Jesús
Dios y Hombre
Homilía
para el domingo que sigue a Año Nuevo
Jn
1,1-18
Texto evangélico:
1 En el principio
existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
2 Él estaba en el principio
junto a Dios.
3 Por medio de él se
hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
4 En él estaba la
vida, y la vida era la luz de los hombres.
5 Y la luz brilla en
la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
6 Surgió un hombre enviado
por Dios, que se llamaba Juan:
7 este venía como
testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de
él.
8 No era él la luz,
sino el que daba testimonio de la luz.
9 El Verbo era la
luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
10 En el mundo
estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
11 Vino a su casa, y
los suyos no lo recibieron.
12 Pero a cuantos lo
recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
13 Estos no han
nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que
han nacido de Dios.
14 Y el Verbo se
hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como
del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
15 Juan da
testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás
de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
16 Pues de su
plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
17 Porque la ley se
dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de
Jesucristo.
18 A Dios nadie lo
ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha
dado a conocer.
Hermanos.
1.
Antes de comenzar la homilía es justo hacer una aclaración. La Navidad es el
tiempo litúrgico que va desde la Nochebuena hasta el domingo que sigue a la
solemnidad de la Epifanía del Señor, como ya lo notamos en su momento. Puede
haber en este tiempo dos domingos que caen fuera de las solemnidades litúrgicas.
Hoy, justamente, 3 de enero, es uno de esos dos domingos, el que cae entre la
octava de Navidad y la Epifanía del Señor o fiesta de Reyes.
Para
simplificar fiestas, aquí en México la gran solemnidad de la Epifanía fue
trasladada al domingo, y es lo que litúrgicamente aquí se celebra. En otras
partes, como en España, hoy la misa se celebra con los textos del domingo
correspondiente. Y la fiesta de Reyes, tanto civil como eclesiásticamente queda
en el 6 de enero.
Para
nuestra homilía nos atenemos a este calendario del segundo domingo de Navidad.
2.
He aquí un texto sublime, un himno litúrgico que tiene una frase culminante: Y
el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria:
gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Verdad
central que expresa el misterio de la Encarnación, que resume toda la Teología
cristiana. Con la gracia a Dios, a cada uno de nosotros se nos puede dar un conocimiento
vivo del significado de este enunciado, y producir vivencias muy distintas, que
arrancan todas de la fe: admiración ante el Dios infinito, Creador de cielo y
tierra; ternura al contemplar al Dios humanado, regalo para todo ser humano,
para mí: iluminación del destino de mi vida, llamado yo a la comunión e intimidad
con Dios; descubrimiento de la vida, de todo proyecto humano (del mío también),
que puede ser visto como participación de la vida de Dios.
Hermanos,
para el creyente, la Encarnación del Hijo de Dios es la transformación y
transfiguración del ser: surge en nosotros una vocación, una misión que nadie,
fuera de la fe, podría jamás haber imaginado. Dios se hizo hombre, decían los
Padres de la Iglesia, para hacer al hombre Dios, para elevarlo a la condición
de hijo de Dios, y darle una linfa vital que lo emparenta con la divinidad. El
hombre es capaz de recibir la palabra de Dios y de hablar con Dios, de enviar a
la Trinidad su propia palabra y ser escuchado.
3.
Quien va avanzando en la vida, como este hermano que les habla, y puede
contemplar la realidad desde una cierta altura, se da cuenta de que la enfermedad
cruel y contagiosa que invade la humanidad es la secularización. Dicen los
expertos y la Iglesia lo acepta (y en esto insistió mucho el papa Benedicto
XVI) que la secularidad es buena, incluso necesaria. La secularidad es dar al
mundo secular el valor que en sí tiene; esto libera de muchos tabúes. La secularización
es la corrupción de la secularidad: es el intento obstinado, persistente, de
desterrar Dios del mundo, y explicar y
ordenar todo desde el hombre. No estamos hablando de católicos y no católicos,
ni tampoco de cristianos y no cristianos; estamos hablando de creyentes y no
creyentes. Un musulmán puede ser un gran creyente, que se deja gobernar por la
soberanía y la misericordia de Dios, y que quiere para el mundo que se traduzca
esa bondad y misericordia del Dios todopoderoso, todo misericordioso. Creer o
no creer en un Dios personal, guía de nuestras acciones, es lo que da el tono a
la vida y acción de uno que camina bajo la presencia de Dios frente a otro que
hace de su propia autonomía la regla de su comportamiento.
4.
¿Qué nos dice el misterio de la Encarnación? Que el Dios poderoso se hace ser
humano, sin dejar de ser lo que ya era. Este encuentro jamás lo podremos
explicar: eso es precisamente el misterio. Ha habido expresiones muy felices
que han quedado talladas para significar esta unión divino-humana. Los Santos
Padre decían: Nada pudo ser salvado, si no hubiera sido asumido. Con esto
querían significar la humanidad total de Jesús. Jesús es sexualmente hombre,
pasionadamente hombre, afectivamente hombre, inteligentemente hombre. Esos
movimientos variados que zarandean el corazón del hombre, que los filósofos
llaman “pasiones” están en el corazón de Dios encarnado. Jesús como hombre sabe
unas cosas e ignora otras, Jesús padece el amor, padece el celo (celo de Dios),
padece la ira (que no es la venganza, sino la ira de Dios). En una palabra,
Jesús es todo hombre, Jesús es todo Dios.
5.
Jesús, el Verbo se hizo carne, y en la carne – sigue san Juan – hemos contemplado
la gloria de Dios.
Hermanos,
como fruto de estas consideraciones, inicio de lo que puede ser nuestra manantial
de mucha meditación, podemos pedir a Dios una gracia: la fe contemplativa, la
fe que se acerca a Dios con infinito deseo de conocerle, y de amarle.
Dios
no defrauda, Dios no es enemigo del hombre, Dios no es mi rival, sino mi
aliado, Dios, infinitamente más que yo, quiere mi felicidad en esta vida y en
la otra, Dios quiere mi plenitud, mi realización.
Si
yo fuera político, les diría a los políticos de
mi país. Dios quiere que nos entendamos, que se entiendan, porque hay
solución: Déjenme pronunciar la palabra “Dios”, porque Dios existe.
6.
Señor Jesús, te pedimos por el misterio de tu Encarnación, la paz y el
entendimiento, el entendimiento y la paz.
Guadalajara,
Jalisco, 2 enero 2016
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