Yo soy un pobrecillo
SEMBLANZA
El día 29 de
abril de 1988 el humildísimo Padre Bernabé de Larraul, un capuchino nacido en
un caserío vasco (1907), llamado Larraul (Guipúzcoa), moría santamente en Quito.
Después de haber vivido como sacerdote capuchino en Alsasua (Navarra), Honbdarribia
y Rentería, siempre con la fama de “aita santua” (padre santo), en 1952 llegó a
Ecuador como misionero entre gentes humildes en la provincia de Pichincha,
donde está Quito.
Al superior le
pareció que había que darle cristiana sepultura allí, en el cementerio, como a
los demás frailes. La gente, que lo veló, no pensaba igual: ¡El P. Bernabé
tenía que ser sepultado en San Miguel de los Bancos! ¡Y en la iglesia, junto al
altar! Lo cargaron en un camión y por
las montañas del Pichincha lo llevaron hasta el pueblo que
él había fundado:
San Miguel de los Bancos. Unos kilómetros antes de concluir el trayecto de los
95 km, lo bajaron para llevarlo procesionalmente en hombros. Abrieron una sepultura
junto al altar y allí lo enterraron. El funeral fue apoteósico de devoción de
la gente sencilla.
Quien esto
escribe ha gastado muchas horas para escribir sobre el Padre Bernabé y que no
se pierda la memoria de los pobres de las Bienaventuranza. Y, en su día,
después de haber rebuscado todo cuanto pude (diario personal, cartas, sermones,
pequeños papeles), después de haber recorrido aquellos pueblos y recintos,
grabadora en ristre, escribí una larga vida, publicada en tres volúmenes: Vida
del Padre Bernabé. Víctima de amor ofrecida al Amor Misericordioso
(Quito, Librería Espiritual 2008-2009. Vol. I, 337 pp., II, 343 pp., y III, 304
pp.),
El año pasado
tuve la oportunidad del volver sobre aquellos lugares, para mí muy querido. Hablé
con la gente, hablé con el Párroco, P. Julio Miguel Mejía Ortiz (Ldo. En
el Alfonsianum
de Roma), entusiasta del santo Padrecito Bernabé. Supe que obispo-administrador
apostólico, Mons. Julio César Terán Dutari, jesuita, aprecia altamente al Padre
Bernabé. Y me atreví luego a escribirle una carta, pensando en el día de
mañana, 29 de abril de 2013. Le decía como punto principal: “Hablé con el
Párroco y aprecié con qué alto concepto de santidad guarda la memoria del Padre
Bernabé, a quien los fieles sencillos siguen encomendándose. Y hablamos de si
no ha llegado ya el momento oportuno para que la autoridad eclesiástica
competente, visto este hecho teológico de la fe y devoción del pueblo sencillo –
los pobres del Señor – introduzca la causa de beatificación del siempre recordado
Padre Bernabé” (carta del 8 de julio de 2012).
Una religiosa
que ha conocido mucho al Padre Bernabé y ha escrito sobre él, Sor Silvia Edith
Andrade Tamariz, me escribe con gozo y entusiasmo sobre lo que van a hacer en e
este XXV aniversario:
“Es mañana la gran caminata de San Miguel de los Bancos hasta San Bernabé con el P. Párroco para dar la misa precisamente
por el P. Bernabé, día de santa Catalina de siena”. San Bernabé es otro
de los pueblos fundados por este humilde capuchino, al que quiso darle el
nombre de su santo patrono.
El Padre Bernabé se encuentra enterrado entre el altar y el sagrario
Al recordarlo en
este XXV aniversario memorable – y al encomendarme a su intercesión – quiero evocar
quién era el Padre Bernabé, transcribiendo una Semblanza que escribí en el
volumen III, pp. 337-346.
Quién era y como
era el Padre Bernabé
El Padre Bernabé en mi celda capuchina
con un pajarillo que vino a verle
y estar un ratito con él.
La foto, aquí ampliada, fue hecha en una calle de
San Miguel de los BancosEl encanto del Padre Bernabé
Pregúntese -yo
lo he hecho- a la gente de San Miguel, de Saloya, de San Bernabé..., de los recintos
que riegan la zona, a la gente que tiene el don de la intuición, pregúntese:
- Usted me ha
contado milagros del P. Bernabé..., pero más allá de esas cosas, si usted fuera
a retratar el corazón del P. Bernabé ¿qué me diría...? ¿Qué es lo que más llamaba
la atención en él?
