Retiro de Adviento 2015
El Adviento de Dios
Nota de envío
Al redactar estas notas, prolijas (con muchos elementos ilustrativos
y didácticos), pienso en personas cultivadas en Sagrada Escritura y liturgia,
que les puedan servir como soporte, como simple referencia, para la contemplación.
Pienso, sobre todo, en las personas que sencillamente buscan a Dios con pureza
de corazón. Para ellas, no la Academia, sino la Ciencia del Amor es transparente.
Según los participantes (un Seminario, por ejemplo) tomaría unos párrafos y
saltaría otros.
Plan del retiro:
En Este retiro, enmarcado en una amplia
introducción y en una conclusión, tiene la siguiente estructura:
0. Introducción. La
hermosura del Adviento
I. El Adviento de
la Iglesia: celebración y espiritualidad del Adviento desde los textos
litúrgicos de la misa y de la Liturgia de las Horas.
II. El Adviento de
Jesús, raíz del Adviento: Cómo vivió su vida Jesús como Adviento de Dios y cómo anunció
este Adviento predicando la llegada del Reino.
III. El Adviento de
la Virgen María: María en la Encarnación punto de convergencia del
Adviento.
IV. El Adviento del
Padre y del Espíritu Santo: Al eco de la bula Misericordiae vultus.
00. Conclusión: Mi
Adviento
INTRODUCCIÓN
La hermosura del Adviento
El Adviento
es la vivencia integral del misterio de Cristo desde la Encarnación a la Parusía,
acentuando precisamente estos dos aspectos “Encarnación” y “Parusía”, que se
actualizan en el hoy de la Iglesia en el
mundo.
1. Hermosura
Podemos
apreciar la hermosura del Adviento en múltiples aspectos que saltan a los ojos
y que ejercen una misteriosa fascinación
1. El Adviento es el estreno del nuevo tiempo litúrgico. Todo estreno marca una “novedad”, que al instante engendra una nueva
ilusión y esperanza. Cuando algo comienza no renunciamos al pasado, pero
queremos “recrear” el presente como algo superior a lo que ya pasó.
Lo nuevo
produce un desafío y desata las fuerzas ocultas de la creatividad. La Pascua es
la repristinación del mundo, como lo indica el primer rito de la santa Vigilia.,
el Fuego nuevo, que sale de la roca pedernal. El Adviento es el primer
acercamiento a la novedad inexhausta de la Liturgia, sacramento envolvente del
cristiano, fuego de Dios.
“Mistagogía”
es una palabra reservada para los eventos pascuales y en especial para todo lo
que acontece en la primera semana, celebrada toda ella como un domingo. Desde
allí toda la liturgia tiene un carácter mistagógico: iniciación vivencial al
Misterio. El Misterio de que hablamos es la apertura de Dios sus hijos que Él ha creado.
2. El Adviento es primavera y poesía de la Iglesia. Esta novedad que hemos percibido da un perfume primaveral al Adviento,
que se nos presenta como el Jardín de la Esperanza. Si la Cuaresma es tiempo de
amores en el desierto (Recuerdo tu cariño juvenil, | el amor que me tenías
de novia, | cuando ibas tras de mí por el desierto… Jer 2,2), el Adviento
tiene “el anhelo” del amor que ansía, que le hace más bello que la Cuaresma.
Todo el Adviento está cubierto de una lluvia de pétalos. Los textos de promesas
son los más abundantes. Sin ser una
enamorado…, una enamorada… ¿quién entenderá el Adviento…?
Lástima, hoy
el Adviento en la Liturgia está carente de mucha poesía. Nosotros la debemos ir
creando desde la efusión del corazón que sabe qué es el dulce tormento de la
espera.
(Comedidamente
invitamos al lector a acudir al Himnario colocado en mercaba.org para los
distintos tiempos litúrgicos; ahora, en concreto, para el Tiempo de Adviento)
3. El Adviento es la armonía de la liturgia en cuando a uso de la Escritura con “corazón escuchante” (leb shomea’,
1Re 3,9). La liturgia es vivencia sacramental de un misterio total, en el que
vibran tres dimensiones: rememorativa de una Historia (pasado), actualizadora
de esa gracia del Hoy de Dios (presente), pronosticadora del futuro, del
triunfo de Dios (escatología). El Adviento evidencia de modo llamativo a ese
nuestro Dios, amante y todopoderoso, anunciado por Juan a las Siete Iglesias
como “El que es, el que era y el que ha de venir” (Ap 1,4).
2. Invitación
Apenas
comenzado el Adviento, que se abre con las primeras Vísperas del primer domingo
de Adviento, en el oficio de lectura – tantas veces rezados como Maitines en
Vigilia nocturna – nos encontramos con este “invitatorio dramatizado” para
entrar en la experiencia divina del Adviento. He aquí, poético y exultante, el
responsorio más largo que se encuentra en el libro de la Liturgia de las Horas.
