La gracia de la oración:
Espiritualidad del Padre Ignacio Larrañaga
A los tres años de su santa muerte (+ 28 octubre 2013)
Noticia. De parte de Talleres de Oración y
Vida de Colombia, por mediación de Patricia Maldonado, se me pidió un artículo
sobre el P. Ignacio Larrañaga, que sería publicado en al revista Jesús Eucaristía
(Bogotá, Colombia) en el número correspondiente al mes de octubre de 2016 (páginas
64-71). Con fecha de 29 de septiembre, escribía Patricia Maldonado: “Ya salió
la revista de la imprenta y se está distribuyendo siendo todo un éxito al punto
que se agotó todo el tiraje.”
Casa Fundacional de Talleres de Oración y Vida
Santiago de Chile, 2 de agosto de 2016
Rufino María Grández, trabajando en la elaboración
de la biografía del P. Ignacio Larrañaga,
titulada "El rosal encendido"
El
día 31 de julio de este año 2026 visité la tumba del Padre Ignacio Larrañaga.
Allí dejé mi súplica en la comunión de los santos. Me encontraba en Santiago de
Chile (19 julio – 4 agosto) con una finalidad muy concreta: la de investigar en
el archivo de capuchinos y en el archivo existente en la Casa Fundacional –
toda ella es un archivo viviente – cuanto pudiera encontrar para escribir una
vida crítica de nuestro querido hermano Padre Ignacio Larrañaga Orbegozo
Larrañaga Larrañaga (tres “Larrañaga” en cuatro apellidos). Anteriormente (agosto
2014) tuve la oportunidad de investigar en Pamplona, en el Archivo de los
Capuchinos de Navarra-Cantabria-Aragón, provincia original del P. Ignacio a la
que yo mismo pertenezco.
Primeras
perspectivas para hablar con competencia de la “espiritualidad del P. Ignacio
Larrañaga”
En
el curso de estos estudios caí en la cuenta, ante todo, de dos cosas, las dos
muy importantes:
La primera
que el P. Ignacio Larrañaga (de profesión Fr. Jesús María de Azpeitia), viejo
conocido, es hermano mío, por ser capuchino como yo, educado en los mismos
colegios, en las mismas costumbres. Con él hablé por teléfono en julio de 2013,
y me citaba para encontrarnos en Guadalajara, adonde había de regresar en
octubre del mismo año para las últimas semanas de la Refundación de los
Talleres de Oración y Vida. Aquí regresó y desde aquí se fue al cielo (28
octubre 2013), sin que pudiéramos hablar en la tierra. Tiempo después pude entrar
con veneración en la habitación donde él murió (a unos 25/30 km de donde vivo),
donde está el lecho con la misma colcha, en la Casa de Oración Nazaret
(Ixtlauacán de los membrillos).
El
Padre Ignacio es hermano mío de hábito, pero que, sin dejar de ser capuchino,
el P. Ignacio es “PADRE” (con letra grande y jugosa) de una singular familia,
representada hoy muy especialmente por los 17.471 Guía de Talleres de Oración y
Vida. Esta doble pertenencia es real y no entra en pugna. Pero en la vida es
más importante ser “padre” que ser “hermano”. Los Hermanos Menores Capuchinos tenemos
que aceptarlo con lealtad y gozo. Es mi sencillo punto de vista.
La segunda cosa que comprendí fue
esta:
Yo, hermano capuchino (u otro hermano capuchino como yo) puede hacer una cosa
que los Guías de Talleres de Oración y Vida no pueden hacer. Ahora bien,
ustedes – hablo a los Guías, en particular, como si los tuviera al otro lado de
la ventana de mi computadora – pueden (y añado humildemente: ¡deben!) hacer lo que ni yo, ni otro hermano
capuchino, podemos hacer con tal competencia. Han de hacer lo que hace un hijo
con su padre: recoger, valorar,
desarrollar una herencia riquísima de familia, que ustedes han mamado y de
la cual se han nutrido, comenzando por la propia historia detallada de los
Talleres de Oración y Vida.