Y la respuesta
que, con cierta sorpresa y no poco agrado, se escucha es esta:
- Era humilde.
- ¿Que era
humilde? ¿Qué significa para usted eso de que era humilde?
- Pues que no
era soberbio..., era humilde. El P. Bernabé vivía con Dios. Todos los
sacerdotes son representantes de Dios, pero el P. Bernabé era especial, como la
presencia de Jesús; el P. Bernabé... así sería San Francisco.
- Dígame un
poquito más: ¿qué significa ser humilde?
- El P. Bernabé
no tenía nada para sí, lo compartía todo; acogía con amor a todas las personas...
Eso más o menos significa que era humilde.
- Le comprendo,
señora. El P. Bernabé cuando escribía a personas de mucha confianza les decía: Yo soy un pobrecillo. Con una palabra o
con otra es lo mismo que lo que usted me está diciendo. Realmente el P. Bernabé
era humilde ante Dios y ante los hermanos.
Naturaleza y
gracia en el corazón de un pobrecillo
De natural el P.
Bernabé -antes el niño José Antonio Sarasola- era una persona muy tímida,
quizás introvertido. ¿Cómo ha podido influir en él el medio ambiente de su
tierra vasca, de su caserío natal, de sus condiciones familiares? Preguntas que
sería bien arriesgado el responderlas, pero cuya solución podría ofrecer una
clave para comprenderle mejor.
En su contextura
humana aparecen tres rasgos fundamentales: interioridad, ternura y fortaleza.
Su capacidad
de vida interior le abre hacia el mundo de las realidades invisibles, ya
desde niño. El mundo de lo sobrenatural era el ámbito donde más cómodo se
encontraba. El fue siempre muy propenso a dar crédito al mundo sobrenatural de
los demás. Las comunicaciones celestiales de la Virgen María con personas
privilegiadas para él contaban mucho; era quizás excesivamente crédulo. Pero
personalmente él no ha fraguado su espiritualidad en revelaciones personales:
muy abierto al mundo sobrenatural de los demás, pero muy sobrio para no dar
cabida en sí mismo ni a visiones ni a revelaciones.
Su sensibilidad
humana se manifestaba, sobre todo, como ternura. El P. Bernabé era de
unos sentimientos exquisitos que afloraban al exterior no con bulla sino con
inmensa delicadeza. Tenía una mirada llena de dulzura. Esa mirada suave -a
veces triste, del hombre que sufre- era para no pocas personas el secreto de
comunicación del P. Bernabé. Tenía unos ojos de hombre compasivo, que ha conocido
la misericordia de Dios.
Rasgo de su
sensibilidad es el cultivo de la amistad sobrenatural, a la que él era fiel,
amistad que demostraba con la visita oportuna o la carta que escribía de su
puño y letra con un pobre bolígrafo.
Era además un
hombre revestido de una tremenda fortaleza interior. Se sacrificaba,
pero esto no lo hacía porque era así, sino a base de una victoria interior por
Jesucristo. A las almas que dirigía les exhortaba a la perseverancia, a
persistir con fortaleza de corazón, sólo por la gracia de Dios.
El
hombre de la oración ininterrumpida
El P. Bernabé
vivía en permanente oración. Todos dan testimonio, lo mismo cuando estaba en su
tierra patria que como misionero en estas latitudes. Y él mismo, cuando ha de
manifestar a su confesor los íntimos secretos de su vida espiritual, le dará
cuenta exacta de cómo es codicioso del tiempo para orar. A la noche le quitaba
horas para la oración y más a la madrugaba. Si podía, procuraba no usar la
cama. ¿Lo hacía por penitencia o más bien para tener cuerpo y alma alerta para
la oración?
Le gustaba orar
caminando y de camino ha experimentado grandes gracias del Señor. Seguramente
que este deseo de activar constantemente la unión con Dios mediante la oración
es una de las primeras razones que explican por qué prefería para ir a los recintos
caminar más bien que subir a un carro.
Víctima de amor
A sus 18 años,
antes de ingresar en el noviciado, el P. Bernabé firmó su acto de consagración
ofreciéndose como víctima de amor al Amor
Misericordioso. Y esto fue pauta para toda su vida, siguiendo el ejemplo y
las huellas de Santa Teresita.
