Recuerdos del Éxodo
Ayer, sábado de la III semana de
Cuaresma, concluíamos la lectura del Éxodo que en este año par (2014) la habíamos
comenzado el Jueves siguiente al Miércoles de Ceniza. La concluíamos con un
texto bellísimo.
Moisés había erigido el Santuario en el
desierto, esbozo de lo que un día será el Templo de Jerusalén construido por
Salomón:
Entonces la nube cubrió la Tienda del encuentro, y la gloria del Señor
llenó la Morada. Moisés no pudo entrar en la Tienda del Encuentro, porque la
nube se moraba sobre ella, y la gloria del Señor llenaba el santuario.
Cuando la nube se alzaba de la Morada, los hijos de Israel levantaban
el campamento, en todas las etapas. Pero, cuando la nube no se alzaba, ellos
esperaban hasta que se alzase. De día la nube del Señor se posaba sobre la
Morada, y de noche el fuego, en todas sus etapas, a la vista de toda la casa de
Israel (Éxodo 40,34-38).
Este texto es entrañable, realmente
enternecedor. Dios está totalmente apegado a Israel. No lo deja un solo día; le
da el maná, el pan de cada día. Pero es más. Dios está “sacramentalmente”
presente, día y noche, con su pueblo. La Nube estaba con ellos. La Nube era el
misterio de la Presencia. Por la noche era claridad y fuego; por el día era
sombra y protección.
Un cristiano, en una lectura profunda
del texto, ya no ve la Nube; ve la Encarnación del Hijo, todos los días hasta
el fin del mundo.
En su día pusimos una serie de Himnos
sobre el Éxodo. Ahora, para despedirnos de este libro espiritual, bellísimo, de
esta venerable acta de nuestra fe, nos vamos a ir con el símbolo de la Menoráh,
el Candelabro cuya luz permanente estaba ante el Señor. Israel lo ha tomado
consigo como emblema de su escudo. Yo, cristiano, tomó la Menoráh: Honra a Yahweh
con la luz. Cristo nos ha traído la luz de Dios, la luz de la vida. Y él mismo
es la Luz de Dios con la que nosotros somos iluminados.
El Candelabro o la Menoráh
Una lectura espiritual, sapiencial, del
Éxodo nos adentra en el misterio que es vivido en oración y adoración. Desde
planteamientos crítico literarios, que son planteamientos iniciales, queremos pasar
al meollo del texto, donde el Espíritu habita. Entonces el texto se abre de par
en par a la oración.
Leemos el primer texto del Éxodo que nos
habla del Candelabro, la Menoráh: “Harás también un Candelabro de oro puro…
Harás también siete lámparas y las colocarás sobre el Candelabro…” (Ex
25,31-40). Y así lo cumplió Moisés por el artífice Besalel (Ex 37,13-24).
El mismo libro del Éxodo indica: “Manda
a los hijos de Israel que te traigan aceite de oliva puro, a fin de alimentar
continuamente la lámpara. Aarón y sus hijos la prepararán en la Tienda del
Encuentro, fuera del velo que cuelga delante del Testimonio, pera que arda en
presencia del Señor de la tarde a la mañana. Será ley perpetua para las
sucesivas generaciones hijos de Israel” (Ex 27,20-21).
El Éxodo concluye con la solemne alzada
de la Tienda del Encuentro: Moisés “colocó el candelabro en la Tienda del
Encuentro, en la parte sur del Santuario frente a la mesa, y encendió las
lámparas en ´presencia del Señor, como el Señor había mandado a Moisés” (Ex
40,24-25).
El Pentateuco vuelve a hablarnos de esta
Menoráh: Lev 24,4; Núm 8,2-4.
De ahí pasamos a la literatura profética
(Zac 4,2.11) y al Apocalipsis: “Me volví para ver la voz que hablaba conmigo,
y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y en medio de los candelabros como un
Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y ceñido el pecho con un cinturón
de oro” (Ap 1,12-13. Comenta la Biblia de la Conferencia Episcopal española:
“…presente en medio de su Iglesia – siete candelabros – cuando esta celebra la
Eucaristía”).
La tradición espiritual de Israel ha
visto en el Candelabro un inexhausto simbolismo espiritual (puede verse
Wikipedia: Menoráh), y el estado de Israel ha tomado la Menoráh flanqueada por
dos ramos de olivo como escudo del país.
I
1. Un Candelabro de oro,
seis brazos y siete lámparas,
y aceite de oliva puro
para que arda sin mancha.
2. Un Candelabro labrado,
flor de almendro cincelada,
que ante tu rostro purísimo
amor a su modo exhala.
3. Un Candelabro que ardía
desde la tarde hasta el alba
y en la fatiga del día
su plegaria prolongaba.
4. Así tu Pueblo, Señor,
bajo tu dulce mirada
en oblación se ofrecía,
el Pueblo de tu Alianza.
II
5. Entre siete Candelabros
Juan vidente contemplaba,
y vio a Jesús en su Iglesia:
las siete Igelsias de Asia.
6. Iglesias ante tu faz,
de amor vivo vivas llamas,
Iglesia mía en que vivo
con el alma dilatada.
7. Arda el fuego de tus ojos,
sea rocío de gracia,
y el amor hecho oración
sea tu pura fragancia.
8. ¡Eterno amor, Jesucristo,
tornen a ti nuestras ansias,
gozo del Padre, Jesús,
Guadalajara,
Jal., domino 30 marzo 2014


Anónimo dijo...
ResponderEliminarMuy estimado Fr. Rufino:
He recibido el ejemplar de la revista de este mes, y he leído el artículo que usted inserta en la misma.
Confieso que me ha llamado la atención que su artículo se limitase a una exegesis sobre la Pascua en el A.T., que nos diese una verdadera “lección” acerca de los detalles de la Pascua desde el punto de vista del A.T., pero no desde el punto de vista del N.T., que sería lo más idóneo.
Es cierto que “la salvación viene de los judíos”, pero no es menos cierto que Jesucristo hizo una especie de “punto y aparte” en esa Pascua, con la Nueva Pascua, o Nueva Alianza.
Como digo, esperaba otro enfoque por parte de usted y me ha decepcionado. Pienso que ha perdido una excelente ocasión para hacer una verdadera EXEGESIS (con mayúsculas), dada su indiscutible autoridad en materia bíblica.
Cordiales saludos. Juan José.