Presentación del Señor,
Día de la Vida Consagrada
1. La fiesta de la Presentación del Señor,
a los cuarenta días de su Nacimiento, es una fiesta entrañable, una filigrana
de poesía y espiritualidad. Esta fiesta nos ha venido de Jerusalén. Egeria (o Etheria) monja que
fue recorriendo las tierras bíblicas desde su tierra de origen, que, al
parecer, era Galicia, se ha deleitado en escribir su diario, seguramente que
para compartirlo como obra de caridad con sus hermanas de consagración. Ella
estuvo en Jerusalén (año 383) y de esta fiesta nos dice que “se celebraba con
el mayor gozo, como si fuera la pascua misma”.
Siglos más tarde San Juan Damasceno (650
y muerto antes de 753) que vivió largos años en el monasterio de San Sabas, al
sur de Jerusalén, escribió en griego una bellísma antífona que la ha recogido
para este día la liturgia latina. Los fieles avanzan en procesión con lámparas
encendidas en sus manos, y antes de cruzar el portón de la iglesia cantan esta
antífona, que es un cántico espiritual nupcial, un cántico mistico.
2. "Adorna thalamum tuum, Sion ,
et suscipe Regem Christum:
amplectere Mariam, quae est caelestis
porta:
ipsa enim portat Regem gloriae novi
luminis:
subsístit Virgo adducens manibus Filium
ante luciferum genitum:
quem accipiens Simeon in ulnas suas,
praedicavit populis Dominum eum esse
vitae et mortis,
et Salvatorem mundi".
(Missale Romanum, p. 721)
Sión, adorna tu tálamo nupcial
para recibir a Cristo Rey.
Abraza a María, puerta del cielo.
Ella lleva al Rey de la gloria de la
nueva luz.
Se detiene la Virgen entregando con sus
manos
al
Hijo engendrado antes de la aurora,
y Simeón al recibirlo en sus brazos
predicó
a los pueblos que Aquel era el Señor de la vida y la muerte
y el Salvador del mundo.
La antífona es típicamente oriental, propia
para una liturgia de corte contemplativo. Sión – la Iglesia – es la esposa que
sale a recibir a su Rey; debe adornar la cámara nupcial.
María es la portadora de la luz, la que
entrega la luz.
3. Los griegos han llamado a esta fiesta (que es una de las diez fiestas de su calendario, con el icono correspondiente) Hypapanté, Fiesta del Encuentro.
San Sofronio, obispo de Jerusalén (634-638), recoge la tradición jerosolimitana del Encuentro y de la luz, en el Sermón sobre la Hypapanté que trae la liturgia de hoy en el Oficio de lectura.
4. Luego del Concilio el papa Pablo VI, al repensar las celebraciones marianas del año litúrgico, escribía así de la Presentación del Señor:
3. Los griegos han llamado a esta fiesta (que es una de las diez fiestas de su calendario, con el icono correspondiente) Hypapanté, Fiesta del Encuentro.
San Sofronio, obispo de Jerusalén (634-638), recoge la tradición jerosolimitana del Encuentro y de la luz, en el Sermón sobre la Hypapanté que trae la liturgia de hoy en el Oficio de lectura.
"Acojamos la luz clara y eterna. Corramos todos al encuentro del Señor
los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien
dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su
luz.
Llevamos en nuestras manos cirios
encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a
nosotros -el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras
tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna-, ya, sobre todo,
para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro
de Cristo.
En efecto, del mismo modo que la Virgen
Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que
yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras
manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel
que es la luz verdadera.
Sí, ciertamente, porque la luz ha venido
al mundo, para librarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de
resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a
los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por
esto avanzamos en procesión con cirios en las manos, por esto acudimos llevando
luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el
futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto,
corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.
Ha llegado ya aquella luz verdadera que
viniendo a este mundo ilumina a todo hombre. Dejemos, hermanos, que esta luz
nos penetre y nos transforme.
Ninguno de nosotros ponga obstáculos a
esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos
llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con
el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de
Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y
Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho
partícipes de la luz verdadera.
También nosotros, representados por
Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los
pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo
Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la
vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y
tenebroso pecado.
También nosotros, acogiendo en los
brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos
convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de
Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y de este
modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo
así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo
que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo".