Pero
añado una tercera cosa, que la llevaba conmigo muy adentro,
y que se me afianza más y más: que en la vida del P. Ignacio nada nace de
repente, sino que cada cosa nace de la anterior que la precede.
- Los Talleres de Oración y Vida (Chile, 1984)
nacen de los Encuentros de Experiencia de Dios (Brasil,1974);
- y los Encuentros de Experiencia de Dios
nacen de los simples Encuentros de Oración y Fraternidad (Brasil,1974);
- y los Encuentros de oración y
fraternidad nacen de las Semanas de renovación nacen de aquellas semanas de
renovación dadas a las hermanas Capuchinas de México (segundo semestre de
1972). Todo es coherente y progresivo.
Y estos ímpetus de renovación nacen de
aquel clima efervescente de renovación eclesial, franciscana que se movió en
torno al Concilio (1962- 1965) y que cristalizó en la Fraternidad del Cefepal (1966), que con el correr de los años desapareció. CEFEPAL es la sigla de “Centro de Estudios
Franciscanos y Pastorales para América Latina”, conocido, sobre todo, por la
revista de Cuadernos franciscanos de
renovación. También la revista desapareció. En suma, él porfiaba de que no
premeditó nada, no ideaba programas tácticos para ejecutarlos, sino que todo
iba viniendo de sí desde las circunstancias.
Y hay algo más: que todo aquello iba
viniendo desde dentro desde su propio corazón. La doctrina de Ignacio Larrañaga no fue otra cosa sino ir poniendo por
escrito lo que había vivido en su corazón y precisamente en este hoy de la
historia en la época del Concilio, con una sensibilidad nueva que marca la Hora
de Dios (apertura a la Biblia y al mundo, al hombre contemporáneo, a la
modernidad, al pobre…, nueva valoración del laicado como estado de santidad…).
Experiencia de vida,
experiencia de Dios
Ya tenemos, pues, una nota esencial: la espiritualidad del P. Ignacio es una
espiritualidad de una experiencia personal de Dios, para que se convierta, en
quien la comparte, en “experiencia de Dios”.
Hay algo más importante de los pasos que
hemos indicado: el encuentro personal con Jesús en una noche iluminada donde
comprendió, en unos segundos, cuál es el amor del Padre (junio o mayo de 1957).
Este “encuentro” de amor y ternura ya había tenido un anticipo en el mes de
noviembre en Comillas, Santander (Universidad de los Jesuitas), en noviembre de
1955.
Después de haber llegado a Chile (septiembre
de 1959), después de unos años de entusiasta ministerio, ante graves
dificultades surgidas, tras una profunda crisis en que estuvo a punto de
dejarlo todo, en lo que podemos llamar una nueva conversión y definitiva
conversión al inicio de 1967, se renovó aquella gracia antes recibida y el P.
Ignacio, por la misericordia de Dios, fue fiel hasta el final.
Al P. Ignacio, hasta ahora, se le ha
conocido “casi exclusivamente” por lo que hizo en Chile desde su primer libro, Múestrame tu rostro, en 1974, donde
empieza la época gloriosa y culminante de su vida. Pero viendo este itinerario
progresivo, el entrelazado de los pasos de su vida, desde joven, desde niño…,
guiada amorosamente por Dios, se aprecia mejor la autenticidad y la fecundidad
del carisma que él, con su muerte, entrega a la Iglesia.
Hablamos
de una espiritualidad “parcial” y “completa”
Una
espiritualidad es un modo de comprender y de vivir – las dos cosas inseparables
– el Misterio de Cristo, que de por sí es insondable e indivisible. San Pablo,
cuyo amor se le clavó en el alma a Fray Jesús María de Azpeitia en sus años de
Teología, lo dice: “Por eso doblo las rodillas ante el Padre: … que Cristo
habite por la fe en vuestros corazones; que el amor sea vuestra raíz y vuestro
cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo,
lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo
conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios”
(Ef 3,14-19).
