Jesús
y Bartimeo, el ciego de Jericó
Homilía
para el domingo XXX del tiempo ordinario, ciclo B,
Mc 10,46-52
Texto evangélico:
Y llegan a Jericó. Y, al salir él con sus
discípulos y bastante gente, Bartimeo (el hijo de Timeo) estaba al borde del
camino pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar:
“Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”.
Muchos le increpaban para que se
callara, pero él gritaba más: “Hijo de David, ten compasión de mí”.
Jesús se detuvo y dijo: “Llamadlo”.
Llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate, que te llama”. Soltó el
manto, dio y salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: “¿Qué quiere que te
haga?” El ciego le contestó:
- “¡Rabbunní, que vea!”
Jesús le contestó:
- “Anda, tu fe te ha salvado”. Y al
momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
Hermanos:
1. Vamos avanzando en la lectura del
Evangelio de san Marcos, y he aquí que nos encontramos con una escena gloriosa,
que es la última escena del camino de Jesús antes de entrar triunfalmente en
Jerusalén, la escena del ciego de Jericó. Una escena que ha sido muy meditada y
saboreada por los primeros cristianos y que, antes de pasar al Evangelio, ha
sido contada de tres modos diferentes.
El observador minucioso, al comparar el
mismo pasaje transmitido por Mateo, Marcos y Lucas, al momento advierte
diferencias. San Mateo dice que al salir de Jericó se presentaron dos ciegos;
no tienen nombre. San Marcos, solo él dice, que se trataba de un tal Bartimeo,
hijo de Timeo, que ocurrió al salir de Jericó. En el Evangelio de san Lucas se
nos dice que fue un ciego, al acercarse a Jericó, y cuando comenzó a entrar en
la ciudad ocurrió la escena de Zaqueo, el publicano que solo refiere este
evangelista. Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en
tu casa” (Lc 18,5).
Son datos divergentes, que no se
arreglan por unos Evangelios “concordados”, sino que el asunto crítico es más
sutil, y responde al modo como la catequesis cristiana ha tratado esa tradición
sagrada de la vida de Jesús para fijarla en el Evangelio.
Destaco estas dificultades para decir
que no podemos esquivarlas, que el estudio del Evangelio es serio, que requiere
unos métodos científicos propios de estudio, pero que esto no puede impedir el
mensaje del Espíritu asequible a todos cristiano. Veámoslo.
2. Todos los evangelios nos ponen ante
un desgraciado de esta vida que tiene un grito en la boca. ¡Hijo de David!
Confiesa, pues, a Jesús de Nazaret como el enviado por Dios, como el Mesías.
Este hombre en cuanto ciego y mendigo, al borde del camino de la vida, soy yo
sin ninguna duda. Este hombre me está quitando de la boca las palabras que yo
quiero decir: Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí.
Este hombre – Bartimeo, hijo de Timeo –
es un hijo de Israel. ¿Y si dijéramos que este hombre, este Bartimeo, está
representando a todo su pueblo de Israel que ha visto en Jesús su Salvador?
Seguramente que nuestros hermanos hebreos nos dirán. No, no es el pueblo de
Israel; a lo mejor el Evangelio de san Marcos nos está diciendo que sí, que es
todo el pueblo de Israel que ha descubierto en Jesús de Nazaret al Hijo de
David.
3. La gente quiere reprimirlo, porque es
una voz discordante en aquella procesión de gloria en que es llevado Jesús.
Pero cuanto más le dicen que calle él grita más fuerte. Así debe ser. Mi grito
a Jesús es un clamor que sube y sube hasta el trono de la gracia.
Al final, le dicen: “Tranquilo, no grites más, ya te ha oído y te llama”. Él
tira el manto, él da un brinco y él se pone ante Jesús.
- “¿Qué quiere que te haga?”
- “¡Rabbunní, que vea!”