4. Luego del Concilio el papa Pablo VI, al repensar las celebraciones marianas del año litúrgico, escribía así de la Presentación del Señor:
“También la fiesta del 2 de febrero, a
la que se ha restituido la denominación de la Presentación del Señor, debe ser
considerada para poder asimilar plenamente su amplísimo contenido, como memoria
conjunta del Hijo y de la Madre, es decir, celebración de un misterio de la
salvación realizado por Cristo, al cual la Virgen estuvo íntimamente unida como
Madre del Siervo doliente de Yahvé, como ejecutora de una misión referida al
antiguo Israel y como modelo del nuevo Pueblo de Dios, constantemente probado
en la fe y en la esperanza del sufrimiento y por la persecución (cf. Lc 2,
21-35)” (Exhortación apostólica Marialis
cultus de su santidad Pablo VI para la recta ordenación y desarrollo del
culto a la Santísima Virgen María, 2 febrero 1974, n. 7).
La belleza de la fiesta adquiere una
vibración especial para quienes hemos entregado la vida al Señor con unos votos
públicos en la Iglesia. Día de la vida consagrada, fiesta nupcial de amor y de
entrega. Fiesta del Señor, primer consagrado por el Padre en el Espíritu Santo,
y fiesta de la Virgen María, consagrada por obra del Espíritu para ser la Madre
del Señor.
5. A este hermoso párrafo del Venerable Pablo VI sobre la Presentación del Señor hemos de añadir hoy las páginas de Benedicto XVI en su libro del año pasado (2012, Ediciones Planeta) "La infancia de Jesús" (tercer volumen de la trilogía de Jesús de Nazaret) acerca de la "Presentación de Jesús en el templo" (pp. 82-94).
Escribe: "En el cuadragésimo día hay tres acontecimientos: la purificación de María, el rescate del hijo primogénito Jesús mediante un sacrificio prescrito por al Ley y la presentación de Jesús en el templo" (82).
"Sobre el acto del erscate prescrito por la ley, Lucas no dice nada. En su lugar se edstaca lo contrario. la entrega del Niño a Dios, al que tendrá que pertenecer totalmente. Para ningunod e dichos actos prescritos por al Ley era necesario presentarse en el templo. Para Lucas, sin embargo, es esencial esta rpimera entrada de Jesús en el templo como lugar del acontecimiento. Aquí, en el lugar del encuentro entre Dios y su pueblo, en vez del acto de recuperar al primogénito, se produce el ofrecimiento público de Jesús a Dios, su Padre.
A este acto cultual, en el sentido más profundod e la palabra, sigue en Lucas una escena profética. El viejo profeta Simeón y la profetisa Ana - movidos por el Espíritu de Dios - se presentan en el templo - y saludan como representantes del israel creyente al 'Mesías del Señor' (Lc 2,26)" (82-83).
He aquí la imagen de la profetisa Ana como imagen de la mujer que se ha entregado al Señor: "Junto al profeta Simeón comparece al profetisa Ana, uan mujer de ochenta y cuatro años que,d espués de estar siete años casada, vivía viuda desde hacía decenios. No se apartada del templo día y noche, sirveindo a Dios con ayunso y oraciones (Lc 2,37). Ella es la imagen or excelencia de la persona verdaderamenet piadosa. Ene l templos e siente cimplemente en su casa. Vive cerca de Dios y para Dios en cuerpo y alma. De este modo,e s eralmente una muejr colmada de Espíritu, una profetisa. Pues que vive en el templo - en adoración -, está allí cuando llega Jesús. Presentándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardabal la liberación de Jerusalén (Lc 2,38). Su profecía consiste en su anuncio, en al transmisiónd e al esperanza de la que ella vive" (94).
5. A este hermoso párrafo del Venerable Pablo VI sobre la Presentación del Señor hemos de añadir hoy las páginas de Benedicto XVI en su libro del año pasado (2012, Ediciones Planeta) "La infancia de Jesús" (tercer volumen de la trilogía de Jesús de Nazaret) acerca de la "Presentación de Jesús en el templo" (pp. 82-94).
Escribe: "En el cuadragésimo día hay tres acontecimientos: la purificación de María, el rescate del hijo primogénito Jesús mediante un sacrificio prescrito por al Ley y la presentación de Jesús en el templo" (82).
