sábado, 10 de diciembre de 2022

1833. Dom III Avd. A – Jesús anuncia las alegrías de su venida

 

Jesús anuncia las alegrías de su venida

Mt 11,2-11

 

2 Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: 3 «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». 4 Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: 5 los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

7 Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? 8 ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, 9 ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10 Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. 11 En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Hermanos:

1. El Adviento avanza, y ya dijimos al principio que el Adviento es tiempo de expectación piadosa y alegre. Pues el domingo III de Adviento esta alegría se acentúa más, y es una alegría pronunciada por los labios del Señor, del Mesías.

Juan lo ha anunciado, y ahora está en la cárcel por proclamar la verdad a Herodes: No te es lícito vivir con la mujer de tu hermano. Él está encadenado y estas cadenas le llevarán a la muerte, pero la verdad no está encadenada.

2. Juan ha proclamado que el que bien detrás de él es el más fuerte, el que nos va a bautizar con Espíritu Santo y con fuego. Y hoy, desde la cárcel envía a dos discípulos mensajeros a Jesús, diciéndole que se pronuncie. Y Jesús habla, pero en la vida se habla con la boca y se habla con los hechos, y el Evangelio es anuncio y es obra de Dios. ¿Qué está pasando en el advenimiento e Jesús? Jesús ha entrado en acción y los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan.

Los judíos leían en la sinagoga las palabras divinas de la Escritura y sabían aquellas promesas gloriosas de la vuelta del destierro, cuando los profetas anunciaban un mundo nuevo. Las hemos escuchado en la primera proclamación:

¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite, | la retribución de Dios. | Viene en persona y os salvará». Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, | los oídos de los sordos se abrirán; entonces saltará el cojo como un ciervo | y cantará la lengua del mudo, | porque han brotado aguas en el desierto | y corrientes en la estepa” (Is 35,3-5).

Esto es sublime y no había ocurrido en la historia santa. Esto es propio y exclusivo de la llegada del Mesías. Y es lo que está haciendo. Él trae la salvación, la victoria de la vida sobre la muerte: los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos son sanados. Esto Es divino y solo él lo puede hacer.

3. Pero hay algo más grande en esta cadena de maravillas. Lo más sublime en este despliegue de maravillas es el remate de las palabras de Jesús: y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!

No nos vamos a escandalizar porque Jesús, el mayor benefactor de la humanidad, cure las enfermedades. Al contrario, le vamos a bendecir, le vamos a glorificar: Sigue haciendo lo que haces, llena el mundo de vida y de salud, que es eso lo que queremos construir: una sociedad feliz.

Pero a lo mejor no entendemos y nos va a producir escándalo lo que dice a continuación: y los pobres son evangelizados.  El Evangelio ha llegado y ha llegado para los pobres de espíritu, porque los ricos, los poderosos de la tierra no lo entienden. Por eso Jesús nos advierte: ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

4. El Evangelio es para todos y es la mayor riqueza que Dios nos ha dado, pero los soberbios no pueden entenderlo. No lo entienden y lo rechazan. El Evangelio, que es la última palabra de Dios, que es la alegría de Dios, la salvación y la fuerza de Dios, es escándalo y es rechazado. Pues justamente por eso Jesús anuncia la verdad proclamando: ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Bienaventurado aquel que no se escandalice de Jesús, el que lleva la verdad de Dios, el que tiene palabras de vida eterna.

Nos cuenta el Evangelio que cuando Jesús, en la sinagoga de Cafarnaúm anuncié el Pan de vida, una parte de los que hasta entonces le habían seguido, dijeron: ¡Esto Es absurdo, esto no tienen ningún sentido! Y se retiraron de él, ya no le siguieron como maestro de verdad y de vida.

Y es preciso que así sea: que el Evangelio produzca fascinación o rechazo. Jesús anuncia el amor hasta el perdón, hasta el perdón de los enemigos. Y lo anuncia por que él mismo ha perdonado, y muere en la cruz diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Ya dijeron los antiguos profetas, así Ezequiel, que las palabras de Dios eran dulces como la miel y amargas cuando anunciaban nuestros pecados.

¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí! nos dice Jesús en este Domingo a nosotros, que estamos escuchando su Evangelio.

