras del alma,
de la verdad que por dentro
era verdad revelada.

¿Por qué ese miedo, miedosos,
con esa fe amilanada,
temblando los corazones
como la barca agitada?

¿Por qué ese miedo conmigo,
si con vosotros bogaba;
yo era remos, timonel,
barquero que gobernaba?

Pasemos a la otra orilla,
dije en la tarde azulada,
y ¡a la mar bien sin cuidado!
iniciamos nuestra marcha.

¿No habéis visto el universo,
que alienta porque me ama,
que cielo y tierra es engendro
de la divina Palabra?

¿No sabéis que el Padre viste
de belleza inmaculada
los lirios de la pradera
cual Salomón no lograra?

Dios es presencia y palpita,
Dios es savia derramada,
Dios es vida, todo vida,
que toda vida traspasa.

Es huracán, como es brisa;
es galerna y lluvia mansa;
morador dentro del átomo
y Señor de las galaxias.

Sin Dios el mundo no es
y la nada es pura nada,
y el Creador que lo hizo
sigue… y mi Padre trabaja.

Y yo con Él yo trabajo,
cual Hijo de sus entrañas;
miradme todo entrañado

* * *

Hoy vuelvo pacificado
a esta orilla alborotada…
la marejada ha movido
las aguas que van y bailan.

Y la Iglesia, que es mi Madre,
se encuentra ahora turbada,
y nosotros, marineros,
asustados en la lancha.

La paz…, tranquila alma mía;
no lo despiertes…, aguanta,
aguanta, suave, y confía
que él sabe bien lo que pasa.

Y tu dolor es tu fe
que sufriendo se abrillanta,
porque la fe redentora
con los dolores se fragua.

En la almohada de Cristo
echa abandono y confianza;
¡silencio…!, viene la brisa
ya está rozando la cara.

Iglesia, mi amor de siempre,
Iglesia, mi Iglesia amada,
Él duerme, no lo despiertes,
que un gran milagro prepara.

Yo creo en ti, mi Jesús,
y mi fe es tu mirada;
cuando quieras, como quieras,
que el ser mirados nos basta.

En este mar bendecido
eres brújula sin falla;
seas tú quien siempre ese
y nosotros tu alabanza. Amén.

Cuautitlán Izcalli, miércoles 26 junio 2024

viernes, 21 de junio de 2024

1983. Dom XII B – Dom XII B Jesús impera al viento y al mar

 Jesús impera al viento y al mar
Mc 4,35-41

Texto

35Aquel día, al atardecer, les dice Jesús: «Vamos a la otra orilla». 36Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. 37Se levantó una fuerte tempestad y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. 38Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»39Se puso en pie, increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio, enmudece!». El viento cesó y vino una gran calma. 40Él les dijo: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». 41Se llenaron de miedo y se decían unos a otros: «¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!».

Hermanos:

1. El Evangelio del domingo pasado era el domingo de las parábolas. Recordemos: la semilla que crece sola, porque Dios la hace crecer, y el grano de mostaza, que no mide un milímetro, y que Dios lo convierte en un arbusto, adonde acuden las aves del cielo.

El Evangelio de hoy es la línea siguiente al texto que acabamos de mencionar. El protagonista es el mismo: Jesús de Nazaret, que es Jesús Hijo de Dios, ese mismo Jesús que preside el culto que celebra la asamblea cristiana cada domingo. Es el mismo el de las palabras, el de los hechos, el de la presencia; en definitiva, el que vive y actúa en mi corazón. Mi vida está presidida por Jesús; y a lo mejor hoy me va a decir: «¿Por qué tenías miedo? ¿Aún no tienes fe?». Y a lo mejor, yo le voy a escuchar con una resonancia como nunca lo había oído.

Este episodio evangélico nos evoca aquel célebre poema del libro de Job, ya avanzado el argumento, cuando Dios hace un interrogatorio a Job que se revuelve en sus respuestas, para que le informe de los secretos de la creación que solo el Creador conoce, y se toma un párrafo como primera lectura de hoy

1El Señor habló a Job desde la tormenta y le dijo:
8¿Quién cerró el mar con una puerta,
cuando escapaba impetuoso de su seno, 
9cuando le puse nubes por mantillas
y nubes tormentosas por pañales, 
10cuando le establecí un límite
poniendo puertas y cerrojos, 
11y le dije: “Hasta aquí llegarás y no pasarás;
aquí se romperá la arrogancia de tus olas”? (Job 38,1. 8-11).

