Con ternura inmaculada
(12 de diciembre)
Para uno que llega de Europa y con ojos
simples mira la historia del Evangelio en América Latina la Virgen de Guadalupe
ha sido la Evangelizadora, la Madre que ha mantenido la Fe a través de
generaciones. Esto se refiere particularmente a este pueblo de México.
Desde esta percepción espiritual
cantamos dulcemente a la Virgen en este 12 de octubre. No es del caso entrar en
el complejo hecho guadalupano, ni tampoco entrar en un asunto meramente
científico que al lector no experto el deja aturdido: el simbolismo grabado en
el manto de la Virgen, la conservación del ayate de Juan Diego… También
absolutamente sorprendidos nos quedamos ante episodios que nos recuerdan la
crónica, así el atentado de 1921.
“El 14 de noviembre de 1921, Luciano
Pérez, un anarquista español, depositó un arreglo floral al lado de la Tilma de
Juan Diego que contenía una bomba de alto poder. La explosión destruyó todo
alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación.
Una Cruz de pesado metal que se encontraba en las proximidades fue totalmente
doblada por la explosión, y se guarda como testimonio en el templo. Sin
embargo, el cristal que protegía la Tilma no se rompió, teniendo en cuenta que
en aquella época no había cristales antibala”.
En nuestra sencilla perspectiva de
piedad y de fe, nos place recoger los datos que nos comunica la presentación de
Nuestra Señora de Guadalupe de la Liturgia de las Horas que aquí, en México,
usamos:
“… En 1754, Benedicto XIV confirmó al
patronazgo de la Virgen de Guadalupe sobre toda la Nueva España (desde Arizona
hasta Costa Rica) y concedió la primera Misa y Oficio propios. Puerto Rico la
proclamó su patrona en 1758. El 12 de octubre de 1895 tuvo lugar al coronación
pontificia de la imagen, concedida por León XIII, el cual había aprobado un año
antes un nuevo Oficio propio. En 1910, san Pío X la proclamó Patrona de América
Latina; en 1935 Pío XI la nombró Patrona de las Islas Filipinas; y, en 1945,
Pío XII le dio el título de Emperatriz de América”.
Con títulos o sin ellos, queremos contemplar
a María como esa presencia materna, humilde y silenciosa en al iglesia,
presencia que nos lleva a Cristo.
Con ternura
inmaculada
y con mirada
purísima,
la Virgen del Evangelio
en México se
sentía.
Juan Dieguito
allí delante
esos ojos
recibía
y preso de esta
ternura
“Niña mía” le
decía…
Con el canto de
las aves
y entre rosas de
Castilla
en mil quinientos
veintiuno
estas cosas
sucedían;
era invierno de
diciembre
y las flores
florecían,
era un milagro
muy puro:
dulces ojos de María.
* * *
El vientre de
la doncella
maternidad
predecía,
y un hijo
cálido y tierno
de ella, pura,
nacería:
Evangelio y
caridad
y la santa Eucaristía.
Así empezaba la
Fe
y así se
continuaría:
con la madre de
Jesús,
de leve y
tierna sonrisa.
* * *
Virgen de nuestros
cantares,
presencia y
segura guía,
como en Caná y
en la Cruz
Madre nuestra,
Madre mía.
Hoy, que es
doce de diciembre,
necesito tu
caricia;
me la están
dando tus ojos:
¡tú eres mi paz
y alegría!
Capilla de nuestra fraternidad - diciembre 2014
Capilla de nuestra fraternidad - diciembre 2014
Desde
México, diciembre 2014.

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