El P. Bernabé
vive en una negación total: comida parca y lo más pobre, vestido remendado,
sueño en el suelo...; pero todo esto lo hace no por tallar la personalidad del
hombre heroico que ha alcanzado la victoria sobre sí mismo, sino como amor en
respuesta al Amor, uniendo sus padecimientos a Cristo crucificado por la
salvación del mundo. Esta víctima de amor es una víctima intercesora.
Al caminar por
estas montañas con mucha frecuencia -las gentes dicen que habitualmente- se
quitaba las sandalias y caminaba a pie desnudo. Era la figura del apóstol peregrino,
enviado a anunciar el Evangelio, y al mismo tiempo el pobre del Señor que se
siente solidario con los más pobres de la tierra, hombres y mujercitas, que
caminan descalzos.
Jesús
Crucificado
Otro rasgo de
esa solidaridad del hombre abnegado y corredentor, por Jesús, que se hizo uno
de nosotros, era el cargar la cruz y llevarla por las calles de San Miguel de
los Bancos. Tantas personas dan testimonio de cómo le han visto por la noche o
a la madrugaba con la cruz a los hombros.
Y él mismo nos
ha contado en su autobiografía la importancia que tuvo en su vida el ejercicio
diario del Vía Crucis.
La Eucaristía,
centro de su existencia
La Eucaristía
para el P. Bernabé no es una devoción; es auténticamente el centro de su
existencia. Para él la Eucaristía es el punto de cita y encuentro con el amor
de Dios. Devociones son el Vía Crucis, el rosario de las llagas..., oraciones que
hacía y aconsejaba. La Eucaristía era la condensación de todos los misterios y
el centro de su vida. Por eso algunas personas han percibido como una especie
de transfiguración espiritual que se operaba en el P. Bernabé cuando celebraba
el sacrificio del altar. Sea lo que sea de tales percepciones, la verdad
íntima de su corazón es que para el P. Bernabé la Eucaristía era la raíz y el
centro de todo.
En sus viejos
escritos para la predicación, estando en su tierra, desarrolla en un folleto
sobre la Santa Misa estos temas centrales, que sin duda son el reflejo de sus
vivencias personales: "La santa Misa ofrenda de Jesucristo; Jesucristo en
cada Misa renueva su Encarnación; Jesús en cada Misa renueva su Nacimiento; En
la santa Misa se renueva la vida de Jesús; Jesucristo en la santa Misa renueva
su plegaria; Jesucristo en cada Misa renueva su Pasión; Jesucristo en la santa
Misa renueva su muerte en cruz; Jesucristo en cada Misa derrama su sangre."
La imagen del
Sagrado Corazón de Jesús era para él la genuina representación de Jesús que nos
transmite el amor de Dios; y con esta imagen el crucifijo. Tenía una devoción
especial al crucifijo representado como Amor Misericordioso: la Cruz unida a la
santa Forma de la Eucaristía, derramando los dones de redención sobre el
mundo. Ese crucifijo del Amor Misericordioso es el que preside la iglesia de
San Miguel de los Bancos.
Del centro de la
celebración eucarística irradiaba la veneración al Sacramento del Altar. El
Sagrario desde pequeño ejerció para él una fascinación irresistible. Se comprenderá
su deseo de fomentar formas de adoración a Jesús Sacramentado: la Hora Santa,
los Jueves Eucarísticos... Los fieles de Santa Elena y de San Miguel de los
Bancos saben que aunque el P. Bernabé estuviera en misión por los recintos, no
había de faltar en la hora señalada del Jueves para la adoración del Señor en
la Eucaristía.
La Virgen María,
forma de vida en la unión con Cristo
De pequeño el P.
Bernabé, en el Seminario Seráfico descubrió el camino de la verdadera devoción
a María, enseñado por el entonces Bto. Luis María Grignon de Monfort, hoy S.
Luis María. Es la consagración como esclavo de amor para ir a Jesús a través de
María - ad Iesum per Mariam - y hacer
todas las cosas por María, con María, en María y para María. Fue el descubrimiento
de un secreto y en esta línea permaneció toda la vida. María para el P. Bernabé
era la Madre de piedad que nos lleva a Jesús. Veneraba particularmente a la
Dolorosa.