Si nosotros encontramos a un ciego pidiendo en la vía pública, a la salida
del metro y nos detenemos para ofrecerle un sencillo saludo, él, si se se
decide a hablarnos, ¿qué nos diría?
- ¿Me puede ayudar con algo?
Nos pediría una limosna, nada más. Si es cecuciente que evnde cupoens
de lotería. Quizás nos diga:
- Cómpreme, que aquí va la suerte…
Pero este ciego, ¿qué dice?
- ¡Rabbunní, que vea!.
Rabbuní,
la misma palabra que dijo María Magdalena lanzándose a los pies de Jesús
Resucitado. “¡Rabbunní, que vea!” Sólo Dios puede hacer que yo vea, solo
Dios. Este hombre no quiere ninguna limosna de Jesús; quiere todo: ¡Rabbunní,
que vea.
Este texto es, por lo tanto, un grito a
Jesús Resucitado: “¡Rabbunní, que vea!”.
San Mateo pone estas palabras: Kyrie,
eléison. Señor, ten piedad de nosotros, tú Hijo de David. El Kyrie
eleison de la misa es una súplica, pero más que una súplica es una inmensa
aclamación a Cristo Resucitado.
4. La Iglesia nos invita hoy a
arrodillarnos antes Cristo Resucitado, nuestro Salvador, cuando para introducir
esta lectura nos recuerda en la primera al profeta Jeremías, tres versículos
del capítulo 31:
“Esto dice el Señor:
Gritad de alegría pro Jacob,
regocijaos por la flor de los pueblos:
proclamad, alabad y decid:
¡El Señor ha salvado a su pueblo,
ha salvado al resto de Israel!
Los traeré del país del norte,
los reuniré de los confines de la
tierra.
Entre ellos habrá ciegos y cojos…
Vendrán todos llorando
y yo los guiaré entre consuelos…
Será un padre para Israel” (Jer 31,7-9).
5. En el encuentro del ciego con Jesús hay
un dato final, en los tres Evangelios que lo refieren, que no podemos pasar por
alto. El ciego curado no vuelve a su casa; su corazón le pide otra cosa: seguir
a Jesús. ”. Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino. San Lucas precisa: Lo seguía glorificando a
Dios. Y concluye. Y todo el pueblo, al ver esto, alabó a Dios (Lc
18,43).
Hermanos, quien se ha visto de una
manera persona, directa, favorecido por Jesús sentirá que a partir de ahora, la
opción de su vida será “seguir a Jesús”. Seguir a Jesús por su camino. ¿Adónde
va este camino? Este camino va a Jerusalén.
6. Una palabra final, hermanos. Estamos escribiendo
estas reflexiones en el momento en que está terminando el Sínodo de los Obispos,
que ha querido iluminar “el Evangelio de la Familia”. Seguir a Jesús por su
camino, en el matrimonio, con la alegría de que ha sido Jesús, y no otro, quien
nos ha revelado el designio de Dios sobre la familia y sobre el matrimonio dentro
de la familia.
7. Señor Jesucristo, tú nos iluminaste
en el bautismo. Sigue iluminándonos en todos los momentos de nuestra vida, y
haz que nunca nos apartemos de tu luz.
Guadalajara, sábado, 24 octubre 2015.
Nota. Puede verse la anterior homilía 301. El ciego de Jericó, (subida el 24 de octubre de 2012), a la que sigue la homilía del Papa en la misa conclusiva del Sínodo sobre la nueva Evangelización en torno a este Evangelio. Hasta la fecha de hoy (24 octubre 2015) este "post" número 301 ha tenido 4912 visualizaciones.
Nota. Puede verse la anterior homilía 301. El ciego de Jericó, (subida el 24 de octubre de 2012), a la que sigue la homilía del Papa en la misa conclusiva del Sínodo sobre la nueva Evangelización en torno a este Evangelio. Hasta la fecha de hoy (24 octubre 2015) este "post" número 301 ha tenido 4912 visualizaciones.
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