Por una traducción lo más exacta posible
del Evangelio
Para algunos biblistas son familiares
unas expresiones de Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz:
“Solamente en el cielo veremos la verdad
de cada cosa. En la tierra esto es imposible. Así, incluso para la Sagrada Escritura
¿no es triste ver todas las diferencias de traducción?. Si yo hubiera sido sacerdote,
habría aprendido hebreo y griego, yo no me habría contentado con el latín, y de
este modo habría conocido el verdadero texto dictado por el Espíritu Santo”. Palabras
que salieron de labios de santa Teresita en sus meses de agonía, y estas en
concreto el 4 de agosto de 1897. Su hermana Paulina (Madre Inés de Jesús) fue
recogiendo en un Cuaderno Amarillo estos centenares de palabras que iban saliendo
del corazón de su santa hermana.
Los estudiantes del Instituto Bíblico (Roma)
pueden recordar este pasaje que el P. Zerwick puso en el frontispicio de su Análisis
Filológico del Nuevo Testamento Griego.
Santa Teresita, hoy doctora de la Iglesia,
sin formación académica, fue una enamorada de la Escritura. Se han contado en
sus escritos 450 citas o referencias del Antiguo Testamento y 650 del Nuevo Testamento
(La Bible avec Thérèse de Lisieux, Cerf, 1979)
Sin duda que hay que perfilar este
concepto de inspiración que se explicó con el “dictado del Espíritu Santo”
(quizás tampoco o la santa quiera referirse exactamente a esta noción académica).
Pero sí que hay que apreciar, y es lo que percibe la Carmelita, es la precisión
del lenguaje del texto original. La versión latina. que entonces era la vulgata
y no es la Nova Vulgata - merece sumo
respeto, pero nuestra referencia última tiene que ser el texto original.
La joven carmelita, que desea sorber al
palabra de Dios, tal cual el Espíritu Santo al inspiró, ha quedado
desconcertada al ver tan distintas traducciones para el mismo texto. ¿Cómo se
explica esto?
En todos los aspectos de su vida santa
Teresita ha sido una apasionada de la verdad. Y en fuerza del mismo criterio,
quiere llegar al conocimiento exacto del texto original de la Biblia. Tiene
perfecto derecho.
Castellano hablamos en castilla y España
y castellano hablamos en México. Tomemos el texto del Evangelio de hoy (domingo
X del tiempo ordinario, Lc 7,11-17) y leámoslo en la misa celebrada en México y
celebrada en España. Pongámoslo en dos columnas (no me lo ha permitido la máquina o mi técnica). Al decir misa celebrada en España
me refiero a la traducción de la Conferencia Episcopal Española
Se dirigía Jesús a una población llamada
Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de
la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de
una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre. Cuando el Señor la vio, se
compadeció de ella y le dijo: “No llores”, Acercándose al ataúd, lo tocó y los
que lo llevaban se detuvieron. Entonces dijo Jesús: “Joven, yo te lo mando: levántate”.
Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo
entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor
y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre
nosotros. Dios ha visitado a su pueblo”.
La noticia de este hecho se divulgó por
toda Judea y por las regiones circundantes.
Poco
tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus
discípulos y mucho gentío. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó
que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda; y un
gentío considerable de la ciudad la acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció
de ella y le dijo: «No llores.» Y acercándose
al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a
ti te lo digo, levántate!» El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo
entregó a su madre.
Todos,
sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: “Un gran Profeta ha
surgido entre nosotros”, y “Dios ha visitado a su pueblo.»
Este
hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.
Hagamos algunas observaciones, sin meter
exactamente la lupa:
1.
En
la primera versión el nombre de JESÚS aparece tres veces (se comprende que la
primera vez sea meramente contextual, como “en aquel tiempo”). Pero ¿y las otras
dos? ¿Por qué? En el texto, como lo dicen todos los libros de exégesis, Lucas
utiliza por primera vez la designación de EL SEÑOR (ambas traducciones). Aquí
hay que recargar el acento, sin duda.
2.
“hijo
único de una viuda”. El griego tiene las palabras “madre” y “viuda”: hijo único de su madre, que era viuda. ¿Tenemos derecho a quitar la palabra “madre”?
3.
Cuando Jesús
se dirige al muerto (joven o muchacho), ¿cómo se expresa el texto griego: yo te lo mando,
o a ti te lo digo? En la Creación suena la frase: Y dijo Dios…, y
dijo Dios…
4.
En
la aclamación del pueblo ¿hay una frase (versión primera) o dos (versión
segunda)?
Metiendo la lupa, iríamos a otras expresiones:
·
“¿acompañado
de…?” o “¿caminaban con él…?”
·
“¿entrada
de la población?” o “¿puerta de la ciudad?”, como literalmente dice el texto.
La minucia de la palabra tiene su
sentido y transcendencia. Cuando nosotros nos acercamos a la Escritura, queremos
degustar el texto, el texto incluso en su literalidad.
Si el lector fuera acaso un estudiante
de Biblia, le aconsejo ahora que haga una confrontación de más detalle: que
tome el volumen de J.M. Bover – J. O’Callaghan, Nuevo Testamento Trilingüe (Bac, Madrid 2001), y haga una
confrontación entre
- texto griego
- texto de la Nova Vulgata (la versión más
apegada al griego)
- y la propia versión castellana de O’Callaghan.
Allí verá, por ejemplo, qué significa “se
compadeció de ella” (el verbo y su preposición): sintió que se le enternecía el corazón con ella.
Y es que, tratándose del Evangelio,
cualquier detalle nos resulta un tesoro.
Espero que el lector comprenda estos
afanes, que no son bizantinismos, sino matices a la escuela de nuestra querida
Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz.
Y todo para gloria de Jesús, el Señor.
Guadalajara,
Jalisco, domingo X del tiempo ordinario, ciclo C, 9 junio 2013
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