Cantor. Mirando a lo
lejos, | veo venir el poder de Dios | y una niebla que cubre la tierra. | Salid
a su encuentro y decidle: | «Dinos si eres tú | el que ha de reinar sobre el
pueblo de Israel.»
Pueblo. Plebeyos y
nobles, ricos y pobres. |
Cantor. Salid a su
encuentro y decidle: | «Dinos si eres tú
| el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»
Pueblo. Pastor de
Israel, escucha, | tú que guías a José como un rebaño.
Cantor. «Dinos si
eres tú | el que ha de reinar sobre el pueblo de Israel.»
Pueblo. ¡Portones!,
alzad los dinteles, | que se alcen las antiguas compuertas: | va a entrar el
Rey de la gloria.
Cantor. El que ha de
reinar sobre el pueblo de Israel.»
Este
responsorio es bandera del Adviento escrito con aire dramático y cinegético. El
Adviento está dentro de una “Historia de salvación” (Historia salutis)
que se hizo, se hace y se hará.
3. Precauciones
1. En la
sociedad no existe el Adviento como fenómeno social; sí, en cambio, la
“Navidad trucada”, que ocupa todas las semanas de Adviento. Esto salta a la
vista en cualquier área comercial: lucecitas de colores que se encienden y se
apagan, muñecos alusivos, árbol de Navidad, también el mismo belén como reclamo
decorativo y comercial, música de fondo con villancicos… Vivir la Navidad antes
de la Navidad va en perjuicio tanto de la Navidad como del Adviento. Pueden ser
que las Felicitaciones de Navidad nos agobien…, y esto carga el Adviento.
2. Si en
nuestras casas no existe tal comercialización, sí que podemos ser víctimas de
ciertas mezclas que nos dan un sentido ambiguo del Adviento. Por las
circunstancias que se imponen o que creamos: cenas de Navidad antes de Navidad
por motivo de despedidas, de vacaciones, de fin de semestre…; decoraciones de
la casa antes de tiempo, incluido el belén, el árbol de Navidad; pastorelas
antes de Navidad (por cierta presión externa), incluido el trabajo de
preparación que conllevan…; acaso el carácter de ciertas “posadas” que de sí es
un modo muy delicado y popular para la espiritualidad del Adviento…
En nuestras
casas de estudio, un peligro apremiante puede ser la realidad de exámenes y
trabajos que se acumulan por estas fechas de fin de semestre (aquí en México),
largas desveladas con merma de la oración, preparativos de vacaciones…
Puede llegar
la Navidad, y al segundo día queda desinflada, como si dijéramos: la Fiesta,
tan preparada y preparada, ya ha pasado, lo cual deja un cierto poso de
frustración.
El sentido
íntimo del Adviento no es el de ser “un doble” paralelo de la Cuaresma, pero sí
tiene una cierta austeridad (los ornamentos son morados, no se dice “Gloria”)
que ha de estar ungida de silencio – en algunos momentos, acaso también de
desierto o “retiro” – que se ve amenazada por nuestros afanes festivos.
Por otra
parte, si no cultivamos una selección de cantos el Adviento puede decaer en
músicas carentes de valor y de contenido… De hecho, el Adviento hasta hoy es
bastante pobre es expresiones poético-musicales.
I
EL ADVIENTO DE LA IGLESIA
Celebración y espiritualidad del
Adviento desde los textos
litúrgicos de la misa y de la
Liturgia de las Horas
1. Guía: primer armazón del
Adviento en dos partes
Una Guía muy
buena la encontraremos en el “Calendario litúrgico-pastoral 2015-2016. Jubileo
Extraordinario de la Misericordia”, editado por la Comisión Episcopal para la
Pastoral Litúrgica. Las introducciones fueron redactadas en su día
principalmente por el liturgista Pedro Farnés. Las explicaciones se dividen en
dos partes:
- Primera
parte del tiempo de Adviento: hasta el día 16 de diciembre (pp. 26-32).
- Segunda
parte del tiempo de Adviento. Ferias mayores (pp. 37-38).
2. Configuración litúrgica del
Adviento como “tiempo de salvación”
En la configuración
de la Liturgia podemos ver estos “momentos internos” de especificación del
misterio:
1. Al principio fue el Domingo, la Pascua
semanal. El Domingo es la “fiesta primordial a la que nada se le puede
anteponer”.
2. Del Domingo nació la Pascua anual prolongada
por 50 días.
3. De la Pascua nació la Cuaresma para la Pascua,
pues no hay Pascua sin Cuaresma ni tampoco Cuaresma sin Pascua.
