jueves, 6 de octubre de 2022

1814. La dama Jacoba en el Tránsito del Hermano Francisco. Rima espiritual

 

Jacoba de Settesoli

La muerte de san Francisco es una confluencia de misterios, la culminación de una vida que fue gracia. Vayamos a las fuentes franciscanas, a indagar atentamente en los textos. En la muerte del Hermano estuvo presente una amistad femenina, purísima, entrañable y transparente: 2 C 112; 3 C 37; LM 7; LP 8; EP 112; Llagas, consideración 4. Los detalles femeninos nos emocionan al leerlos, y hemos de tener como trasfondo a las santas mujeres al pie de la Cruz y en el embalsamiento del Señor, para aspirar estos perfumes espirituales.

Esta amistad venía de antes, y el teólogo doctor, San Buenaventura, que no narra la visita de la noble dama en la muerte de su amigo y padre espiritual, nos da este dato, en otro contexto, que nos dice quién era Francisco, quién era Jacoba, quién era, en fin, el poeta Buenaventura, un apunte que es mucho más que una florecilla:

“Durante un tiempo, llevado de la devoción que sentía por el mansísimo Cordero, tuvo consigo en Roma un corderillo, que entregó, para que lo cuidara en su apartamento, a una noble matrona: a la señora Jacoba de Settesoli. El cordero, como si estuviera aleccionado por el Santo en las cosas espirituales, no se apartaba de la compañía de la señora lo mismo cuando iba a la iglesia que cuando permanecía en ella o volvía a casa. Si sucedía que a la mañana tardaba la señora en levantarse, incorporándose junto al lecho, la empujaba con sus cuernecillos y la despertaba con sus balidos, exhortándole con sus gestos y movimientos a darse prisa para ir a la iglesia. Por lo cual, el cordero -discípulo de Francisco y convertido ya en maestro de vida devota- era guardado por la dama con admiración y afecto” (Legenda maior 7)..

 

La Leyenda de Perusa, veinte años después de la muerte de Francisco, es particularmente explícita. Francisco quiso que la noble señora estuviera presente y dictó a los hermanos una carta.

“Escrita la carta, conforme al deseo del santo Padre, un hermano andaba en busca de otro que pudiese llevarla, cuando de pronto llaman a la puerta. Acude un hermano a abrirla, y se encuentra con la señora Jacoba, que había venido de prisa desde Roma para visitar al bienaventurado Francisco; corrió alegre a comunicarle que acababa de llegar para verle la señora Jacoba, acompañada de su hijo y de muchas otras personas. Y le preguntó: «¿Qué haremos, Padre? ¿Le permitiremos entrar y que venga hasta aquí para verte?» Preguntaba esto porque, por voluntad del bienaventurado Francisco, estaba establecido desde tiempos antiguos que, por el honor y dignidad de aquel lugar, ninguna mujer debía ser introducida en el claustro. Él respondió: «Esta regla no es aplicable a esta señora, a quien tal fe y devoción ha hecho venir de tan lejos». Pasó la señora a donde el bienaventurado Francisco, y, al verle, rompió a llorar copiosamente. ¡Oh maravilla! Había traído un paño mortuorio de color ceniza para hacer una túnica y todo lo que en la carta se le pedía que trajera. Al ver esto, todos los hermanos pensaron, con la más viva admiración, en la santidad del bueno de Francisco.

Y la señora Jacoba dijo: «Hermanos, estando en oración, oí en mi interior una voz que me dijo: "Marcha y visita a tu Padre, el bienaventurado Francisco; apresúrate y no pierdas un instante, pues, si tardas, no le hallarás vivo. Debes llevar tal calidad de paño para hacerle una túnica y lo necesario para hacerle tal manjar. Toma también para las velas gran cantidad de cera, e igualmente de incienso"».

