Pascua de peregrino en Getsemaní
(Diario
espiritual de un peregrino)
Este Domingo –
Luz de los siglos, fiesta de las fiestas – no puedo subir a Internet la Homilía
Dominical. Me uno a la Iglesia entera, a esa familia adicta a estas encillas
homilías, destapando mi corazón con unos sentimientos, que en mi edad, en mi lenguaje,
estilo y cultura, son el perfume de María Magdalena en la mañana divina de al
Resurrección. Antes de dejar el hotel, para ir a Belén y celebrar allí el
nacimiento del Señor, que en la unidad del corazón y del amor, es el mismo
misterio integral de la Encarnación – y luego volar rumbo a la Madre, siempre
virgen María, María de la paz, María de Medjugorje – hago esta ofrenda pascual
mi corazón, en aras del Amor que es Jesús.
Una celebración
pascual de peregrino no es precisamente la celebración ideal de la Pascua. Coincidimos
en Getsemaní unos seis o siete grupos de lengua hispana, para que el rito fuera
en castellano. Celebración – como es obvio – después de mucho cansancio del día,
a lo mejor después de haber peregrinado por el desierto de Judea y el valle del Cedrón, según los programas de las agencias; celebración de repente en cuanto a
esa preparación esmerada que pide la máxima de las fiestas, preparación – digo –
en orden a las partes de la liturgia: cantos, salmos, ministros…; celebración
que hay que ultimar en la sacristía con unos sacerdotes que uno no conocen y
con los que quisiera entablar un lazo de amistad en esta Pascua que nos en lo más
sincero de nuestros ideales… Las siete lecturas del Antiguo Testamento quedan
reducidas a tres (Creación, Abraham, Mar Rojo)…; y acaso un canto del ofertorio
sea (no es un acaso): Junto a ti al caer de la tarde… ; y los salmos sean lo que se saben, o medio se saben…
Pero tú, Jesús,
estabas allí. Y ¡gracias a todos cuantos poniendo lo mejor de su buena voluntad
brindaron lo que tenían para celebrar nuestra Pascua cristiana, que terminó – lógico
es – con un aplauso, a ti, Señor Resucitado, a todos cuantos participamos de tu
triunfo…
1. Y ahora mi corazón
regresa a ti en esa intimidad silenciosa de Pascua en Getsemaní.
¿Qué fue tu Pascua,
Jesús del amor, para saber qué está siendo tu Pascua hoy?
Tu Pascua la
entenderemos si bajamos a la noche mortal de tu soledad en Getsemaní, en el
calabozo de Caifás (Galli cantus), al
abandono de la cruz. Tu Pascua se inicia en la oscuridad sin luz, tú que eres
al luz del mundo (Anokhi ‘or Ha’olan,
como han escrito en hebreo y en cuadros de luz mis hermanos capuchinos en la
Casa de espiritualidad de Jerusalén, 16 Disraeli Street, Talbiyeh). Tu Pascua comienza
en el total abandono. Sin esa humanidad desolada, Dios mío, no hay Pascua.
Dios mío, que
acepte ese primer peldaño para vivir mi Pascua, que es al tuya, la Pascua de
mis hermanos.
El confesionario
es esa fosa de verdad donde se abre tu Pascua luminosa, la Pascua de la
esperanza.
2. La Pascua, tu
Pascua, es la ruptura del tiempo y la unidad de todo tiempo en ti. Se abre la
brecha de lo que el humilde pensamiento de los teólogos llaman la escatología. Jesús,
somos contemporáneos, porque en tu divino cuerpo tiempo y espacio adquieren la
suma unidad, se eternizan y se actualizan.
Vivir la Pascua es
sin más vivirte, vivir la vida.
Una inmensa pena
cruza mi corazón cuando veo a mis hermanos hebreos, unas veces solos, otras en
familia, que oran… o simplemente caminan, caminan. Les miro con gran respeto,
incluso admiración, pero, en e este silencio doloroso del corazón, no puedo
decirles – ni tampoco ellos a mí – el gran amor que nos une en comunión en el Dios
de nuestra Alianza. Ellos celebraron la Pascua este año el 26 de marzo, y toda
Jerusalén continúa celebrando los Ázimos de la Pascua.
3. Adiós,
Jerusalén, acaso hasta el cielo. Me despido en alas de la fe, del amor, de la belleza.
La vida es Pascua
si humildemente nos dejamos conducir por la mano de Dios nuestro Padre y de su Hijo
Jesucristo, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
Shalom, shalom.
Shalom, Berakháh.
Jerusalem, Gloria
Hotel, 31 marzo 2013.
Rufino María Grández, hijo de Dios y cristiano.
¡Feliz Pascua, fray Rufino!
ResponderEliminarUn abrazo grande.