4. Del MISTERIO PASCUAL, forma de entender el misterio
de Jesús en su integridad, nació la forma de celebrar el MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN,
misterio integral de Jesús, pues la Encarnación concluye en la Parusía. (Los
evangelios de la Infancia son: “La Infancia de Jesús Resucitado”. El Niño de
Belén es Jesús Resucitado. Las fajas del Niño de la Cuna son, en Oriente, las
vendas de Jesús puesto en el sepulcro de la Resurrección; la cuna, en
ocasiones, imagen de la tumba).
5. Del ciclo
pascual nació, con el paso del tiempo, el ciclo navideño, que es una forma de
vivir el misterio pascual.
6. Adviento (Adventus, llegada), Navidad (Nativitas,
nacimiento), Epifanía (Epiphaneia, manifestación), tres palabras distintas
que aluden al mismo misterio de la Encarnación: la llegada, el nacimiento, la manifestación
de Dios.
7. En la
renovación posconciliar de la Liturgia, se llega a exponer de esta manera el
sentido y la espiritualidad del Adviento, texto didáctico para saber
conducirnos por las rutas de este tiempo:
“V. El
tiempo de Adviento. El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo
de preparación para las solemnidades de Navidad, en las que se conmemora la
primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en el
que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda
venida de Cristo al fin de los tiempos. Por estas dos razones el Adviento
se, nos manifiesta como tiempo de una expectación piadosa y alegre” (Normas
universales sobre el año litúrgico y el
nuevo calendario romano general, 39).
La Cristología
es el eje del Adviento, y tras la Cristología la Trinidad.
3. Variedad florida de los
elementos de Adviento
Hicimos
notar esa especie de “Pregón de Adviento” en el primer responsorio de este
tiempo.
De los
tiempos de mi infancia a hoy un elemento que antes no existía y que venido de
Centroeuropa ha cobrado más y más legitimidad, integrándolo dentro de la
celebración litúrgica, ha sido el de la Corona de Adviento (Véase Calendario
citado, pág. 30).
La liturgia
de Adviento es rica y variadísima. Podemos anotar elementos, como simples
indicadores para prestar la debida atención, personal y comunitaria, en
nuestras celebraciones:
ü La
celebración de la Eucaristía en Adviento. Curso de lecturas y oraciones y
Prefacios
ü La
celebración del Oficio de lectura en Adviento
o El doble
ciclo de lecturas
o La
patrística de Adviento
ü Las
antífonas de Adviento: antífonas tomadas de la Sagrada Escritura, con
frecuencia retocadas con un suave toque que les da el sentido específico para
Adviento, según la tradición.
ü El silencio
del “Gloria” en Adviento
ü La
estructura de las antífonas de la “O” merece un estudio específico: Son
antífonas vesperales, cristológicas, en las cuales admiramos y contemplamos
radiante el misterio de la Encarnación al cantar las Vísperas. La música es de
una belleza que extasía. No podemos perder estos tesoros.
ü Peculiaridades:
Cómo se componen las preces: A quién van dirigidas | Dos ciclos para Laudes |
Dos ciclos para Vísperas | Qué se pide en estas preces | Cuál ha de ser nuestra
identificación con las preces | Qué función cumplen las antífonas
4. Primacía de las lecturas
El mensaje
del Adviento lo percibe la Iglesia, sobre todo, en al escucha de la Palabra de
Dios. Cómo ejemplo más destacado véase el
ritmo de los cuatro domingos de Adviento. Esto supone una novedad absoluta si
se sabe que en el Misal anterior al Concilio (edición de 1962) los cuatro
domingos de Adviento son iguales todos los años y no tienen tres lecturas, sino
dos: el Evangelio y la lectura que precede.
Los tres años
litúrgicos A, B, C que van girando sucesivamente tiene en Adviento las mismas secuencias para
los cuatro domingos, tomando cada año textos diferentes en la lecturas: la
primera es casi siempre Isaías (en ABC), la segunda es casi siempre San Pablo
(en ABC) y la tercera un evangelista (Mateo en A, Marcos en B y Lucas en C). He
aquí las perspectivas dominantes:
Primer domingo: Viene el Señor. Visión final de la historia:
¡Velad!
Año A - Isaías 2,1-5; Salmo 121 1-8; Romanos 13, 11-14a; Mt. 24, 37-44.
Año B - Isaías 63, 16b-17. 19b; 64, 2b-7; Salmo 79, 2ac y 3b. 15-16.
18-19 4; 1 Corintios 1,3-9; Mc. 13, 33-37.
Año C - Jeremías 33, 14-16; Salmo 24, 4bc-5ab. 8-9. 10 y 14; 1
Tesalonicenses 3, 12- 4,2; Lc. 21, 25-28, 34-36.
Segundo domingo: Juan el Precursor. El mensaje de Juan: Preparad el
camino del Señor.
Año A - Isaías 11,1-10; Salmo 71, 1-2. 7-8. 12-13. 17; Romanos 15, 4-9;
Mt. 3, 1-12.
