Jesús anuncia las alegrías de su venida
Mt 11,2-11
2 Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: 3 «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». 4 Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: 5 los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
7 Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? 8 ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, 9 ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10 Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. 11 En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.
Hermanos:
1. El Adviento avanza, y ya dijimos al principio que el Adviento es tiempo de expectación piadosa y alegre. Pues el domingo III de Adviento esta alegría se acentúa más, y es una alegría pronunciada por los labios del Señor, del Mesías.
Juan lo ha anunciado, y ahora está en la cárcel por proclamar la verdad a Herodes: No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano. Él está encadenado y estas cadenas le llevarán a la muerte, pero la verdad no está encadenada.
2. Juan ha proclamado que el que bien detrás de él es el más fuerte, el que nos va a bautizar con Espíritu Santo y con fuego. Y hoy, desde la cárcel envía a dos discípulos mensajeros a Jesús, diciéndole que se pronuncie. Y Jesús habla, pero en la vida se habla con la boca y se habla con los hechos, y el Evangelio es anuncio y es obra de Dios. ¿Qué está pasando en el advenimiento e Jesús? Jesús ha entrado en acción y los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan.
Los judíos leían en la sinagoga las palabras divinas de la Escritura y sabían aquellas promesas gloriosas de la vuelta del destierro, cuando los profetas anunciaban un mundo nuevo. Las hemos escuchado en la primera proclamación:
“¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, | la retribución de Dios. | Viene en persona y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, | los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo | y cantará la lengua del mudo, | porque han brotado aguas en el desierto | y corrientes en la estepa” (Is 35,3-5).
Esto es sublime y no había ocurrido en la historia santa. Esto es propio y exclusivo de la llegada del Mesías. Y es lo que está haciendo. Él trae la salvación, la victoria de la vida sobre la muerte: los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos son sanados. Esto Es divino y solo él lo puede hacer.
3. Pero hay algo más grande en esta cadena de maravillas. Lo más sublime en este despliegue de maravillas es el remate de las palabras de Jesús: y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!
No nos vamos a escandalizar porque Jesús, el mayor benefactor de la humanidad, cure las enfermedades. Al contrario, le vamos a bendecir, le vamos a glorificar: Sigue haciendo lo que haces, llena el mundo de vida y de salud, que es eso lo que queremos construir: una sociedad feliz.
Pero a lo mejor no entendemos y nos va a producir escándalo lo que dice a continuación: y los pobres son evangelizados. El Evangelio ha llegado y ha llegado para los pobres de espíritu, porque los ricos, los poderosos de la tierra no lo entienden. Por eso Jesús nos advierte: ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
4. El Evangelio es para todos y es la mayor riqueza que Dios nos ha dado, pero los soberbios no pueden entenderlo. No lo entienden y lo rechazan. El Evangelio, que es la última palabra de Dios, que es la alegría de Dios, la salvación y la fuerza de Dios, es escándalo y es rechazado. Pues justamente por eso Jesús anuncia la verdad proclamando: ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Bienaventurado aquel que no se escandalice de Jesús, el que lleva la verdad de Dios, el que tiene palabras de vida eterna.
Nos cuenta el Evangelio que cuando Jesús, en la sinagoga de Cafarnaúm anuncié el Pan de vida, una parte de los que hasta entonces le habían seguido, dijeron: ¡Esto Es absurdo, esto no tienen ningún sentido! Y se retiraron de él, ya no le siguieron como maestro de verdad y de vida.
Y es preciso que así sea: que el Evangelio produzca fascinación o rechazo. Jesús anuncia el amor hasta el perdón, hasta el perdón de los enemigos. Y lo anuncia por que él mismo ha perdonado, y muere en la cruz diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Ya dijeron los antiguos profetas, así Ezequiel, que las palabras de Dios eran dulces como la miel y amargas cuando anunciaban nuestros pecados.
¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí! nos dice Jesús en este Domingo a nosotros, que estamos escuchando su Evangelio.
Si estamos ciegos, si estamos cojos, si estamos leprosos, si estamos sordos nos va a curar, y podremos saltar de alegría; pero también nos va a decir: el que no toma su cruz día a día y me sigue, y va pro el camino que yo he recorrido, ese no es discípulo mío. Y a lo mejor esto nos escandaliza. Ahora bien, el camino de Dios no termina en la Cruz, sino en la Resurrección. Y por esos Jesús anunciaba en la Cena a sus más íntimos discípulos: Nadie podrá quitar vuestra alegría.
He aquí, por tanto, mis queridos hermanos, que las palabras de Jesús no son palabras que un día se dijeron y el viento las llevó; sus palabras resuenan hoy, y resuenan no para otros, sino para mí.
5. El jueves pasado era la Inmaculada, y el Papa, siguiendo una hermosa costumbre, interrumpida en estos dos años de pandemia, fue en Roma a la Plaza de España don está el monumento a la Inmaculada, a hacer la ofrenda de flores a la Virgen y pronunciar una oración de consagración. Y cuando leía la oración lloró y tuvo que pararse un momento, porque no pudo decir a la Virgen: Gracias, Madre, porque ha terminado la guerra; no pudo decirle esto. No ha terminado la guerra, porque no hay perdón, no hay ese buen entendimiento que entre seres humanos tiene que haberlo por acuerdos, para poner fin a tantos desastres. Ero el Evangelio de Jesús es amor-perdón, no un falso amor triunfador, de quien dice: Yo tenía la razón, porque así no vamos a ninguna parte. Y entonces el Papa, con dolor de su corazón, prosiguió. Madre, te ofrezco el dolor de tantos niños, de tantas personas que están sufriendo. No le estaba ofreciendo flores, aunque la plaza estuviera llena de floreros y coronas, sino espinas.
Hermanos, Jesús viene a salvarnos; nos trae la alegría de corazón, si queremos aceptarla. Nos trae la alegría para las familias, si queremos hacerle caso; nos trae la paz y la esperanza que nadie sino él nos puede dar.
Repetimos: el Adviento es tiempos de expectación piadosa y alegre. La oferta está hecha. Es un regalo de Dios.
Oremos, hermanos, oremos diciendo con toda la sinceridad que alcancemos.
Ven, Señor. No tardes. Ven y cambia nuestros corazones, para que podamos disfrutar de la alegría de la salvación que tú nos traes: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».
Ario de Rosales, Michoacán (Ejercicios espirituales a las capuchinas), sábado 10 diciembre 2022