El don de la Fe como vida y vida en abundancia
He aquí
unos puntos para un retiro sobre la Fe, originariamente impartido a las Pías
Discípulas del Divino Maestro – en Guadalajara, Jal. –, una de las
Congregaciones fundadas por el beato Giacomo Alberione (1884-1971), padre de la
amplísima Familia Paulina. Pensamos que el contenido puede ser materia de
meditación para quien de verdad esté empeñado en el camino de la Fe.
I
Información
básica sobre el Año de la Fe
Para un retiro en el Año de la Fe – sea cual sea
el tiempo en que se haga – conviene tener como información y soporte la documentación, amplísima, que va emanando
de las instancias de la Iglesia universal.
Sin duda que los obispos, en sus respectivas
diócesis, van aportando su propia contribución, que debemos conocer.
El Año de la fe, al que ha sido convocada toda
la Iglesia, queda enmarcado con tres referencias
Tres referencias convergentes
1.
Porta Fidei es la carta apostólica
con la que se convocó, con un año de antelación el año de la Fe. Es el
documento fundamental.
2. 50 años del inicio del Concilio Vaticano II (11 octubre
1963)
es el motivo que ha suscitado el Año de la Fe. Igualmente se cumplen los 20 años
de la promulgación del Catecismo de la Iglesia Católica.
3. Sínodo para la Nueva Evangelización: ha sido el Sínodo
celebrado en octubre de 2012, justamente en el ámbito espiritual de la
conmemoración de los 50 años del Concilio, que ha marcado una era nueva en la
Iglesia.
Decía el Papa en la
homilía inaugural del Año de la Fe (11 octubre), en medio del Sínodo de la
Nueva Evangelización:
“El Año de la fe que hoy
inauguramos está vinculado coherentemente con todo el camino de la Iglesia en
los últimos 50 años: desde el Concilio, mediante el magisterio del siervo de
Dios Pablo VI, que convocó un «Año de la fe» en 1967, hasta el Gran Jubileo del
2000, con el que el beato Juan Pablo II propuso de nuevo a toda la humanidad a
Jesucristo como único Salvador, ayer, hoy y siempre. Estos dos Pontífices,
Pablo VI y Juan Pablo II, convergieron profunda y plenamente en poner a Cristo
como centro del cosmos y de la historia, y en el anhelo apostólico de
anunciarlo al mundo. Jesús es el centro de la fe cristiana. El cristiano cree
en Dios por medio de Jesucristo, que ha revelado su rostro. Él es el cumplimiento
de las Escrituras y su intérprete definitivo. Jesucristo no es solamente el
objeto de la fe, sino, como dice la carta a los Hebreos, «el que inició y
completa nuestra fe» (12,2)”.
Sitio de la Santa Sede
creado para el Año de la Fe: Annus Fidei
La
santa sede ha abierto un sitio específico como manantial de información en el
Año de la Fe. Es el subsidio de trabajo
más abundante que tenemos. Prestemos atención a estos elementos:
1.
Porta
Fidei y Documentación aneja de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
2. Homilía del Papa en la
apertura del año de la Fe.
3. Catequesis del Papa
hasta el presente acerca del Año de la Fe. – Las catequesis que ha impartido el
Papa en torno al Año de la Fe hasta el presente han sido estas. Observemos que cualquier catequesis del Papa
en el Año de la Fe podría ser, sin más, el tema de un Retiro.
1. El Año de la Fe:
Introducción: (17 octubre 2012)
2. El Año de la fe. ¿Qué
es la fe? (24 octubre 2012)
3. El Año de la fe. La
fe de la Iglesia (31 octubre 2012)
4. El Año de la fe. El
deseo de Dios (7 noviembre 2012)
5. El Año de la fe. Los
caminos que conducen al conocimiento de Dios (14 noviembre 2012)
6. El Año de la fe. La
razonabilidad de la fe en Dios (21 noviembre 2012)
7. El Año de la fe.
¿Cómo hablar de Dios? (28 noviembre 2012)
8. El Año de la fe. Dios
revela su «designio de benevolencia» (5 diciembre 2012)
9. El Año de la fe. Las
etapas de la Revelación (12 diciembre 2012)
10. La Virgen María:
Icono de la fe obediente (19 diciembre 2012)
11.” Fue concebido por
obra del Espíritu Santo” (2 enero 2013)
12. “Y se ha hecho
hombre” (9 enero 2013)
La finalidad de estas catequesis la expresó el
Santo Padre al inicio de las mismas: “En las catequesis de este Año de la Fe quisiera
ofrecer una ayuda para hacer este viaje, para retomar y profundizar las
verdades centrales de la fe sobre Dios, sobre el hombre, sobre la Iglesia,
sobre toda la realidad social y cósmica, meditando y reflexionando sobre las
afirmaciones del Credo. Y quisiera dejar en evidencia que estos contenidos o
verdades de la fe (fides quae) se conectan directamente a nuestras
vidas; exigen una conversión de vida, dando paso a una nueva manera de creer en
Dios (fides qua). Conocer a Dios, encontrarle, explorar los rasgos de su
rostro ponen en juego nuestra vida, porque Él entra en la dinámica profunda del
ser humano.
