Juan, el pregonero del Hijo de Dios
Mc 1,1-8
Video 503: próximamente
Texto
evangélico
Mc1 1 Comienzo del
Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
2 Como está escrito en el
profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu
camino; 3 voz del que grita en el desierto: “Preparad el camino del
Señor, enderezad sus senderos”»; 4 se presentó Juan en el desierto
bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los
pecados. 5 Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de
Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados. 6 Juan iba vestido de piel de
camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y
miel silvestre. 7 Y proclamaba: «Detrás de mí viene el que es más
fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias.
8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará
con Espíritu Santo».
Hermanos:
1.
El Adviento tiene cuatro domingos. El segundo y el tercero todos los años el Evangelio
nos presenta la figura de Juan el Bautista, precursor del Señor. Y es el que
hoy llega hasta nosotros con su mensaje, para decirnos, como lo acabamos de
escuchar: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos”.
San Marcos transcribe y escribe estas cosas,
pero antes abre el Evangelio con una frase solemnísima, que es el arco de
entrada a este libro divino: Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo
de Dios.
Este
versículo inicial determina el sentido de todo el resto. San Marcos nos está
diciendo: No podéis entender un episodio, una palabra que sale de la boca de Jesús,
si antes no aceptáis esto: que es el Hijo de Dios. Esto es la clave de todo el Evangelio.
De ningún otro ser se ha podido decir eso, que sea el Hijo de Dios.
Nosotros,
humanos, hemos tenido la presencia del mismo Dios del cielo, y de continuo
podemos empalmar con él a través del Evangelio, que nos entrega y comunica sus
mismas palabras, que las hacemos palabras de nuestro lenguaje, alimento de nuestro
espíritu.
2.
Hijo de Dios no es un título. Es su esencia y su ser. La pandemia, que ha
afectado a toda la familia humana, y que a fecha de 5 de diciembre arroja ya
una cifra de 1.526.349 víctimas mortales, nos ha lanzado preguntas esenciales
sobre la vida: la fragilidad humana, la evidencia de que todos nos necesitamos,
el temor de que lo mismo que ocurre esta catástrofe ocurran otras mayores, sin
que la ciencia sea poderosa para poner remedios.
Pero
somos cobardes, incluso insensatos, si en este foro de sabios no nos atrevemos
a lanzar el nombre de Dios, para interrogarnos: Y Dios, Creador de cielo y
tierra, ¿tiene que ver algo con esta criatura suya, el Coronavirus, el Covid
19? Dios ha dejado la creación que bulla con sus propios gérmenes, que se expanda,
que genere; pero a los hombres les dio una misión: Dominad la tierra. Pero Él
existe y actúa y Él está detrás, como Creador y Padre.
Fue
gratamente sorprendente el día pasado la Presidenta de la Comunidad de Madrid,
cuando al inaugurar el Belén, que ha creado la Asociación de belenistas con 200
figuras, cascadas, y hasta una Hospital para el virus, fue admirable que lo
presentara no como un cuadro del folklore navideño y costumbrista de la Villa,
sino como lo que es.
Dijo
en su presentación: «La Navidad y el Belén celebran el nacimiento de Jesús de
Nazaret. Con el nacimiento de Cristo medimos los siglos y se funda nuestra
civilización. Dios se hizo hombre, por eso desde el Cristianismo celebramos el
hecho mismo de ser humanos. Esto nos recuerda que necesitar y necesitarnos nos
hace verdaderamente humanos. En el mundo en el que otros tiempos era
Cristiandad y hoy llamamos Occidente a diferencia de las sociedades
colectivistas, cada uno es insustituible y nadie puede quedarse atrás».
3.
Volvemos, pues, al Evangelio: Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de
Dios.
Juan
Bautista es el primer testigo de esto, el que anunció con la voz y el dedo:
Este es el esperado.
Oigamos
de nuevo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco
agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. 8 Yo os he
bautizado con agua, pero él os bautizará con
Espíritu Santo».
Aquí está perfectamente delineada la
misión de Juan y la misión de Jesús. Y acaso también, si bajamos a otro plano,
la misión de cada uno de nosotros.
Preparar el camino del Señor, nos dice el
Bautista. Si preparamos el camino y lo hemos recibido, entonces nos convertimos
en testigos.
Y vuelvo otra vez a los acontecimientos de
estos días, acaecidos en el Congreso. Se hablaba de los presupuestos de la
nación que divide sus recursos para el bien equitativo. Y un diputado, en
contra de la partida dedicada a la llamada “memoria histórica”, de pronto sacó de
su bolsillo un crucifijo: Este es el crucifijo que llevaba en el pecho su tío
abuelo cuando lo mataron a hachazos. Su tío abuelo era el sacerdote Rafael
Contreras, próximo beato. No quería decir, según explicó en su Twitter, que “ellos”
eran los malos y nosotros los buenos; barbaridades se cometieron en los dos bandos
– dijo -, pero no de igual modo, y en justicia hay que reconocerlo. La memoria
histórica tiene que ser memoria histórica para todos, sin barrer a unos frente
a otros, y reconociendo la verdad. Él hablaba de los presupuestos, pero dio un
testimonio de Cristo.
4. Han pasado dos mil años y volvemos a
leer el Evangelio de Juan el Bautista. Ese testimonio nos da fuerza, y nos da
mártires, y seguirá dado mártires.
¿Qué nos está pasando en este tipo de
civilización, que iba en progreso en el rendimiento económico, pero que no seguía
esa curva en el estado de la felicidad del hombre? El mundo bancario trae
progreso, pero no felicidad, porque el vacío y descontento familiar, la
desintegración de lo más íntimo y hermoso, que es la familia, ha ido en alza.
5. Hermanos, vayamos a la Palabra de Dios y
dejémonos invadir de esa dulzura que mana de allí.
Consolad, consolad a mi pueblo —dice vuestro Dios—; hablad al corazón de Jerusalén, gritadle, que
se ha cumplido su servicio y está pagado
su crimen, pues de la mano del Señor ha recibido doble paga por sus peca-dos».
Así hablaba el profeta después de la cruel
experiencia del destierro. Y este oráculo terminaba con estas palabras, que se
escuchan en la primera lectura:
“Aquí está vuestro Dios. Mirad, el
Señor Dios llega con poder y con su brazo
manda… Como un pastor que apacienta el
rebaño, reúne con su brazo los corderos
y los lleva sobre el pecho; cuida él mismo a las ovejas que crían»” (Is
40,1ss).
Hermanos, la vida es bella, inmensamente
bella, cuando uno se lanza a Dios, y deja que Dios sea el dueño de su propia
Creación y sea Él quien dirija nuestro destino.
Señor Jesús, te confesamos como Hijo de
Dios. Que tu divinidad sea la luz y la fuerza de nuestra vida, y el testimonio
que demos en el mundo. Amén.
Madrid, sábado 5 de diciembre de 2020.