De hermano a hermano en la Comunidad del Señor
Abajo dos videos: Danza de ofrendas en la Misa
y Profesión
Abajo dos videos: Danza de ofrendas en la Misa
y Profesión
Nos decía el Ministro general de los
capuchinos,
Fr.
Mauro Jöhri, en su Carta espiritual sobre el año de la fe que en nuestras
fraternidades hemos de compartir la fe, nuestra vivencia de historia de la fe ("Os
propongo que celebren un Capítulo local en el que los hermanos, iluminados y
provocados por la Palabra de Dios, la Regla y nuestras Constituciones, puedan
compartir la propia experiencia de fe con el Señor, lo que ella ha suscitado…”).
Lo he podido hacer hoy sabrosamente con mi hermano Roque, hermano de sangre y
hermano de profesión franciscano-capuchina. Hemos compartido para dar
humildemente gracias a Dios. Por razones de vida diaria ha adelantado sus 50
años de Profesión (15 de agosto de 2013) a este domingo, 11 de agosto, día de
Santa Clara, en su fraternidad religiosa, en su comunidad parroquial, rodeado
de feligreses y de un nutrido grupo de la Orden Franciscana Seglar (los
terciarios de San Francisco), de los que se ocupa y a los que quiere con todo
el corazón. Hemos recordado aquellos años fragorosos, mencionados en la misiva
que escribí. “Soy de aquella generación que leía el Concilio con grande
esperanza; que leía a Che Guevara y a Mao Tze Tung, que vivió la Revolución de
mayo del 68…” Me ha dicho una palabra sorprendente: años trágicos. Pero he
visto que en su corazón hay una palabra dominante: Gracias, Padre, infinitas
gracias.
De noche, al cerrar el día me escribe: “Como
recuerdo de este día te envío mi homilía. Se me ocurrió escribirla, aunque
después pierdo naturalidad con el folio delante. Uno tampoco está siempre
satisfecho con lo que ha escrito. Si la escribiera de nuevo, la perfeccionaría.
Pero como está, así ha quedado y así la he entregado a nuestra comunidad parroquial”.
Con su venia, muy gustosamente a quienes
leen “las hermosas palabras del Señor”.
- Pues ¿qué es lo que querías
perfeccionar, Roque?
- Que quiero dejar muy claro lo
principal: que Dios nos llama a todos, a todos…, en cualquier estado de vida en
que nos encontremos nos llama a la santidad, porque somos sus hijos.
- Roque, creo que lo has dejado muy
claro, y no quito una coma. Un abrazo de hermano y ojalá que esa Parroquia de
la Madre del Buen Pastor de Playas de Villamil (Guayas, Ecuador) se abra hoy a
todos los parroquianos de varios países a los que seguramente llegue este mensaje.
Homilía
del capuchino Roque Grández Lecumberri
en
su 50° aniversario de su profesión religiosa
como
franciscano-capuchino
Queridos
hermanos:
Nos
está tocando celebrar parroquialmente, es decir dentro de nuestra comunidad cristiana
parroquial el hecho de que a uno de sus miembros le toque la celebración de sus
50 años, no de edad, sino de compromiso religioso en la orden capuchina,
decimos muy elegantemente de consagración en la vida religiosa.
Me
siento muy a gusto aquí, en la parroquia, pues aquí están las raíces de mi vocación,
de la invitación de Jesús a ser sacerdote capuchino. Crecí en una familia cristiana
y crecí en los alrededores de la iglesia y de su sacristía. Las misas, los
rosarios, las visitas al Santísimo, las comuniones, las confesiones fueron el
caldo de cultivo para que naciera en mí una vocación sentida por el sacerdocio
y la vida capuchina.
Yo
considero a mis padres dos santos varones que me han facilitado el comprender que
todos, y por lo tanto la familia, tiene una vocación muy grande al amor de Dios
y a los demás, y como decimos hoy una
vocación a la santidad. En mi casa aprendí a vivir en la fe, aprendí a
rezar, a cumplir los mandamientos y también a sufrir por la pobreza y los trabajos. Se
vivía en la fe. Me contaba mi madre cómo al morir mi papi le consoló
diciendo que le ayudaría desde el cielo y cómo le animó a ser generosa con Dios
si acaso Dios quisiera que alguno de los hijos quisiera ser sacerdote o
religioso. “No les quites la vocación”, me dice que le dijo. “Pues los hijos son
de Dios, nosotros somos administradores”.
Nació
en mí una inclinación muy grande hacia el sacerdocio, y con 11 años me fui a un
Colegio de los Capuchinos para llegar un día a ser sacerdote capuchino. Conmigo
llegamos a estar en mi curso hasta 45. Pero cada año dejaban algunos el Colegio
o se los enviaba a su casa por un comportamiento incorrecto. El caso es que, 8
años tarde, al terminar el bachillerato
y listos ya para oficialmente entrar en la Orden de los Capuchinos quedamos tan
solo 13. Y 13 fuimos los que un día como hoy hace 50 años hicimos un compromiso
ilusionante con Dios de consagrarnos a Él en la vida religiosa. Hoy, después de 50 años, perseveramos 2, el uno está en México y servidor. Teníamos 20 años.
Yo
quiero hoy, renovar aquella consagración de hace 50 años. No es lo mismo tener
20 años que tener 70 años. Pero es ilusionante en un momento dado
expresarle a Dios, ante la comunidad
cristiana, la ilusión inmensa de ser un consagrado a Dios conscientemente y
entregado plenamente a una fraternidad de hermanos, en este caso capuchinos.