El bienaventurado Francisco no había ordenado que en el escrito se pidiera incienso, pero el Señor había inspirado a esta señora, para recompensa y consuelo de su alma y para que nosotros conociéramos mejor cuán grande era la santidad de aquel pobrecillo a quien el Padre celestial quería rodear de tanto honor en el momento de su muerte”.

Pero el punto más emocionante es lo que contó Fray Tomás de Celano en su tratado de los milagros (1252/53) en torno a Francisco:

“Deshecha en lágrimas como está, el vicario del Santo la hace entrar discretamente y, puesto en brazos de ella el cadáver de su amigo, le dice: "Helo aquí; ten después de su muerte al que has amado en vida". Con llanto más pronunciado aún y con lágrimas más ardientes, Jacoba lo abraza y besa entre sollozos y voces de lástima; levanta el paño que lo cubre para verlo, y contempla el vaso precioso en que se había escondido el precioso tesoro, y lo contempla enriquecido con cinco per-las; considera las cinceladas, que sólo la mano del Todopoderoso había verificado para asombro del mundo, y, no obstante la muerte del amigo, se siente envuelta en gozo desacostumbrado” (Tratado de los Milagros, 39).

Y al final, Jacoba murió en Asís, y su cuerpo fue a descansar en la cripta de la Basílica, a pocos metros de donde están los restos de San Francisco.

La Orden la ha venerado como Beata Jacoba de Settesoli.

 


Jacoba de Settesoli,

fray Jacoba franciscana,

tu corazón de mujer

con fray Francesco alentaba.

 

Aquel blanco corderito

¿recuerdas, noble romana?

que te dejó el dulce Hermano

para que tú lo cuidaras,

 

que te seguía a la misa

y acaso te despertaba

era también franciscano

hermanito de tu alma.

 

Era imagen de Jesús,

Cordero inmolado en Pascua,

signo de entrega y ternura,

que el Evangelio señala.

 

Vuestra amistad fue una joya,

que yo quisiera gozarla,

la fruta del Paraíso,

sin pecado bien gustada.

 

Pero vengamos al Tránsito:

Ya Jesús agonizaba,

y veo a aquellas mujeres

seguidoras que allí estaban.

 

Y El ángel de la oración,

vino hasta Roma, a tu casa,

para decirte: ¡Jacoba,

corre, y abraza al que amas!

 

El carruaje y los caballos

ya la Porciúncula alcanzan:

Entre Jacoba anhelante…,

sin que termine mi carta.

 

(Traía la santa viuda

el paño para mortaja,

cera… y también mostaccioli

que al Hermano le gustaban.

 

Traía lo que pedía

en su carta no acabada:

corazón a corazón

no hay palabras ni distancias.

 

Traía también incienso,

para incensar aquella alma;

Francisco no lo pedía,

pero Dios sí lo dictaba)

 

La clausura no es clausura,

si era Jesús quien llamaba;

se unieron en un abrazo

la mujer y aquellas llagas.

 

Dulce encuentro del amor,

juntos los que Dios juntaba;

ella se puso a llorar

y era el gozo el que lloraba.

 

Francisco la bendecía,

al tiempo que la abrazaba:

Adiós, hermana querida,

seas fiel hasta la Patria.

 

Ya Francisco se apagó

a estas luces apagadas;

el silencio se hizo paz

y las alondras rondaban.

 

Los hermanos se inclinaron

ante la imagen sagrada

la pausa y la soledad

fueran ofrenda callada.

 

“Toma en tus brazos ya muerto

a quien vivo tanto amabas”,

dijo el Vicario a Jacoba

con una voz inspirada.

 

Y cual María en la Cruz

Jacoba madre tomaba,

como una madre a su hijo

como una esposa a quien ama.

 

Lo miraba enternecida,

lo acariciaba y besaba

y su rostro se fundía

con la carne ensangrentada.

 

19. Francisco y Jacoba unidos

en el Calvario y la Pascua,

y enterrados frente a frente

la Resurrección aguardan.

