lunes, 27 de julio de 2026

2109 (1053) Retiro Capuchinas Tijuana - Primera parte

 

RETIRO ESPIRITUAL A LAS CLARISAS CAPUCHINAS

DE TIJUANA

 

Una vida espiritual

de experiencia mística,

al eco de santa Clara

 

PRIMERA PARTE

QUÉ ES LA VIDA ESPIRITUAL COMO

EXPERIENCIA MÍSTICA

 

 

1. Unas aclaraciones básicas sobre vida de fe, espiritualidad y mística

 

El retiro espiritual que se me ha confiado va acompañado de unas hojas explicativas muy bellas y profundas con un doble títu-lo:

    I. La unión mística

    II. Mística de la Trinidad.

El primer título gira en torno a la II Carta de santa Clara a Inés de Praga (hoy santa Inés); el segundo en torno a unas fra-ses de santa Clara, citando a Francisco, en el capítulo VI de la Regla de Santa Clara, sobre cómo la clarisa es hija, esposa y ma-dre. Ese triple parentesco que explica también san Francisco cuando escribe la Carta a todos los fieles.

 

Nos movemos, en cualquier caso, en un clima totalmente es-piritual y de una gran elevación y delicadeza. Ya las primeras cartas cristianas hablaban de esas posibilidades varias en que podemos encontrarnos: los inicios de la fe, y las maravillas que el fiel creyente debe ir encontrando, incluso en la propia expe-riencia. La carta a los Hebreos, interrumpiendo su propio discur-so tiene un largo párrafo, que vamos recordar:

“Sobre este particular tenemos mucho que decir, aunque es difícil de explicar, porque os habéis vuelto torpes de oído. Pues, debiendo vosotros ser ya maestros, por razón del tiempo, seguís necesitando que alguien os vuelva a enseñar los primeros rudi-mentos de los oráculos divinos; y estáis necesitados de leche y no de alimento sólido. Quien vive de leche, desconoce la doctrina de la justicia, pues es todavía un niño. El alimento sólido es para perfectos, que con la práctica y el entrenamiento de los sentidos saben distinguir el bien del mal.

Dejando aparte el mensaje inicial sobre Cristo, elevémonos a lo perfecto, sin poner otra vez los cimientos, o sea: el arrepenti-miento de las obras muertas, la fe en Dios, la instrucción sobre las abluciones, la imposición de manos, la resurrección de muer-tos y el juicio definitivo. También esto lo haremos si Dios nos lo concede” (Heb 5,11-6,3).

Está claro, pues, que hay un lenguaje inicial, una elevación alo perfecto, que es el terreno donde se sitúa santa Clara y donde nos vamos a situar.

Efectivamente, si leemos las cartas de santa Clara con cierta sensibilidad, al punto uno se siente envuelto en una sorprenden-te sensación: Esta mujer ¿es una poetisa romántica, bien inten-cionada pero seductora…, o acaso será verdad lo que dice? La respuesta es muy simple: Es verdad lo que dice porque ella lo vive y lo transmite.

Y no es un mundo idealizado lo que presenta; es un mundo real, deseable y divino.

Este conjunto de impresiones te lleva a un replanteamiento radical de las cosas fundamentales de la vida: Qué es la Fe en contraposición a la Razón, que no podemos negar, pues se im-pone por sí mism; Qué es realmente lo importante y definitivo en la vida. Y, en concreto, ¿qué estoy haciendo yo con mi propia vida.

El hombre – entiéndase lo mismo la mujer, el ser humano – ha nacido para pensar; Y cuando comienza a pensar cae en la cuenta de que ha nacido definitivamente para amar: el amor es la meta de la existencia humana. Gravísima afirmación, que, a lo mejor cambia totalmente nuestra visión de la vida, de la vida personal y de la vida comunitaria. Es dulcemente peligroso pen-sar, porque el buen pensamiento te lleva sin remedio a la verdad, y volvemos a repetir, la verdad culmina en el amor. Ese es nues-tro destino.