Que el camino que realizaremos este año nos haga crecer
a todos en la fe y en el amor a Cristo, para que podamos aprender a vivir, en
las decisiones y acciones diarias, la vida buena y hermosa del Evangelio” (17
octubre 2012).
4. Diversos bloques de
catequesis del Papa sobre la Fe a lo largo de la vida de la Iglesia: 1/ Apóstoles - 2/ Padres de la Iglesia – 3/ Teólogos del
Medioevo – 4/ Mujeres de Fe – 5/ Oración
cristiana.
II
Verdades
de fe sobre la misma Fe
Los
cinco puntales de la fe
como
encuentro y vida
He aquí cinco puntos nucleares, cinco
referencias clave, para penetrar y avanzar en el regalo de la fe que el Señor nos
concede.
1.
Mi Fe es haberme encontrado con Jesucristo
2.
Mi Fe es haberme encontrado conmigo mismo
3.
La Fe/Confianza de Jesús fue su vida en comunión con el Padre y el Espíritu.
4.
Mi Fe es haberme encontrado con la Iglesia
5.
Mi Fe es haberme encontrado con el Mundo.
1. Mi Fe es haberme
encontrado con Jesucristo
1. Ya no definiremos la fe como la aceptación de
un cúmulo de verdades, sino como el encuentro con una persona.
En la homilía del inicio de su pontificado
(Roma, Plaza de san Pedro 24 abril 2005), se expresó así Benedicto XVI:
“Sólo cuando encontramos en Cristo al Dios vivo,
conocemos lo que es la vida. No somos el producto casual y sin sentido de la
evolución. Cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno
de nosotros es querido, cada uno es amado, cada uno es necesario. Nada hay más
hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo.
Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él”.
Este pensamiento pasa a su primera encíclica (Deus caritas est, 25 dic. 2005), en las
primera líneas de la misma:
“No se comienza a ser cristiano por una decisión
ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una
Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación
decisiva”.
Y es pensamiento-guía en el Documento de
Aparecida (2007).
2. Encontrarse con Jesús es lo mismo que
enamorarse de él. Un “enamorado” es
- un iluminado (yo veo en la persona amada lo
que “yo” veo, que otros no ven);
- un “entusiasmado”: el conocimiento impregna mi
ser entero como dinámica vital;
- un apasionado: ahora hacemos de la vida pasión
de amor.
Si penetramos en esta experiencia tan cercana a
nosotros, la experiencia de un enamoramiento humano, tendremos una “parábola”
para significar – como Jesús se servía de parábolas – para explicar qué produce
el enamoramiento de Jesús, en definitiva qué produce la Fe.
- ¿Qué hay que hacer para enamorarse de Jesús?
- Sencillamente: Enterarse de que él está
enamorado de mí…
- Pero ¿es que no nos enteramos de que él está enamorado
de nosotros, mejor dicho, de mí?
- Pues… parece que no, si yo no estoy loco de
amor por él.
3. El análisis de este encuentro nos lleva a
matizar otros perfiles. Si el encuentro es total:
- es avasallador, invadiéndolo todo,
- es operativo: la contemplación y la acción se
funden en la misma dinámica,
- es permanente: lo que una vez se ha
encontrado, de por sí, no admite marcha atrás, porque, al encontrarlo, lo he
encontrado todo.
(En el amor humano es genial el soneto de
Francisco de Quevedo, 1580-1645, titulado "Amor constante más allá de la
muerte", que termina describiendo las cenizas de la tumba: Polvo serán, mas polvo enamorado.
Y tomando vuelo de este versículo final del
soneto de Quevedo, y hablando “a lo divino” – como aquellas canciones que
componía fray Juan de la Cruz – podríamos batir alas:
Polvo enamorado, Dios mío,
que de polvo enamorado hiciste a Adán, mi padre,
y polvo ardiente, polvo de locura,
son mis anhelos y mis furias,
pues otro polvo no es
en el cosmos que creaste.