No
hay Teología, no hay Espiritualidad que pueda “capturar” todo el misterio, pero
toda espiritualidad debe estar abierta a todo el misterio. De manera que
“temáticamente” es parcial; “dinámicamente” es completa. Además, una
espiritualidad genuina en la Iglesia, no puede ser una espiritualidad en
solitario, sino en comunión “con todos los santos”.
Uno
que ha hecho de la liturgia “forma mentis – forma vitae” y los libros
litúrgicos le resultan su compañía, su dirección espiritual y su latido, seguramente
podrá decir: No encuentro esto en el P. Larrañaga.
Quien
ha comprendido que el Espíritu Santo, “esposo de la Virgen María” según san
Francisco, forma y alma de la Iglesia en magisterio, en teología, en continua
acción pastoral, “forma vitae meae”, seguramente podrá decir: No encuentro esto
en el P. Larrañaga.
Todo esto es cierto, pero repito: Toda espiritualidad es parcial y completa.
Me lo decía un hermano sacerdote a propósito de las Comunidades
Neocatecumenales
- ¿Lo ves…? No son más que una “hojita”
del inmenso y frondoso árbol de la Iglesia.
- Es cierto, absolutamente cierto, y lo
mismo digo de este carisma de los TOV que florecen en cuarenta y tantos países.
Una hojita del árbol frondoso de la Iglesia, pero ¡una hojita! Y ¡qué bella es
una hojita, como para extasiarse…!
La
Espiritualidad del Padre Ignacio puede titularse: La gracia de la oración, que se detalla en: La gracia de aprender a orar y vivir en oración, abiertos a la
fraternidad. En un texto central de la breve Regla de san Francisco (que
Fray Jesús María de Azpeitia profesó en día en que pronunció sus votos) se
dice: “los hermanos… sobre todas las cosas deben desear tener el Espíritu del
Señor y su santa operación: orar siempre a él con un corazón puro…” (Regla,
cap. X).
La espiritualidad de Ignacio Larrañaga, el
carisma que él entrega a la Iglesia, es este:
- aprender a orar orando, como hijo de
Dios, aprendizaje que se verifica con la “pedagogía” (taller) de una serie de
sesiones progresivas por esos profetas y profetisas de Dios (en sentido
paulino) que llamamos Guías.
- y vivir en fe y oración haciendo en cada
momento lo que Jesús haría si estuviera en mi lugar, en actitud de amor, de
plena disponibilidad y servicio a todo hijo de Dios; abiertos, como Jesús, al
amor fraterno.
El
paradigna de esta espiritualidad lo han tenido todos los
Guías de TOV, cuando ellos mismos han hecho un itinerario y cuando ellos mismo
lo transmiten: Dios de la ternura / Si conocieran al Padre / Peregrinos de la
fe…, etc.
Este paradigma, minuciosamente
estructurado e interiorizado en el libro final, Conversión permanente, para el P. Ignacio el más importante de
cuantos ha escrito, de cara a una definición de lo que es la espiritualidad el
P. Ignacio Larrañaga, podemos “teologizarlo” en los puntos que siguen.
Eje polar, teológico,
psicológico y experiencial, que todo lo unifica: Dios es mi Padre, que me ama
de modo incondicional.
Lo más característico de la espiritualidad
del P. Ignacio Larrañaga es la palabra “Padre” y hacer de ella el “centro” de
su sistema. “A partir de
esa noche todo cambió, y para siempre. Fue un torbellino que alteró la brújula
de mi historia en 180 grados. Cambió el interlocutor de mi oración personal,
que, en adelante, sería el Padre o Dios-Amor” (La rosa y el fuego, cap. II, apartado: Un relámpago en la noche).
Para los exegetas “Padre” es la revelación
central del Nuevo Testamento. La palabra “Padre” referida a Dios en labios de
Jesús aparece 4 veces en Marcos, 45 en Mateo, 17 en Lucas y 118 en Jn. El caso
de Juan es absolutamente singular. Las palabras de Jesús, palabras que funden
el ayer de la historia y el hoy de una presencia eterna, nos dan en todo
momento la identidad de quien habla (el Hijo) y la identidad de aquel a quien
se está refiriendo (el Padre, mi Padre).