Pero en este camino hacia la verdad, surge ahora un nuevo panorama, que en un principio podía estar oculto. Uno percibe que si la razón es vía excelsa de conocimiento, se presenta otra posibilidad de conocimiento, que es la revelación, la Fe, que es-taba como entre los pliegues de la Razón. La Fe se nos presenta, pues, como un más que no te da l a razón, y que uno intuye que se trata de un asunto completamente humano, y que, por lo tan-to, afecta a mi persona. Aquí comienza el camino del verdadero conocimiento: el conocimiento de mi persona, y el conocimiento de la Transcendencia, de un Dios personal, creador, origen y meta de cuanto existe.

 

 

2. Mi Yo entre la Razón y la Fe.

 

He llegado, pues, a las raíces de mi identidad. Soy un ser hu-mano responsable de una vida que es la mía, que la debo dirigir por los principios de la Razón, pero que intuyo que puede haber una vía superior de conocimiento, que es la Fe.

¿Qué es, pues, la Fe? La Fe es un don superior que se me da, que se instala en mi ser, que pertenece a mi entendimiento y voluntad, pero que no soy yo capaz de producirlo por mis propias fuerzas.

La Fe es la gracia que viene de Dios mismo y que te da el sen-tido de toda tu existencia.

La Fe no anula la Razón; por eso la Razón la puede aceptar o rechazar.

 

3. El modo de actuación de Dios en el ser humano: descripción según la escuela de santa Teresa y san Juan de la Cruz

 

He aquí lo que aprendimos de jóvenes (que hoy recogemos de Internet) cuando se nos explicaba los diversos grados de oración y el paso de la “ascética” a la “mística”.

 

“Grados sucesivos en la vida de oración contem-plativa

Aunque cada autor místico describe matices distintos, en la escuela teresiana y sanjuanista suelen distinguirse va-rios pasos o “moradas” hacia la unión plena:

 

1. Oración de recogimiento

- El alma se aparta de distracciones externas e internas para centrar su atención en Dios.

- Es más activa por parte de la persona, aunque ya se per-ciben toques de gracia.

2. Oración de quietud

- La voluntad queda fija en Dios con suavidad y deleite.

- Hay paz profunda, pero el entendimiento y la memoria aún pueden divagar.

- Se experimenta como un “reposo amoroso” en la pre-sencia divina.

3. Oración de unión

- Todas las potencias del alma (memoria, entendimiento y voluntad) quedan absorbidas en Dios.

- Hay suspensión de distracciones y una experiencia más plena de la presencia divina.

4. Éxtasis o arrobamiento

- El alma es elevada fuera de sí misma, con pérdida de la conciencia de lo exterior.

- Se acompaña de intensa luz espiritual y amor transfor-mante.

5. Transformación o matrimonio espiritual

- Unión estable y permanente con Dios.

- La persona vive en continua conciencia de su presencia, con plenitud de amor y entrega”.

 

Todo esto es precioso y es una gracia de Dios el que los san-tos que lo han vivido en propia persona nos lo expliquen. Pero, ¡cuidado!, no nos engañemos, tomando como absolutos lo que son simplemente nuestros modos humanos de sentir y de expre-sarnos. La actuación de Dios es siempre nueva, verdadera y per-sonal. 

A una joven, que conscientemente ha renunciado a la posibi-lidad de un hermoso y santo matrimonio, y ha emprendido el camino de la vida capuchina, que el día de su profesión religiosa es coronada con una corona de flores (y el día de su profesión perpetua con una corona de espinas), ¿yo le puedo llamar en verdad “esposa” de Cristo”? Sin ninguna duda, porque lo es, y puede leer perfectamente el lenguaje místico que emplea santa Clara en sus cartas. Tengamos los principios claros para enten-dernos a nosotros mismos y poder aconsejar a los demás, si el Señor nos lo pide.

 

 

4. Principios cristianos sobre la experiencia de Dios en el corazón humano

 

El principal libro para entender qué es la ascética cristiana y la mística cristiana es el Evangelio. No puede haber un libro que lo haya superado o que lo puede superar.

 

San Pablo ha hecho su camino espiritual y nos lo ha explica-do en sus cartas. Su camino es la identificación con Cristo. Una identificación supone dos cosas:

-   La primera un conocimiento de eso (que en ese caso no es un “eso”, sino “Ese”, Cristo Jesús.

-   Y lo segundo es la transformación en esa misma realidad que se conocen. Dos cosas que acaecen simultáneamente.

