El Señor te bendiga y te guarde,
el Señor, el Señor
Hermanos: ¡Paz y Bien!
1. Este es el saludo
hermoso, que tiene derecho a utilizarlo cualquier hijo de Dios, y que los
hermanos de san Francisco – o. si quieren, la familia franciscana, lo decimos
como signo de identidad.
¿Qué significa
exactamente? Significa todo, porque en
la “Paz” se contiene todo bien y en el “Bien” está también la paz. En la
Biblia, la Paz, y ya desde el Antiguo Testamento, incluye todo el cúmulo de los
dones divinos.
Es un saludo de sabor
bíblico. Y viene a ser equivalente de aquel saludo de san Pablo: “Gracia y paz”.
Gracias y paz que no son bienes que nosotros producimos, consumimos y
administramos, sino que vienen directamente de arriba: “Gracia y paz a
vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo”, así escribió
a la Comunidad de Corinto (2 Co 1,2).
2. El saludo de Paz y
bien no lo inventó san Francisco; de hecho, que sepamos, no lo uso. Él cuando
predicaba al pueblo comenzaba siempre deseando la paz. “El Señor me reveló que
dijésemos el saludo: El Señor te dé la paz” (Testamento, 23). Comentan sus biógrafos: “Por eso, en toda
predicación suya iniciaba sus palabras con el saludo que anuncia de la paz” (Tres Compañeros, 26). Y añaden un dato
curioso: “Y es de admirar -y no se puede admitir sin reconocer en ello un
milagro- que antes de su conversión había tenido un precursor, que para
anunciar la paz solía ir con frecuencia por Asís saludando de esta forma: «Paz
y bien, paz y bien»” (Ibídem). No se
sabe quién fue aquel misterioso peregrino o predicador.
De él hemos recogido
nosotros este saludo franciscano, que como tal – repito – Francisco no lo ha
usado en sus cartas.
3. Todos los años, el
día 1 de enero, octava de Navidad y solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y
desde 1968, por deseo de Pablo VI, día Internacional para pedir por la paz,
todos los años en la misa, como primera lectura leemos el mismo texto bíblico,
que es la Bendición que Moisés, por mandato del Señor, prescribió a los hijos
de Aarón para bendecir al pueblo. Es la bendición más solemne que tiene el
Antiguo Testamento. Y como en cierta ocasión san Francisco la escribió en un
pequeño pergamino para dársela al Hermano león, que era su confesor, a veces la
llamamos nosotros la Bendición de San Francisco.
“El Señor habló a
Moisés: Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a
los hijos de Israel:
El SEÑOR te bendiga y te proteja;
el SEÑOR ilumine su rostro sobre ti y te
conceda su favor;
el SEÑOR te muestre su rostro y te conceda
la paz.
Así invocarán mi
nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré” (Núm 6,22-27).
4. Qusisiera analizar
con detalle esta Bendición, que es, por excelencia la Bendición de los
sacerdotes (en hebreo Birkat Cohaním). De un autor judío leo con agrado esta explicación:
"La Torá ordena que los cohaním (sacerdotes) bendigan al pueblo de Israel según la fórmula de esta bendición que no deriva necesariamente de la posición, del poder o de los méritos del cohén, o que éste sea la fuente misma de la bendición. La Torá expresa claramente, inmediatamente después de dar la fórmula de la bendición sacerdotal: "Y pondrán Mi nombre sobre los hijos de Israel, y Yo los bendeciré" (Números 6:27), que sólo Yahweh es la fuente de las bendiciones ya que los cohaním son únicamente los instrumentos a través de los cuales la bendición llega al pueblo. Los cohaním pronuncian las palabras de la bendición ya que sólo Yahweh la otorga”.
Esta explicación es
muy oportuna. Y hablando con lenguaje cristiano, diría que la Bendición de Dios tiene valor sacramental. Para entender, pues,
lo que quiere expresar el texto sagrado, quizás sea bueno partir del final: Y
yo los bendeciré.
La Bendición de Dios
es del todo eficaz, como eficaces son los sacramentos.
5. Para entender con
precisión el texto es muy importante respetar literalmente las palabras. La Bendición
tiene tres miembros dobles, y en cada uno de estos tres miembros hay una
palabra esencial: el SEÑOR, en hebreo el Nombre inefable de YAHWEH. No se lo
puede suprimir (en la Vulgata solo existe una vez); tiene que estar las tres
veces, como ha traducido la Nova Vulgata:
24 "Benedicat tibi Dominus et custodiat te!
25 Illuminet Dominus
faciem suam super te et misereatur tui!
26 Convertat Dominus
vultum suum ad te et det tibi pacem!".
Y en nuestras
traducciones litúrgicas tiene que estar las tres veces; aquí el Nombre del
Señor es esencial para la bendición.
Se invoca la primera
vez el Nombre y desciende sobre la Asamble santa.
Se invoca la segunda
vez y desciende.
Se invoca la tercera
vez y desciende.
Esto espontáneamente nos
recuerda la triple invocación de Dios en el Bautismo, la triple infusión del
agua, o la triple inmersión.
6. En esta Bendición
hay un detalle que nos sorprende muy gratamente: que la bendición se derrama
sobre toda la asamblea santa (primero en el Templo, posteriormente en las
sinagogas, donde también se imparte), y, sin embargo, está redactada no en
plural, sino en singular. Todo el pueblo es un sujeto, o, más bien, yo.., yo personalmente
soy bendecido por el Señor mi Dios.