 

La familia ha venerado

a Jacoba cual Beata:

recuerdos, sabiduría…

de nuestra senda cristina.

 

A Jesús eterna Gloria,

solo a él, puro y sin mancha,

el que crea la amistad,

para él toda alabanza.

 

Y a ti, Jacoba bendita,

de lo hondo te damos gracias,

y, al venerar al que es padre,

te llamaremos hermana.

 

Loado sea el Altísimo

que al Pobrecillo hoy ensalza;

¡loor a la Trinidad,

que nos colma de esperanza! Amén.



Cuautitlán Izcalli, 6 octubre 2022

miércoles, 5 de octubre de 2022

1813. De la mano de María a Jesús Eucaristía

 

De la mano de María a Jesús Eucaristía

Rima memorial en el XXV aniversario del Seminario Guadalupano de Cuautitlán - Celebración del 30 de septiembre de 2022

Esta rima festiva y espiritual no está pensado al eco del Evangelio de un Domingo o de una fiesta litúrgico, sino al ritmo de las celebraciones de un Seminario, que tiene un puesto en mi corazón. Servidor llegué a México en octubre de 2002 (ahora hace veinte años). A medio kilómetro de donde me encuentro había y hay un Seminario diocesano, y a su debido tiempo me invitaron a dar clases de Sagrada Escritura, invitación de mi pleno agrado. Comencé a conocer sacerdotes. El entrar en relación con seminaristas y sacerdotes ha sido, en España y en México, una de las aficiones más gratificantes de mi corazón.

La diócesis, de mucha industria, se fue haciendo muy grande. En 2004 tenía 4 millones de habitantes, de los cuales 3.500 católicos, 87,5 % del total. Hubo que dividirla: por una parte, Diócesis de Cuautitlán, por otra parte Diócesis de Izcalli. Hoy la Diócesis de Cuautitlán tiene una población de 1.674.700 habitantes, de los cuales 1.255.000 e profesan católicos. Tiene 103 sacerdotes diocesanos, a los cuales hay que agregar 14 sacerdotes religiosos; todo ello según el Anuario Pontificio de 2020.

El Seminario de Cuautitlán fue erigido un 18 de septiembre de hace XXV años, y desde hace años se aprovecha esta conmemoración para tener el Jubileo Eucarístico de las 40 Horas, con exposición y adoración continua del Santísimo Sacramento. ¡Enhorabuena, hermanos!

El Seminario se llama Seminario Guadalupano de Cuautitlán, porque aquí se venera en “El cerrito” la Casa de Juan Diego.

Ocurre el Rector del Seminario, P. Daniel Rocha, fue antiguo alumno mío de Sagrada Escritura, y me ha honrado invitándome a presidir la Misa de los XXV años del Seminario. Incluso ha pensado que podría hacer unos versitos para esta ocasión, pensando que el lema escogido ha sido “Guiados por María a la Eucaristía”. Dicho y hecho, para que el mismo día enq que nace el poema le ponga música el Maestro Noé Rodríguez, y toda la gente pueda cantar, de rodillas ante el Santísimo, este poema, dedicado con todo amor a los 38 Seminaristas del Seminario Mayor, a los Sacerdotes, y a todas las Mujeres y Hombres adoradores. Era emocionante ver la adoración en la Custodia paseada por todo el recinto. Todo lo que se hace con amor fructifica, y esta celebración, hecha con tanto amor, dará su fruto.

 



De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Es mi hogar el Seminario,

gracia por Dios concedida,

la gracia de Nazaret

para formar al Mesías,

y la Madre estaba allí

la más tierna compañía.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Corazón del presbiterio,

en unidad y armonía,

muy gozosos recordamos

en fraterna membresía

cinco lustros fructuosos

primicias de nueva vida.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Sin míos merecimientos,

al mirarme me elegía,

sacerdote de su Cuerpo

y de su Iglesia querida

para amar como él amó

sufriendo como él sufría.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Mi deseo es ser un don

de quien de mí necesita,

que cada hombre es mi hermano

y a él entrego mi vida,

cual mi Jesús en la cruz

que por mí y todos moría.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Mi camino es Guadalupe,

Virgen Madre, Virgen Niña,

Yo quiero como Juan Diego

tener el alma sencilla,

para hablar a mi Señora

como Juan Diego lo hacía.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Que estas gentes que tú amas

sean tu feligresía;

yo seré su servidor

entregado noche y día.

