Soñé
que Morelia ardía…
Sigue el estallido
de la visita del Papa. Ayer, al atardecer, llegamos a Morelia - patria de José
María Morelos - que los españoles llamaron Nueva Valladolid.
Michoacán,
lugar agitado por el narcotráfico y la muerte. Mas ¿qué veíamos en la calle? Barreras
y barreras, y fiesta y más fiesta, con inmensa alegría y serenidad. Quizás
Morelia iba a tener el día más bello de su historia. Muchas pancartas, con
amarillo del Vaticanao daban la bienvenida. MORELIA TE RECIBE CON EL ALMA, y
terminando la frase: “llena de paz”.
Morelia –
Michoacán – ya no era solo el paraíso de la Mariposa Monarca que con su leve
cuerpecito de cinco gramos y amplias alas vuela intrépida miles de kilómetros
de Canadá a Michoacán, justamente a Michoacán. Era el milagro de una ciudad y
de una tierra que su primer obispo, Tata Vasco de Quiroga, venido de España,
evangelizó…
Pero lo que más
me impresionó eran aquellas mujercitas, venidas de los pueblos, que había
cogido sitio en el borde la acera de la calle, junto a la valla metálica,
dispuestas a pasarse, acurrucadas, la noche, y poder ver al Papa, al día
siguiente, cuando al mediodía pasara para entrar en la catedral… ¡Dios mío,
tanta fe!
Por la mañana
nos juntamos seminaristas, religiosos, religiosas, en el estadio Venustiano
Carranza. Por la tarde una multitud sin cuento de jóvenes en el nuevo estadio
José María Morelos.
El Papa nos
habló sencillamente, con unción, a los consagrados; la liturgia cuaresmal de
este martes de la II semana cuaresma nos recordaba el “Padrenuestro”.
Nos decía el
Papa:
“Y, en este hacer memoria, no podemos
saltearnos a alguien que amó tanto este lugar que se hizo hijo de esta tierra.
A alguien que supo decir de sí mismo: «Me arrancaron de la magistratura y me
pusieron en el timón del sacerdocio, por mérito de mis pecados. A mí, inútil y
enteramente inhábil para la ejecución de tan grande empresa; a mí, que no sabía
manejar el remo, me eligieron primer Obispo de Michoacán» (Vasco Vázquez de
Quiroga, Carta pastoral, 1554).
Agradezco
–paréntesis– al Señor Cardenal Arzobispo que haya querido que se celebrase esta
Eucaristía con el báculo de este hombre y el cáliz de él.
Con ustedes
quiero hacer memoria de este evangelizador, conocido también como Tata Vasco,
como «el español que se hizo indio». La realidad que vivían los indios
Purhépechas descritos por él como «vendidos, vejados y vagabundos por los
mercados, recogiendo las arrebañaduras tiradas por los suelos», lejos de
llevarlo a la tentación y de la acedia de la resignación, movió su fe, movió su
vida, movió su compasión y lo impulsó a realizar diversas propuestas que fuesen
de «respiro» ante esta realidad tan paralizante e injusta. El dolor del
sufrimiento de sus hermanos se hizo oración y la oración se hizo respuesta. Y
eso le ganó el nombre entre los indios del «Tata Vasco», que en lengua
purhépecha significa: Papá.
Padre, papá,
Tata, abba.
Esa es la
oración, esa es la expresión a la que Jesús nos invitó.
Soñé que Morelia ardía…;
no soñé, que yo la vi,
paseando por las
calles
de Nueva Valladolid.
Soñe que Morelia
hervía…;
no soñé, que me
encendí,
al ver la gente en la
calle
tendida para dormir.
Soñé que la Catedral
era fuego y polvorín..,
no soñé, que iluminada
era Pascua juvenil.
Y soñé que en el
estadio
eran… ¿cuántos?, ¿treinta
mil?;
no soñé, que yo era
uno
de los que oyeron:
“Seguid”.
De oración hablaba el
Papa:
orar – decía – y
vivir:
se reza como se vive,
vivir: amar, combatir.
Resignación,
tentación;
Dios está por
descubrir;
yo soy milagro de
amor,
proyecto que Él va a
cumplir.
Tata Vasco se entregó
al pueblo para servir,
su báculo que alza el
Papa
habla, si quieres oír.
Y el cáliz que
consagraba
sangre de Getsemaní,
sea el cáliz de mi
vida
vertiendo mi amor
aquí.
Cual Mariposa Monarca
yo quiero el cielo
batir,
mi cuerpecito es
pequeño,
mis alas son tu
confín.
Yo fui por Dios
consagrado,
sin nada que presumir;
yo soy la debilidad,
Jesús, terrible
fortín.
Humildemente renuevo
los votos que prometí,
y quiero perseverar
sin borrar el sí que
di.
Padre, mi Padre adorado,
que de niño te aprendí,
guárdame bajo tus
alas,
que en ti yo quiero
morir.
Guadalajara, Jalisco, 16 febrero 2016
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