Deseo,
pues, en este momento solemnemente renovar mi consagración y no dejarla para
después de mis palabras. Entonces, con el permiso de todos ustedes:
“Para alabanza y gloria de la Santísima Trinidad.
Yo, hermano Roque Grández, puesto que el Señor me dio esta
gracia de seguir más de cerca el santo Evangelio y las huellas de nuestro Señor
Jesucristo, delante de los hermanos aquí presentes, en tus manos, hermano Luis Carrillo,
con fe y voluntad firmes:
Hago voto a Dios, Padre santo y omnipotente, de vivir durante
todo mi vida en obediencia, sin propio y en castidad; y, al mismo tiempo,
profeso observar fielmente la vida y Regla de los Hermanos Menores, confirmada
por el papa Honorio, según las Constituciones de los Hermanos Menores
Capuchinos.
Así pues, me entrego de todo corazón a esta Fraternidad, para
que, mediante la acción del Espíritu Santo, el ejemplo de María Inmaculada, la
intercesión de nuestro Padre San Francisco y de todos los Santos, y con vuestra
ayuda fraterna, puedan tender a la perfecta caridad en el servicio de Dios, de
la Iglesia y de los hombres”.
Cuál era el contenido de la fórmula que he leído:
1.
He
comenzado diciendo que todo lo hago por Dios, por la Santísima Trinidad,
queriendo dar gracias a Dios por estos 50 años pasados de consagración y que
mantengo el propósito de seguir así, con la ilusión de seguir más de cerca el
Santo Evangelio y las huellas de Jesús. Es cierto todo esto.
2.
En
segundo lugar quiero renovar mis votos de castidad, de obediencia y de no tener
propiedad. Confío en la gracia de Dios y en la ayuda del Espíritu Santo.
3.
En
tercer lugar me comprometo a guardar o a seguir la Regla que nos dio san
Francisco y que la aprobó el Papa y los reglamentos que tenemos en los
Capuchinos y que llamamos las Constituciones.
4.
En
cuarto lugar yo sé que Dios me ha dado hermanos, una nueva familia, la familia
Capuchina y por eso me comprometo en vivir para ella, esperando con la ayuda de
la misma alcanzar las metas de seguimiento a Jesucristo que como hermanos nos
hemos propuesto.
Hermanos, qué bueno es esto, esta consagración, hacerlo en la parroquia, en la comunidad
parroquial, acompañado de ustedes.
Detrás
de todo esto hay una historia de amor que tenemos con Dios. Yo tengo una historia
con Dios, ustedes todos y cada uno, tiene una historia de amor con Dios, una
historia de familia con Dios. Yo me alegro con ustedes cuando ustedes pueden
también celebrar sus historias de 25, de 50 años de familia.
Mi
historia de amor con Dios no es mejor que la de ustedes, es distinta. Todos estamos
llamados a tener una historia de amor con Dios, y cada familia está llamada a
tener su historia de amor con Dios, naturalmente distinta a la mía, pero no por ello menos hermosa, ni menos intensa
de amor a Dios, sino diferente. Lo importante es que hagamos la voluntad de
Dios, realicemos la vocación que Dios nos ha concedido. Sabiendo que toda
vocación tiene que servir al bien de los demás, al bien de la comunidad.
Voy a ir terminando. Vivimos, hermanos, tiempos difíciles para la fe. Recibimos muy malos ejemplos. Lo que
se vive, se ve en TV, en Internet penetra en nosotros. El pensamiento de Dios
estorba; mejor dejarlo a un lado. Ustedes
lo están viviendo en su propia familia.
Yo
deseo en este día acordarme del grupo de mis compañeros que como yo hicimos
nuestras profesión religiosa. Todos sufrimos el contagio de este mundo, entramos
EN CRISIS DE FE. De todos aquellos hemos
quedado solamente 2. Poco a poco, mis compañeros fueron abandonando su
compromiso. Estos días, estoy seguro, recordarán lo que ocurrió hace 50 años.
Unos perdieron la fe, otros han sido buenos padres de familia, y abuelos en
estos momentos. Quisiera que todos ellos experimentaran
la cercanía de de la bondad y de la ternura de Dios, que no se olvida de sus
hijos.
Dios
necesita nuestro compromiso con Él. Y Él llama a comprometernos con él en las
muchas tareas a realizar en su comunidad, la comunidad parroquial, la Iglesia.
Dios llama, llama a vivir en la fe nuestro ser de padres, nuestra condición
familiar en la educación; Dios llama a comprometerse en el bien de nuestros
prójimos; Dios llama a trabajar en la comunidad parroquial… Dios llama a un
compromiso con Él sin límites, a la consagración total en la vida religiosa;
Dios llama a servir al pueblo de Dios como pastores, a ser sacerdotes. QUE DIOS
NOS AYUDE A DESCUBRIR CADA UNO SU VOCACION.
Fotos recordatorio de este día
Dice el escudo: 50 años de vida consagrada del P. Roque Grández
Pronunciando la fórmula de renovación de la profesión religiosa
ante el Párroco, P. Luis Carrillo
Los fieles que participaron en la celebración parroquial
el domingo 11 de agosto de 2013, a las 6.00 p.m.
Video de la Danza de ofrendas en la Misa, con música ecuatoriana :
Pinchar en:
Video del Momento de la Renovación de los Votos durante la Misa
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