San Pablo, con un lenguaje extremo, llega a decir, aun a costa de producir escándalo que todo lo demás es “basura” (quizás la traducción más exacta sea “excremento”. Podemos aprender de memoria este pasaje.

Dice, pues, san Pablo:

“Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la exce-lencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo considero basura con tal de ganar a Cristo y ser hallado en él, no con una justicia mía, la de la ley, sino con la que viene de la fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe.

10Todo para conocerlo a él,

(1) y la fuerza de su resurrección,

(2) y la comunión con sus padecimientos,

- muriendo su misma muerte,

- con la esperanza de llegar a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3,8-11).

Tenemos aquí la definición más clara del MISTERIO PAS-CUAL: muerte y resurrección unidos de forma indisoluble. Conocer a Cristo es la participación tanto en su muerte coo en su resurrección. Esa es la mística de Pablo, la mística del cristiano.

 

Continúa Pablo con plena sinceridad, diciéndonos su caso y animándonos a nosotros:

“No es que ya lo haya conseguido o que ya sea perfecto: yo lo persigo, a ver si lo alcanzo como yo he sido alcanzado por Cristo. Hermanos, yo no pienso haber conseguido el premio. Solo busco una cosa: olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome ha-cia lo que está por delante, corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús. Todos nosotros, los maduros, debemos sentir así. Y, si en algo sentís de otro modo, también eso os lo revelará Dios” (Flp 3,12-15).

He aquí, pues, la síntesis de toda la mística cristiana.

 

Otro pasaje profundamente iluminador es lo que dice a los Efesios en forma de oración, después de haber expuesto la gran-deza del misterio de Cristo:

”Por eso doblo las rodillas ante el Padre, 15de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, 1pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; 1que Cristo habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; 1de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, com-prendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo co-nocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer, con ese poder que actúa entre nosotros; a él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones de los siglos de los siglos. Amén” (Ef 3,14-21).

 

El amor de Cristo, es decir el amor que Cristo nos tiene a no-sotros, a mí, excede todo tipo de conocimiento. Este pasaje paulino, que refleja la conciencia de la Iglesia, dirigido a los cristianos de Éfeso y por medio de ellos a todos los cristianos, nos proclama claramente estas verdades:

-   la vida de fe por su propia naturaleza de fe, es experiencia de Dios;

-   esa experiencia de Dios se abre a lo infinito, a los cuatro puntos cardinales (ancho, alto, alto, profundo);

-   ese punto culminante se llama “amor”;

-   y ese amor nadie, y nunca jamás podemos agotarlo ni medirlo.

La conclusión personal es que Dios haga en mí lo que él quie-ra hacer, muy convencido de que es “mucho más sin compara-ción de lo que pedimos o concebimos”.

En resumen, el Dios de mi fe, de mi vida cotidiana es el Dios de la experiencia infinita de amor. A ese Dios tengo que buscar.

 

 

5. El JESÚS de los Evangelio Sinópticos

 

El conocimiento de Jesús se nos ha transmitido a través de los cuatro evangelios – Mateo, Marcos, Lucas, Juan – de los cua-les debemos decir:

-   Los cuatro Evangelios – cada uno de ellos – son históricos.

-   No podemos decir que uno es superior a otros.

-   Pero sí que, siendo sobrenaturales pero compuestos por autores humanos, cada uno tiene sus propias ca-racterísticas literarias, según las cuales debemos in-terpretarlos.

-   Y por de pronto observamos que los tres primeros comparten características comunes y sigue una mis-ma sinopsis de la vida de Jesús, mientras que juan es diferente. Ya desde la antigüedad se le ha llamado “el Evangelio espiritual”.

La línea sustancial que unifica a los cuatro es esta: que Jesús, hombre como nosotros, es Hijo de Dios de una manera propia y única, como ninguno de nosotros.  San Marcos comienza así: “Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (mc 1,1). Si yo no acepto la divinidad de Jesús no entiendo ninguna línea del Evangelio, de los Evangelios.

 

Este JESÚS de los Evangelios Sinópticos es el Jesús de nues-tra experiencia personal, única en cada uno, como se desprende de estos rasgos con que es presentada la figura de Jesús.

