Homilía en el domingo VI de Pascua, ciclo A
Jn 14,15-21
Texto
evangélico:
Si
me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro
Paráclito que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no
puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis
porque mora con vosotros y está en
vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y
viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y
vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda,
ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me
manifestaré a él.
Hermanos:
1. En el Evangelio de hoy Jesús habla de
despedida. Estamos en el Cenáculo. Los tres domingos últimos de Pascua son
Evangelios de despedida, Jesús ante la muerte que se le avecina, dice: yo sigo viviendo. Como sigue viviendo,
va a seguir actuando.
Al comenzar a escribir estas cosas, al
hablar del Cenáculo, viene a nuestra mente, o mejor a nuestro corazón, el viaje,
la peregrinación que el Santo Padre el Papa Francisco va a hacer estos días a
la Tierra de Jesús, del sábado 24 de mayo al lunes 26. El sábado estará en
Jordania, en la capital Amán; el domingo y el lunes en Belén y en Jerusalén.
Concluirá en Jerusalén, celebrando la santa Misa en la sala que se venera como
el Cenáculo. El viaje lo emprende con ocasión de que hace 50 años se
encontraron en Jerusalén el Patriarca Atenágoras de Constantinopla y el Obispo
de Roma, Pablo VI, dos hombres de Dios. Se dieron un abrazo que ha pasado a la
historia, y que quisiéramos de corazón que fuera el comienzo definitivo de la
unión de los cristianos ortodoxos con los cristianos católicos de Roma. Tenemos
el mismo Evangelio, el mismo Jesús, Hijo de Dios, la misma Virgen a quien ellos
y nosotros veneramos como Madre de Dios.
El recuerdo de lo que ocurrió hace 50
años ha sido el motivo que hoy le lleva al Papa a Tierra Santa. Para quienes
hemos vivido y estudiado en la Tierra de Jesús, todo esto es particularmente
emocionante
.
2. Volvamos al Cenáculo. Se acumulan las
palabras y recomendaciones.
Jesús habla del amor a él, que se
manifiesta en la guarda de los mandamientos.
Nos habla del Espíritu que el Padre va a
enviar, a petición de Jesús, Espíritu de la verdad, a quien llama “otro Consolador”,
dando a entender que en su vida él ha sido el Consolador y el defensor ante
Dios.
Nos habla del mundo, que está fuera de
estas realidades.
Nos habla, finalmente, de la misteriosa
unión que él tiene con el Padre
Muchas palabras, que, al fin, tienen un
eje común: él, el Padre, y nosotros. Todos unidos en una comunidad que es más
sólida que una entrañable familia. Desde la vida de Dios Jesús a construir una
familia de amor: familia que es divina, porque arranca de Dios; familia que es
humana, porque la componemos nosotros mismos.
3. Vamos, pues a apreciar este dicho
soberano de Jesús, donde se muestra esta unidad no conocida anteriormente: Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y
vosotros en mí y yo en vosotros.
Jesús está en el Padre; el Padre,
evidentemente, está en Jesús. Estas expresiones simples nos llevan a una
realidad absolutamente divina. ¿Quién puede hablar de la unión que existe del
Padre en el hijo y del Hijo? Es el misterio de la Santísima Trinidad, misterio
que siempre será misterio: tres Personas distintas y un solo Dios verdadero. El
Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios, y no son tres Dioses
distintos, sino un solo Dios verdadero.
Misterio que tiene una prolongación
divina, cuando Jesús en la misma frase dice: y vosotros en mí y yo en vosotros.
Esto es del todo sorprendente: las
mismas expresiones que usa para hablar de su relación con el Padre las emplea
para hablar de su relación con nosotros, y recíprocamente de nosotros con él.
Al final del Evangelio escuchamos, en
este mismo estilo de lenguaje: y el que
me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él.
Y estas cosas divinas Jesús las dice del
modo más familiar, no solo por el tono de la conversación sino también por el
mismo contenido de los misterios que está explicando, igual que si hablara
cuando nosotros nos comunicamos nuestros propios sentimientos y nos comprendemos
porque estamos en lo mismo. Así pues, la
vida divina es la vida de los cristianos. No hablamos de los cristianos superiores,
de unos cristianos de élite, sino de los cristianos, de nosotros mismos, que
aceptamos a Jesús como Hijo de Dios y como Maestro. Ese es el clima de la vida
cristiana en la que Jesús nos ha introducido.
4. Él está de despedida, pero nos dice
que no nos va a dejar huérfanos. Nos va a enviar a otro Consolador, otro
Paráclito, otro Defensor, que será el Espíritu que a él le ha conducido durante
su vida. Y nos dice que El mundo no puede
recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce.
Aquí mundo es el mundo del pecado. El
que vive en el pecado, en la incredulidad de las cosas de Dios, que es la raíz
de todos los pecados, ese ni ve ni conoce al Espíritu. En cambio, el cristiano
sencillo, que se abandona a la amistad con Jesús y que trata de seguir las
buenas inspiraciones que Dios deposita en el corazón, ese sí ve al Espíritu y
conoce al Espíritu.
5. El Señor, antes de despedirse nos hace
estas recomendaciones: que vivamos guiados por el Espíritu de Dios, que él
quiere manifestarse en medio de nosotros, bien sea en lo íntimo del corazón,
bien sea a través de innumerables signos que muestra la vida. Jesús se
manifiesta de un modo entrañable en nuestros hermanos, por ejemplo en nuestras amistades,
en personas necesitadas que reclaman una atención de nuestra parte.
Según estas confidencias del cenáculo,
podemos trazar unos perfiles del sj que vive cuando se va, y decir:
Jesús es suave y cierta presencia,
Jesús es relación,
Jesús es coloquio,
Jesús es seguridad en el camino y
esperanza en el futuro.
Y todo ello en misteriosa compañía con
el Espíritu.
Este es el corazón habitado por Cristo
Resucitado; esta es la iglesia en la cual sentimos y respiramos a Cristo
viviente.
6. Señor
Jesús, acepto de corazón todo lo que nos has dicho en el Cenáculo. Recibe
entera mi vida, y guíala con tu divina presencia. Amén.
Guadalajara, Jalisco, viernes 23 mayo
2014.

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