Homilía en el Domingo XXIX del tiempo ordinario,
ciclo C
Lc 18,1-8 – Domingo Mundial de Misiones
Video: (hay dificultades)
Texto del
Evangelio:
Les decía una parábola para enseñarles que es
necesario orar siempre sin desfallecer: “Había un juez en una ciudad que ni
temía a Dios ni le importaban los hombres. En aquella ciudad había una viuda
que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún
tiempo se estuvo negando, pero después se dijo a sí mismo: “Aunque ni temo a
Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está molestando, le voy a
hacer justicia, no sea que siga viniendo a cada momento a importunarme”.
Y el Señor añadió: “Fijaos en lo que dice el juez
injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman ante él día y
noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero,
cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
Hermanos:
1. Hoy es el Día
del Domund, Domingo mundial de misiones. Hoy en todas nuestras iglesias se
hablará de las Misiones, o quizás, más bien, de la Misión de la Iglesia, de los
cristianos – pues debemos ser todos discípulos y misioneros – del anuncio del
Evangelio de Jesús que debemos llevar a todos los confines de la tierra. Yo
también quiero hablar de las Misiones, de la Misión de la Iglesia. Yo también
quiero escuchar el Evangelio de Jesús, cuando dijo a sus discípulos antes de
despedirse de este mundo: Id al mundo
entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Mc 16,15).
2. Después del
Concilio ha quedado muy claro una verdad de siempre: que si la Iglesia debe
anunciar el Evangelio, y esa es su primera misión, la Iglesia somos todos los
bautizados. Por lo tanto, ser bautizado es ser testigos de la fe y anunciarla
con palabras respetuosas y cordiales cuando la oportunidad se presente. Pero anunciar
la fe no como propaganda de una empresa, porque la misión nunca es propaganda, nunca
es proselitismo, rivalidad. La misión del cristiano es testimonio sincero de un
convencido que desea hacer a otros partícipes del don que Dios mismo nos ha
regalado.
El discípulo es
discípulo-misionero y esto es como un eslogan y un eje del documento final que
firmaron los obispos de América Latina y el Caribe, el documento de Aparecida,
en Brasil, cuando se juntaron en 2007 para tomar el pulso a la Iglesia ante la
tarea de una nueva evangelización. El mayor gozo que puede tener la Iglesia,
los cristianos, es anunciar al mundo que Jesús es el Hijo de Dios, y hermano nuestro,
y ha venido a traer a todos los hombres la misma vida de Dios, que el proyecto
de Dios en el mundo es hacer una familia de hermanos, con todas las consecuencias
que esto implica.
3. Este proyecto
de misión vamos a contemplarlo ahora en relación con el mensaje del Evangelio
de hoy. Jesús nos habla de la oración de una viuda. ¿Qué puede hacer la oración
de una viuda? La oración de una viuda puede hacer milagros.
Hallándome en España,
en unas semanas de descanso y de visita familiar, he venido a este monasterio, que
es el monasterio de mi pueblo de Alfaro, monasterio de Monjas Concepcionistas, religiosas
dedicadas a la contemplación, una Orden fundada por santa Beatriz de Silva hace
ya bastantes siglos. Este domingo van a celebrar 400 años de presencia en medio
de nuestro vecindario. El 20 de octubre del año 1613 cuatro viudas de este pueblo iniciaron una
vida espiritual de retiro, de oración y penitencia, y unidas a unas religiosas
concepcionistas venidas de fuera, de Burgos, nació este monasterio. Cuatrocientos años de
oración que ellas y el pueblo agradecen.
Aquellas viudas
con sus oraciones consiguieron lo que pedían, y de alguna manera se puede
aplicar a ellas la lección del Evangelio. En este ambiente queremos pensar que
la oración, la oración humilde, confiada y persistente pertenece de modo
esencial a la misión de la Iglesia, tanto… tanto que la oración es el alma de
la misión de la Iglesia. El Papa lo está recalcando a cada paso, desde el
primer momento en que apareció en el balcón de San Pedro e hizo guardar a todos
silencio para rezar, hasta el domingo pasado cuando en al breve alocución por
los 522 mártires beatificados en Tarragona, nos dijo. Rezad por mí.