"Sobre el acto del erscate prescrito por la ley, Lucas no dice nada. En su lugar se edstaca lo contrario. la entrega del Niño a Dios, al que tendrá que pertenecer totalmente. Para ningunod e dichos actos prescritos por al Ley era necesario presentarse en el templo. Para Lucas, sin embargo, es esencial esta rpimera entrada de Jesús en el templo como lugar del acontecimiento. Aquí, en el lugar del encuentro entre Dios y su pueblo, en vez del acto de recuperar al primogénito, se produce el ofrecimiento público de Jesús a Dios, su Padre.
A este acto cultual, en el sentido más profundod e la palabra, sigue en Lucas una escena profética. El viejo profeta Simeón y la profetisa Ana - movidos por el Espíritu de Dios - se presentan en el templo - y saludan como representantes del israel creyente al 'Mesías del Señor' (Lc 2,26)" (82-83).
He aquí la imagen de la profetisa Ana como imagen de la mujer que se ha entregado al Señor: "Junto al profeta Simeón comparece al profetisa Ana, uan mujer de ochenta y cuatro años que,d espués de estar siete años casada, vivía viuda desde hacía decenios. No se apartada del templo día y noche, sirveindo a Dios con ayunso y oraciones (Lc 2,37). Ella es la imagen or excelencia de la persona verdaderamenet piadosa. Ene l templos e siente cimplemente en su casa. Vive cerca de Dios y para Dios en cuerpo y alma. De este modo,e s eralmente una muejr colmada de Espíritu, una profetisa. Pues que vive en el templo - en adoración -, está allí cuando llega Jesús. Presentándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardabal la liberación de Jerusalén (Lc 2,38). Su profecía consiste en su anuncio, en al transmisiónd e al esperanza de la que ella vive" (94).
6. He aquí varios himnos para esta fiesta que recuperamos de nuestro “Himnario de la Virgen María” (véase: Rufino María Grández | mercaba | El pan de unos versos, con la indicación de cómo han sido publicados).
I. La Virgen
oferente
Hoy es la fiesta de la Presentación del Señor. En
esta fiesta María es la Virgen oferente. El título procede de la exhortación
apostólica Marialis cultus, fechada precisamente en la Presentación del Señor de
1974.
Jesús dice al Padre: Ofrenda y holocausto, oh Padre,
no borraron el pecado… (cf. Hb 10,5-7). La ofrenda grata y eficaz va a ser el
cuerpo de Cristo, su plena voluntad. Ésa es la ofrenda que nos santifica. Fue
ofrenda “irreversible”. Y así el voto del consagrado al Señor, como la entrega
de Cristo al Padre, debe ser “total e irreversible” (Evangelica testificatio).
Cristo Jesús, llevado en brazos de María, pasa a
manos del Padre. Y con él, primicia del pueblo santo, toda la Iglesia,
nosotros. Hoy es particularmente fiesta para los consagrados con títulos
específicos en la Iglesia, sumergidos en su consagración bautismal.
Jesús sale al encuentro de su pueblo, y lo plenifica
como a Simeón y a Ana. Es una epifanía de paz y de consuelo y de alegría.
La Virgen oferente
acerca con sus manos al Cordero;
¡oh víctima y presente
que colma el orbe entero,
primicia del rescate verdadero!
Ofrenda y holocausto,
oh Padre, no borraron el pecado;
aquí mi amor exhausto,
mi cuerpo consagrado,
serán el sacrificio de tu agrado.
Se entrega sin retorno
el Hijo que hace voto irreversible;
su amor - ternura y horno -
que en cruz salió invencible,
la respuesta en la Iglesia hizo posible.
Jesús sale al camino
del pueblo que le espera y necesita;
ofrece su destino
y el viejo israelita
nada quiere después de la visita.
Adorna tu morada,
Sión, que es grande y santo el Rey que llega,
cual virgen agraciada
en él tu amor despliega
y lleva al mundo el don que se te entrega.
¡Honor a Jesucristo,
mostrado y ofrecido por María!;
¡feliz el que lo ha visto
en esta epifanía
de paz y de consuelo y de alegría! Amén.
Burlada (Navarra), a 1 de febrero de 1984
II. Dos tórtolas declaran tu pobreza
La ofrenda de
los pobres que presenta María en el templo nos introduce en el misterio de su pobreza.