Más tarde, en
los años de preparación para el sacerdocio, descubrió la obra de la Vble. Madre
María de Jesús de Agreda La Mística Ciudad de Dios y aquí encontró para siempre
un manantial inexhausto de maravillas y de espiritualidad.
Los mensajes de
María a través de diversas apariciones -sobre todo Fátima- fueron otro de los
veneros de su espiritualidad, concluyendo en los últimos años de su vida con su
ferviente adhesión al Movimiento Sacerdotal Mariano, del que fue nombrado
responsable en Ecuador.
Este cuadro ha
sido el clima de su espiritualidad mariana. El amor siempre es un secreto y el
amor filial y tierno del pobrecillo Bernabé a la Virgen María, Madre de piedad,
es igualmente un secreto de su corazón. Entre los fieles cultivó el rezo del
santo Rosario, y aconsejaba fervientemente el Rosario en familia, un dato que
en esta Prelatura (de Santo Domingo de los Colorados) consagrada a Ntra. Sra.
del Rosario puede ser todo un mensaje.
La Iglesia y el
mundo
Como fiel
cristiano, dentro de la Iglesia el P. Bernabé estuvo inserto en una familia
religiosa llamada la Orden de Hermanos Menores Capuchinos. Los capuchinos
profesan la Regla de San Francisco -que vivió en el siglo XIII- y sus propias
Constituciones renovadas después del Concilio. El P. Bernabé quiso ser
franciscano y capuchino hasta los tuétanos; desde joven quiso ser pobre con
todas las consecuencias. Las personas que le han visto bien han podido decir
que el humilde P. Bernabé no tenía nada y que quiso vivir al ras de la familia
más sencilla. Cuando iba a una casa no quería que le obsequiasen con gallina o
carne de res; se sentía feliz teniendo un jugo de papaya, yuca..., lo que todos
podían brindarle.
Poco pudo vivir
acompañado de otros hermanos; él sufría por esto, porque él quería vivir en
fraternidad, como es la norma habitual de los capuchinos. Lo mismo que sufría
al ver que la renovación de la Orden no guardaba, a su parecer, el espíritu
sobrenatural que él soñaba.
También le
apenaba la situación de sectores de la Iglesia. Leía asiduamente los discursos
del Papa y, aun siendo tan pobre como era, estaba suscrito a L'Osservatore Romano
para estar al tanto de la documentación pontificia.
Sus módulos
pastorales no fueron precisamente Medellín y Puebla (que sin duda acogía cordialmente)
o las perspectivas de una teología de la liberación... Querer medir al P. Bernabé
por estos conceptos es descentrar su figura y no advertir que su enorme
eficacia liberadora actuaba de otra manera. Era un enamorado de las almas; el
celo apostólico era un criterio sumo para reestructurar su sentido de obediencia
-él que quiso ser "víctima de obediencia"- y de fraternidad. De hecho
el encuentro con el P. Bernabé producía conversión y consuelo.
Visiones y
mensajes de las almas santas
El P. Bernabé no
cuenta de sí mismo visiones ni mensajes del cielo. Pero sí que creía en estos
fenómenos, cuando se trataba de almas santas. Los hermanos opinan en este
punto, casi todos, que era muy crédulo, muy ingenuo... Y personalmente tengo
mis propias reservas a este modo de ser del P. Bernabé. Pero la teología es muy
ancha, y el buen teólogo sabe que el Señor se entrega a sus hijos según la idiosincrasia
de los mismos. Y también en esto está el misterio de la Encarnación. Por ello,
no hay que porfiar para rebatir al P. Bernabé en esta peculiaridad, que fue
algo suyo..., y que ciertamente para él fue cauce de espiritualidad.
Los milagros del
P. Bernabé
La gente
sencilla está persuadida de que el P. Bernabé hacía milagros, gracia que
normalmente no atribuyen a otros misioneros. Esos milagros los cuentan en todos
los recintos. Hacía milagros -se piensa- porque era santo... y porque si había
una necesidad que resolver el P. Bernabé venía en auxilio de los pobres y
sacaba de apuros. Los milagros son:
- cómo caminando a pie podía llegar antes que
los que viajaban en el bus y estaba a punto para celebrar la misa,
- cómo a la
madrecita que no tenía nada de comer para acallar al guagua que lloraba de
hambre, al momento el P. Bernabé hacía aparecer el alimento que antes no
existía,
- cómo curaba a
personas que estaban en trance de muerte o a enfermos o imposibilitados que padecían
por sus limitaciones,
- cómo convertía
a los pecadores, y arreglaba pacíficamente matrimonios en trance de romperse,
- cómo con su
bendición alejaba plagas dañinas de los campos,
- cómo los que
se resistían a sus buenos consejos pagaban a veces las consecuencias con desgracias...