Recordemos
exactamente sus palabras: “Imploremos la intercesión de los mártires para ser
cristianos concretos, cristianos con obras y no de palabras; para no ser cristianos
mediocres, cristianos barnizados de cristianismo pero sin sustancia, ellos no
eran barnizados eran cristianos hasta el final, pidámosle su ayuda para
mantener firme la fe, aunque haya dificultades, y seamos así fermento de
esperanza y artífices de hermandad y solidaridad.
Y les pido que
recen por mí. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide”.
4. Si de verdad
queremos r cristianos auténticos, coherentes con todas las consecuencias, y no
cristianos de barniz, debemos poner la oración en el fundamento de todo. Y si
de verdad la Iglesia quiere anunciar el Evangelio al mundo, lo primero que
tiene que hacer es rezar, pedírselo a Dios.
Nos lo enseñó
Jesús en el padre nuestro: Padre, santifica tu nombre en medio de nosotros;
trae acá tu reino; implanta aquí tu voluntad como se está haciendo en el cielo.
Este es el sentido de las primeras peticiones del Padrenuestro. La obra del
Evangelio en el mundo es de tal magnitud que solo Dios puede mover y cambiar los
corazones, solo Dios la puede realizar.
5. La viuda,
pobre, se presenta ante el juez. No tiene más argumentos que al razón; no tiene
a nadie que le recomiende, a ninguna persona importante que influya ante el
juez. Es ella sola…, sola. Hazme justicia
frente a mi adversario.
Y tanto le dio
la carga a este juez a quien no le importaba la viuda, que, al fin, para que le
dejara paz, el juez tomó el caso, lo resolvió y le hizo justicia.
Jesús tomó un
ejemplo desedificante a ver si con él aprendíamos. Era una manera pedagógica de
enseñarnos. Dios no es ningún juez injusto a quien no le importe nuestro caso;
Dios es nuestro Padre y más que a nosotros le interesa lo que a nosotros nos
pasa. Dios es el Padre de toda la humanidad, y a él, más que a nosotros, le
interesa la paz del mundo, la fraternidad humana, la revelación del misterio de
Cristo. Dios quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad.
Por eso tenemos que
ir a anunciarlo, y por eso tenemos que pedirlo. La oración lo puede todo.
6. Ahora bien, hermanos,
la conclusión del Evangelio es preocupante, muy preocupante. Es una de esas frases
heladora que Jesús ha dicho al mundo. Jesús, emocionado por el ejemplo que él
mismo se ha inventado, nos lanza una pregunta de examen personal y colectivo. Dice:
Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará
esta fe en la tierra?
Esto nos ha dicho Jesús. Es un aviso muy serio. Es una interrogación, cuya respuesta
no está clara: ¿encontrará esta fe en la
tierra?
Esta fe,
hermanos, esta fe, la fe de la viuda que ha puesto toda su confianza en el
Señor y no ha sido defraudada.
7. Señor Jesús,
para la misión que me has confiado y que has confiado a la iglesia, para el
anuncio de la Buena Noticia, te pido esta fe, la fe de la viuda del Evangelio. Amén.
Alfaro, La Rioja, 19
octubre 2013 (San Lucas, Evangelista).
Querido P. Rufino:
ResponderEliminar¿Cuando venga el Hijo de Hombre encontrará esta fe en la tierra?. Creo que unos pocos tendrán esa fe. La inmensa mayoría NO. Le digo la frase del millón: HAY QUE TENER MUCHA FE PARA TENER FE. El mundo que nos rodea no es muy proclive para ello. La viuda del evangelio acudió al juez para reclamar sus derechos, pero ¿qué haría hoy esa misma viuda?.
Por otro lado tenemos el sangrante escándalo que cierto prelado alemán ha ocasionado, y la presunta apostasía de muchos ante un hecho tan repugnante (según los medios de comunicación). Jesús pide a tales personas que se aten una piedra de molino al cuello y se tiren al mar.
Me viene a la memoria una frase de Séneca: HEMOS AVANZADO TANTO EN EL MAL, QUE NO PODEMOS SOPORTAR NUESTROS MALES NI LOS REMEDIOS DE NUESTROS MALES.
Sigo sin tener noticias de Vd.
Saludos.
Juan José.