La mujer parturienta debía ofrecer como holocausto un cordero de un año y por
otro sacrificio un pichón (Lv 12,6); pero el mismo texto puntualiza: “Mas si a
ella no le alcanza para presentar una res menor, tome dos tórtolas o dos
pichones” (v.8) uno como holocausto y el otro por el otro sacrificio. María se
acoge al derecho de los pobres.
Consideramos a
María pobre: su pobreza (estrofa 1), Virgen del despojo (1), pobre en Nazaret
(2), pobre en el parto (2), Virgen Pobre (5). Ella es la Figura de los pobres
(3), es decir, de la Iglesia; y vemos a los pobres en la estirpe de María: con
ella cantamos “el canto de los pobres” (6).
El
calificativo de “pobre” rebasa, con mucho, la presentación sociológica de los
pobres. Pobre es condición sustancial del ser humano ante Dios, que, al ser
conscientemente asumida, nos da nuestro verdadero perfil cristiano. Pobreza es
humildad, y lleva en sí la belleza escondida, por ello, tenemos la audacia de
decir, mirando la pobreza de la esclava del Señor: “bella nada” (1).
En el
trasfondo del himno se escucha el Magníficat, canto de María. A él está
consagrada plenamente al estrofa cuarta: “Los ricos, los potentes, los
soberbios / del trono caen, caen derribados, / y yérguese la esclava, la
humillada…”
(Para más
detalle: El himno está compuesto como fruto de un retiro espiritual en el
seminario de Logroño sobre La Virgen Pobre, noviembre 1988).
1. Dos tórtolas declaran tu pobreza
y el voto de Nazir del Hijo amado,
oh Virgen del despojo, bella nada,
respuesta fiel, amor en vida y canto.
2. Humilde sierva, pobre en Nazaret,
y pobre en el misterio de tu parto,
tu nada es transparencia,
epifanía de la única riqueza, que es regalo.
3. Figura de los pobres, de la Iglesia,
viviente profecía de salvados,
el pueblo bendecido por el Hijo
en pos de ti camina tras tus pasos.
4. Los ricos, los potentes, los soberbios
del trono caen, caen derribados,
y yérguese la esclava, la humillada,
diciendo la grandeza del Dios santo.
5. Oh Virgen Pobre, llena de su gracia,
ungido el corazón, humilde y manso,
lo tienes todo, vaso preciosísimo,
teniendo a Dios contigo en tu regazo.
6. ¡Cantemos con María al Bondadoso,
que el canto fue a los pobres regalado:
a Dios sea la gloria, no a nosotros,
y se haga su divino beneplácito! Amén.
y el voto de Nazir del Hijo amado,
oh Virgen del despojo, bella nada,
respuesta fiel, amor en vida y canto.
2. Humilde sierva, pobre en Nazaret,
y pobre en el misterio de tu parto,
tu nada es transparencia,
epifanía de la única riqueza, que es regalo.
3. Figura de los pobres, de la Iglesia,
viviente profecía de salvados,
el pueblo bendecido por el Hijo
en pos de ti camina tras tus pasos.
4. Los ricos, los potentes, los soberbios
del trono caen, caen derribados,
y yérguese la esclava, la humillada,
diciendo la grandeza del Dios santo.
5. Oh Virgen Pobre, llena de su gracia,
ungido el corazón, humilde y manso,
lo tienes todo, vaso preciosísimo,
teniendo a Dios contigo en tu regazo.
6. ¡Cantemos con María al Bondadoso,
que el canto fue a los pobres regalado:
a Dios sea la gloria, no a nosotros,
y se haga su divino beneplácito! Amén.
Laguna de Cameros (La Rioja), noviembre 1988
III. En brazos de María
presentado
Himno de consagración en la
Fiesta de la Presentación del Señor
Himno de consagración en la
Fiesta de la Presentación del Señor
El año 1996 se publicó la Exhortación apostólica Vita consecrata, y el año siguiente, 1997, se institucionalizó para los años venideros la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, que sería celebrada el día 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, una fecha que desde hacía varios decenios era destacada, por los Papas, como fiesta de consagración.
En el Mensaje
institucional para el establecimiento de esta Jornada (6 de enero de 1997),
Juan Pablo II, después de presentar las tres finalidades de esta Jornada, decía
lo siguiente.