El culto cristiano se sustenta en este esquema
básico: ad Patrem per Iesum in Spiritu
(expresión inspirada en Ef 2,18). Normalmente las oraciones de la liturgia van
dirigidas al Padre, aunque también, con cierta frecuencia, en especial en la
Liturgia de las Horas, van dirigidas a Cristo. El P. Ignacio ha centrado su
oración, su espiritualidad, en el Padre.
Lo propio del Padre, lo que emana del “ser
Padre” es el amor, y el amor “suyo”, que es un amor incondicional, manifestado
en el perdón de los pecados en su Hijo Jesús. Por tanto, el que entra en esta
dinámica de fe, entrar en la pura dinámica del amor. El ser amado por Dios es
la primera verdad del cristiano.
La relación filial vista
en Jesús, en María, en Francisco
Partiendo de este eje generador, de ese
Padre, cuyo rostro de ternura resplandece gratuitamente para todos nos
preguntamos cuatro cosas:
1) ¿Quién Jesús? El P. Ignacio Larrañaga
responde: El Pobre de Nazaret, el que
adora a Dios Creador, el que se confía en los brazos del Padre.
2) ¿Quién es la Virgen? El P. Ignacio
responde: La pobre y humilde del Señor; María, la primera entre los “pobres”
(anawim) de Dios, como lo ha cantado en el Magníficat. Contempla su vida: El silencio de María.
3) Quién es Francisco de Asís, un
discípulo tan aventajado de Jesús. El P. Ignacio Larrañaga, que es
“franciscano-capuchino” responde. El
Hermano de Asís. Es que en la comunidad de Jesús todos somos hermanos. Y
sigue: Sube conmigo.
4) Y ¿quién soy yo, que, como cristiano,
quiero ser discípulo de Jesús? El P. Ignacio Larrañaga responde: Hermano mío,
hermana mía:
- Eres un embrollo de angustias, de
embrollos, de temores, aprisionado en tu propio “ego”: Del sufrimiento a la
paz.
- Pero destinado a ser feliz: El arte de ser feliz, El matrimonio feliz, Las fuerzas de la
decadencia. Lo dice con una frase: “Del encanto de Dios al encanto de la
vida”.
- Si sigues, después de lo que has
descubierto, un itinerario de amor: Itinerario
hacia Dios, Transfiguración (Un
programa de santificación cristificante). Abierto, por tanto, a la comunión
con los hermanos, a la acogida a pobres y desvalidos…, a llevar a todas parte,
según el Señor me llame, el Santo Nombre de Dios.
¿Hay una palabra última
en este programa de vida?
Sí que la hay. La encontramos en Jesús; la
encontramos en María. Del mismo modo que tenemos una palabra original, que es
la palabra “Padre”, tenemos una palabra terminal: la palabra de Jesús en el
Huerto de los Olivos, la palabra de Jesús en la Cruz, la palabra de la Virgen
María en la Anunciación: He aquí la
sierva del Señor.
Y esta palabra es: Abandono.
Es la palabra de los santos. El P. Ignacio
tenía sobre su mesa de trabajo, entre otros signos, una foto de Carlos de
Foucauld, hoy Beato Carlos, iniciador de los “Hermanitos de Jesús”, de quien es
la oración: “Padre, me pongo en tus
manos. Haz de mí lo que quieras…”
Abandono,
que no es, en modo alguno, resignación…, no hay más remedio…, ¡qué le vamos a
hacer…! Sino todo lo contrario: ¡Padre, gracias! Lo recibo de tus manos, venga
de donde venga: ¡Lo mejor que me podía pasar, porque viene de ti…! ¡Gracias,
Padre!
Qué
tipo de Antropología (visión del hombre) supone esta Teología (visión de Dios).
La psicología, la psiquiatría – ciencias
que merecen nuestro máximo respeto – son ciencias “antropológicas”, están
basadas en una sana Antropología. Ponen al hombre – “ánthropos” – en el centro.