Si estamos ciegos, si estamos cojos, si estamos leprosos, si estamos sordos nos va a curar, y podremos saltar de alegría; pero también nos va a decir: el que no toma su cruz día a día y me sigue, y va pro el camino que yo he recorrido, ese no es discípulo mío. Y a lo mejor esto nos escandaliza. Ahora bien, el camino de Dios no termina en la Cruz, sino en la Resurrección. Y por esos Jesús anunciaba en la Cena a sus más íntimos discípulos: Nadie podrá quitar vuestra alegría.

He aquí, por tanto, mis queridos hermanos, que las palabras de Jesús no son palabras que un día se dijeron y el viento las llevó; sus palabras resuenan hoy, y resuenan no para otros, sino para mí.

 

5. El jueves pasado era la Inmaculada, y el Papa, siguiendo una hermosa costumbre, interrumpida en estos dos años de pandemia, fue en Roma a la Plaza de España don está el monumento a la Inmaculada, a hacer la ofrenda de flores a la Virgen y pronunciar una oración de consagración. Y cuando leía la oración lloró y tuvo que pararse un momento, porque no pudo decir a la Virgen: Gracias, Madre, porque ha terminado la guerra; no pudo decirle esto. No ha terminado la guerra, porque no hay perdón, no hay ese buen entendimiento que entre seres humanos tiene que haberlo por acuerdos, para poner fin a tantos desastres. Ero el Evangelio de Jesús es amor-perdón, no un falso amor triunfador, de quien dice: Yo tenía la razón, porque así no vamos a ninguna parte. Y entonces el Papa, con dolor de su corazón, prosiguió. Madre, te ofrezco el dolor de tantos niños, de tantas personas que están sufriendo. No le estaba ofreciendo flores, aunque la plaza estuviera llena de floreros y coronas, sino espinas.

Hermanos, Jesús viene a salvarnos; nos trae la alegría de corazón, si queremos aceptarla. Nos trae la alegría para las familias, si queremos hacerle caso; nos trae la paz y la esperanza que nadie sino él nos puede dar.

Repetimos: el Adviento es tiempos de expectación piadosa y alegre. La oferta está hecha. Es un regalo de Dios.

Oremos, hermanos, oremos diciendo con toda la sinceridad que alcancemos.

Ven, Señor. No tardes. Ven y cambia nuestros corazones, para que podamos disfrutar de la alegría de la salvación que tú nos traes: los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados. 6 ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

 

Ario de Rosales, Michoacán (Ejercicios espirituales a las capuchinas), sábado 10 diciembre 2022

1832. Dom II Avd. A – Juan el Bautista anuncia a Jesús, el Mesías


Juan el Bautista anuncia a Jesús, el Mesías

Mt 3,1-12

Mt3 1 Por aquellos días, Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: 2 «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». 3 Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo:

 «Voz del que grita en el desierto: | “Preparad el camino del Señor, | allanad sus senderos”».

 4 Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. 5 Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y de la comarca del Jordán; 6 confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. 7 Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? 8 Dad el fruto que pide la conversión.

 9 Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talado y echado al fuego. 11 Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. 12 Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga».

Hermanos:

1. La figura del Juan el Bautista es esencia en el ADVIENTO. En los domingos II y III, Juan, el Precursor, el hijo de Zacarías y de Isabel se adelante a un primer plano. Hay tres figuras bíblicas que recurren constantemente en Adviento: el profeta Isaías, el predicador y bautizador Juan, y la Virgen María. El lugar de la Virgen María es único. A ella le dedicamos el cuarto domingo. La fiesta de la Inmaculada, de la Virgen Guadalupe, guía de la evangelización de América, de la Expectación del parto o Virgen de la Esperanza, y las antífonas que de continuo, van apareciendo en los oficios sagrados.

 

2. Juan tiene un título, pero es un título que no se lo hemos dado nosotros; es un  título que se lo da el Evangelio, como aparece en la primera línea del texto de hoy: Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando.  Bien podemos pensar que el título le viene de antes, de después de su martirio, y, a lo mejor, un título que le pusieron en vida. Y ese títuloe s su misión entera: Juan el bautista, el bautizador, el que prepara el camino para el que viene.

