La mirada de la Virgen:
le pido que me mire
El Papa, que ayer llegó a México, dijo a los 75 periodistas que le acompañaban en el avión: “Mi deseo
más grande es detenerme ante la imagen de la Virgen de Guadalupe, este es un
misterio que se estudia y se estudia pero no existen explicaciones humanas,
incluso el estudio más científico dice que esto es una cosa de Dios".
Hoy ha sido recibido en el palacio
presidencial, y al comienzo de su discurso ha dicho al Presidente Peña Nieto y a todas las autoridades
y diplomáticos que allí estaban:
"Le agradezco, señor Presidente, las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Es motivo de alegría poder pisar esta tierra mexicanas que ocupa un lugar especial en el corazón de las Américas. Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella". Al concluir el discurso: "Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe -le pido que me mire- para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz". Era un discurso de estado, sorprendente.
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"Le agradezco, señor Presidente, las palabras de bienvenida que me ha dirigido. Es motivo de alegría poder pisar esta tierra mexicanas que ocupa un lugar especial en el corazón de las Américas. Hoy vengo como misionero de misericordia y paz pero también como hijo que quiere rendir homenaje a su madre, la Virgen de Guadalupe, y dejarse mirar por ella". Al concluir el discurso: "Y me pongo bajo la mirada de María, la Virgen de Guadalupe -le pido que me mire- para que, por su intercesión, el Padre misericordioso nos conceda que estas jornadas y el futuro de esta tierra sean una oportunidad de encuentro, de comunión y de paz". Era un discurso de estado, sorprendente.
A continuación ha ido a la
catedral y, a puerta cerrada ha abierto su corazón a los obispos. Hemos leído
luego su discurso: ¡bellísimo! Les ha hablado mil veces de la mirada de la
Virgen: “Como hizo San Juan Diego, y lo hicieron las sucesivas generaciones de
los hijos de la Guadalupana, también el Papa cultivaba desde hace tiempo el
deseo de mirarla. Más aún, quería yo mismo ser alcanzado por su mirada materna.
He reflexionado mucho sobre el misterio de esta mirada y les ruego acojan
cuanto brota de mi corazón de Pastor en este momento”.
Y ha seguido: “Una mirada de ternura. Ante todo, la «Virgen
Morenita» nos enseña que la única fuerza capaz de conquistar el corazón de los
hombres es la ternura de Dios. Aquello que encanta y atrae, aquello que doblega
y vence, aquello que abre y desencadena no es la fuerza de los instrumentos o
la dureza de la ley, sino la debilidad omnipotente del amor divino, que es la
fuerza irresistible de su dulzura y la promesa irreversible de su misericordia”.
Les ha dicho a los Obispos. “En las miradas de ustedes, el Pueblo mexicano
tiene el derecho de encontrar las huellas de quienes «han visto al Señor» (cf.
Jn 20,25), […] Si nuestra mirada no
testimonia haber visto a Jesús, entonces las palabras que recordamos de Él resultan
solamente figuras retóricas vacías”.
Dicen que dentro de la retina de la Virgen ha quedado el retrato de Juan
Diego, arrodillado ante ella. “Como enseña la bella tradición guadalupana, la
«Morenita» custodia las miradas de aquellos que la contemplan, refleja el rostro
de aquellos que la encuentran. Es necesario aprender que hay algo de irrepetible
en cada uno de aquellos que nos miran en la búsqueda de Dios. Toca a nosotros
no volvernos impermeables a tales miradas. Custodiar en nosotros a cada uno de
ellos, conservarlos en el corazón, resguardarlos.
Sólo una Iglesia que sepa resguardar el rostro de los hombres que van a
tocar a su puerta es capaz de hablarles de Dios”.
Por la tarde ha celebrado en la basílica de Guadalupe. Ha vuelto sobre
al mirada de la Virgen y ha citado – mejor, "recitado" en oración - un soneto,
que en el oficio divino que usamos aquí en América se encuentra en las II
Vísperas de la Virgen (el Papa como jesuita fue profesor de literatura).
Deja mirar, mirarte simplemente,
[en el breviario: Mirarte simplemente, madre]
dejar abierta sola la mirada,
mirarte toda sin decirte nada,
decirte todo mudo y reverente
No perturbar el viento de tu frente,
sólo acunar mi soledad ajada
en tus ojos de madre enamorada
y en tu nido de tierra transparente
Y allí, de tu mirada en la espesura,
la envejecida sangre de mis venas
filtra y decanta toda su basura
Mirarte, Madre, contemplarte apenas,
el corazón callado en tu ternura
en tu blanco silencio de azucenas.
Luego el Papa, quitados los ornamentos sacerdotales, ha querido estar un
rato sencillamente ante la Virgen, mirando dejándose mirar.
Al concluir esta jornada de gracia, de paz y de ternura, yo también deposito
mi Plegaria ante la Virgen, dejándome mirar por ella.
Plegaria
a la Virgen de Guadalupe
Tus ojos de cielo y
tierra
son la más dulce
mirada,
toda la historia de
México
en ellos está
guardada.
Ojos de paz y ternura
que a nadie y nunca
maltratan,
ojos de misericordia
que siempre nos
acompañan.
Ojos bellos, ojos
puros
que en su luz a todos
bañan,
los ojos de la
humildad
cuando el ángel le
anunciaba.
En esos ojos yo quiero
poner mi vida y mi
alma,
tener allí mi retrato
en la pupila sagrada.
Como Juan Diego quedó
mirándole cara a cara;
en el iris se imprimió
cuando la Madre le hablaba.
Y con ojos de ternura
de la Virgen agraciada
yo miraré a mis
hermanos
y veré a Jesús que
salva.
Yo me quedo aquí
mirando,
lleno de paz y
esperanza,
y entonces sentí un
milagro:
que la Virgen me
miraba.
Era cual suave
murmullo
palpitando en mis
entrañas:
que la Virgen allí
estaba,
¡que era mi madre y me
amaba!
Guadalajara, Jalisco,
sábado 13 febrero 2016

Gracias, Señor...
ResponderEliminarGracias, Señor...
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