Sal de la tierra soy yo
Regresamos al Evangelio del Domingo pasado (Mt 5,13-16), y queremos cantar al Señor con nuestras rimas, fijándonos expresamente en estos versículos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos.
Somos Sal de la Tierra, somos Luz del mundo; es decir, yo soy sal de la tierra, yo soy luz del mundo. Insistimos en lo que ya fue proclamado en la homilía: Jesús no se dirige a los apóstoles, o a las sucesores de los apóstoles. Jesús se está dirigiendo a los humildes miembros de su comunidad, muchos analfabetos. Es una misión sublime que Jesús me ha confiado, que no tendría ningún sentido, si no comprendiera yo que ante todo, sobre todo, origen de todo, él – y solamente él – es la Sal de la Tierra, la luz del mundo.
Con este ánimo seguimos cantando nuestras canciones al estilo de los juglares.
Sal de la tierra yo soy
por mi Señor sazonado,
para poder sazonar,
a quien convive a mi lado.
Que Jesús ha visto el mundo
desabrido y maleado,
y actuando el enemigo,
que es corrupto y putrefacto
Misión sublime y divina,
que por mis fuerzas no alcanzo,
porque solo el Creador
puede salvar lo creado.
Pero Jesús me lo ha dicho,
quien es el único Santo,
quien con su muerte y su Pascua
al mundo ha santificado.
Seréis la sal de la tierra,
para dar sabor y agrado,
que la vida es siempre bella
y más con sabor cristiano.
Sal que preserve alimentos
en la alacena guardados,
para evitar corrupción
y tenerlos siempre sanos.
Mas si la sal ya no es sal,
porque se ha degenerado,
que se vaya a la basura
o al camino que pisamos.
Yo confieso, mi Señor,
lo que juan ha confesado:
que tú eres sabor de vida,
que en ti, Jesús, no hay pecado.
Y esa sal en mi disuelta,
yo seré lo que has soñado,
yo seré Sal de la Tierra,
como dijiste en el lago.
* * *
Y Luz del mundo también,
en tu sol iluminado;
luz primera fuiste tú
cuando el mundo fue creado.
De los brazos de tu madre,
te tomaba aquel Anciano,
y el mundo resplandeció
consagrado por sus labios.
Luz hermosura total,
que no conoce el ocaso,
luz para todos los hombres
y lámpara de mis pasos.
Luz de Dios amanecida
en el Hijo, aquí encarnado:
la luz de la Trinidad
es la luz de nuestros ámbitos.
Y esta luz, que es Evangelio,
hasta mi cuerpo ha llegado,
para hacerlo luminoso
como él, Resucitado.
Luz del mundo sobre el monte,
que nadie puede ocultarlo,
luz de Cristo Salvador,
amador enamorado.
Luz divina que mi Dios
a mis manos ha entregado,
y la misión de ser luz,
como él fue, me la confiado.
Brille la luz esplendente
en mi ser transfigurado,
y al verme den gloria al Padre
por Jesús, que es nuestro hermano.
Venid a mí, oh queridos,
caminantes apagados,
abriré mi corazón,
y os daré lo que me han dado.
Él es la luz, sólo él;
vayamos juntos, vayamos;
su rostro abre el camino,
vayamos mano con mano.
¡Oh Luz de Oriente, Jesús,
a ti vamos caminando,
nuestros ojos resplandecen,
que tú nos estás mirando! Amén.
Cuautitlán Izcalli, martes, 7 febrero 2023.
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