“La Jornada de
la Vida consagrada se celebrará en la fiesta en que se hace memoria de la presentación
que María y José hicieron de Jesús en el templo "para ofrecerlo al
Señor" (Lc 2, 22).
En esta escena
evangélica se revela el misterio de Jesús, el consagrado del Padre, que ha venido
a este mundo para cumplir fielmente su voluntad (cf Hb 10, 5-7). Simeón lo
indica como "luz para iluminar a las gentes" (Lc 2, 32) y preanuncia
con palabra profética la suprema entrega de Jesús al Padre y su victoria final
(cf Lc 2, 32-35).
La
Presentación de Jesús en el templo constituye así un icono elocuente de la
donación total de la propia vida por quienes han sido llamados a reproducir en
la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, "los rasgos
característicos de Jesús virgen, pobre y obediente" (Vita consecrata n.
1).
A la
presentación de Cristo se asocia María. La Virgen Madre, que lleva al Templo al
Hijo para ofrecerlo al Padre, expresa muy bien la figura de la Iglesia que
continúa ofreciendo sus hijos e hijas al Padre celeste, asociándolos a la única
oblación de Cristo, causa y modelo de toda consagración en la Iglesia.
Desde hace
algunos decenios, en la Iglesia de Roma y en otras diócesis, la festividad del
2 de febrero viene congregando espontáneamente en torno al Papa y a los obispos
diocesanos a numerosos miembros de Institutos de vida consagrada y Sociedades
de vida apostólica, para manifestar conjuntamente, en comunión con todo el
pueblo de Dios, el don y el compromiso de la propia llamada, la variedad de los
carismas de la vida consagrada y su presencia peculiar en la comunidad de los creyentes.
Deseo que esta
experiencia se extienda a toda la Iglesia, de modo que la celebración de la Jornada
de la vida consagrada reúna a las personas consagradas junto a los otros fieles
para cantar con la Virgen María las maravillas que el Señor realiza en tantos
hijos e hijas suyos y para manifestar a todos que la condición de cuantos han
sido redimidos por Cristo es la de "pueblo a él consagrado" (Dt 28,
9)” (Mensaje citado de Juan Pablo II).
* * *
Celebramos con
gozo y humildad esta fiesta. Estamos en el latido de la Iglesia, cuando escuchamos
palabras como estas de Benedicto XVI: «Pertenecer totalmente a Cristo quiere
decir arder con su amor incandescente, quedar transformados por el esplendor de
su belleza: nuestra pequeñez se le ofrece como sacrificio de suave fragancia
para que se convierta en testimonio de la grandeza de su presencia para nuestro
tiempo, que tanta necesidad tiene de quedar ebrio por la riqueza de su gracia.
Pertenecer al Señor: esta es la misión de los hombres y mujeres que han optado
por seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y se
salve.» (Audiencia a los Superiores
y Superioras Generales de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de
Vida Apostólica, 22 de mayo de 2006).
(Nota. Si canta la comunidad de religiosas, puede cambiarse el texto en femenino en la estrofa 4: fiada, tuya soy).
1. En brazos de María presentado,
donado fuiste al Padre sin rescate,
naciste para ser del todo nuestro
como eras ya el Único del Padre.
2. María es Madre, es más que sacerdote,
unida al Verbo Luz que se hizo carne;
es víctima en el Hijo, traspasada
por una espada al corazón amante.
3. Aquí estoy para hacer tu Voluntad,
porque otro sacrificio no te place;
yo soy debilidad, un puro anhelo,
mas tú, seguridad, amor fiable.
4. Y en ese amor fiado firmemente,
al entregarme, entrego tus caudales,
de ti los recibí, te los presento,
que tuyo soy: servicio y homenaje.
5. Oh Virgen fiel, discípula y esposa,
y por la Encarnación divina Madre,
que seas tú mi fuerza virginal
y la perseverancia en el combate.
6. ¡Oh Cristo, suave aroma del Espíritu,
el sí de Dios, el culto razonable,
a ti todo el amor que nos deleita,
oh lámpara del mundo, oh Dios amable! Amén.
Cuautilán Izcalli, jueves, 01 de febrero de 2007,
Para la XI Jornada de la Vida Religiosa (2 de febrero de 2007).
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