Saludo
al Año de Gracia de 2013
Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!
1.
Amor será mi canción,
dicha
en prosa o poesía,
con
estos labios sedientos
de
tu divina ambrosía.
2.
En el Año de la Fe
el
Evangelio es mi guía,
guardado
en el corazón
como
la Virgen María.
3.
Tu Palabra al mundo dada,
desde
los cielos traída,
amor
por siempre encarnado,
será
la Palabra mía.
Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!
4.
Bendición es tu Presencia,
tu
entrañable compañía;
si
en mi nombre dos se juntan,
yo
soy en medio armonía.
5.
Comunión es nuestra Iglesia
en
tiempos de carestía,
lazo
entre hermanos atado,
salvados
de apostasía.
6.
Y tú, Jesús, siempre amado,
primavera
inextinguida,
viviente
en todo viviente,
tú
serás teofanía.
Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!
7.
Yo te ofrezco mi deseo,
pues
darte más no podría,
pero
la gracia me dice
que
el deseo es tu primicia.
8.
Mi pobreza ante tus ojos
es
tu riqueza infinita,
mi
abandono es tu llenumbre
vertida
en manos vacías.
9.
Te ofrezco el tiempo, que es tuyo,
mi
Dios, sin cronología;
sea
reloj de este año
el
tic-tac de tus visitas.
Y sigue la melodía:
“Año Nuevo”, yo oía,
¡Año Bueno – yo decía –
de tu gracia y alegría!
10.
Contigo, Jesús, avanzo,
a
tu sombra apetecida;
¿adónde
el camino irá?:
adonde
el Maestro diga.
11.
Mil años en tu presencia
son
el ayer que fluía,
pero
un servicio de amor
es tiempo de eterna valía.
12.
Para este año te pido
ternura
y sabiduría;
dos
moneditas te doy,
que
es todo lo que tenía. Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 31 dic. 2012
Y ya en el amanecer del 2013:
13. Tú eres mi ayer y mi
hoy,
mi ahora y la parusía,
tú eres la pura unidad
en
la santa Eucaristía.
14. Lo
que ayer tu historia fue
hoy es
divina energía,
tú
eres, Jesús, amor mío,
tú eres
mi historia cumplida.
15. Ya
no apetezco más tiempo
en esta
mi travesía;
seas tú
mi toda paz,
la que mi alma quería.
Amén.
La generación de Cristo, en efecto, es el origen
del pueblo cristiano, ya que el nacimiento de la cabeza incluye en sí el
nacimiento de todo el cuerpo.
Aunque cada uno de los que llama el Señor a
formar parte de su pueblo sea llamado en un tiempo determinado y aunque todos
los hijos de la Iglesia hayan sido llamados cada uno en días distintos, con
todo, la totalidad de los fieles, nacida en la fuente bautismal, ha nacido con
Cristo en su nacimiento, del mismo modo que ha sido crucificada con Cristo en
su pasión, ha sido resucitada en su resurrección y ha sido colocada a la
derecha del Padre en su ascensión.
El creyente que en cualquier parte del mundo es
regenerado en Cristo se libra de la culpa original y, al renacer, se transforma
en un hombre nuevo; en adelante ya no cuenta la generación carnal de sus
padres, sino la generación por la que ha renacido del Salvador, que quiso
hacerse Hijo del hombre para que nosotros pudiéramos llegar a ser hijos de
Dios,
(San León Magno, Sermón 6 en la Natividad del
Señor . Lectura del 31 de diciembre).
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