Homilía en el Domingo XXXII del tiempo ordinario,
ciclo C
Lc 20,27-38
Texto
evangélico
Se acercaron algunos
saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron:
“Maestro, Moisés nos dejó escrito:
“Si a uno se le muere su hermano, dejando su mujer pero sin hijos, que tome la
mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.
Pues bien, había siete
hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se
casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por
último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de
ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer.
Jesús les dijo: “En este
mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean
juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre
los muertos, no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no
pueden morir, ya que son como ángeles.
Y que los muertos
resucitan lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuan do llama
al Señor; “Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de
muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos”.
Hermanos:
1. Estamos en el mes de noviembre, mes que
tiene su propio colorido, mes de coronas y de flores en el cementerio. En
España son los crisantemos; en México, la flor de difuntos para los “altares de
muertos” que se ponen en las casas es flor
de cempasúchil, de color amarillento tirando a rojizo. Visitamos el cementerio para
recordar y venerar a nuestros seres queridos.
¿Por qué los
visitamos? Asís e ha hecho siempre, así lo hacemos; no es por esto, hermanos,
bien lo sabemos. Hay un impulso en el corazón que nos lleva a mostrar nuestros
afectos y vinculación. El corazón nos dice que, aunque se fueron de nuestra
presencia, todavía viven misteriosamente. Viven ante Dios. Incluso esa vida va
a llegar a una grado de plenitud tal que hemos de hablar de resurrección de los
muertos, la cual no será ciertamente recuperar un cuerpo caduco que pueda
volver a morir, sino alcanzar una vida inmortal. Resucitar no es un paso hacia
atrás, retomando un viejo equipaje, sino una m archa hacia adelante, cuyos
detalles no podemos conocer; porque, al final, al resurrección es una verdad de
fe, no un logro de la filosofía.
2. La fe en la
vida inmortal es una vieja verdad de la Sagrada Escritura, que, conforme va
pasando el tiempo, adquiere la forma de fe en la resurrección corporal. El caso
de los siete hermanos Macabeos, referido en la primera lectura de este Domingo,
del segundo libro de los Macabeos, es un testimonio muy elocuente.
Estamos en el
siglo II antes de Cristo. La persecución religiosa al pueblo de Israel por
parte de los griegos, que intenta profanar la vida y desacralizar y aplastar
las tradiciones santas de Israel, al que se ha dado la Ley de Dios en el Sinaí,
produce rebelión, resistencia y mártires. Se ha arrestado a los siete hermanos
macabeos, se les obliga a quebrantar las tradiciones sagradas. Los siete
hermanos, ante los ojos de su madre, van muriendo como verdaderos mártires de
amor a al santa Alianza de Dios con su pueblo. Uno de ellos, el segundo, antes
de entrar en el horrendo suplicio, le dice al rey: “Tú, malvado, nos arrancas
la vida presente, pero, cuando hayamos muerto por su ley, el Rey del cielo nos
resucitará para una vida eterna” (2Mac 7,9). Y así murieron, uno a uno,
confesando la resurrección que esperaban.
3. La Iglesia
habla de la resurrección de los cuerpos, porque si no hubiera resurrección la
inmortalidad que anhelamos no sería completa.
El ser humano
ha nacido para la inmortalidad, es decir, para la vida perfecta. Esta verdad la
llevamos dentro como un germen. Uno ha nacido para la vida, no para la muerte;
y si npo hay una vida que nunca se acaba, y que siempre sea vida nueva, la vida
no acabaría de ser vida. ¿Cómo sucederá esto? Solo Dios lo sabe.
4. Uno tiene
el presentimiento de que las cosas bellas no serían del todo bellas, si un día
se acabaran. La más preciosa de todas es el amor. Tiene que existir un amor que
sea igual que la felicidad, un amor para siempre, un amor que no pueda
perderse.
Todos
disfrutamos en esta vida de momento muy hermosos, pero esos momento bonitos,
que están en este mundo pero que parece que son de otro, se pasan. ¡Eso no
puede ser así! Lo más bello de la vida no puede ser que un día se acabe, si no
la vida sería un engaño, y siendo un engaño, sería un absurdo, una traición. Lo
más bello y verdadero tiene que durar para siempre.
