Homilía
para el domingo X del tiempo ordinario, ciclo C,
Lc
7,11-17
Texto
evangélico:
Poco
tiempo después iba camino de una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus
discípulos y mucho gentío.
Cuando se
acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto,
hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la
acompañaba. Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» Y
acercándose al ataúd, lo tocó (los que
lo llevaban se pararon) y dijo: «¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!» El
muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos,
sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios, diciendo: “Un gran Profeta ha
surgido entre nosotros”, y “Dios ha visitado a su pueblo.» Este hecho se divulgó por toda Judea y por
toda la comarca circundante.
Hermanos:
1. Bellísimo relato evangélico que nos
lleva a lo íntimo de Jesús Resucitado, vencedor de la muerte, respuesta de vida
para quienes creen en él. El Evangelio
nos habla de tres resurrecciones de muertos:
- la resurrección de Lázaro, sacado del
sepulcro, narrada por san Juan.
- la resurrección de aquella hija de Jairo,
jefe de la sinagoga de Cafarnaún, niña de doce años que acababa de morir,
narrada por los tres primeros Evangelios, Mateo, Marcos, Juan, los Sinópticos;
- y esta resurrección del hijo de la
viuda de Naín, narrada solo por Lucas.
2. Un primer detalle que observa el
intérprete cuidadoso es que aquí en ningún versículo aparece la palabra
“Jesús”, y que, por primera vez aparece en este Evangelio la designación de “el
Señor”, un título que san Lucas le va a otorgar a Jesús en otros momentos.
Jesús es el Señor, Si yo, escritor, desde el conocimiento que poseo, le estoy llamando
a Jesús “el Señor”, lo estoy confesando como Jesús Resucitado.
El cristiano el Evangelio en dos planos
que los funde y los unifica: lo que pasó y lo que pasa. El personaje, el protagonista
de la acción, es el mismo. Lo que pasó: Jesús de Nazaret; lo que pasa: el Señor.
Estamos celebrando el culto cristiano y
le estamos recordando a este Jesús de nuestra historia, pero no como un simple
humano, partícipe de la condición indigente de todos, sino que, al referirlo,
lo estoy confesando como Jesús Resucitado, el Señor, ante quien doblan la
rodilla todos los seres celestes y terrestres. Recordémoslo con las grandiosas
palabras que encontramos en el Himno de la carta a los Filipenses:
“Al nombre de Jesús toda rodilla se
doble en el cielo, en al tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre”
(Flp 2,10-11).
Definitivamente ha entrado el Señor en escena.
El Señor, que es Salvador. El capítulo 7 de san Lucas, que iniciamos el domingo
pasado se titula en la Biblia Española: Las
obras de Jesús salvador.
3. Nos hemos atrevido a dar un título no
escuchado, cuando hablamos de la Resurrección: El hijo y la madre resucitados. El hijo estaba muerto, y la madre
en su soledad también: la madre había quedado sin marido, y ahora se le privaba
del hijo único. El hijo era un muchacho; no estaba casado. La madre se quedaba sola,
sola en el mundo. Las dos columnas de su vida habían caído por tierra. Esta es la
escena que tenemos ante los ojos, y sobre ella, contemplando, cae nuestra reflexión.
Y aquí comienza la palabra sagrada,
sacramental del evangelista. Al verla
el Señor, se compadeció de ella y le dijo: «No llores.»
¿Qué es lo que lleva dentro esta frase del Señor,
dicha a una mujer que está llorando de verdad por lo que debe llorar? ¿Se le
puede decir a una mujer, a una madre, ante su hijo muerto, a unos pasos de la
sepultura que no llore?
No llores. “No
llores” no es “olvídate”, la vida sigue. “No llores” es: Hay un Dios que es al
desembocadura de todos los ríos de lágrimas, y yo te traigo el consuelo de Dios,
el único que puede consolar.
5. Se acerca al féretro, y lo toca: ha
quedado impuro. Por eso, al producirse esta especie de atropello de lo sagrado,
los portadores se paran instantáneamente. ¿Qué pretende hacer este santo Rabino?
Y entonces con la misma voz, con el
mismo imperio con que Dios creó el cielo y la tierra, le dijo la joven yacente:
¡Muchacho, a ti te lo digo,
levántate!
Continúa la narración evangélica, como quien cuenta
lo cotidiano: El muerto se incorporó y
empezó a hablar.
El muerto estaba en la tierra de los vivientes,
dentro del ámbito de la vida de Jesús.
6. Y ahora, escuchen, hermano otra frase, sencilla
y sublime, corona de oro de lo que el Señor está haciendo: y se lo entregó a su madre.
Igual que un día Jesús Crucificado dijo
a su madre: ¡Ahí tienes a tu hijo!, ahora el Señor le dice a la mujer madre:
¡Ahí tienes a tu hijo! Y se lo
entregó a su madre.
Y en un abrazo de vida se fundieron madre e hijo:
el hijo muerto estaba vivo, la madre muerta había resucitado.
Esta es la compasión de Jesús.
7. Estamos hablando de estas cosas a los dos días
de haber celebrado la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Estamos en el mes
de junio, mes que la Iglesia dedica al corazón santísimo de Jesús.
¿Qué es el Corazón de Jesús? No es otra cosa que la
compasión de Dios al hombre. Y se compadeció de ella. Dios se compadece del
hombre por alguien que es nuestro hermano y nuestro Señor.
Una mujer, signo de desvalimiento en su condición
de viuda, privada de su hijo único, es nuestra representante ante Dios.
La mujer no pedía nada, pero el Señor tuvo
compasión de ella. El Señor vio las lágrimas de muerte, y, sin que ella lo
pidiera, respondió a sus lágrimas dándole vida, a ella y a su hijo.
8. Decimos que el Corazón de Jesús es la compasión
de Dios por el hombre. Y ¿cómo definir la compasión de Dios? La compasión no es
otra cosa sino el amor deshecho de ternura.
Si Dios ama al hombre, no lo puede amar sino
deshecho de ternura. Dios ama al hombre, a mí, y al verlo pecar, lo perdona. Dios
nos perdona, hermanos, incluso antes de que el pidamos perdón, incluso aunque
no le pidamos perdón. Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen.
Ese es el Corazón de Jesús, es el amor gratuito de Dios,
gratuito y para siempre, amor alzado en la cruz, amor brindado en la Eucaristía.
Jesús,
amor de Dios, gracias por haberme perdonado, gracias pro haberme amado, gracias
porque me amas por toda la eternidad. Amén.
Guadalajara, jueves, 6 de junio de 2013,
Víspera del Sagrado Corazón de Jesús.
Por una madre afligida. Cántico de comunión sobre el Evangelio de hoy
Por una madre afligida. Cántico de comunión sobre el Evangelio de hoy
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