Algunos sucesos
del P. Bernabé se parecen a los milagros del Señor. Quizás sea una manera de decir
que Dios estaba con el humilde siervo Bernabé y que Dios, sirviéndose de las personas
de verdad a él entregadas, sale a favor de los más desprotegidos. Hay todo un
lenguaje y símbolo en lo que la gente dice o quiere decir cuando habla de los
milagros del P. Bernabé, un lenguaje que no es ajeno, ni mucho menos, al que ha
utilizado la Sagrada Escritura.
Otras personas,
por otro camino más difícil de analizar, han creído penetrar las interioridades
del P. Bernabé, de aquellas maravillas que ocurrían en su alma sobre todo en el
momento de la celebración de la Eucaristía.
No pocos se
encomiendan a él, ahora que es difunto, y dicen que sienten la protección y la
intercesión del P. Bernabé.
(Guadalajara, Jalisco,
28 abril 2013)
Foto del P. Bernabé tomada en San Sebastián en 1983,
al celebrar sus Bodas de Oro Sacerdotales
Acto de ofrecimiento de mí mismo
como víctima de holocausto
al Amor Misericordioso
del Corazón de Jesús
como víctima de holocausto
al Amor Misericordioso
del Corazón de Jesús
¡Oh María!,
que en todo tiempo sois mi querida Madre y mi esperanza,
mi guía y mi suplemento, yo pobre esclavito vuestro, deseo
ofrecerme en vuestros brazos, oh tierna Madre mía, como
víctima de amor al Corazón misericordioso de
Jesús. Oh Madre, seáis vos quien me consagre, y Vos
misma quien presente esta consagración a Jesús; así
lo espero y en vos me abandono, pues vuestro soy, María.
Oh Corazón de Jesús,
quién soy para presentarme ante vuestra majestad. ¡Ah!,
soy el gusanillo en quien habéis fijado vuestros divinos ojos,
soy el reflejo de vuestra misericordia sin fin. ¡Oh sí!,
yo me arrojo en el océano de misericordia de vuestro dulce Corazón;
ahí contemplo mi porvenir y en vos están cifradas todas
mis esperanzas.
Sí, después
de haber pecado y de haberme separado de Vos ¿adónde
he de acudir, sino a Vos, que me tendéis vuestros brazos
perdonándome amorosamente e invitándome a entrar
en vuestro mismo Corazón? Sí, por Vos solo quiero
vivir, solo por vuestro amor quiero trabajar y por vuestro
amor sufrir, dulce Jesús mío.
Vos por mi amor habitáis
en un blanca hostia, permaneciendo día y noche en
el Sagrario. ¡Oh Amor misericordioso! ¡Con qué
gemidos tan indecibles oráis continuamente a vuestro
Eterno Padre por nosotros desde la prisión del Sagrario!
¡Oh cuánto deseáis la salvación de las
almas! Por ellas os anonadasteis haciéndoos hombre, vivisteis
oculto y humillado y moristeis desamparado. A tales extremos os condujo
el amor infinito que nos teníais; y finalmente por los hombres
vivís ahora en el Sagrario.
Todo lo habéis
entregado al hombre, y, Bien mío, ¿no podréis
encontrar almas que del todo se entreguen a Vuestro Amor
Misericordioso? Sí, Jesús mío, yo, miserable
pecador y débil niño, lleno de toda clase de miserias,
yo deseo ofrecerme a vuestro Corazón misericordioso y
me ofrezco como víctima en manos de María a vuestro
Amor misericordioso, suplicándoos que me abraséis
y me consumáis en el ardiente horno de vuestro dulcísimo
Corazón. Amén.
(Alsasua, 19 junio 1925)
(Alsasua, 19 junio 1925)


Amen
ResponderEliminarQueremos la beatificación del Santo P Bernabe
ResponderEliminarHe leído su vida en el libro Historia de un Pobrecillo y considero que el P. Bernabé era un santo total. Le rezo a diario y me encomiendo a él.
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