Año B -. Isaías 40, 1-5. 9-11; Salmo 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 8; 2 Pedro 3,
8-14; Mc. 1,1-8.
Año C - Baruc 5,1-9; Salmo 125,1-2ab.2cd-3.4-5.6; Filipenses 1,4-6.8-11;
Lc. 3,1-6.
Tercer domingo: Los tiempos mesiánicos. Las promesas de los
profetas para los tiempos mesiánicos y cómo las ha realizado en el Evangelio
Jesús, el Mesías.
Año A – Isaías 35, 1-6a 10; Salmo 145, 7. 8-9a. 9bc-10; Santiago 5,
7-10; Mt. 11, 2-11.
Año B – Isaías 61, 1-2a. 10-11; Lc. 1, 46-48. 49-50. 53-54; 1
Tesalonicenses 5,16-24; Jn. 1, 6-8.19-28.
Año C - Sofonías 3,14-18; Isaías
12,2-3. 4bcd. 5-6; Filipenses 4,4-7; Lc. 3,10-18.
Cuarto domingo: El misterio de la Encarnación; la presencia de la
Virgen María en el Adviento.
Año A - Isaías 7, 10-14; Salmo 23, 1-2. 3-4ab. 5-6; Romanos 1, 1-7; Mt.
1, 18-24.
Año B - 2 Samuel 7,1-5. 8b-12. 14a.16; Salmo 88, 2-3. 4-5. 27 y 29;
Romanos 16,25-27; Lc. 1,26-38.
Año C - Miqueas 5,1-4; Salmo 79, 2ac y 3c. 15-16. 18-19; Hebreos 10,
5-10; Lc. 1,39-46
II
EL ADVIENTO DE JESÚS, RAÍZ DEL ADVIENTO
Cómo vivió su vida Jesús como Adviento de Dios
y cómo anunció este Adviento
predicando la llegada del Reino.
1. El Adviento de Jesús se nos revela
en la Pasión
El punto
supremo de la vida de Jesús se decide en al declaración absoluta que le lleva a
la muerte. “Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo
sacerdote: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». Jesús contestó: «Yo
soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene
entre las nubes del cielo». El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras,
dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? 64 Habéis oído la blasfemia. ¿Qué
os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte” (Mc 14,61-64). Esta ha sido
la esperanza de Jesús; esta ha sido su suprema identificación. En él se cumple
el oráculo del Señor a mi Señor, sentado a la derecha de Dios (Sal 110), en él
está el Hijo del hombre que viene sobre las nubes del cielo (Dan 7).
Este es el
remate de la vida de Jesús y con esta declaración es crucificado y pasa a la
eternidad.
Esta ha sido
su esperanza; para esto había vivido.
2. La declaración ante el
sanedrín Explica el discurso escatológico de Jesús
De la
declaración ante el Sanedrín podemos retrotraernos a los días precedentes de la
semana última, la Semana Santa.
Jesús se ha
entendido a sí mismo en estrechísima unión con el Padre. Sin el Padre él sería
nada. Con el Padre él es todo, incluso “igual al padre”.
Jesús ha visto
que la Historia humana termina en Dios y no va a la deriva. Dios la ha
divinizado desde la creación y la Historia camina a Dios. Pero es consciente de
un cataclismo que nos supera. He aquí la síntesis que Jesús nos ha hecho:
“En aquellos
días, después de esa gran angustia, el sol se oscurecerá, la luna no dará su
resplandor, las estrellas caerán del cielo, los astros se tambalearán. Entonces
verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará
a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo
de la tierra hasta el extremo del cielo” (Mc 13,24-27).
En el fondo
el sentido trasparece:
- Dios ha de
triunfar en el balance final de la Historia.
- el triunfo
de Dios es el triunfo del Jesús de la Historia.
- Y con
Jesús el triunfo de los elegidos de todos los lugares e implícitamente de todos
los tiempos.
3. La conciencia escatológica de
Jesús nos da la clave para entender el Padre nuestros
La oración
de Jesús no da la ecuación de su mensaje.
«Cuando
oréis, decid:
Padre,
santificado sea tu nombre,
venga tu
reino,
danos cada
día nuestro pan cotidiano,
perdónanos
nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe,
y no nos
dejes caer en tentación”» (Lc 11,2-4).
Bien se
puede apreciar cómo la oración de Jesús gira en torno a dos polos, igual en la
versión de Lucas que en la de Mateo, si bien una es más breve que otra: la
santidad y reino de Dios, que recoge la primera parte; las necesidades del discípulo que ora, que
son el pan y el perdón, bajo la perspectica escatológica: la salvación final,
en la gran convulsión, en al gran tentación que precede al fin.
Y la palabra
más importante, la que da sentido a toda la vivencia: PADRE.
Jesús ora
desde lo que está viviendo, y eso lo comparte a sus discípulos.
