Homilía en la solemnidad de la
Epifanía del Señor- 2013
Mt 2,1-12
Texto evangélico
Habiendo nacido Jesús en Belén de Judea en tiempos del rey
Herodes, nos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde
está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y
venimos a adorarle. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó y
todo Jerusalén con él. Convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del
país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha
escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni muchos menos la
última de las poblaciones de Judá, pues de ti saldrá un jefe que pastoreará a mi
pueblo Israel”.
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le
precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén,
diciéndoles:
Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo
encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino y, de
pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a
pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de
inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y
cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron
regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para
que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino.
Hermanos:
1. El relato de los
magos es Evangelio como cualquier otra página del libro sagrado de los cuatro
Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan. En este caso, Evangelio según san
Mateo. Es Evangelio, con el carácter
específico de Evangelio de la Infancia de Jesús, con su género y estilo, que
estudian e investigan los exegetas, especialistas versados en la Biblia: en la
lingüística, en las tradiciones, en los géneros literarios.
Y lo primero que
cualquier persona madura que escruta las Escrituras se pregunta: Y esto ¿será
verdad?
La respuesta obvia,
válida para todo el conjunto de la Biblia, es clara: Todo lo que contiene la
Biblia es verdad, con la verdad de Dios, que es verdad para la salvación, verdad santificadora. Caso
por caso habrá que investigar la verdad concreta que allí se encierra.
2. Recientemente nuestro
Santo Padre el papa Benedicto XVI ha escrito un libro titulado “La Infancia de
Jesús”. Con este libro cierra la trilogía sobre Jesús de Nazaret, una obra en
la que él ha puesto toda su pasión de creyente, y en su ancianidad todo el
vigor de un profesional intelectual. Escribe como teólogo, pero también como
papa, aunque no ha querido que esta obra fuera un documento pontificio, un
documento emitido como tal desde la Sede de Pedro. A todos los teólogos - incluso a todos los lectores - advertía al principio de
esta tarea: “Sin duda, no necesito decir expresamente que este libro no es en
modo alguno un acto magisterial, sino únicamente expresión de mi búsqueda
personal del “rostro del Señor” (cf. Sal 27,8). Por eso, cualquiera es libre de
contradecirme. Pido solo a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial,
sin la cual no hay comprensión posible” (Jesús de Nazaret, Vol. I, p. 20).
En el caso de los Magos el papa se muestra
partidario de la historicidad básica de estos episodios, tanto de la estrella,
como de los magos, como de la sangre de los inocentes, dando a conocer autores
y argumentos en pro de una opinión y de otra, citando literalmente a san
Juan Crisóstomo: “Que esta no fuera una estrella común, para mí incluso que no
fuera siquiera una estrella, sino un poder invisible que había tomado esa
apariencia, me parece consecuencia sobre todo de la trayectoria que había
tomado. En efecto, no hay una sola estrella que se mueva en esa dirección” (La
Infancia de Jesús, p. 103).
Pero esta cuestión
técnica sería tema de una clase de exégesis, no precisamente de una homilía.
3. Por eso, vayamos
directamente al significado del misterio que, bajo el signo de los Magos, la
Iglesia celebra, nosotros celebramos, yo celebro. Al fin yo, en mi
singularidad, en mi historia y en mis esperanzas, soy el destinatario del
misterio salvador.
¿Qué es lo que celebra
hoy la Iglesia? Que Cristo sale al encuentro de las naciones.
San Mateo tiene el gusto
de citar la Escritura y ver cómo en la vida de Jesús se cumple lo anunciado por
los profetas. Cada episodio de la infancia de Jesús va enmarcado en uno o en
varios textos de la Escritura. Aquí cita al profeta Miqueas, según el cual,
Belén, la insignificante Belén, ha sido elegida como la patria del Mesías. El
Mesías es el Jefe y pastor de mi pueblo Israel. Y a este pastor de Israel han
venido los magos de Oriente, porque él es también su pastor.
Con qué orgullo han
podido leer todos los hebreos los grandes pasajes de la Escritura que de “Sión
saldrá la Ley y de Jerusalén la palabra del Señor”, como dijo Isaías (Is 2).
Hoy los magos van a Jerusalén, y los sabios los encaminaron a Belén, a Belén de
Judá, porque de Judá vino David, y David nació en Belén.
El que nace en Belén no
nace solo para los judíos, para las ovejas de la casa de Israel; nace pastor de
todos los pueblos. El Señor dijo a la Samaritana que “la salvación viene de los
judíos” (Jn 4.22).
El anciano Simeón lo
dijo alzando al Niño en sus brazos y presentándolo ante el mundo, como en un
trono:
“Luz para alumbrar a las
naciones
y gloria de tu pueblo,
Israel” (Lc 2,32)
4. La fiesta de los
reyes magos se llama en la Liturgia la Fiesta de la Epifanía del Señor, es
decir, la fiesta de la Manifestación del Señor.
Este día es fiesta
luminosa; la luz se expande por toda la humanidad. En la liturgia suena el
mensaje de los profetas:
“¡Levántate y
resplandece,
porque llega tu luz;
la gloria del Señor
amanece sobre ti!
Caminarán los pueblos a tu luz,
los reyes al resplandor
de tu aurora…” (Is 60,1.3).
5. Como cristianos
nosotros confesamos y proclamamos que la Encarnación del Hijo de Dios, es la
luz del mundo, luz de todos los continentes, de todas las culturas, de todos los tiempos. No negamos, en modo alguno, la providencia de Dios en todas las
religiones, como verdaderos caminos de salvación, de santificación.
Pero sin fanatismo, sin
menosprecio, afirmamos que la luz verdadera, la última es la luz de Jesús, el
verdadero Hijo por quien se vive.
6. Pero atrevámonos a
dar un paso más: La luz del mundo es Jesús, y yo, por mi unión con Cristo, yo
soy portador de esa luz. “Vosotros sois la luz del mundo” – nos decía Jesús (Mt
5,14).
Esa luz la tenemos
porque se nos ha dado, y la disfrutamos en tanto en cuanto permanezcamos unidos
con la luz verdadera que vino a este mundo.
7. Hermanos, la gracia
de la Epifanía es esta:
- Recibir nosotros la
luz de la estrella surgida en Belén.
- Y, al recibirla, ser
portadores de esa luz en el mundo.
Discípulos y Misioneros.
Año de la Fe…
¡Oh Jesús, luz de las
naciones, traspasa toda mi vida de tu luz divina, y haz que yo sea, por ti y
desde ti, luz para mis hermanos! Amén.
Guadalajara, 5 enero
2013.
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