El suceso evangélico ocurre en el lago de Galilea, que llamamos también mar de Tiberíades, en torno al cual está el escenario principal de la actuación de Jesús. Son 21 kilómetros de norte a sur y 12 de este a oeste en la parte más ancha, y cerca de 50 metros de profundidad, todo lo suficiente para una tormenta peligrosa, que pueda volcar la barca.

Los que andan en estudios bíblicos saben que el año 1986, en una baja profunda del lago se encontró una barca, hundida en el barro, cerca de Magdala, que se calcula que es del siglo primero, próxima a los tiempos de Jesús. Es una barca de 8,2 metros de largo por 2,3 metros de ancho (y 1,2 metros de altura). Después e años de tratamiento se muestra a público y estudiosos en un kibutz de Israel. Es un detalle arqueológico que viene en apoyo del relato evangélico.

 

El mar de por sí infunde respeto; pero si al mar se junta el huracán y la tormenta, entonces el respeto puede ser espanto. Todo el mundo en México sabe lo que el huracán “Otis” destrozó en Acapulco, y lo que esta semana el huracán “Alberto”, gracias a Dios, mucho más suave esta haciendo en Veracruz y Campeche. Evidente que no es el mismo caso de lo que pasó en el pequeño mar de Galilea.

 

3. El relato religioso nos remite a páginas bíblicas, que la piedad judía conoce muy bien.

“Señor del universo, ¿quién como tú? | El poder y la fidelidad te rodean. Tú domeñas la soberbia del mar | y amansas la hinchazón del oleaje”. (Sal 88,9-10).

Solo el señor del Universo, el Creador, puede dominar la soberbia del mar, la hinchazón del oleaje.

Es la conclusión imperativa de la escena: ¿Pero quién es este? ¡Hasta el viento y el mar lo obedecen!

Parece que el evangelista san Marcos nos está recordando estos versículos del salmo 88.  Está claro que Jesús actúa como Señor del universo. Los apóstoles irán conociendo “Quién es este”, si bien no acabarán de conocerlo del todo hasta su santa Resurrección que, de repente, no se la esperaban.

Jesús, el Señor de nuestra Fe, es el Señor del Universo. San Juan lo pondrá con palabras esplendentes al principio del Evangelio, para que sepamos de quien va a hablar. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho (Jn 1,3).

5. Vayamos, pues, ahora, hermanos, las consecuencias de revelación y de fe para nuestra vida.

Vamos a la otra orilla, dice Jesús. Si estamos en Cafarnaúm, que es la parte occidental, la “otra orilla” es la parte oriental del lago. Pero no es ningún capricho decir que la vida tiene muchas orillas, y que tantas veces Jesús nos dice: Vamos a la otra orilla.

Un recuerdo agradable de mi vida de profesor de Sagrada Escritura es que una alumna, una religiosa, había escogido esta frase como lema de su vida: Pasemos a la otra orilla. Nos invitó a su profesión solemne y en el folleto guía de la celebración, había puesto esta frase del evangelio de san Marcos, capítulo 4, versículo 35: Pasemos a la otra orilla. El señor le había invitado a pasar a la otra orilla: dejar atrás proyectos y posibilidades, acaso su carrera, y pasar a la otra orilla, que ene este caso era la vida religiosa para siempre. Podía ir segura, porque no iba ella sola en la barca; iba con Jesús. Y en el fondo del corazón podía escuchar la voz de quien le había invitado a pasar a la otra orilla: No tengas miedo, Isabel (o quien fuera), porque, pase lo que pase, yo voy contigo, y vamos juntos.

 

6. Este es el secreto de la vida, hermanos: Él estaba en la popa, dormido sobre un cabezal. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?»

Este pasaje del Evangelio lo ha empleado unas cuantas veces santa Teresita del Niño Jesús. Muchas veces Jesús calla; está dormido en la popa, y se ha revuelto el mar. El horizonte está oscuro, porque las nubes tapan el sol. ¿Qué va a pasar? Nada bueno.

No es verdad. Basta saber que Jesús está ahí. No lo despiertes, y confía. Si está él nada malo puede pasar.

