Esta
tarde el Papa ha ido, en Ecatepec, al Hospital Infantil Federico Gómez. Una
niña con cáncer le ha cantado el Avemaría de Schubert (“A mi me conmovió mucho ;me puse llorar. Hace un mes
mi sobrino murió de cáncer en en ese hospital. Reena Cat”).
El
Papa habló a los niños y les preguntó si sabían quién era Juan Diego: ¡Que
levanten la mano! Y muchos levantaron la mano. Y les dijo lo que la Virgen dijo
a Juan Diego. Y el Papa practicó la “cariñoterapia”, de la que había hablado. Saludó
como él sabe hacerlo.
Me acordé de
las Rimas de Bécquer, de aquella del beso
“Por una
mirada, un mundo,
por una
sonrisa, un cielo,
por un beso...
¡yo no sé
qué te diera
por un beso!” (Rima XXIII)
El Papa besaba
a los niños, y los niños le besaban y abrazaban. Yo le tenía envidia…, y se me
revolvían besos y versos por dentro. Y entonces el Ángel de Paz vino a mi
encuentro y me susurró una poesía
Un beso vale una
encíclica
y yo la puedo escribir,
y el lector que me la
lea
es más sabio que un
rabí.
Un beso a un niño con
cáncer,
eso vale más que mil:
el Concilio Vaticano
y el que luego ha de
venir.
Pero si nadie se
entera
del beso que yo le di
eso es secreto divino
y Dios se goza sin
fin.
Un beso de la
enfermera
a este niño pequeñín,
sin pelito en su
cabeza,
que es blanca como
jazmín
ese besito de a diario
para hacerle sonreír…,
si quieres saber qué
vale,
no hay medida de
medir.
Ese beso maternal
con los labios sin
carmín
- dice Jesús - ese
beso…
ese me lo diste a mí.
*
* *
Mis ojos se humedecían
viendo dentro lo que
vi
al ver a las enfermeras
del Hospital Infantil.
El Papa resplandecía
que Jesús estaba allí
“cariñoterapia” hacía
a otros y para sí.
Y acaso en el corazón
muy calladito y sutil
pensando y sintiendo
estaba
lo de Francisco de
Asís.
Que Francisco le dio
un beso
a un enfermo pobre y…
vil
y fue Francisco curado
de su orgullo y
frenesí.
Y acaso también
pensaba:
“Dios mío, ¿dónde caí?
Los enfermitos me
enseñan
lo más bello que
aprendí.
Ternura, ternura a
mares
para llorar y reír,
silencio, silencio y paz,
y en silencio
compartir.
Gracias, mis niños del
alma,
por lo que hoy recibí:
a Jesús Resucitado
en colorines de añil.
Cuando me acueste esta
noche
muy a gusto he de
dormir:
soñaré en los angelitos
que me habrán de
bendecir”.
Rufino María
Grández
Misionero de la
Misericordia
Guadalajara, Jalisco, domingo 14 febrero 2016

DEJAD QUE LOS NIÑOS SE ACERQUEN A MÍ. NO SE LO IMPIDÁIS. PORQUE DE LOS QUE SON COMO ELLOS ES EL REINO DE LOS CIELOS.
ResponderEliminarCon esa misma ilusión se han acercado (y se acercan) en México a ver la Papa. Que nadie impida a los niños acercarse al Papa. El Papa, lo mismo que Jesucristo, los abraza y bendice, y todos lo vemos y nos acordamos de la Escritura.
Saludos.
Juan José.