Pide que
Dios sea el agente glorioso de su propia historia; que Dios, el Padre,
manifieste su santidad y su Reino. En consecuencia Jesús se introduce en el
reino que anuncia, y que esto sea ya realidad en la tierra.
La oración
de Jesús, como ningún texto, sintetiza
el Evangelio, que es el Adviento de Dios con el perdón plenario. Entrar en la
oración de Jesús es entrar en el secreto más profundo e íntimo de su
existencia-
4. El Adviento de Jesús, clave de
mi vida que la entiendo como Adviento de Dios en mí, anhelo de inmortalidad
1.
Efectivamente, a medida que penetro en la vida de Jesús, secreto que excede a
la misma capacidad comunicadora del Evangelio, intuyo que su experiencia única
– no asequible por vía histórica ni psicológica – ha tenido que ser esa:
- una
esperanza teológica de carácter escatológico,
- que se
traduce, pro de pronto, como una tarea profética que cumplir ya desde ahora.
Su tarea ha
comenzado creando una Comunidad en torno así, signo del mundo nuevo que viene,
que su Padre Dios quiere instaurar en esta tierra. ¿hasta dónde llegará? Dios
lo sabe.
Desde esta
perspectiva que estamos contemplando digamos que Jesús como sacramento
adventual de Dios, que proclama: Dios ha llegado a Jesús, vida de su vida; Dios
llega a mí desde Jesús.
2. Bajo
hasta el fondo de mi corazón para descubrir los anhelos de que esto amasado.
¿Cuáles son? No tienen límite, porque, al final, quitada toda costra de
vanidad, entendidos en su raíz más pura, todos confinan con Dios. Ser como Dios
es el anhelo adámico, desenfocado por no haber visto que Dios, como Padre,
anhela para mí infinitamente más y mejor de lo que yo anhelo.
Hay una
riada de anhelos que se justifican porque, al leer la Escritura (el salterio es
el Libro de nuestros anhelos), los veo sustentados en una promesa: “«Se
puso junto a mí: lo libraré; | lo protegeré porque conoce mi nombre; | me
invocará y lo escucharé. | Con él estaré en la tribulación, | lo defenderé, lo
glorificaré, | lo saciaré de largos días | y le haré ver mi salvación» (Sal
91,14-16).
3. Mi anhelo
es el anhelo de buscar a Dios, y ser en él algo muy distinto de lo que soy, ser
divino. Que mi felicidad no dependa de los vaivenes de la fortuna o de las
personas; que no esté condicionada ni por mis propias capacidades, ni por
ninguna oportunidad que se les dé para expandirse. El éxito de mi existencia, valorado por los
baremos humanos no es ese, sin más el logro de mi existencia. Mi logro, mi
único logro es “ser en Cristo Jesús”. El apostolado de Pablo sería nada, si no
fiera la mera proyección de ser, de estar “en Cristo Jesús”.
4. Este
anhelo unitivo de Dios, inoculado en mí como forma sustancia de mi ser, este anhelo de unión esponsal con
Dios, reclama un anhelo de purificación.
Riada de
anhelos, decíamos: anhelo de interioridad, anhelo de expansividad, anhelo de
comunicabilidad, anhelo de significatividad, anhelo de ser profeta, de ser
salvador, anhelo de comunidad como comunión y paz, como reconciliación.
En suma, y
resumiendo todos: anhelo de identidad, ser yo, yo mismo (no otro distinto de
mí) bajo la dulce presencia de Dios que envuelva todos los días de mi vida.
Amar y ser amado, dijeron los sabios buscadores. Sí, amar y sentirse amado: ese
es mi Adviento.
III
EL ADVIENTO DE LA VIRGEN MARÍA
María en la Encarnación punto de
convergencia del Adviento.
1. Nuestro talante para entrar en
el misterio de María
Si hemos
hablado de la vida de Jesús como Adviento, paralelamente podemos decir que al
vida de María de Nazaret, hija de Israel, es una vida que se ha de interpretar
en el ámbito de las promesas hecha a Israel. María, la hija de Sión, es hija de
las Profecía. La Iglesia ha tenido una querencia, a lo largo de siglos, para
interpretar textos mesiánicos y sapienciales a favor de María, dado que ella es
el paradigma de la Iglesia.
A María solo
la podemos entender “evangélicamente”, es decir, desde la perspectiva de los Evangelio. Los Evangelio de
la Infancia, sede principal de los textos marianos, son el Evangelio del Niño
que fue Cristo Resucitado; son una retrospección del misterio de Cristo
Resucitado a ese origen donde se enlaza el Antiguo con el Nuevo Testamento. Por
lo tanto, suma delicadeza para sacar conclusiones de tipo críticamente histórico…
La liturgia
clásica, al hablar de María, gira en torno a dos datos que son la clave de su
figura: maternidad y virginidad. Transmitidas por la Escritura son verdades que
ala asumimos sencillamente como verdades de fe del misterio de María.