 

6. Hermanos, esta escena, que se puede aplicar a cada una de nuestras vidas en particular, la podemos aplicar a la vida de la Iglesia en su conjunto. Esta bogando en la tremenda; hay marejada; las aguas están revueltas. Esto es verdad. Quien nos dirige no es el Papa Francisco, sucesor de Pedro, número 266. Quien nos dirige es Jesús que está en el cielo y está presente en la barca. En aquella barca del lago Pedro y sus compañeros se habían alborotado y sacudieron al Maestro para que dejara de dormir y se despertara. Pero el que dirigía la barca era él; sin remos era él. Y en el momento oportuno le increpó al viento para que se callara, y se huracán se acalló y se volvió suave brisa vespertina.

Hermanos, no soy yo quien ha de sacar las aplicaciones. El Espíritu las dirá a cada una. Para concluir una palabra de san Pablo, de la lectura de hoy: si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo (2Cor 5,17).

Señor Jesús, tú navegas en la barca de mi vida. No voy a despertarte cuando todo se revuelve y la noche nos amedrenta. Sola te pido la seguridad de tu presencia, la certeza íntima de la fe de que, pase lo que pase, tú vas conmigo. Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes 21 junio 2024 (comienzo del verano).

domingo, 16 de junio de 2024

1982. Dom XI B – Jesús y el Reino de Dios en parábolas

Jesús y el Reino de Dios en parábolas

Mc 4,26-34


Texto

26Y decía: «El reino de Dios se parece a un hombre que echa semilla en la tierra. 27Él duerme de noche y se levanta de mañana; la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. 28La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. 29Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega». 

30Dijo también: «¿Con qué podemos comparar el reino de Dios? ¿Qué parábola usaremos? 31Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña, 32pero después de sembrada crece, se hace más alta que las demás hortalizas y echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden anidar a su sombra». 

33Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su entender. 34Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

Hermanos:

1. Seguimos escuchando el mensaje el mensaje que Jesús nos ha traído del cielo, que se resumen en una expresión el Reino de Dios, y también “el misterio del Reino”.

Jesús introdujo un modo particular de anunciar el Reino de Dios, que son las parábolas. Para ello, vamos a comenzar con las dos frases finales, que se refieres a las dos parábolas de hoy y a todas las demás. Lo acabamos de escuchar: “Con muchas parábolas parecidas les exponía la palabra, acomodándose a su en-tender. Todo se lo exponía con parábolas, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado”.

Los expertos en los Evangelios, que han estudiado a fondo los textos sagrados comparándolos con las sobras que nos han dejado los rabinos de la antigüedad, nos dicen que Jesús ha tenido esta invención: hablar de los misterios de Dios en parábolas. Los rabinos iban a textos de las Escrituras, los escrutaban con reglas de interpretación para ver cuál era el sentido oculto que encerraban aquellas palabras. Jesús no ha empleado este modo. Cuando ha citado las santas Escritura, que respeta y acepta como palabra de Dios, los pasajes que citan son textos sencillos conocidos por todos, como, por ejemplo, cuando le preguntan: Entre tantos y tantos mandamientos y leyes que tenemos en los libros santo de la Ley de Dios, que son varios centenares, ¿cuál es el primero de ellos?, le pregunta un doctor.

¿Qué lees en la Ley?, le contesta Jesús. “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas”. De eso se trata, le responde Jesús: y añade: Y al próximo como a ti mismo. Eso lo sabe todo el mundo.

Pero luego viene la revelación de Jesús: no todo el mundo, ni mucho menos, diría lo que Jesús dice: que un samaritano, enemigo de los judíos, caído en el camino, ese es el prójimo al que yo tengo que amar, ayudándole y curando sus heridas. Esa es la revelación.

2. Jesús revela las cosas de Dios con comparaciones muy sencillas, tomadas de la vida, que llamamos parábolas. Pero ¿qué quieren decir esas comparaciones? Nosotros podemos tener muchas ocurrencias; debemos dejarlas a un lado y entender lo que dice Jesús.

El hombre que trabaja en el campo: qué pasa, qué hace y qué no hace. El hombre, el labrador en este caso, tiene que labrar el campo, aflojar la tierra y prepararla para la sementera, y entonces echa la semilla. Lo que viene después, que es lo principal, lo hace Dios.

