Homilía para el domingo IV de Pascua,
ciclo C,
sobre Jn 10,27-30
Texto evangélico:
(En aquel tiempo dijo Jesús a los
judíos):
Mis ovejas escuchan mi voz,
y yo las conozco, y ellas me
siguen,
y yo les doy la vida eterna;
no perecerán para siempre,
y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, lo que me ha dado, es
mayor que todo,
y nadie puede arrebatarlas de la
mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno.
Hermanos:
1. Todos los años,
el cuarto domingo de Pascua, es el domingo del Buen Pastor. ¿Por qué? Porque
todos los años, después de haber escuchado en los tres primeros domingos un
relato de aparición de Jesús según los distintos Evangelios, en este cuarto
domingo se lee algunos párrafos del Evangelio de san Juan, capítulo 10, en el
cual se presenta a los judíos como el Buen Pastor.
2. En el
salterio de David hay un salmo entrañable, muy conocido, un salmo que toca las
fibras del corazón, que podemos recitarlo en tantas circunstancias de la vida;
que suena de una manera muy especial ante el cadáver de un hermano, de una
hermana que nos acaba de dejar en esta vida, por quien pedimos en la liturgia
que sea llevado en los brazos del Buen Pastor. Este salmo presenta una imagen dulcísima
de Dios. Vamos a recodarlo, porque, en el fondo, Jesús ha tenido la audacia de
aplicárselo a sí mismo: Yo soy el buen pastor del salmo 23
El Señor es mi
pastor, nada me falta:
en verdes
praderas me hace recostar;
me conduce hacia
fuentes tranquilas
y repara mis
fuerzas.
Me guía por el
sendero justo,
por el honor de
su nombre.
Aunque camine
por cañadas oscuras,
nada temo porque
tú vas conmigo:
tu vara y tu
cayado me sosiegan.
Preparas una
mesa ante mí,
enfrente de mis
enemigos;
me unges la
cabeza con perfume,
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu
misericordia me acompañan
todos los días
de mi vida,
y habitaré en la
casa del Señor
por años sin
término.
Ya ven, en el
salmo, a medida que avanzamos bajo el cayado del Buen Pastor, este se ha
convertido en mi amigo, que me ha preparado una mesa, que me ha ungido con
perfume, que me hace habitar en su casa, “en la casa del Señor por años sin término”.
Al final, resulta que mi casa, la casa de mi pastor, es el mismo cielo.
3. Toda esta
simbología espiritual que está dentro del salmo de buen pastor, nos hace pensar
que justamente Jesús es el buen Pastor en el cielo.
La lectura del
Apocalipsis, que es un libro pascual, y que lo vamos leyendo en todos estos domingos,
nos presenta hoy a este pastor celestial.
“(Yo, Juan) vi
una muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos
y lenguas, de pie, delante del trono y delante del Cordero, vestidos con vestiduras
blancas y con palmas en las manos” (Ap 7,9).
Jesucristo es el
cordero pascual inmolado, que ahora es el Cordero triunfador.
La grandiosa
escena continúa:
“Y uno de los ancianos
me dijo: Estos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde
han venido? Yo le respondí: Señor mío, tú lo sabrás. Él me respondió: Esos son
los que vienen de la gran tribulación: han lavado y blanqueado sus vestiduras
en la sangre del Cordero… El Cordero que está delante del trono los apacentará
y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas”.
Como veis, una escena
espiritual y mística que canta el triunfo de Dios y de Jesucristo, su Hijo enviado
al mundo, que es el Cordero inmolado. En su sangre hemos lavados nuestras túnicas.
Este Cordero es
el pastor celestial que conduce a su rebaño por las praderas celestiales.
4. Pues este
mismo pastor celestial es el que hoy tiene sus ovejas en la tierra, y él es el
que nos conduce.
Decimos nosotros
que nuestro pastor es el Papa, o es el Obispo, o el Párraco. En la tradición
protestante a los Párrocos no se les llama “Párrocos”, sino Pastores, el pastor
de la comunidad. Esto es verdad a condición de salvar otra verdad primera: que nuestro
Pastor, el que guía a la Iglesia, es, ante todo, Cristo, que no puede ser
suplantado por nadie.