A la gloria de Jesús,

Viviente en la Eucaristía.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía.

 

Somos pueblo de Jesús,

una Iglesia, una familia,

una mesa en la que todos

tienen fraterna acogida,

la Madre, que siempre es Madre,

a todos nos acaricia.

 

De la mano de María

a Jesús Eucaristía


 

Cuautitlán Izcalli, 30 septiembre 2022

sábado, 1 de octubre de 2022

1812. La Fe es la morada donde vivo - Poema contemplativo

                        La Fe es la morada donde vivo


El justo vive de la fe, dijo san Pablo, citando una frase de Habacuc. Claro que en Pablo tenía un alcance nuevo. Pasar al mundo de la fe es pasar a la realidad nueva. Y las frases en torno a la eficacia de la oración tienen sentido justamente en las coordenadas de este mundo nuevo.

Los Evangelios ponen en labios de Jesús unas frases, que no son magia de un divino Mago, sino palabras familiares de alguien que está en la intimidad de Dios. Queremos hacer resonar el Evangelio del Domingo en unos versos firmes.  En los Evangelios las palabras sobre el poder de la oración son desconcertantes. “Tened fe en Dios. 23 En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis” (Mc 11,22-24. El dicho sobre el monte – se supone que es el Monte de los Olivos – lo mismo en Mt 21,22).

Y en el lenguaje de Juan, en el IV Evangelio: “Aquel día pediréis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros, pues el Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre” (Jn 16,26-28).

En suma, la oración de petición fluye de una amistad e intimidad previamente establecida en la Fe.

 

La Fe es la morada donde vivo,

la casa se mi Padre que me ama,

el aire del Espíritu  que aliento,

la mano que si caigo me levanta.

 

La fe es el Jardín de la Belleza,

que el corazón ansía disfrutarla,

la Fe es nuestra vida verdadera,

la vida de Dios mismo, pura gracia.

 

La Fe es la sustancia de su Reino,

que en parábolas él nos anunciaba,

la maravilla nunca ni por nadie

ni santo ni profeta regalada.

 

La Fe era Jesús Viviente y Santo

que cual Hijo y Hermano se entregaba,

para quedarse mío, todo mío,

y ser mi ser, en carne, vida y alma.

 

Ser en Jesús, en él, por él, con él,

ser uno solo en Dios que me arrebata,

que viene humilde a mí todo divino

y a mí me diviniza entre sus palmas.

 

La fe es su historia, hecha historia mía,

en mis días su luz aposentada,

la Fe es la Salvación de Dios al hombre,

la Gloria que ha bajado hasta mi nada.

 

Auméntanos la Fe, ellos decían.

que de verdad la Fe necesitaban,

apóstoles testigos en la Iglesia,

que no será sin Fe la Iglesia santa.

 

Auméntanos la Fe, también nosotros,

decimos hoy, idéntica llamada,

que sin Fe nos morimos sin remedio

cual tristes peregrinos sin llegada.

 

Si tuvierais Fe, él nos respondía.

aun mínima cual grano de mostaza,

diríais a este árbol: Vete al mar,

y al mar se iría, al punto, sin tardanza.

 

La Fe es la comunión omnipotente

con Dios amor que ve lo que nos falta;

la Fe es su misma vida creadora,

amor de Padre, amor hasta la entraña.

 

La barca de la fe navega y sigue

surcando la tormenta y marejada,

Jesús está presente, no hay naufragio,

Jesús es nuestra Fe, nuestra esperanza.