El hombre se vuelve a casa y cuando llega la noche se duerme y descansa: ¿Qué será de aquella semilla que he sembrado? ¿Germinará o no germinará? ¿Tendrá humedad, tendrá lluvia, tendrá sol…? Es inútil que él cavile y cavile. Ya eso es obra de Dios. Por mucho que tú pienses y le des vueltas y vueltas no puedes hacer nada. La semilla es tuya, pero te olvidas de lo principal: que la semilla es de Dios, que toda la creación está bajo el amor y la Providencia de Dios.

Te olvidas de que Jesús nos dijo que Dios mismo viste a las flores con unos vestidos tan preciosos que ni Salomón con todo su esplendor los tuvo igual.

Te olvidas de que Jesús nos dijo que Dios, su Padre y nuestro Padre, se cuida de todos los pájaros que hay en el mundo para darles de comer.

Te olvidas de que Dios, y solo Dios, sabe el número de todas las estrellas que hay en el cielo y de que a cada una la llama por su nombre.

Te olvidas de que esta hierbecita que está bajo mis pies o sobre la cual yo me siento tranquilo en el prado ha brotado, y precisamente para mí, porque el Dios del cielo, que es el todopoderoso y el todo amante así lo ha querido.

3. Pasemos esto al Reino de Dios. Una buena empresa para que funcione tiene que tener un buen “marketing”. En el reino de Dios tenemos que hacer grandes proyectos de conquista. Tenemos que celebrar concilios – y está bien – tenemos que celebrar asambleas - y está bien – tenemos que hacer nuestro “marketing”… ¡Alto ahí!, que a lo mejor nos estamos olvidando de que Dios, y solo Dios, es el propietario, el único propietario de esta empresa divina en la tierra, y es el primer interesado en que la cosa funcione.

La semilla crece, sin que el labrador sepa cómo crece.

 

5. Jesús nos está hablando del poder infinito de Dios y del amor de Dios. Y la primera aplicación se la hacemos directamente a él.

Jesús ha actuado en un rinconcito del mundo, de pocos kilómetros cuadrados. No ha tomado la nave para cruzar el Mar Mediterráneo, como san Pablo, e ir a anunciar a las ciudades de Asia Menor, de Grecia, llegar a Roma y luego ir rumbo a Finisterre.

Si su obra hubiera sido una obra humana, se habría apagado por sí sola, a los pocos años de su muerte. Con tantos otros ha pasado así. Pero él confía en su Padre y sabe que lo que él ha hecho ha traspasados los siglos y ha llegado hasta nosotros.

Aquella semillita se ha hecho un árbol y los pájaros, que nosotros, hemos venido a encontrar refugio aquí.

 

6. Lo que Jesús quiere recalcar es que al final, hay cosecha. La cosecha ha sido como un milagro de Dios. Con estos ojos debemos mirarla.  La tierra va produciendo fruto sola: primero los tallos, luego la espiga, después el grano. Cuando el grano está a punto, se mete la hoz, porque ha llegado la siega.

El labrador está feliz porque ha tenido cosecha.

Esto tenemos que tenerlo ante los ojos para saber interpretar correctamente la vida de la Iglesia. Nosotros tenemos que echar la semilla. El día pasado, en una de las misas de los días de labor, Jesús nos decía que somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Así hablaba en el Sermón de la Montaña a gentes sencillas muchas de las cuales no sabían ni leer ni escribir. Él sí es la Luz del mundo, pero ¿nosotros…? Nosotros demos buen ejemplo y hagamos de nuestra parte todo lo que podamos. Él se encargará de lo demás…

Yo sé que mi vida, entregada con amor a Jesús en la Iglesia, está produciendo fruto. Yo no lo veo de pronto; no importa. Todo lo que se hace con amor, por insignificante que parezca, produce su fruto. La Iglesia avanza así. Dios es el que trabaja.

Aquel Reino que comenzaba era como un grano de mostaza que se pierde en las arrugas de la mano. Pero luego se hace u arbusto, y, seguramente que evocando viejas profecías del tiempo del destierro, como hoy leemos en Ezequiel, las aves venidas de muchas partes pueden hacer nido aquí.

Digamos para terminar, hermanos, que nuestra vida es Jesús, y que hemos venido a habitar en el árbol que él nos ofrece, que es su santa Iglesia.

Señor Jesús, tu palabra nos ilumina, porque nos descubre los misterios de Dios. Te damos gracias por estas parábolas que nos dices, que, como a tus discípulos, nos las explicas aparte. Te damos gracias, porque en ti hemos hallado cobijo para siempre.

Guadalajara, viernes, 14 junio 2024.