1) Jesús asume el SEÑORÍO de Dios que nadie, ni antes ni después, ha asumido.

2) En virtud de este señorío pide una vinculación a él de tipo personal y total, una vinculación que no existe en ninguna relación humana: padre/hijo, hermano/hermana, marido/mujer. En virtud de este señorío divino Jesús puede decir: “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí” (Mt 10,37-38). Todas las múltiples frases en torno al seguimiento suponen esa autoridad divina que no la ha reivindicado ningún profeta.

3) Este señorío divino se manifiesta en su autoridad de ense-ñanza. Habla no como los rabinos, sino desde sí, hasta poder asegurar: Habéis oído que se dijo, pero Yo os digo. El Yo de Jesús no es el Ego de los humanos, que podemos inflarlo por nuestra vanidad; es el mismo Yo divino.

4) La autoridad de su señorío, que es autoridad de enseñan-za, se manifiesta de modo igual como autoridad o potencia de poder: él puede curar enfermos, resucitar muerto, perdonar pe-cados; y no solamente puede, sino que puede comunicar, trans-mitir esta autoridad o poderío, como lo ha hecho: “Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus in-mundos y curar toda enfermedad y toda dolencia” (Mt 10,1)

5) El acceso al conocimiento de Jesús (sin entrar en san Juan) es un don que acontece en lo interior por la acción directa de Dios; el mero conocimiento humano, de por sí, nunca podrá alcanzar a Jesús. Solo se puede llegar a él por medio de una expe-riencia divina, que es experiencia personal: “¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos” (Mt 16,16).  San Pablo, teologizando este pensamiento, nos dice: “Por ello os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice: «¡Anatema sea Jesús!»; y nadie puede decir: «¡Jesús es Señor!», sino por el Espíritu Santo” (1Cor 12,3).  Podemos, pues, decir que el conocimiento de Fe es por vía personal mística.

6) Las cuatro escenas de unción a Jesús, que no es la misma repetida cuatro veces (Mc 14,1-9; Mt 26,6-17; Lc 7,36-48; Jn 12,1-8)) marcan cada una de ellas un acto de proximidad e inti-midad real del creyente que va mucho más allá de un acto de cortesía.

7) Llegamos al punto supremo, impensable, en el don de la Eucaristía: Tomad, comed; tomad, bebed. La intimidad se hace inmanencia.

 

En suma, Jesús nos ha traído una novedad única y nos intro-duce en ella por la acción divina. A experimentar esta novedad hemos sido destinados. Dice Jesús: “Pero bienaventurados vues-tros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. En verdad os digo que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron” (Mt 13,16-17).

Ese mundo en el que nos introduce Jesús es real, objetivo, pero se trata de una realidad que transciende nuestra capacidad natural, y que la produce el Espíritu. Podemos, pues, hablar de Experiencia espiritual, y con este sentido de Espíritu Experien-cia mística.

 

 

6. El JESÚS de los Evangelio en San Juan, Evangelio místico

 

Ahora bien, si de los Sinópticos pasamos a san Juan nos en-contramos con un lenguaje ciertamente diferente, ¿Qué sucede? ¿Qué Jesús unas veces hablaba de una manera, directa y popular, imaginativa, y otras veces habla con un lenguaje de revelación y discurso diferente? No parece esa la solución correcta.  El único Jesús que existe es el que un día estuvo en la tierra y hoy está en el mundo nuevo, el “eón” que viene del cielo.  En todo caso es el Viviente, es el mismo. Su mensaje llega hoy a nosotros de una manera diferente. Quien nos habla es el Jesús de nuestra vida, que no tendría el lenguaje que tiene si no hubiera pasado antes por la tierra con nuestras penas y dolores. Pero el Jesús de san Juan es el Jesús de la intimidad e inmanencia, el Jesús de la pre-sencia actual en la Iglesia y en cada corazón que le ha dado aco-gida. Hay dos momentos especialmente significativos, que nos dan la pauta de todo el Evangelio:

 

1) Los discursos de la Cena.

Allí escuchamos palabras como estas:

“Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muéstranos al Padre”? 0 ¿No crees que yo es-toy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace las obras. Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré. Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros (Jn 14,9-20).

