Cuando venga el Hijo del hombre
Homilía para el Domingo I de Adviento, del ciclo A, 2016-2017
Sobre Mt 24,37-44
Texto
evangélico:
37 Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en
tiempo de Noé. 38 En los días antes del diluvio, la gente comía
y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en
que Noé entró en el arca; 39 y cuando menos lo esperaban llegó
el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del
hombre: 40 dos hombres estarán en el campo, a uno se lo
llevarán y a otro lo dejarán; 41 dos mujeres estarán moliendo,
a una se la llevarán y a otra la dejarán. 42 Por tanto, estad
en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. 43 Comprended
que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría
en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa. 44 Por
eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis
viene el Hijo del hombre.
Hermanos:
1. “Cuando venga el Hijo del hombre” es una frase que se repite dos veces
en el Evangelio de este domingo, y que la tomamos como título de nuestra homilía.
Tratemos primeramente de situarnos en el momento espiritual exacto en que nos
encontramos y en el significado del tiempo que hoy con la gracia de Dios iniciamos:
el Adviento.
El domingo pasado, 20 de noviembre, era el domingo final del año litúrgico,
domingo de Jesucristo Rey del Universo, conclusión del Año de la Misericordia.
2. Pocos días se anunció que el Papa quería cerrar este año de gracia con una
carta apostólica, Misericordia et misera,
que firmó ese día final y se dio a conocer al día siguiente, el pasado lunes.
Es carta, que nos llena de alegría, tenía dos finalidades: recoger el fruto de
lo que ha sido el Año de la Misericordia y marcar para la Iglesia lo que ha de
ser la pista constante de su presencia y de su sentido en la historia: entregar
a Dios como Dios misericordioso. No hay otro Dios en la Biblia. No hay dos
dioses: uno en el Antiguo Nuevo Testamento y otro en el Nuevo testamento. Desde
el principio al final Dios es uno, el Dios del amor que tiene su manifestación
suprema en Jesucristo, nuestro Señor, por obra del Espíritu Santo.
Baste un pequeño párrafo de esta carta apostólica: “Termina
el Jubileo y se cierra la Puerta Santa. Pero la puerta de la misericordia de
nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par. Hemos aprendido que
Dios se inclina hacia nosotros (cf. Os 11,4) para que también nosotros
podamos imitarlo inclinándonos hacia los hermanos. La nostalgia que muchos
sienten de volver a la casa del Padre, que está esperando su regreso, está
provocada también por el testimonio sincero y generoso que algunos dan de la
ternura divina. La Puerta Santa que hemos atravesado en este Año jubilar nos ha
situado en la vía de la caridad, que estamos llamados a recorrer cada
día con fidelidad y alegría. El camino de la misericordia es el que nos hace
encontrar a tantos hermanos y hermanas que tienden la mano esperando que
alguien la aferre y poder así caminar juntos”.
3. Hoy comienza el Adviento. “Adviento”
quiere decir venid “venida”, una palabra que tomamos de los mismos labios de Jesús:
Cuando venga el Hijo del hombre. Esa
va a ser la verdadera venida de Jesús, su venida en gloria del trono del Padre,
acompañado de sus ángeles. Jesús resucitado entonces se manifestará en todo su
esplendor. “¡Ven, Señor Jesús!”, aclamamos en la Eucaristía, tomando un grito
con el que termina el Apocalipsis.
Hoy, primer domingo de Adviento, recordamos
esa venida, la venida triunfal de Jesús, con su categoría propia de Hijo de Dios.
A él hemos de rendir gloria y honor por
los siglos; a él hemos de rendir la cuenta de nuestra vida.
4. Justamente nuestra vida adquiere su última
importancia y significado como espera de esa venida. Cuando venga el Hijo del hombre, él coronará mi obra, la que,
apoyado en su gracia, ha sido posible realizar en este mundo, esa obra de amor,
que va a ser el balance de mi existencia.
Ahora bien, hermanos, la venida triunfal
del Hijo de Dios ha sido anticipada por la primera venida, la venida de la
Encarnación, dulcísimo misterio de Navidad que evocamos en este tiempo.
E incluso hay más. Nosotros sabemos que el
Dios todopoderoso, Creador, Señor de la historia, actúa incusamente en cada uno
de nosotros. Y bien decimos que el Dios que
vendrá y que vino, es el mismo Dios que viene. Hoy viene Dios a mi corazón,
y no hace falta aguardar ni al 24 ni al 25 de diciembre. Es la venida interior,
inmanente, de Dios a cada uno de nosotros.
5. El Adviento, tiempo de cuatro semanas.
que precede a la Navidad, nos va a ir llevando por esos paisajes. Este tiempo es
un tiempo riquísimo en la espiritualidad.
Los viernes de Adviento se junta la Curia
romana, presidida por el Papa, para meditar sobre estas verdades de nuestra fe,
y predica un capuchino el Padre Raniero Cantalamesa. El día pasado decía el P.
Raniero de qué van a meditar: las cuatro meditaciones de los viernes de Adviento
van a ser sobre el Espíritu Santo. El Hijo de Dios se encarnó por obra del Espíritu
Santo.
Este hermano predicador y teólogo decía
que el Espíritu Santo, artículo de nuestra fe, es “la atmosfera en la cual se
desarrolla la entera vida de la Iglesia y, en particular, toda investigación
teológica En este las meditaciones de Adviento buscan reflexionar sobre el
Espíritu Santo como la novedad teológica y espiritual más importante después
del Concilio y la mayor fuente de esperanza para la Iglesia” (Radio Vaticana).
6. Volvamos otra vez a la frase con que hemos
comenzado. Cuando venga el Hijo del
hombre, ¿qué es lo que esto quiere significar exactamente?
Que Jesús es el protagonista de nuestra
historia. San Juan nos dice que el Padre
ha pasado todo el ejercicio de su soberanía al Hijo. “Porque el Padre no juzga
a nadie, sino que ha confiado al Hijo todo el juicio, para que todos honren al
Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo
envió” (Jn 5,22-23).
Es hermoso poder evocar hoy aquel
grandioso pasaje del profeta de Isaías:
«Venid, subamos al monte del Señor, | a la
casa del Dios de Jacob. | Él nos instruirá en sus caminos | y marcharemos por
sus sendas; | porque de Sión saldrá la ley, | la palabra del Señor de
Jerusalén».
Juzgará
entre las naciones, | será árbitro de pueblos numerosos. | De las espadas
forjarán arados, | de las lanzas, podaderas. | No alzará la espada pueblo
contra pueblo, | no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, | venid; caminemos a la luz
del Señor” (Is 2,3-5).
Esto es el Adviento, hermanos. El gozo y
la esperanza son las alas de nuestra vida.
7. Señor
Jesús, tú nos has prometido que vendrás: Cuando venga el Hijo del hombre… Concédenos
a nosotros que celebramos tu culto, que, cuando vengas, nos encuentres con el
alma limpia y llena de alegría. A ti la gloria y el triunfo por los siglos de
los siglos. Amén.
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida. Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial.
ResponderEliminarVemos que san Pablo no habla de "celebrar culto". No dice "Concédenos a nosotros que celebramos tu culto". Nos habla de batalla (ganada). De carrera (ganada). De fe (guardada y mantenida). Eso, y no otra cosa, serán las credenciales que deberemos presentar ante el Señor para hacernos valedores de la CORONA TRIUNFAL.
No por decir "Señor, Señor" seremos aprobados, sino por presentar "hechos", como san Pablo.
Gratia Domini Nostri Iesu Christi et caritas Dei et communicatio Sancti Spiritus cum omnibus vobis.
Juan José.