Oseas, el amor abierto
(Suma de Oseas,
al final del estudio)
Triunfo del amor, Oseas
¿Quién será sabio, para comprender estas cosas,
inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos:
los justos los transitan,
pero los traidores tropiezan en ellos.
(Libro de Oseas, epílogo: 14,10).
Hay un amor razonable y un amor que trasciende
los límites de la razón, y todo amor va en busca de la felicidad.
El
amor razonable
que nos muestra la santa filosofía (así
Aristóteles 387-322, Ética a
Nicómaco, capítulo VIII) es un amor concupiscente (te amo porque me eres
útil, te amo porque me das placer) o un amor de benevolencia: Te amor por lo
que eres. Cuando la benevolencia es mutua y recíproca este amor es la auténtica
amistad Y la amistad es perfecta cuando es gratuita, total y para siempre.
El
amor transcendente y humano es el amor revelado que Dios nos profesa. Es el
amor de Dios-carne, gratuito y “absurdo”:
-
Te
amo porque soy Dios.
-
Te
amo por mi Hijo amado.
-
Te
amo así como eres.
-
Te
amo, y al amarte te divinizo
-
Te
amo porque, si no te amara, dejaría de ser quien soy.
-
Te
amo para siempre
-
Te
amo
-
Te
amo y me muero de amor por ti.
Nos recordaba Benedicto XVI con una cita erudita: “La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía
griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de
deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve
el mundo [Metafísica XII,7]—, pero ella misma no
necesita nada y no ama, sólo es amada. Y seguía: El Dios único en el que cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su
amor, además, es un amor de predilección: entre todos los pueblos, Él escoge a
Israel y lo ama, aunque con el objeto de salvar precisamente de este modo a
toda la humanidad. Él ama, y este amor suyo puede ser calificado sin duda como
eros que, no obstante, es también totalmente agapé.” (Deus
caritas est, 9).
1. Triunfo del
amor, Oseas,
toda lógica
deshecha,
que anuncia en
secreto Espíritu
a Alguien más
que Profeta.
2. Dios es mi
Padre y mi Esposo,
yo soy su
esposa dilecta,
amada y virginizada,
para que serlo
pudiera.
3. Hay amor
puro y gratuito,
que no pide
recompensa,
y otro que es
divino absurdo
que rompe toda
barrera.
4. Es Unidad
encarnada
que en la
Trinidad empieza,
y hasta mi
carne ha llegado
de amor
enferma y hambrienta.
5. “Me
desposaré contigo
para siempre”,
sin reserva;
y al ser tuyo,
vida mía,
nuestra unión
será mi fiesta.
6. Dijo Jesús
en la cruz,
tálamo de paz
sangrienta,
y en la roca
luminosa
te embriagaré
de pureza.
7. Quedéme
desvanecido
este aprendiz
de exegeta:
Dios es así,
porque quiere,
y yo quiero
que lo quiera.
Guadalajara,
Domingo, 3 sept. 201
“Escucha,
hijo mío, mis palabras, palabras suavísimas, que trascienden toda la ciencia de
los filósofos y letrados de este mundo. Mis palabras son espíritu y son vida, y
no se pueden ponderar partiendo del criterio humano. …
Yo
-dice el Señor- instruí a los profetas desde antiguo, y no ceso de hablar a
todos hasta hoy”
(Kempis,
Thomas von Kempen, De imitatione Christi
3,3).
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