Desde aquí tenemos
que entender el Evangelio de hoy.
5. Jesús es el Pastor
y nosotros somos sus ovejas. Entre él y nosotros se establece una relación de
intimidad recíproca, que está significada por diversas metáforas:
Mis
ovejas escuchan mi voz,
y
yo las conozco, y ellas me siguen,
y
yo les doy la vida eterna;
no
perecerán para siempre,
y
nadie las arrebatará de mi mano.
Jesús nos garantiza
que el conocimiento que tenemos de las cosas divinas nos lo proporciona él. ¿Cómo
conocemos a Dios? ¿Leyendo muchos libros? Está bien leer libros que nos instruyan;
pero el conocimiento último es el conocimiento que tenemos escuchando la voz
del Pastor y siguiendo esa voz del Pastor, que es Jesús.
No pensemos,
hermanos, que la Iglesia se gobierna por leyes y decretos, que son,
ciertamente, necesarios en algunas ocasiones. La Iglesia se gobierna por esa
voz interior, voy dulce, que pone Jesús en nuestros corazones. Esa voz nos indica
lo que debemos hacer, por dónde debemos caminar. Esa voz del corazón, que se
escucha apenas se pone uno en oración, nos dice por dónde debemos avanzar, qué
es lo que está bien, cuáles son los caminos desviados…
6. Pero Jesús nos
habla de otras dos cosas que queremos destacar:
- de la vida que
él nos da
- y de la
seguridad eterna de nuestra salvación.
Nos da vida,
vida plena, que él llama “vida eterna”, vida que vale para ahora y para el
futuro. Jesús da vida, no da muerte; Jesús da alegría y esperanza, no da temor.
Jesús nos podrá dar en ocasiones dolor y enfermedad, pero cuando ellas vienes, porque
tal es la condición humana, dentro del dolor y la enfermedad nos está dando
vida. El dolor nos purifica y nos da una sabiduría que antes no teníamos; y eso
es vida.
En una palabra, los
dones de Jesús son vida, vida humana, vida integral.
7. Pero además
nos da Jesús, Buen Pastor, la seguridad.
Somos sus ovejas:
no perecerán para siempre, y nadie las
arrebatará de mi mano. Una imagen muy tierna. A veces somos sus corderillos
que él ha tomado en sus brazos. Nadie las arrebatará de mi mano.
Con Jesús estamos
seguros ahora y al pasar la ribera de la eternidad.
Y, al final, nos
dice esta declaración soberana:
Yo y el Padre somos uno.
8. Mis queridos hermanos:
Esta es nuestra religión.
Gracias, Jesús,
Buen Pastor, por habernos enseñado tales cosas. Confío en ti para siempre, en
el tiempo y en la eternidad. Amén.
Guadalajara,
jueves, 18 abril 2013.
Como himno para este IV Domingo de Pascua, véase:
Nuestro Pastor se ha alzado de la tumba.
Puede verse la homilía del año pasado, ciclo B: Jesús, el Buen Pastor
Domingo del Buen Pastor
Día de las
vocaciones consagradas
A un joven que
quiere ser sacerdote del único y buen pastor
“Ser pastores
con «olor a oveja» –esto os pido: sed pastores con «olor a oveja», que eso se
note”
(Papa Francisco en
la Misa crismal de Jueves Santo)
1. Pastor con
olor a oveja,
que a mi ropa se
ha pegado;
es el olor que
respiro
y el mismo olor
que he sudado.
2. Una a una las
conozco,
ovejas de mi
rebaño;
una a una yo las
tuve,
al nacer, entre mis brazos.
3. Pastor que aprendí a silbar
como se silba en el prado,
al aire de la perdiz,
del gorrión y del milano.
4. Con un palo de avellano
hizo el pastor su cayado:
un cayado, que es su cetro,
rey, pastor, profeta y sabio.
5. Entre ovejas y corderos,
perdido y bien apiñado,
mis ovejas me conocen,
que les doy mi vida en pasto.
6. Buen Pastor, Jesús querido,
mi Evangelio en Cruz sellado,
porque pastor me elegiste,
del todo a ti me consagro.
Guadalajara, viernes, 19 abril 2013
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