5. Hermanos,
este sentir de lo más profundo del corazón, que es lo más mío de mí mismo, es
verdad; puedo fiarme de él, puedo caminar en la vida guiado por esta luz. Jesús
ha caminado así, y nos lo ha enseñado en el Evangelio, como en el episodio de
hoy. Aprendamos las grandes verdades que hoy nos enseña, que son dos:
Primera, Dios
no es Dios de muertos, sino de vivos.
Segunda, Si
Dios es el Dios de la vida, la vida total debe recoger alma y cuerpo y creación
entera, porque Dios no destruye nada de lo que ha hecho, sino que lo lleva a su
absoluta perfección.
6. Si yo bajo
a lo más íntimo de mí mismo, a lo mejor me veo como un ser incompleto, tarado,
incluso roto… Y con todo, yo tengo una ansia de transcender esas limitaciones
mías. Yo quisiera ser, en mi locura, amigo de Dios, como cuerpo de Dios,
incluso como esposo de Dios.
No es ninguna
locura, porque eso está en las Sagradas Escrituras, ya en los viejos profetas
del Antiguo Testamento: “Me desposaré contigo para siempre”, me dice el Señor a
mí por labios del profeta Oseas (capítulo 2, versículo 21).
7. Es decir,
el anhelo de transcender más allá de mí mismo, anhelo de inmortalidad, de
infinitud… pertenece a la esencia constitutiva de mi ser. Nadie me lo puede
aplastar ni quitar. Está ahí y levante siempre su cabeza, hasta que se cumpla.
Y en la
resurrección de Jesús, que aceptamos por un acto de fe, lo hemos visto
cumplido, y lo aceptamos en nuestro acto de fe.
Lo que hoy es
Jesús ante el Padre, lo hemos de ser nosotros día; viviremos siempre con el
Señor.
2. Terminamos,
hermanos, con estas bellas frases de san Pablo, que son una bendición: “Que el
mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro padre, que nos ha amado y nos
ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros
corazones y os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas”. Amén.
Guadalajara-Jalisco,
jueves 7 noviembre 2013.
LEHAIM
ResponderEliminarEsta reflexión me ayuda a entender (mamá tu no entiendes nada) quizás lo que mi querida hija me daba a entender es esto precisamente que ella estaría eternamente viva y reflexionando veo que si, porque en cada instante la siento viva como cuando siento la presencia de Dios en mi vida , gracias padre Rufino por colaborar en ese entendimiento que poco a poco se va aclarando. nosotras tenemos un amor de madre e hija que va mas allá, es realmente un amor que no acaba , si yo simple mortal lo siento, entonces reafirmo que el amor de Dios como Padre conmigo es perfecto y quiero hacerlo yo también perfecto algún día.
ResponderEliminarEstimado P. Rufino:
ResponderEliminarUna vez más he de felicitarle por la magnífica exposición que ha realizado en relación con el LIBRO DE LA SABIDURÍA.-
Según los exegetas, se trata de un piadoso judío de la diáspora egipcia (Carta de Aristeas), sociedad y cultura que su autor conoce.-
Asimismo advierten que el momento de su composición no está determinado con exactitud, si bien se ponen de acuerdo en que fue dentro del apogeo del periodo helenístico.-
Su autor conoce también la cultura y lengua griega, en cuyo idioma se expresa con facilidad y soltura, incluso utilizando modismos propios de estoicos y platónicos, sin que ello quiera decir que se halle influido por las ideas religiosas o filosóficas griegas.-
Cordiales saludos.-
Juan José.-
. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
ResponderEliminarEN LA CONDUCCION DIARIA
Cada señalización luminosa es un acto de conciencia
Ejemplo:
Ceder el paso a un peatón.
Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.
Poner un intermitente
Cada vez que cedes el paso a un peatón
o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.
Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.
Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.
Atentamente:
Joaquin Gorreta 55 años