Polvo que fue carne
en el cuerpo divino de tu hijo
polvo que fue luz…)
4. El encuentro enamorado es una relación
recíproca, de tal forma que si fallara uno de los términos el encuentro enamorado
no existía:
- Yo le encuentro a Él,
- porque Él ha salido a mi encuentro y me ha
encontrado.
Este fenómeno precedente es el más determinante.
Si no existiera, no se daría el encuentro; o lo que llamamos encuentro no sería
un encuentro del Todo y para todo y para siempre. “En esto consiste el amor: no
en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó y nos envió a su
Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10).
5. La fe en nosotros es la conjunción operada en
este encuentro:
- Dios que despierta al alma,
- y el alma (el ser entero) que se despierta.
El caso de Saulo ha quedado en las sagradas
Escrituras como ejemplo emblemático para la Iglesia. De ese encuentro nació
toda la teología de Pablo y todo su amor.
2. Mi Fe es haberme encontrado conmigo mismo
6. No puede pensar el hombre que es lo que él
percibe, lo que él vive y proyecta.
El ser humano es “ser y potencia” (ser y
potencia de ser); por eso, la misma potencia pertenece al ser. Y así, no es el
hombre lo que él piensa de ser, sino lo que Dios piensa de mí y proyecta de mí.
7. En esta perspectiva la antropología humana
queda asumida en una antropología divina, que se nos revela y se nos entrega en Jesucristo.
Tienden, pues, a un encuentro y fusión:
- la fe, que, por principio, nos transciende,
- la experiencia que configura los ámbitos del
propio ser.
El camino apunta hacia aquí: que la creencia
revierta en la vivencia, sin que la Fe deje un momento de ser fe y oscuridad; y
que, de esta manera, la realidad interna de la Fe pase a ser experiencia
concreta de la misma Fe.
No somos nosotros dueños de nuestras vivencias.
Si la fe es don, igualmente la experiencia de la fe es don; y no somos quien
para dictar a Dios, nuestro Padre, lo que debe hacer con nosotros. Es estremecedor
el caso de la beata Teresa de Calcuta. Si
algún día llego a ser santa, seré la santa de la oscuridad.
8. Sea cual sea la experiencia de la fe que,
como gracia, el Señor se digne darnos, sí es cierto que a todo creyente se le
concede, por el mismo don de la fe, la gracia de reestructurar la vida de
acuerdo a la fe que se le ha dado. Y esto es de primera importancia, porque se
trata de reencontrarnos a nosotros mismos en la fe. Reencontrarse que es:
- Tener un cuadro de convicciones firmes,
soporte de nuestro psiquismo.
- Tener una tabla de valores para discernir y
escoger sabiamente.
- Tener un hábito de comunión con Dios, relación
filial, que es nuestra oración constante: La oración es la respiración del
amor.
- Tener el sentido de nuestra misión en la vida,
como Misión que Dios me confía.
- Aceptar viviendo que Jesús es el iniciador y
consumador de nuestra fe (Hb 12,2).
3. La Fe/Confianza de
Jesús fue su vida en comunión con el Padre y el Espíritu.
9. Partiendo de la doble naturaleza de Cristo
unificadas en una sola persona divina, la teología niega que Jesús tuviera fe.
Seguramente que esta teología “ontológica”, siendo verdadera, no nos sirve
mucho, porque por sí sola no nos proporciona las claves para entrar en el alma
de Jesús, hecho en todo semejante, salvo el pecado.
¿Cómo vivió Jesús su relación con el Padre en el
Espíritu Santo? Sabemos, por el Huerto y la Cruz, que su destino él lo asumió cruzando y
gustando la amargura de la muerte, que es un proceso de oscuridad, de dolor, de
abandono total sin retorno, de confianza sin fisura en brazos de aquel que
podía salvarle.
Diríamos que “anímicamente” el proceso es el correspondiente
a lo que pide la Fe.
La fe es seguridad en lo que no se ve, pero
seguridad “no viendo” y aceptando el no ver, si bien en ciertos momentos la
exultación puede expandir el alma (Lc 10,21). Los “actos psicológicos” de la fe
se dieron en Jesús; de otra manera no hubiera podido ayudar a los que necesitamos
ser salvados. “Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara
muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante
el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación” (Hb 2,10).
10. Ciertamente que no podemos desentrañar “psicológicamente”
la relación e abandono de Jesús con el Padre, pero sí que podemos ponderar que
el sufrimiento interno de Jesús nos marca la ruta para el nuestros.
4. Mi Fe es haberme
encontrado con la Iglesia
11. El que de verdad se ha encontrado con
Cristo, se ha encontrado con la Iglesia.