De ahí
fácilmente se ha pasado a una tipo de mariología “maximalista”, que la
mentalidad de hoy se resiste a aceptar. Léase un párrafo muy bello de las 19
Oraciones de san Anselmo (siglo XII), doctor de la Iglesia, tomado como lectura
eclesiástica para la solemnidad de la Inmaculada. Uno queda deslumbrado ante
esa especie de fantasía espiritual en alas del amor. Se ve, se admira, se
contempla el misterio de María en alas del amor. Ahora bien, si uno desecha ese
tipo de mariología por esa exaltación deificante de una criatura ¿no pondría la
misma dificultad al párrafo que el papa Francisco – ajeno a todo angelismo –
dedica a María como “Madre de la creación” en la encíclica Laudato sii…”?
Otros
empalman con María a través de la figura de “pobre de Yahveh”…, o de los anawim…,
que la exégesis de tiempos recientes ha puesto tan de moda.
En realidad,
no hay módulos que se puedan imponer de modo excluyente. Seamos discretos, y
que desde una fe adulta, el Espíritu actúe en cada uno según se beneplácito.
Lo que
importa es que yo, desde al madurez de mi fe, acoja a María en el centro del
Adviento. Escuchemos el sentir de la Iglesia, expuesto de un modo cualificado
por el papa Beato Pablo VI.
2. Adviento, tiempo de la Virgen
María
La
exhortación apostólica de Pablo VI “Marialis cultus” (2 febrero 1974),
documento clave para entender el sentido del culto a la Virgen en la Iglesia
expresa así el sentido mariano del Adviento.
“3. Así, durante el tiempo de Adviento la
Liturgia recuerda frecuentemente a la Santísima Virgen - aparte la solemnidad
del día 8 de diciembre, en que se celebran conjuntamente la Inmaculada
Concepción de María, la preparación radical (cf. Is 11, 1.10) a la venida del
Salvador y el feliz exordio de la Iglesia sin mancha ni arruga (11), sobre
todos los días feriales del 17 al 24 de diciembre y, más concretamente, el
domingo anterior a la Navidad, en que hace resonar antiguas voces proféticas
sobre la Virgen Madre y el Mesías (12), y se leen episodios evangélicos
relativos al nacimiento inminente de Cristo y del Precursor (13).
4. De este
modo, los fieles que viven con la Liturgia el espíritu del Adviento, al
considerar el inefable amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo (14), se
sentirán animados a tomarla como modelos y a prepararse, «vigilantes en la
oración y... jubilosos en la alabanza» (15), para salir al encuentro del
Salvador que viene. Queremos, además, observar cómo en la Liturgia de Adviento,
uniendo la espera mesiánica y la espera del glorioso retorno de Cristo al admirable
recuerdo de la Madre, presenta un feliz equilibrio cultual, que puede ser
tomado como norma para impedir toda tendencia a separar, como ha ocurrido a
veces en algunas formas de piedad popular el culto a la Virgen de su necesario
punto de referencia: Cristo.
Resulta así que este periodo, como han observado los especialistas en liturgia,
debe ser considerado como un tiempo particularmente apto para el culto de la
Madre del Señor: orientación que confirmamos y deseamos ver acogida y seguida
en todas partes”.
11. Cf.
Missale Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum, auctoritate Pauli
PP. VI promulgatum, de. Typica, MCMLXX, di 8 Decembris, Praefatio.
12. Missale
Romanum ex Decr. Sacr. Oec. Conc. Vat II instauratum auctoritate Pauli PP. VI
promulgatum. Ordo Lectionum Missae, de. Typica, MCMLXIX, p. 8: Lectio I (Anno
A: Is 7,10-14: «Ecce Virgo concipiet»; Anno B: 2 Sam 7,1-5, 8b-11, 16: «Regnum
David erit usque in aeternum ante faciem Domini»; Anno C: Mich 5,2-5a (Hebr.
1-4a): «Ex te egredietur dominator in Israel»).
13. Ibid,
p.8: Evangelium (Anno A; Mt 1,18-24: «Iesus nascetur de Mara, desponsata
Ioseph, fili David»; Anno B: LC 1,26-38: «Ecce concipies in utero et paries
filium»; Anno C: Lc 1,39-45: «Unde hoc mihi ut veniat mater Domini mei ad
me?»).
14. Cf.
Missale Romanum, Praefatio de Adventu, II.
15. Missale
Romanum, Ibid.
3. Los momentos marianos de
Adviento
Veamos más
en detalle ese tejido mariano con que está compuesto el tiempo de Adviento, sin
entrar a desmenuzar cada punto.
1. Antífonas y lecturas del oficio divino, en las
horas principales.