 

Aquí se habla de un conocimiento por vía de presencia e in-manencia, que es el conocimiento con el cual a uno se conoce a sí mismo.

 

2) Conocimiento vital por la asimilación intrínseca de su carne y de su sangre: la Eucaristía.

En san Juan no tenemos la descripción del relato de la euca-ristía, pero queda suplido por el discurso del pan de vida, que es un discurso eucarístico. Incluso la palabra “cuerpo” (esto es mi cuerpo), queda sustituida por la expresión más semítica de “car-ne”, que acaso fue palabra usada por Jesús en las palabras de la consagración. En el discurso del Pan de Vida, escuchamos:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de es-te pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo». Disputaban los judíos entre sí: «¿Cómo pue-de este darnos a comer su carne?». Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 54El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí” (Jn 6,51-57).

Estamos transcendiendo todo tipo de conocimiento. La expe-riencia de Dios se hace experiencia de vida inmanente, e incluso recíproca.: yo en ti, tú en mí. Jesús no solo es pan, sino pan vivo, y mientras ese pan que yo como esté vivo, sea pan vivo, yo viviré. Jesús es pan inmortal.

 

7. Por todo ello vemos que la comunión eucarística es el ápice de toda la mística cristiana

 

La Eucaristía, en esta visión mística de los Evangelios, y es-pecíficamente en san Juan:

-   Nos identifica HOY con el Cristo pascual, glorioso e inmortal.

-   Y nos abre el camino para ese abrazo celestial que du-ra por toda la eternidad.

Y esta Eucaristía no la recibe un grupo selecto, superior, de cristianos, sino todo bautizado.

Desde aquí debemos recomponer todo lo que se pueda hablar de mística cristiana.

 

8. El misterioso “Yo soy” en el evangelio de San Juan

 

En el Evangelio de san Juan hay un Yo soy misterioso de Je-sús, que no se encuentra en los Sinópticos. Hay siete afirmacio-nes completas del Yo soy, y una afirmación última que se pierde en el absoluto. Este tipo de lenguaje va en consonancia con el misterio Nombre divino que Dios revela a Moisés, en el monte Horeb, el misterioso YHWJ (tetragrámaton divino), Éxodo 3,14. Los textos son los siguientes:

 

"Yo soy el pan de vida" (Jn 6:35, 41, 48, 51)

"Yo soy la luz del mundo" (Jn 8:12; 9:5)

"Yo soy la puerta" (Jn 10:7 y 9)

“Yo soy el buen pastor" (Jn 10:11, 14)

"Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11:2

"Yo soy el camino, y la verdad, y la vida" (Jn 14:6)

"Yo soy la vid verdadera" (Jn 15:1, 5).

 

Jn 8,28: Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.

2108 (1051) Jesús nos habla del trigo y la cizaña

 

Jesús nos habla del trigo y la cizaña s

Mt 13,1-23

Texto

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». 34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». 36Luego dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar  de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Hermanos:

1. El domingo pasado iniciábamos el capítulo de las parábolas de Jesús, y la primera era la parábola del sembrador. La semilla que siembra, que es semilla del todo buena, cae en cuatro terrenos diferentes: en el camino, que no penetra en tierra y se la comen los pájaros; en tierra que tiene un fondo de piedras y no puede echar hondas raíz; en tierra buena, donde también crecen zarzas y abrojos, que  acaban ahogándola; y definitivamente en tierra buena y preparada, donde la semilla llega a sazón produciendo 100, 60 0 30. Son exageraciones que inventa Jesús, porque ninguna semilla de trigo produce tanto, pero la semilla que él siembra sí que lo produce, porque Jesús – decíamos – quiere insistir en este cuarto terrena. Jesús sabe que la semilla que él está sembrando, pese a todos los pesares, ha de producir espléndida cosecha: 30, 60, 100 por uno. Y aquí estamos nosotros para decirle: Señor Jesús, es verdad; mi vida es cosecha tuya.

 

2. Hoy seguimos con otra imagen de semillas. El sembrador había sembrado semilla buena en su campo, pero a la hora de brotar, sus trabajadores observan que también hay cizaña. “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.

Esta es la situación; esta es la realidad. Existe el trigo que empieza a crecer, y existe la cizaña que empieza a puntear. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la solución?

