martes, 14 de agosto de 2018

1108 Asunción de María 2008 – 2018


Mi madre, Saturnina Lecumberri Labairu (1908-2008)

El día 15 de agosto del año de gracia de 2008, en la ciudad de Alfaro (La Rioja) sobre las cuatro de la madrugada, murió mi madre, rodeada de sus hijos. Mi madre, Saturnina Lecumberri (* 1908), esposa de Rufino Grández (*1907). Iba a cumplir 100 años (20/XI/2018), y había vivido de viuda más de 60 (difunto mi padre el 1/XII/1947). Antes de morir habíamos rezado en torno a su lecho los Maitines de la Asunción. Mi madre estaba en la agonía con los ojos cerrados y la respiración de despedida de este mundo.
Tras de su muerte mi corazón le compuso muchos sonetos… El culto a la madre es un Memorial relajante de amor y de esperanza. Hoy vuelvo con otro soneto, en el décimo aniversario.
Los textos litúrgicos decían así:

Ant 1. Asciende, Virgen Reina, y sube majestuosamente al espléndido palacio del Rey eterno.
Salmo 23
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,

Ant 2. Dios la eligió y la predestinó, la hizo morar en su templo santo.
Salmo 45
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.

Ant 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!
Salmo 86
Él la ha cimentado sobre el monte santo;
y el Señor prefiere las puertas de Sión
a todas las moradas de Jacob.
V. Dichosa tú, María, que has creído al Señor.
R. Porque se ha cumplido en ti lo que se te había dicho.

Responsorio    
R. ¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que emigró de este mundo para ir hacia Cristo! * Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla en el cielo con todo su esplendor.
V. Los ángeles se alegran, los arcángeles se regocijan, al contemplar la gloria inmensa de la Virgen María.

El lecho de mi madre era un altar,
y en torno a él rezábamos maitines;
los ángeles de Dios y serafines
cantaban con nosotros a la par.

La Pascua de Jesús al expirar,
al ir el alma en paz a sus confines,
y todo lo más bello que imagines
mi madre moribunda va a alcanzar.

En la Asunción, murió en la madrugada,
cuando iba a aparecer la bella aurora.
¡Bendita eternamente la alborada,

cuando la Virgen, Madre intercesora,
a su Hijo presentó, ¡oh Madre amada!,
a mi madre en Jesús santificada!

Guadalajara, Jalisco, 14 de agosto de 2018.

Nota. Puede verse: Sonetos celestiales para mi madre en la comunión de los santos
http://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/SONETOS_CELESTIALES.htm

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