San Juan nos enseñó que no se puede separar a
Jesús, el Cristo, del Padre. “¿Quién es el mentiroso sino el que niega que
Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo
el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también
al Padre” (1Jn 2,22-23).
Del mismo modo, no se puede separar a Cristo de
la Iglesia, ni a la Iglesia de Cristo.
12. Encontrarse con la Iglesia no es
precisamente encontrar una nueva Eclesiología, de las varias que pueden
excogitarse, sino encontrarse pura y simplemente con la Iglesia viva y real, de
una manera similar a como uno se encuentra con Cristo.
Sin duda que un pensar teológico sobre la
Iglesia es un reto para los hombres de Iglesia pensante, para los “pensadores”
que van labrando al teología. La Iglesia los necesita para mantener pura la fe.
Se nos aconseja que durante el Año de la Fe estudiemos
la Fe, y en concreto:
- Que estudiemos el Catecismo de la Iglesia Católica.
- Que leamos los 16 Documentos del Concilio Vaticano II.
Óptimo consejo, que de ninguna manera ha de caer
en el olvido.
Con todo, la gracia de encontrarse con la
Iglesia, desde Jesucristo y por Jesucristo, es mucho más que adquirir una bella
teología. Es sentirla traspasada en el alma. Y si uno queda cristificado,
cuando el Señor le ha salido al paso, igualmente queda eclesializado, cuando la
Iglesia le ha vuelto a nacer en el alma.
13. He aquí un testimonio estremecedor: Pablo VI
ante la muerte. Escribe así ante la muerte ue se le avecina (Pensiero alla norte; cf. Vatican.va):
“… Por tanto ruego al Señor que me dé la gracia
de hacer de mi muerte próxima don de amor para la Iglesia. Puedo decir que
siempre la he amado; fue su amor quien me sacó de mi mezquino y selvático
egoísmo y me encaminó a su servicio; y para ella, no para otra cosa, me parece
haber vivido. Pero quisiera que la
Iglesia lo supiese; y que yo tuviese la fuerza de decírselo, como una confidencia
del corazón que sólo en el último momento de la vida se tiene el coraje de
hacer. Quisiera finalmente abarcarla toda en su historia, en su designio
divino, en su destino final, en su compleja, total y unitaria composición, en
su consistencia humana e imperfecta, en sus desdichas y sufrimientos, en las
debilidades y en las miserias de tantos hijos suyos, en sus aspectos menos
simpáticos y en su esfuerzo perenne de fidelidad, de amor, de perfección y de
caridad. Cuerpo místico de Cristo. Querría abrazarla, saludarla, amarla, en
cada uno de los seres que la componen, en cada obispo y sacerdote que la asiste
y la guía, en cada alma que la vive y la ilustra; bendecirla. También porque no
la dejo, no salgo de ella, sino que me uno y me confundo más y mejor con ella:
la muerte es un progreso en la comunión de los Santos. …
Y, ¿qué diré a la Iglesia a la que debo todo y
que fue mía? Las bendiciones de Dios vengan sobre ti; ten conciencia de tu
naturaleza y de tu misión; ten sentido de las necesidades verdaderas y
profundas de la humanidad; y camina pobre, es decir, libre, fuerte y amorosa
hacia Cristo”.
5. Mi Fe es haberme
encontrado con el Mundo.
14. El Nuevo Testamento tiene dos sentidos diametralmente
opuestos para la misma palabra: mundo (kosmos).
Dice Juan: “No améis al mundo ni lo que hay en
el mundo. Si alguno ama al mundo no está en él el amor del Padre. Porque lo que
hay en el mundo – la concupiscencia de la carne, y la concupiscencia de los
ojos, y la arrogancia del dinero –, eso no procede del Padre, sino que procede
del mundo. Y el mundo pasa y su concupiscencia. Pero el que hace la voluntad de
Dios, permanece para siempre” (1Jn 2,16-17).
Y el mismo Juan en el Evangelio: “Porque tanto
amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él
no perezca, sino que tanga vida eterna” (Jn 3,16).