Veamos cómo sigue la parábola: Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.

Es una imaginación, es una parabola para decirnos una verdad: que hoy, en el campo del Señor, que es la Iglesia hay trigo y hay cizaña.

Y ahora empieza la complicación: ¿Sabes tú cuál es exactamente el trigo y qué es la cizaña… para arrancar la cizaña y que no estorbe?

¿Qué dice el amo? Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

 

3. Esta frase de je nos puede llevar a una falsa interpretación. Falsa interpretación sería el decir: Ya sabemsoq ue existe el mal y el bien, el trigo y la cizaña; hay que dejarlos crecer a los dos, porque tienen el mismo derecho. Cada uno puede defender su propia postura, porque ninguna postura es mejor que la otra. Esto es es cierto.  Tenemos un triste ejemplo ante los ojos, que todos hemos visto estos años, y que ha hecho sufrir mucho a tanaats personas: el caso de los abusos a menores lor parte de parte de iembros de la Iglesia, y que ha sido examinado rigurosamente tanto por parte del estado como de la Iglesia. Si un sacerdote ha abusado de la inocencia de un niño, ¿qué debe hacer el obispo? Una mala solución sería esta: Pide perdón a Dios, confiésate, yo te cambio de Parroquia, tú no pierdes tu fama y aquí no ha pasado nada. Essta solución aparente no es de ninguna manera solución. El derecho del niño y en este caso también  de su familia está por encima de los pretendidos derechos al buen honor de ese sacerdote que se ha comportado de una manera indigna de todo ser humano y en particular de su oficio sagrado.

Esperamos que esa plaga ignominiosa se haya terminado y no vuelva a repetirse. Ahí había que arrancar la cizaña y tirarla fuera.

Lo que la Iglesia ha reclamado y lo que pide el buen sentido es que la justicia sea igual para todos. Que ha habido abusos en personas consagradas es cierto, pero las estadísticas dicen que esto ha sido un tanto por ciento mínimo, si lo comparamos con otras entidades de la sociedad, comenzando por los abusos que se dan en las familias, y siguiendo por abusos que corren en instituciones civiles: colegios y centro deportivos, culturales y re creativo. Si ha habido cizaña o si la hay y podemos decir con verdad que en este y en este caso existe, a obligación de toda autoridad es quitar esa cizaña.

 

4. Hermanos y hermanas que me escuchan, he sacado como ejemplo de cizaña lo que nos ha pasado estos años con los abusos. Con tristeza y mucho dolor podríamos citar otros ejemplos. Cuando se rebeló Lutero, fraile agustino, una persona sumamente inteligente, y también fraile devoto, ¿no era aquello cizaña, para que, al fin el Papa en entonces, le lanzara la excomunión?

¿O lo que ha pasado este mes con la consagración de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sin mandato y comunión de la Sede Apostólica, como debe ser, por muy fervorosos y devotísimos que fueran ellos,  hechos ante los cuales el Papa ha tenido que intervenir declarando la excomunión en que habían incurrido, no eran también plantas que había que aclarar en el campo de la Iglesia?

Los que seguimos con amor lo que pasa en la Iglesia universal vemos también lo que se está gestando en la Iglesia católica de Alemania en contra de los avisos y directrices que llegan de Roma. Muchos católicos sufren. Aquello ¿no es también la amenaza de un cisma que se está gestando dentro de una porción de la Iglesia, que tiene tantos méritos en sus historia? Que Dios conceda sabiduría y amor a los que deben decidir.

 

5. Pero es cierto que la parábola quiere acentuar el último veredicto de Dios, que es espantoso. Cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla,  que da el dueño de la mies. Son terribles las frases finales;

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Lo que Jesús nos está diciendo es que hay un Dios en el cielo que tiene la última palabra sobre la historia de todos los hombres: que existe un castigo eterno.

                                        

6. Ahora bien, hermanos, con todo esto por delante no podemos quedarnos con una impresión de miedo y terror, porque no hemos terminado. A renglón seguido de la parábola del trigo y la cizaña tenemos la parábola del grano de mostaza: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

Esto es hermoso y bellísimo. El grano de mostaza es muy pequeño, se pierde en las arrugas de la mano. Pero ese granito, puesto en tierra, bendecido por Dios se hace un arbusto.  En tiempo de Jesús la comunidad del reino es muy pequeña, no sabemos de números; pero Dios estaba allí y Dios actuaba, para que las aves del cielo (que hoy somos nosotros) pudieran anidar en lo que salió de este granito.