Los psiquiatras se admiran de que el P. Ignacio Larrañaga, que no ha pasado por
la universidad, haya escrito “Del sufrimiento a la paz”, su libro
científicamente más técnico, estudio de los vericuetos del corazón humano.
Pero la espiritualidad del P. Ignacio
Larrañaga no es, en modo alguno, antropocéntrica. El centro no es el
Hombre; el centro es Dios, como en la “Historia de la salvación”.
No es antropocéntrica sino que es Teocéntrica, que quiere decir: Dios es
el centro de mi espiritualidad; Dios es mi centro original y mi centro
terminal.
Concluyendo:
el carisma del P. Ignacio Larrañaga en la Iglesia
Dice
santo Tomás de Aquino, recogiendo un principio de Aristóteles, que “lo que se
recibe se recibe a modo del recipiente” (quidquid
recipitur ad modum recipientis recipitur). Ignacio Larrañaga nació con
hambre de Dios, y era un esteta, un sensitivo, hecho para la música y la
literatura. En este recipiente recibió la gracia de la oración. Cuando escribe,
escribe con un lenguaje poético e imaginativo. Séame permitido transcribir mis
conclusiones acerca de la Espiritualidad del P. Ignacio Larrañaga (Estudios Franciscanos, Capuchinos, Provincias
Ibéricas en 2015 y 2016).
* * *
El
carisma de Padre Ignacio Larrañaga tiene estos rasgos dominantes.
1.
Es
la gracia de la oración, bien de todo el pueblo creyente, enseñada con
una pedagogía del Espíritu, desarrolla en una metodología orientada a la
experiencia de Dios Padre en lo más íntimo del corazón. En toda espiritualidad
se enseña a orar y se sugieren modos diversos de oración. Nota peculiar de este
carisma es hacer un “taller de oración”.
2.
Carisma
específicamente laical. La gracia de la oración recibida como gracia
bautismal y enseñada por laicos bautizados, hombres o mujeres, y enseñada como
tradición de la Iglesia a todo el que quiera recibir este mensaje, laicos o
clérigos, con la sola condición de que quieran buscar a Dios y escuchar su Palabra.
3.
Un
carisma surgido después del Concilio, que no quiere adherirse a
determinada escuela, y que quiere sintonizar con esta hora de la Iglesia en la
sensibilidad que ha inducido el mismo Concilio de apertura a la Escritura, a la
transcendencia de Dios, al dolor del mundo y a la fraternidad humana.
4.
Un
carisma, que, careciendo de estructuras firmes, solo puede estar garantizado
por la fidelidad y la santidad de los Guías como Orantes y Maestros de Oración.
Nótese firmemente: el futuro de los Talleres de Oración y Vida, el futuro de
este carisma, está en la calidad espiritual de los Guías – humildes y sencillos
místicos de la oración cristiana – y en la unidad de los mismos, conscientes de
que forman una familia en el Señor.
Guadalajara,
Jalisco (México), septiembre 2016
Fr. Rufino María Grández, capuchino
Portata de "Jesús Eucaristía", octubre 2016

Ante la proximidad de la festividad de TODOS LOS SANTOS, me he puesto a escribir algún apunte sobre un día tan señalado.
ResponderEliminar¿Cuál es la respuesta cristiana ante la evidencia de la muerte?. Muchos son los que han tratado este tema, derramando en algunos casos ríos de tinta…. Pero la respuesta está en el mismo Jesucristo, y no es necesario ir más lejos:
·YO SOY LA RESURRECCIÓN Y LA VIDA. EL QUE CREE EN MÍ, AUNQUE ESTÉ MUERTO, VIVIRÁ. Y TODO AQUEL QUE VIVE Y CREE EN MÍ, NO MORIRÁ ETERNAMENTE.
·YO SOY EL DIOS DE ABRAHAM, EL DIOS DE ISAAC Y EL DIOS DE JACOB. DIOS NO ES DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS, PUES PARA ÉL TODOS VIVEN.
·QUIEN COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE VIVE EN MÍ Y YO EN ÉL,Y YO LE RESUCITARÉ EN EL ÚLTIMO DÍA.