7. Y ahora deseo
explicar la Bendición de san Francisco (él la tomó de la Vulgata, versión
obligada del tiempo).
Nuestras fuentes
franciscanas nos relatan cómo nació esta bendición, Fray Tomás de Celano y
luego san Buenaventura.
Cuenta Fray Tomás de
Celano en su Vita II de san Francisco: “Sucedió al tiempo que vivía el Santo en
el monte Alverna. Él permanecía retirado en la celda. Uno de los compañeros
(12) deseaba con mucho afán tener por escrito, para que le confortase, alguna
de las palabras del Señor, acompañada de una breve anotación manuscrita de San
Francisco. Creía, en efecto, que con eso desaparecería, o se aliviaría por lo
menos, una tentación molesta -no de la carne, sino del espíritu- que lo atormentaba.
Aunque se consumía con este deseo, le daba pavor descubrirlo al Padre
santísimo; pero a quien no se lo manifestó el hombre, se lo reveló el Espíritu.
Y así, un día llama el
bienaventurado Francisco al hermano y le dice: «Tráeme papel y tinta, porque
quiero escribir unas palabras del Señor y sus alabanzas que he meditado en mi
corazón». En cuanto los tuvo a mano, escribió de su puño y letra las alabanzas
de Dios y las palabras que quiso, y, por último, la bendición para el hermano,
a quien dijo: «Toma para ti este pliego y consérvalo cuidadosamente hasta el
día de tu muerte». Al instante desaparece del todo la tentación; se guarda el
pliego, que después ha hecho prodigios” (2Cel 49).
8. Lo que escribió san
Francisco fueron las Alabanzas del Dios Altísimo. Lo escribió de su puño y letra
en un pequeño pergamino que hoy se conserva (de 11 x 14 cm). Y en la misma
página con tinta roja lo autentificó el destinatario, el Hermano León – “ovejuela
de Dios”, le llamón san Francisco (no “león”) – sacerdote de la fraternidad,
con el que se confesaba san Francisco: “El bienaventurado Francisco, dos años
antes de su muerte, hizo una cuaresma en el monte Alverna, en honor de la
bienaventurada Virgen, Madre de Dios, y del bienaventurado Miguel Arcángel,
desde la fiesta de la Asunción de Santa María Virgen hasta la fiesta de San
Miguel de septiembre. Y se posó sobre él la mano del Señor. Después de la
visión y de la alocución del Serafín y de la impresión de las llegas de Cristo
en su cuerpo, compuso estas Alabanzas, escritas en el otro lado del papel, y
las escribió de su propia mano, dando gracias a Dios por el beneficio que le
había concedido”.
Estas son las divinas
alabanzas, puro éxtasis de un hombre que como serafín llagado, crucificado, alaba
al Padre y a Cristo:
“Tú eres
santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres
fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre
santo, rey del cielo y de la tierra.
Tú eres
trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien,
Señor Dios vivo y verdadero.
Tú eres
amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres
belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo,
tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú
eres toda nuestra riqueza a satisfacción.
Tú eres
belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor
nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.
Tú eres
esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda
dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios
omnipotente, misericordioso Salvador”.
9. Al dorso de esta página
el hermano añadió simplemente la Bendición litúrgica (como estaba en la
Vulgata), pero añadió una línea después de las tres bendiciones:
Que quiere decir no “El Señor te bendiga,
Hermano León”, ni tampoco; “El Señor te bendiga a ti, Hermano León”, sino
El Señor te bendiga, Hermano León, A TI.
Y debajo de la Bendición, el mismo fray
León añadió, también con tinta roja, estas palabras: «El bienaventurado
Francisco escribió de su propia mano esta bendición a mí, fray León».
10. Pero hay otro
detalle: Francisco dibujó una Tau y junto a la Tau una cabeza, ¿acaso la cabeza
de Fray León? Y de nuevo el hermano León, escribió para perpetua memoria esta
nota: «De manera semejante hizo de su propia mano este signo Tau, y la cabeza».
11. Y con estos
tenemos las claves para interpretar la Bendición. ¡Qué hermosa es la Bendición de san Francisco
recibida desde el Monte de las llagas, desde el Monte Alverna (La Verna)!
No nos importe hacer
una exégesis erudita, técnica, de la Bendición aaronítica. Es bendición
cristiana y bien la podemos interpretar desde la gracia que Dios nos otorga en
su Hijo amado. Y como toda bendición, si procede de Dios, tiene una anchura
infinita.
Culminando nuestra
reflexión y concluyendo:
1) La Bendición de san
Francisco – Bendición de Año Nuevo y Bendición de cualquier día – es una Bendición
que procede de las llagas de Jesús Crucificado.
2) Y de las llagas de
san Francisco, Bendición del Monte Alverna.
3) En esa Bendición están
todas las Alabanzas de Dios. Esa Bendición está en el dorso de las Alabanzas de
Dios. Cuando la recibo, yo recibido la Sabiduría de Dios, la Belleza de Dios…,
el Bien, todo Bien, sumo Bien.
4) El Hermano León dobló
en cuatro partes el pergamino y la llegó sobre su pecho; luego la dejó para la
posteridad.
5) Y, al recibir la Bendición,
desaparecieron las angustias del corazón.
En alabanza de Cristo
y de su siervo Francisco. Amén.
Guadalajara, Jalisco,
Año Nuevo (Año Bueno) 2013.

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