15. Volvemos a Pablo VI (¡ojalá que pronto
Beato!), que por su delicado humanismo fue un exquisito amador del mundo de
Dios. En la misma meditación, arriba citada, escribe:
“… ¿Por qué no he estudiado bastante, explorado,
admirado la morada en la que se desarrolla la vida? ¡Qué distracción
imperdonable, qué superficialidad reprobable! Sin embargo, al menos in extremis, se debe reconocer que ese
mundo «qui per Ipsum factus est: que
fue hecho por medio de El», es estupendo. Te saludo y te celebro en el último
instante, sí, con inmensa admiración; y, como decía, con gratitud: todo es don:
detrás de la vida. detrás de la naturaleza, del universo, está la Sabiduría; y
después, lo diré en esta despedida luminosa (Tú nos lo has revelado, Cristo
Señor) ¡está el Amor! ¡La escena del mundo es un diseño. todavía hoy
incomprensible en su mayor parte, de un Dios Creador, que se llama nuestro
Padre que está en los cielos! ¡Gracias, oh Dios, gracias y gloria a ti, oh Padre!
En esta última mirada me doy cuenta de que esta
escena fascinante y misteriosa es un reverbero: es un reflejo de la primera y
única Luz; es una revelación natural de extraordinaria riqueza y belleza. que
debía ser una iniciación, un preludio, un anticipo, una invitación a la visión
del Sol invisible, «quem nemo vidit
unquam: a quien nadie vio jamás» (cf. Jn 1, 18): «Unigenitus Filius, qui est in sinu Patris, Ipse enarravit: el Hijo
unigénito que está en el seno del Padre, ése le ha dado a conocer». Así sea,
así sea.
… Hombres, comprendedme; a todos os amo en la
efusión del Espíritu Santo, del que yo, ministro, debía haceros partícipes. Así
os miro, así os saludo, así os bendigo. A todos. Y a vosotros, más cercanos a
mí, más cordialmente”.
16. Sí, esta es la escena del mundo reencontrado
en Jesucristo, el mundo al que yo, compañero de viaje, quiero servir.
Es difícil compactar esta visión del mundo y los
hombres con la violencia infernal a que tristemente nos tiene acostumbrada la
prensa. Periódico local de hoy (periódico Mural de Guadalajara, Jal., 12 en
2013): “Padece Jalisco jornada violenta: asesinan a 11”. Una foto: “Los cuerpos
de tres personas fueron abandonados en Avda. Inglaterra. Estaban embolsados y
dos de ellos decapitados” (en la misma página).
Noticias de este cariz se repiten de continuo,
como si una fuerza infernal se empeñara en decir que este es el mundo real…
17. Pero la carta primera de Juan, lectura
navideña que hoy concluimos, proclama. “Y lo que ha conseguido la victoria
sobre el mundo es nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree
que Jesús es el Hijo de Dios?” (1Jn 5,4-5).
Desde Jesús amanece el futuro, solo desde Jesús.
Esto es lo que creemos, abrazando todo cuanto de bello y deleitable encontramos
en al creación y en la comunidad humana.
¡A Cristo sea el honor y la gloria!
Guadalajara, Jal., 12 enero 2013.
Estos Poemas para el Año de la Fe – aparte del Himno para el Año de la
Fe – son los siguientes:
305. Poemas del Año de la Fe 1: Yo creo personal y libremente.
311. Poemas del Año de la Fe 2: Un éxtasis de Dios conmigo llevo.
313. Poemas del Año de la Fe 3: La alegría de la Fe.
315. Poemas del Año de la Fe 4: Tú te revelas y entregas.
317. Poemas del Año de la Fe 5: Quiero anunciar lo que llevo.
321. Poemas del Año de la Fe 6: Por amable beneplácito.
326. Poemas del Año de la Fe 7: El camino de la Fe.
ESPERO QUE LE HAYA LLEGADO MI MENSAJE DE E-MAIL
ResponderEliminarESTIMADO P.RUFINO: SUS HOMILÍAS SON MARAVILLOSAS, COMO SIEMPRE HAN SIDO Y LO SERÁN. LE ESCRIBO A SU CORREO ELECTRÓNICO A FIN DE ENVIARLE ALGUNA REFLEXIÓN SOBRE LAS MISMAS, COMO HICE EN TIEMPOS PRETÉRITOS (¿RECUERDA?), PERO DESDE QUE ESTÁ EN ESE DESTINO ACTUAL PARECE QUE NO LE LLEGA NINGUNO, COSA QUE ME DESCONCIERTA Y LAMENTO.
ResponderEliminarCORDIALES SALUDOS. JUAN JOSÉ.
Con esta reflexion me ayudo a despejar muchas dudas sobre la Fe,en lo particular me quedo con "LA ORACION ES LA RESPIRACION DEL AMOR" tambien le comento que recorde los que mi maestra me dijo hacerca de la naturaleza:No mamá en la naturaleza no esta Dios solo es la obra que él hizo para recordarnos cuanto nos ama. ¡GRACIAS POR EXISTIR PADRE RUFINO¡
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