Una cosa semejante, para la sensibilidad femenina dice la parábola siguiente: un poco de levadura hace engordar a toda la masa.

 

Hermanos: Terminábamos la homilía anterior diciéndole a Jesús: Señor, yo quiero ser tierra buena, donde tu semilla produzca, el 30, el 60, o incluso el 100 por uno.

Hoy añadimos: Señor Jesús, sembrado de la buena semilla, asístenos desde el cielo y haz que tu Iglesia se extienda más y más en todo el mundo, que es el regalo más grande que puede recibir. Amén.

Pamplona, sábado, 18 julio 2026.

2107 (1051) Jesús nos habla del trigo y la cizaña

 

Jesús nos habla del trigo y la cizaña 

Mt 13,1-23

Texto

24Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. 26Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. 27Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. 28Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. 29Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. 30Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

31Les propuso otra parábola: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

33Les dijo otra parábola: «El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, hasta que todo fermenta». 34Jesús dijo todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les hablaba nada, 35para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta: «Abriré mi boca diciendo parábolas; anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo». 36Luego dejó a la gente y se fue a casa.

Los discípulos se le acercaron a decirle: «Explícanos la parábola de la cizaña en el campo». 37Él les contestó: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; 38el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; 39el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el final de los tiempos y los segadores los ángeles. 40Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: 41el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, 42y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar  de dientes. 43Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Hermanos:

1. El domingo pasado iniciábamos el capítulo de las parábolas de Jesús, y la primera era la parábola del sembrador. La semilla que siembra, que es semilla del todo buena, cae en cuatro terrenos diferentes: en el camino, que no penetra en tierra y se la comen los pájaros; en tierra que tiene un fondo de piedras y no puede echar hondas raíz; en tierra buena, donde también crecen zarzas y abrojos, que  acaban ahogándola; y definitivamente en tierra buena y preparada, donde la semilla llega a sazón produciendo 100, 60 0 30. Son exageraciones que inventa Jesús, porque ninguna semilla de trigo produce tanto, pero la semilla que él siembra sí que lo produce, porque Jesús – decíamos – quiere insistir en este cuarto terrena. Jesús sabe que la semilla que él está sembrando, pese a todos los pesares, ha de producir espléndida cosecha: 30, 60, 100 por uno. Y aquí estamos nosotros para decirle: Señor Jesús, es verdad; mi vida es cosecha tuya.

 

2. Hoy seguimos con otra imagen de semillas. El sembrador había sembrado semilla buena en su campo, pero a la hora de brotar, sus trabajadores observan que también hay cizaña. “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.

Esta es la situación; esta es la realidad. Existe el trigo que empieza a crecer, y existe la cizaña que empieza a puntear. ¿Qué hacer? ¿Cuál es la solución?

Veamos cómo sigue la parábola: Los criados le preguntan: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo.

Es una imaginación, es una parabola para decirnos una verdad: que hoy, en el campo del Señor, que es la Iglesia hay trigo y hay cizaña.

Y ahora empieza la complicación: ¿Sabes tú cuál es exactamente el trigo y qué es la cizaña… para arrancar la cizaña y que no estorbe?

¿Qué dice el amo? Pero él les respondió: “No, que al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».

 

3. Esta frase de je nos puede llevar a una falsa interpretación. Falsa interpretación sería el decir: Ya sabemsoq ue existe el mal y el bien, el trigo y la cizaña; hay que dejarlos crecer a los dos, porque tienen el mismo derecho. Cada uno puede defender su propia postura, porque ninguna postura es mejor que la otra. Esto es es cierto.  Tenemos un triste ejemplo ante los ojos, que todos hemos visto estos años, y que ha hecho sufrir mucho a tanaats personas: el caso de los abusos a menores lor parte de parte de iembros de la Iglesia, y que ha sido examinado rigurosamente tanto por parte del estado como de la Iglesia. Si un sacerdote ha abusado de la inocencia de un niño, ¿qué debe hacer el obispo? Una mala solución sería esta: Pide perdón a Dios, confiésate, yo te cambio de Parroquia, tú no pierdes tu fama y aquí no ha pasado nada. Essta solución aparente no es de ninguna manera solución. El derecho del niño y en este caso también  de su familia está por encima de los pretendidos derechos al buen honor de ese sacerdote que se ha comportado de una manera indigna de todo ser humano y en particular de su oficio sagrado.