Según dice este título, y según el sentido de todo el Evangelio de hoy, la importancia de Juan no está precisamente en el mensaje social y moral que él predica, sino que la singularidad única de Juan está en su mensaje referente a Jesús: Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

3. Antes de seguir adelante, hermanos, y a título simplemente informativo o catequético, hemos de saber que una de las investigaciones más especializadas y críticas de los Evangelios es esta: cuál es exactamente la relación histórica entre Juan y Jesús. Los más audaces se han llegado incluso a preguntar: ¿Acaso Jesús mismo, en un tiempo, no fuera discípulos de Juan? El hecho de que Jesús recibiera el bautismo que Juan administrador ¿no indica que él lo había aceptado como profeta y maestro y que él se ponía bajo el discipulado de Juan de cara al reino que el Bautista anunciaba? Una lectura inmediata y limpia de los Evangelios nos dice que no; que haya sido cual haya sido la juventud del Bautista y de Jesús, el menaje limpio que nosotros recibimos es éste: que la Misión de Juan culmina en Jesús. Juan se ha sentido profeta de Dios; Juan no hizo milagros, pero fue sí profeta, incluso Jesús dijo que fue el mayor nacido de mujer, porque a él y solo a él le tocó indicar con el dedo: Ese es el Mesías. Con todo - añadió Jesús – el menor de sus discípulos (por ejemplo, yo mismo), es mayor que el mayor de los antiguos. Juan llegó hasta la barrera, hasta el zaguán de la casa, diríamos, pero nosotros hemos entrado dentro.   

4. Así, pues, vamos a recoger lo más bello del mensaje de Juan. Juan nos está diciendo que alguien viene detrás de él. Él no es digno de desatarle el calzado. Acaso esta frase puede aludir a un rito esponsal: No, yo no soy la esposa de este esposo mesiánico. Yo soy simplemente el siervo que lo anuncia.

Y mi a nuncio es éste: Que él tiene el Espíritu Santo, y que él, solo él, puede santificar con el Espíritu Santo.

Jesús es el que santifica, Jesús nos trae el Espíritu Santo, Jesús trae el fuego de Dios para purificar toda la tierra. Cada una de estas palabras nos presenta una figura del todo divina de quien es Jesús, a quien nosotros nos hemos confiado.

Esto es maravilloso. Jesús lleva consigo el Espíritu Santo. Los antiguos Concilio dirán aquello que ha pasado al  Credo de la Iglesia: Dios de Dios, Dios verdadero de Dios verdadero.

Nada extraño que como primera lectura hoy resuene esta profecía mesiánica de Isaías, que se escucha también en Navidad:

Sobre él se posará el espíritu del Señor: | espíritu de sabiduría y entendimiento, | espíritu de consejo y fortaleza, | espíritu de ciencia y temor del Señor.

Lo inspirará el temor del Señor. | No juzgará por apariencias | ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, | sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; | pero golpeará al violento con la vara de su boca, | y con el soplo de sus labios hará morir al malvado” (Is 11,2-4).

5. Otra imagen que nos trasmite el Bautista es que Jesús Mesías nos va a bautizar con fuego. El fuego es arrasador y destructor; pero el fuego es purificador e iniciador de una vida de amor. Es el fuego de Pentecostés. El fuego de Dios creado un mundo nuevo en la tierra. Jesús n os los dijo: “He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!” (Lc 12,49).

Hermanos, este es el Jesús a quien esperamos. Este es el Jesús de nuestra vida.

Señor Jesús, con toda la Iglesia te decimos: ¡Ven, Señor Jesús! Ven y transfórmanos con un bautismo de Espíritu Santo y de fuego, ¡ven, Señor! Amén.

Cuautitlán Izcalli, viernes 2 diciembre 2022.

viernes, 2 de diciembre de 2022

1831 Preparado, preparado – Rima para el Domingo primero de Adviento

                                          Preparado, preparado         


Por tanto, estad en vela,

porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.

(Mt 24,42).