 

Oh dulce, suave y vivo balanceo

de fe, vertido amor, y hecha confianza,

abierta a mi Señor, es petición

y el Padre bueno acoge tal demanda.

 

El corazón de Dios es infinito

y en él cabe el dolor que aquí nos pasa;

y a él pedimos, sea lo que sea,

y su alegría es dar de su abundancia.

 

Oh Padre nuestro, amante y escuchante,

que al dar al Hijo, diste toda dádiva,

con trémulo temblor a ti me acerco

y ya vengo a decir tan solo: ¡Gracias! Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado de la sem. XVI, 1 octubre 2022

1811. Dom. XXVII, C – Jesús nos abre al mundo de la Fe

Jesús nos abre al mundo de la Fe

Lc 16,19-31 


 

Texto evangélico:

5 Los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». 6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.

7¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? 8 ¿No le diréis más bien:

“Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? 9 ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? 10 Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

 

Queridos hermanos:

 

1. Vamos a entrar directamente en el comentario de este Evangelio, pidiendo con humildad al Señor nos dé esa sabiduría interior que necesitamos para comprenderle.

Jesús comienza a hablar de la Fe, porque los apóstoles le han suplicado: Señor, auméntanos la Fe. La misma súplica que hoy traemos a nuestros labios: Señor queremos conocer que es la fe, y te pedimos que nos de una fe muy grande, mejor dicho, una fe total.

¿Qué es la Fe? En el catecismo que yo aprendí de niño decíamos: Fe es creer lo que no vimos.

Creer es un salto a lo desconocido, adentrarse en un mundo que es real, pero que está más allá de los sentidos, un mundo que existe, pero que no se puede probar por los argumentos de nuestra razón. El Credo es la Carta solemne de nuestra Fe. El Credo se proclama en el bautismo, y lo confesamos igualmente en la Misa Dominical y en las solemnidades de la Iglesia.

He oído cantar el Credo al enterrar a un hermano, a un cristiano que ha tratado de vivir de acuerdo a esa fe. Es realmente estremecedor oí ese grito a pleno pulmón al depositar los despojos de un cristiano, de una cristiana en ese cubículo del cementerio, donde va a comenzar ese proceso irreversible de corrupción y de putrefacción: ¡Creo en la resurrección de la carne y en la vida eterna. Amén!

 

2. Creer, hermanos, es pasar de este mundo visible al invisible, para organizar la vida desde esas verdades últimas y definitivas. Creer es tener un concepto nuevo del ser humano, de su dignidad y, por tanto, de su destino. Creer es aceptar una Filosofía de la vida, de la existencia, que es más que Filosofía. En definitiva, hermano, creer es entrar en el mundo de Dios, y aceptarlo como mundo nuestro. Creer es aceptar a Dios como nuestro Creador y como el Rector de nuestra vida. Más aún, y nunca nos cansaremos de decirlo: Creer es aceptar la vida de Dios como vida mía, como vida de toda la familia humana, y ajustar, en consecuencias, nuestra conducta a la vida de Dios.

Dicho de otra manera, para concluir siempre lo mismo: Creer es aceptar el Evangelio de Cristo como mi libro de cabecera, como mi carta de identidad, y tomar todas las palabras de Jesús, sin quitar una, como `pauta de mi vida.

Por eso, pasando del mundo racional, al mundo vital, a ese tejido de experiencias diarias, que agarra todas nuestras energías, creer es haberse encontrado con el Dios vivió y verdadero y hacer aceptado su amor como dinámica de mi vida.

De san Francisco de Asís, o si queréis, de mi Seráfico Padre san Francisco de Asís, cuya fiesta se celebrar el 4 de octubre, personaje de la historia universal aceptado por creyentes y no creyentes, dijeron los primeros biógrafos que parecía un hombre del mundo venidero (alterius saeculi), un hombre de un mundo nuevo, en donde no reina más que la verdad y el amor, y nadie sabe lo que es venganza, mentira, corrupción, desamor…

Así pues, el mundo de la Fe nos quiere trasladar a esa esfera divina, que Jesús predica cuando dice: Ha irrumpido ya el Reino de Dios.