Esperamos que esa plaga ignominiosa se haya terminado y no vuelva a repetirse. Ahí había que arrancar la cizaña y tirarla fuera.

Lo que la Iglesia ha reclamado y lo que pide el buen sentido es que la justicia sea igual para todos. Que ha habido abusos en personas consagradas es cierto, pero las estadísticas dicen que esto ha sido un tanto por ciento mínimo, si lo comparamos con otras entidades de la sociedad, comenzando por los abusos que se dan en las familias, y siguiendo por abusos que corren en instituciones civiles: colegios y centro deportivos, culturales y re creativo. Si ha habido cizaña o si la hay y podemos decir con verdad que en este y en este caso existe, a obligación de toda autoridad es quitar esa cizaña.

 

4. Hermanos y hermanas que me escuchan, he sacado como ejemplo de cizaña lo que nos ha pasado estos años con los abusos. Con tristeza y mucho dolor podríamos citar otros ejemplos. Cuando se rebeló Lutero, fraile agustino, una persona sumamente inteligente, y también fraile devoto, ¿no era aquello cizaña, para que, al fin el Papa en entonces, le lanzara la excomunión?

¿O lo que ha pasado este mes con la consagración de cuatro obispos de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, sin mandato y comunión de la Sede Apostólica, como debe ser, por muy fervorosos y devotísimos que fueran ellos,  hechos ante los cuales el Papa ha tenido que intervenir declarando la excomunión en que habían incurrido, no eran también plantas que había que aclarar en el campo de la Iglesia?

Los que seguimos con amor lo que pasa en la Iglesia universal vemos también lo que se está gestando en la Iglesia católica de Alemania en contra de los avisos y directrices que llegan de Roma. Muchos católicos sufren. Aquello ¿no es también la amenaza de un cisma que se está gestando dentro de una porción de la Iglesia, que tiene tantos méritos en sus historia? Que Dios conceda sabiduría y amor a los que deben decidir.

 

5. Pero es cierto que la parábola quiere acentuar el último veredicto de Dios, que es espantoso. Cuando llegue la siega diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla,  que da el dueño de la mies. Son terribles las frases finales;

Lo mismo que se arranca la cizaña y se echa al fuego, así será al final de los tiempos: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles y arrancarán de su reino todos los escándalos y a todos los que obran iniquidad, y los arrojarán al horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga.

Lo que Jesús nos está diciendo es que hay un Dios en el cielo que tiene la última palabra sobre la historia de todos los hombres: que existe un castigo eterno.

                                        

6. Ahora bien, hermanos, con todo esto por delante no podemos quedarnos con una impresión de miedo y terror, porque no hemos terminado. A renglón seguido de la parábola del trigo y la cizaña tenemos la parábola del grano de mostaza: «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; 32aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».

Esto es hermoso y bellísimo. El grano de mostaza es muy pequeño, se pierde en las arrugas de la mano. Pero ese granito, puesto en tierra, bendecido por Dios se hace un arbusto.  En tiempo de Jesús la comunidad del reino es muy pequeña, no sabemos de números; pero Dios estaba allí y Dios actuaba, para que las aves del cielo (que hoy somos nosotros) pudieran anidar en lo que salió de este granito.

Una cosa semejante, para la sensibilidad femenina dice la parábola siguiente: un poco de levadura hace engordar a toda la masa.

Hermanos: Terminábamos la homilía anterior diciéndole a Jesús: Señor, yo quiero ser tierra buena, donde tu semilla produzca, el 30, el 60, o incluso el 100 por uno.

Hoy añadimos: Señor Jesús, sembrado de la buena semilla, asístenos desde el cielo y haz que tu Iglesia se extienda más y más en todo el mundo, que es el regalo más grande que puede recibir. Amén.

Pamplona, sábado, 18 julio 2026.