2. Antífonas, en las Horas de Tercia, Sexta y
Nona, las mismas durante todo el Adviento, que dan el fondo mariano al rezo de
los tres salmos.
3. La gran solemnidad de la Inmaculada Concepción
4. La Virgen de Guadalupe. Con toda la riqueza
espiritual que encierra, empezando por una interpretación correcta del bello
poema Nican Mopohua. El Misal Romano, en la versión para México de la Editio
tertia Typica (2000), realizada el 2013 ha privilegiado a la Virgen de
Guadalupe con distintas misas y múltiples prefacios.
5. Las Misas de la Virgen [1986] con 46
formularios, tres de ellos específicamente para el Adviento:
- La Virgen
María, estirpe escogida de Israel.
- La Virgen
María en la Anunciación del Señor.
- Visitación
de la bienaventurada Virgen María.
6. Las Posadas (comienzo: 16 diciembre).
7. Las misas de las “ferias privilegiadas” (día
17).
8. La Virgen de la Expectación del parto, o
Virgen de la Esperanza, o Virgen de la O (de las antífonas de la O): 18 de
diciembre.
«Porque en el día en que el ángel comunicó a la Virgen la concepción del
Verbo, no se puede celebrar este misterio dignamente, a causa de las tristezas
de la Cuaresma o las alegrías pascuales, que con frecuencia coinciden con él,
declaramos y mandamos que el octavo día antes del nacimiento del Señor se
consagre con toda solemnidad al honor de su Madre. De esta manera, así como la
Natividad del Hijo se celebra durante ocho días seguidos, del mismo modo podrá
tener también una octava la festividad sagrada de María” (Diciembre del año
656, X Concilio de Toledo).
9. El IV domingo de Adviento
10. El Ángelus en Adviento
11. La imagen de María en Adviento
4. Un poema para María
Nos place
agregar este retiro un poema que en días
pasados subíamos a Internet para honrar a la Virgen María en la fiesta de la
Inmaculada Concepción, cuando con la apertura de la Puerta Santa se iniciaba el
Año de la Misericordia. Puerta de Misericordia | Puerta del cielo, María.
“El Año
Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada
Concepción. Esta fiesta litúrgica indica el modo de obrar de Dios desde los
albores de nuestra historia. Después del pecado de Adán y Eva, Dios no quiso
dejar la humanidad en soledad y a merced del mal. Por esto pensó y quiso a
María santa e inmaculada en el amor (cfr Ef 1,4), para que fuese la Madre del
Redentor del hombre. Ante la gravedad del pecado, Dios responde con la plenitud
del perdón. La misericordia siempre será más grande que cualquier pecado y
nadie podrá poner un límite al amor de Dios que perdona. En la fiesta de la
Inmaculada Concepción tendré la alegría de abrir la Puerta Santa. En esta
ocasión será una Puerta de la Misericordia, a través de la cual cualquiera que
entrará podrá experimentar el amor de Dios que consuela, que perdona y ofrece
esperanza” (Misericordiae vultus, 3).
1. Puerta de Misericordia,
Puerta del cielo, María,
en tu pura concepción,
Dios santo resplandecía.
2. Elegida en el amado,
y de la Iglesia primicia,
la pura gracia del Hijo
toda hermosa te cubría.
3. Ya muy antes del pecado
eras suya y su delicia,
Madre y Esposa del Verbo,
que todo amor contenía.
4. Y si el pecado manchara
la gracia lo vencería,
tú eres, virgen nazarena,
el Sí que de Dios nacía.
5. Hija del Hijo e imagen
del Dios trino que se abría,
de la fe del Evangelio
fuiste y eres recta vía.
6. Cantamos Misericordia,
que es la sublime alegría,
por María inmaculada,
fanal de la Parusía.
7. Adoración y alabanza
a Dios amor, a Dios vida,
al Padre, al Hijo, al Espíritu
por la
Virgen elegida. Amén.
7 diciembre
2015, en la memoria de san Ambrosio
IV
EL ADVIENTO DEL PADRE Y DEL ESPÍRITU SANTO:
Al eco de la bula “Misericordiae
vultus”
1. Aquí se
trata de tomar la bula en propias manos – en una edición impresa de uso
personal – y entrar bajo la guía del Espíritu. Este contacto con el texto no lo suple ninguna
reflexión, ninguna iluminación exterior.
2. Se trata
de un texto vivo y personal, gestado por uno mismo, que resume su forma
específica de ser este Papa. Un texto que, si ha tenido asesores t revisores de
confianza, no obstante se siente que es un texto de él, síntesis y reflejo de
vida, que seguramente ha brotado en la oración. Un texto, por otra parte,
escrito como pastor de la Iglesia y en signo de unidad cristiana.
3. ¿Cuál es
el punto central? Sencillamente el querer infundir a la Iglesia que Dios es
amor, y al decir “amor” decimos “misericordia”, una palabra que tiene la misma
nobleza y calado que la palabra amor.