 

3. En suma, la Fe es el Mundo de las maravillas, que se inicia ya ahora mismo, aquí y conmigo. Señor, auméntanos la Fe.

Permitid, hermanos, un recuerdo que viene a tono con las palabras de Jesús que vamos a explicar, En mis lejanos años de estudio en Jerusalén, en una de aquellas excursiones que hacíamos para conocer, Biblia en manos, los lugares del Antiguo y Nuevo Testamento, el profesor nos dijo: Mirad, esto es un arbusto de mostaza. Cogí una vaina de aquel producto para llevármelo a mi mesa de estudio y pensar. Un granito de mostaza se pierde en la arruga de la mano. Jesús tomada estos seres de la vida para hablarnos de las cosas de Dios:

Auméntanos la fe». 6 El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería.

Un granito de semilla de mostaza, que no es el huevo de una gallina que  no es un garbanzo, ni una alubia, ni un guisante, ni un grano de lenteja. Si tuvierais ese miligramo de fe, de fe auténtica, diríais a este árbol grande: arráncate de ahí y vete al mar muerto, os obedecería. En otro Evangelio las palabras de Jesús tienen otro punto de comparación, y van dirigidas  este monte, que es el Monte d que de los Olivos. Tú, Monte de los Olivos, arráncate, da un salto cósmico y húndete en el Mar Muerto, si lo decís con fe, os obedecería.

Hermanos, esto nunca ha pasado, ni nunca va a pasar. Jesús empela el lenguaje de la exageración, de lo imposible y absurdo, como le vemos en otras ocasiones, para explicarnos lo que sí está pasando. Porque sucede que yo llevo dentro una espina no que la puedo arrancar, porque es más grande que un árbol de morera, y más arraigada que sus raíces; o porque yo tengo una dificultad imposible de vencer, más grande y más pesada que todo el Monte de los Olivos.

Arráncate, fuera de mí, y vete al mar. No soy capaz de hacer este milagro, y la dificultad y el sufrimiento sigue año tras año.

 

3. Jesús nos está hablando de la fe y emplea un lenguaje familiar. Creer en Dios significa entrar en una relación de total intimidad, total transparencia y total entrega. No es una relación comercial, ni de cortesía, que son formas de relación que tenemos los hombres.

Si yo he dado el paso a la Fe, mi confianza es plena. Y esto se expresa, entre otros modos, en el aspecto de la oración de petición:

Un hijo puede decir a su padre de esta tierra: Padre, quiero tener un coche. Y el padre, con el mismo amor – o mayor – y con la misma confianza, le puede decir: Hijo, no tenemos dinero y además ahora no te conviene, Lo tendrás en su día. Es un ejemplo.

Nuestra relación con Dios, que es Padre, debe romper todos los muros de la desconfianza. Es una relación plena. Padre, siento necesidad de esto, y quiero que lo sepas; te lo digo por la confianza que me inspiras. Y entonces Dios te da o lo que pides o algo mejor, que no lo habías pedido.

San Francisco pensaba que no hay gracia mayor que nos puede dar Dios que compartir en los padecimientos de su Hijo. A él le concedió el Padre del cielo las cinco llagas de su Hijo: un regalo mayor no le pudo hacer.

Hermanos, hemos hablado lo suficiente, y no vamos a pasar a la otra palabra del Evangelio, que nos da tanta paz. Nos dice Jesús: : Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, no hemos hecho mas que teníamos que hacer.

 

Concluimos orando:

Señor Jesús, auméntanos la fe, porque queremos vivir en la confianza total contigo, en la transparencia total, en la entrega plena, en el amor. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, 29 septiembre 2022.