 

Comienza el Adviento. “… el Adviento se presenta como un tiempo de devota y alegre esperanza: devotae ac iucundae exspectationis” (Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario, 39)”. Esta es la nota dominante: la “expectación”, que es una esperanza muy acentuada, esperanza llena de alegría, porque sabemos que lo que viene es seguro. Lo que viene es “esperanzador”, merece que lo esperemos. Lo que viene es Jesús, Jesús al final y Jesús ahora. Isaías lo ha contemplado exultante: Viene la Ley, la Palabra del Señor, el Evangelio, y con ello viene la paz. El día de San Francisco de 1965, año dentro del Concilio, Pablo VI se presentó en la Sede de las Naciones Unidas, como “experto en humanidad”,  y citó el oráculo de Isaías que abre elñ Adviento:

“Mas no basta alimentar a los que tienen hambre: es necesario además, asegurar a todo hombre una vida conforme a su dignidad. Y es lo que vosotros os empeñáis en hacer. ¿No es el cumplimiento, a nuestros ojos gracias a vosotros, del anuncio profético que se aplica tan bien a vuestra institución: «Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en haces» (Is 2, 4) . ¿No empleáis acaso las prodigiosas energías de la tierra y los magníficos inventos de la ciencia, no ya como instrumentos de muerte, sino como instrumentos de vida para la nueva era de la humanidad?  (Pablo VI, 4 de octubre de 1965, en visita a la ONU).

Jesús nos dice que estemos preparados.

Nos lo recordaba san Pablo: “… la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.   Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo, y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos. (Rom 13,11-14).

Queremos entrar en Adviento, expectantes,  con una consigna: ¡Preparados!

 


Preparado, preparado,

sin esperar a mañana,

porque será de repente

la hora de su llegada.

 

            + + +

 

 

Es muy seria la advertencia,

como si fuera una espada,

pero a amigos y en la Cena

con otro lenguaje hablaba.

 

Yo me adelanto, decía,

a prepararos la estancia,

y a su tiempo volveré

para traeros a casa.

 

Mi Señor de mi amistad,

que te metiste en mi alma,

amistad que provocaste

es amistad continuada.

 

Amistad nunca deshecha,

nunca rota o retirada,

mi muerte, tu parusía

será mi feliz llamada.

 

Que cuando vengas será 

para mejor bienandanza,

pues amor es siempre más

y nos espera en la patria.

 

Y juntos ya para siempre,

- ¡qué gusto ver su mirada! –

para siempre, para siempre

estaremos cara a cara.

 

Preparado, preparado,

dice al alma consolada,

siempre amigo, siempre amigo,

que él es mi suave almohada.

 

+ + +

 

Esta vida es de zozobra,

que el bien y el mal se entrelazan,

y pareceres revueltos

van campeando a sus anchas.

 

Los hijos de las tinieblas

son más diestros en su causa

que el que con fe iluminado

busca la luz y la calma.

 

Por eso, ¡estad preparados!,

mi Señor amonestaba;

no era regaño ceñudo…,

era que así nos amaba.

 

Desenfrenos de otros tiempos,

que el bautismo aniquilaba,

queden fuera para siempre

que nunca serán mi traba.

 

El Señor es santidad,

y en santidad nos aguarda;

santidad es mi misión,

ser levadura en la masa.

 

+ + +

 

Este Adviento es comenzar,

abriendo las esperanzas,

es devota expectación

de quien viene y me traspasa.

 

Me traspasa y transfigura,

como Isaías soñaba:

de Sion la nueva Ley

y de Jesús,  la Palabra.

 

Ya ha llegado el Evangelio,

ya se plantó la esperanza;

ya la vida es primavera

ya soy yo quien yo anhelaba.

 

Mi vida se me aparece

como una senda que avanza

hacia un encuentro de amor,

vaya yo por donde vaya.

 

18. Porque Jesús es mi Adviento,

mi horizonte, mi atalaya,

es la sorpresa divina,

el siempre más que no acaba.

 

Caminante, sí hay camino,

Expectante, no te engañas;

lánzate, siempre adelante

y sigue donde él señala.

 

Hoy es hoy, sin esperar

 a que hoy sea mañana;

el Adviento es su presencia,

su sacarmento y su gracia.

 

Me estaba hablando a mí mismo,

porque era él quien me hablaba,

Sí, mi Jesús y mi Dios,

preparado: ¡Ya, tú manda!  Amén.


 

 

Cuautitlán Izcalli, Domingo 27 noviembre 2022.