sábado, 2 de septiembre de 2017

987. Domingo XXII A – Jesús nos invita al seguimiento tal



Jesús nos invita al seguimiento total
Mateo 16,21-27

Texto del Evangelio
21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. 22 Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». 23 Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
24 Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 26 ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? 27 Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Hermanos:
1. Para entrar en el sentido íntimo del Evangelio de este domingo podemos prestar atención a tres puntos que en él aparecen:
El primero: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos. “Desde entonces”, ¿qué significa este “desde entonces”, que parece sugerir una línea marcante, una línea divisoria, en su vida?
El segundo es la reacción de Pedro ante el anuncio desastroso de Jesús.
El tercero, la propuesta que en aquel instante Jesús, el Señor, hace a todo aquel que quiera ser discípulo suyo, a mí, por ejemplo, que quiero ir tras sus huellas. Esta tercera perspectiva da al Evangelio una actualidad plena: Cristo, él y yo, en este momento ante una decisión de vida, en la cual uno se juega el todo por el todo.

2. “Desde entonces”. La vida de Jesús es una historia, una historia de él con su Dios y Padre  del cielo, de él con el proyecto que quiere poner en marcha, de él con nosotros. Y en toda historia hay sus fases, a lo mejor, como acontece en las nuestra, sus más y sus menos. Una historia tiene sus momentos decisivos. La confesión de Pedro en Cesarea es uno de esos momentos cruciales del itinerario de Jesús. Simón le ha confesado como el Hijo de Dios. La última frase de la escena ha sido esta: “Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías” (v. 20).
Si fue la gran revelación aquella de que Jesús, el Hijo del hombre, era el Mesías, el hijo de Dios vivo… - «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo», - no es menor revelación la que ahora va a venir: que tenía que padecer, que ser ejecutado, que resucitar.
Decir que Jesús es el Hijo de Dios vivo es lo último que se puede decir. Decir que Jesús, hijo de Dios vivo, tiene que ser ejecutado es igual.   Nadie lo puede aceptar, porque es revelación de Dios.

3. El primero que no lo acepta ha sido Pedro: todavía no se le ha revelado. No puede aceptar el generoso Simón, ejemplar pescador, que ese Jesús glorioso que acaba de descubrir, tenga que ser el Jesús rechaza por su pueblo, humillado y ejecutado. De ninguna manera lo puede aceptar, porque todavía no se le ha revelado así. Pero era necesario. Era necesario en el plan de Dios. ¿Por qué? No sabemos nosotros los pensamientos de Dios; pero sí que sabemos algo definitivo: que, al cabo, era por amor. Porque Dios amaba a su hijo, lo llevó a la cruz.
El amor es gratuito, hermanos; y esto lo aceptamos. Pero hay más: el amor es absurdo, y esto no lo podemos aceptar. Para aceptarlo de verdad hace falta una revelación superior. Un día san Pedro la tuvo. Y, si hoy no la tenemos, el Señor quiere concedérnosla.

5. Para esto vienen los versículos siguientes, dirigidos a los discípulos de Jesús de los cinco continentes y de todas las edades de la historia:
Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.
Esto es así por la lógica de Dios, porque en un proyecto de vida humana hemos de contar como motores de vida con la autoestima, la superación, la lucha y el triunfo.

6. Una historia de Dios nos la ha contado el Antiguo Nuevo Testamento en el profeta Jeremías, que hay que leerlo a la sombra de Jesús. La voz de Jeremías ha llegado hasta nosotros en la primera lectura, un texto que nos resulta estremecedor:
7 Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; 
has sido más fuerte que yo y me has podido. 
 He sido a diario el hazmerreír, 
 todo el mundo se burlaba de mí.
 8 Cuando hablo, tengo que gritar, 
 proclamar violencia y destrucción. 
 La palabra del Señor me ha servido 
 de oprobio y desprecio a diario.
 9 Pensé en olvidarme del asunto y dije: 
 «No lo recordaré; no volveré a hablar en su nombre»; 
 pero había en mis entrañas como fuego, 
 algo ardiente encerrado en mis huesos. 
 Yo intentaba sofocarlo, y no podía. (Jer 20,7-9).

Jeremías había sido elegido en su juventud, era célibe y permaneció célibe. Célibe por la Palabra de Dios, porque Dios lo quiso así. Su vida entera de pasión, soledad y compromiso hasta la muerte, fueron símbolo de su lenguaje.

7. El programa absoluto que Jesús lanza hoy no es para una élite cristiana, para un sector de sus discípulos. Es para el discípulo como tal. Todo cristiano, si quiere llevar ese nombre de “cristiano”, que se le dio en el bautismo, si quiere seguir a Cristo, que no otra cosa significa “ser cristiano”, debe estar dispuesto a toda emergencia. Hay oficios que, por su propia naturaleza, incluyen el exponerse a peligro de muerte. Esto es heroico. Efectivamente es lo que pide Jesús; a todos se nos pide con sencillez el ser heroicos, si queremos ser discípulos del Crucificado.
Pero Jesús promete un premio que lo dará él mismo: el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.
Así ha hablado el Señor y así queremos seguirle.

8. Jesús, Hijo de Dios vivo, que por mí fuiste crucificado y por mí resucitaste, yo quiero ser discípulo tuyo con todas las consecuencias. Revélame en mi corazón que yo tengo que padecer por ti y contigo, y al mismo tiempo que me lo dices tú, solo tú, dame la fuerza para seguirte hasta el final. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado 2 septiembre 2017.

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