Esto es lo
que trasfunde y traspira la bula. El exegeta y el teólogo se pregunta sin con
esta voz dominante no mutilamos u olvidamos textos que están en la Escritura, y
que son palabra de Jesús igual que los otros. En el Sermón de la montaña Jesús
tiene estas palabras: Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta
y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos. ¡Qué
estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan
con ellos” (Mt 7,13-14). En la representación escénica del juicio (hipótesis de
lo que podría pasar al que rechaza a Dios), dice: “Entonces dirá a los de su
izquierda: “Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el
diablo y sus ángeles” (Mt 25,41).
Todo esto
está pidiendo una exégesis de alto nivel interpretativo, porque es necesario
dar una respuesta a estas frases rotundas que superan a las mismas
condenaciones proféticas.
4. El
problema queda ahí para la discusión teológica.
El papa no
puede ignorar la seriedad gravísimas de situaciones que se están dado en
oposición a Dios, el narcotráfico, por ejemplo, sin nombrarlo; habla igualmente
de la corrupción: “Mi invitación a la conversión se dirige con mayor
insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios
debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres
que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro
bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si
bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigáis en la
terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el
resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es solo una ilusión. No llevamos
el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad.
La violencia usada para amasar fortunas que escurren sangre no convierte a
nadie en poderoso ni inmortal. Para todos, tarde o temprano, llega el juicio de
Dios al cual ninguno puede escapar.
La misma
llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de
corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita
hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social. La
corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y
avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un
mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos
públicos. La corrupción es una obstinación en el pecado, que pretende sustituir
a Dios con la ilusión del dinero como forma de poder” (n. 19).
5. Pienso
que solamente a través de la oración personal – más allá de todas las
disquisiciones que hagamos, por ejemplo sobre los profetas – se puede llegar a
comprender
- que Dios
es misericordia,
- y, sobre
todo, que Dios es misericordia para mí, pecador, y que desde al misericordia
tengo yo la seguridad, el triunfo y la total esperanza. Se abre un mundo nuevo
cuando yo he llegado a recibir, en humildad, esta revelación.
6. Por ello,
el programa de la Iglesia, que debe impregnar toda su acción, es claro: “La
Iglesia tiene la misión de anunciar la misericordia de Dios, corazón palpitante
del Evangelio, que por su medio debe alcanzar la mente y el corazón de toda
persona” (n. 12)
CONCLUSIÓN
Mi Adviento
Se trata
ahora de perfilar mi Adviento, como fruto de un encuentro en sinceridad, en
profundidad, al contacto con la Palabra de Dios. Todo el esquema anterior puede
deshacerse. Era una estructura de apoyo para utilizarla “tanto cuanto” me
ayudara, nada más.
1. La
dirección espiritual objetiva de la Iglesia la va marcando al Liturgia. Al
cobijo de la liturgia, en esa comunidad invisible que son todos los hermanos de
Cristo en la tierra, ¿cuál es la Palabra que llega hasta mí? Tengo que
escucharla en lo hondo del corazón.
¿Siento que,
efectivamente, lleno una dirección espiritual que la va marcando el Espíritu
santo en mí? Y ¿cuál es mi fidelidad a esa guía del Espíritu? He aquí una
promesa que oímos en la liturgia de Adviento: “Si te desvías a la derecha o a
la izquierda, | tus oídos oirán una palabra a tus espaldas | que te dice: «Este
es el camino, camina por él»” (Is 30,21).
2. El
Adviento seguramente que me está pidiendo una celebración del sacramento de la
penitencia, que puede ser la coronación de un retiro espiritual. El Ritual de
la penitencia prevé una celebración en este tiempo oportuno.
3. El
Adviento me confronta a mí mismo conmigo para bajar hasta el fondo de mis
anhelos vocacionales
- Mi anhelo de
intimidad y profundidad.
. Mi anhelo
de contemplación.
- Mi anhelo
de comunión.
- Mi anhelo
de comunión con Jesús para hacer constantemente de él el Interlocutor de mi
vida.
4. El
Adviento me interroga sobre dos anhelos que determinan y configuran mi ser en
la Iglesia: la fraternidad y los pobres
- El hermano
que tengo junto a mí, compañero en mi casa, comensal en mi mesa.
- El pobre,
los innumerables pobres de la tierra, signo fuerte de la presencia de Jesús.
La liturgia
me guía: “El mismo Señor que entonces se nos mostrará lleno de gloria, viene
ahora a nuestro encuentro en cada hombre y en cada acontecimiento, para que lo
recibamos en la fe y por el amor demos testimonio de la espera de su reino”
(Prefacio III de Adviento)
Guadalajara, Jal., 9 diciembre 2015
Fr. Rufino María Grández, O.F.M.Cap.
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