·YO SOY EL PAN VIVO QUE DESCENDIÓ DEL CIELO QUIEN COME DE ESTE PAN, VIVIRÁ PARA SIEMPRE.
·SI NO COMÉIS LA CARNE DEL HIJO DEL HOMBRE, Y BEBÉIS SU SANGRE, NO TENÉIS VIDA EN VOSOTROS.
·EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, TIENE VIDA ETERNA, Y YO LE RESUCITARÉ EN EL ÚLTIMO DÍA.
·EL QUE COME MI CARNE Y BEBE MI SANGRE, PERMANECE EN MI, Y YO EN ÉL.COMO ME ENVIÓ EL PADRE VIVIENTE, Y YO VIVO POR MEDIO DEL PADRE, ASIMISMO EL QUE ME COME, ÉL TAMBIÉN VIVIRÁ POR MEDIO DE MÍ.
El apóstol san Pablo tiene muy viva la idea de la resurrección. No es sólo que tenga fe en la resurrección, es que tiene evidencia en ella. Si Cristo vive en nosotros, merced a la Eucaristía, entonces es que vivimos para Cristo aún después de la muerte física. Cristo está en nosotros siempre, permanentemente. No se despide de nosotros en ningún momento. Su “pacto” con nosotros es eterno. Nuestro cuerpo es producto de la tierra, y por eso vuelve a la tierra. Nuestros progenitores nos dan el cuerpo, hecho de materia orgánica. Pero nuestra “preexistencia” va mucho más lejos, conforme nos dice san Pablo: “BENDITO SEA EL DIOS Y PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, QUE NOS BENDIJO CON TODA BENDICIÓN ESPIRITUAL EN LOS LUGARES CELESTIALES EN CRISTO, SEGÚN NOS ESCOGIÓ EN ÉL ANTES DE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO, PARA QUE FUÉSEMOS SANTOS Y SIN MANCHA DELANTE DE ÉL”. Dios nos escogió en él y para él, a fin de fuésemos eternamente inmaculados delante de él. Así pues, nuestra existencia real es anterior al universo, mientras que nuestra existencia física, elaborada por nuestros progenitores, es temporal. Por así decirlo, cada entidad vuelve a su lugar: el cuerpo a la tierra, y el espíritu a su creador. Esa es la realidad, aunque muchos vivan de espaldas a ella, unos por ignorancia, y otros porque prefieren cerrar los ojos de su entendimiento.
Saludos. Juan José.
Muy apreciable Fray Rufino Ma. Grandéz ofm cap
ResponderEliminarCon el gusto de saludarle, me complace dirigirme a usted para expresarle mi admiración y comentarle que he venido siguiendo sus publicaciones en su Blog (por cierto tan bien hecho, muy bien estructurado y de agradable y amigable navegación).
No cabe duda que las personas dedicadas de tiempo completo a seguir el Evangelio y servir de por vida a la Santa Trinidad, son tocadas por la Gracia de la comunicación, como aconteció en su venerable persona.
Me permito hacer un humilde comentario con referencia a sus bellas, puntuales y amenas charlas sobre la obra y figura de Fray Ignacio Larrañaga (+).
Ha sido muy grato conocer aspectos realmente desconocidos para mí sobre este admirable sacerdote –escritos (tecleados) en su Blog “Las hermosas palabras del Señor”- que me ha enseñado a iniciar una vida espiritual para ir avanzando en mi andar para el encuentro del Rostro del Señor, a través de mis tiempos fuertes: Oración y Conversión Permanente. El amor de Dios hacia mi persona se manifiesta en cada día de mi existir.
Sé que muchos estamos agradeciéndole a usted su dedicada y esmerada investigación que está realizando sobre la vida y obra de padre Ignacio, y compartirla para que muchos conozcamos más ampliamente sobre la acción de la Gracia del Señor concedida a este franciscano iluminado.
Reciba su merced un afectuoso abrazo.
Paz y Gracia
Alejandro Hernández
Guía de Talleres de Oración y Vida
Coord. Aeropuerto, Ciudad de México