Mi madre, Saturnina Lecumberri Labairu
(1908-2008)
El día 15 de agosto del año de gracia
de 2008, en la ciudad de Alfaro (La Rioja) sobre las cuatro de la madrugada,
murió mi madre, rodeada de sus hijos. Mi madre, Saturnina Lecumberri (* 1908),
esposa de Rufino Grández (*1907). Iba a cumplir 100 años (20/XI/2018), y había
vivido de viuda más de 60 (difunto mi padre el 1/XII/1947). Antes de morir
habíamos rezado en torno a su lecho los Maitines de la Asunción. Mi madre estaba
en la agonía con los ojos cerrados y la respiración de despedida de este mundo.
Tras de su muerte mi corazón le
compuso muchos sonetos… El culto a la madre es un Memorial relajante de amor y
de esperanza. Hoy vuelvo con otro soneto, en el décimo aniversario.
Los textos litúrgicos decían así:
Ant 1. Asciende, Virgen Reina, y sube majestuosamente al
espléndido palacio del Rey eterno.
Salmo 23
¿Quién
puede subir al monte del Señor?
¿Quién
puede estar en el recinto sacro?
El
hombre de manos inocentes
y
puro corazón,
Ant 2. Dios la eligió y la predestinó, la hizo morar en su
templo santo.
Salmo 45
Dios
es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso
defensor en el peligro.
Por
eso no tememos aunque tiemble la tierra
y
los montes se desplomen en el mar.
Ant 3. ¡Qué pregón tan glorioso para ti, Virgen María!
Salmo 86
Él
la ha cimentado sobre el monte santo;
y
el Señor prefiere las puertas de Sión
a
todas las moradas de Jacob.
V. Dichosa tú, María, que has creído al
Señor.
R. Porque se ha cumplido en ti lo que se
te había dicho.
Responsorio
R.
¡Qué hermosa y bella es la Virgen María, que emigró de este mundo para ir hacia
Cristo! * Resplandece entre los coros de los santos como el sol cuando brilla
en el cielo con todo su esplendor.
V.
Los ángeles se alegran, los arcángeles se regocijan, al contemplar la gloria
inmensa de la Virgen María.
El
lecho de mi madre era un altar,
y
en torno a él rezábamos maitines;
los
ángeles de Dios y serafines
cantaban
con nosotros a la par.
La
Pascua de Jesús al expirar,
al
ir el alma en paz a sus confines,
y
todo lo más bello que imagines
mi
madre moribunda va a alcanzar.
En
la Asunción, murió en la madrugada,
cuando
iba a aparecer la bella aurora.
¡Bendita
eternamente la alborada,
cuando
la Virgen, Madre intercesora,
a
su Hijo presentó, ¡oh Madre amada!,
a
mi madre en Jesús santificada!
Guadalajara,
Jalisco, 14 de agosto de 2018.
Nota.
Puede verse: Sonetos celestiales para mi
madre en la comunión de los santos
http://www.mercaba.org/Espiritualidad/Rufino/SONETOS_CELESTIALES.htm
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