viernes, 31 de agosto de 2018

1112. Dom. XXII B - Jesús nos da el milagro de un corazón pur


Jesús nos da el milagro de un corazón puro
Mc 7,1-8.14-15.21-23



Texto evangélico:
Mc7 1 Se reunieron junto a él los fariseos y algunos escribas venidos de Jerusalén; 2 y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. 3 (Pues los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, 4 y al volver de la plaza no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas). 5 Y los fariseos y los escribas le preguntaron: «¿Por qué no caminan tus discípulos según las tradiciones de los mayores y comen el pan con manos impuras?». 6 Él les contestó: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. 7 El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”. 8 Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres». 
14 Llamó Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: 15 nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre».
 21 Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, 22 adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. 23 Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro».

Hermanos:
1. En el curso de cinco domingos hemos escuchado a Jesús que hablaba en la sinagoga de Cafarnaúm, luego de aquel episodio de la multiplicación de los panes. Mensaje que hemos recibido a través del Evangelio según san Juan (cap. 6): el Pan de vida, bajado del cielo, entregado en la cruz y en la Eucaristía, que concluía con una decisión que teníamos que tomar, seguir a Jesús o marcharnos. Señor, ¿dónde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna.
Hoy tornamos al Evangelio de Marcos, que nos va a acompañar en los domingos sucesivos de este año de la Iglesia hasta el final.
Estamos en el capítulo siete de este Evangelio, sencillo y sorprendente, Evangelio que nos enfrenta a Jesús en las más puras esencias de la vida. El mensaje de hoy podríamos resumirlo con esta proposición: El mayor milagro que Dios puede hacer conmigo es darme un corazón puro. Esto él lo puede hacer; esto lo quiere hacer; y esto lo hará si yo me dejo conducir.

2. Dios, que creó el cielo y la tierra, puede hacer de continuo nuevas creaciones; puede crear nuevos mundos…
Si yo tengo un cáncer, Dios puede sanarme. Los santos, hermanos, no hacen milagros; es Dios, a través de sus santos, pero quede bien claro que nadie fuera de Dios puede hacer ningún milagro. Los  milagros del Evangelio los hacía Jesús, verdadero Hijo de Dios, pero obrando siempre en unidad con el Padre.
Dios puede darme la salud del cuerpo y la salud del alma, hablando con un lenguaje demasiado simple. Y vamos diciendo que el mayor milagro que Dios puede hacer conmigo es el de crear en mí un corazón puro.

3. Nosotros sentimos que el corazón del hombre, es decir, mi corazón, está enfermo. Misterio que llevamos dentro y que nunca acabaremos de descifrar. Somos capaces de lo más bello y hermoso – yo mismo, sin pensar en otro – y somos capaces de lo más abyecto, por ejemplo, de matar a una persona – yo mismo, sin pensar en nadie más.
Con unas palabras muy desagradables, muy estridentes, Jesús nos lo acaba de decir. Volvamos a escucharlas: “de dentro, del corazón del hombre, salen los pensamientos perversos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, malicias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”
Esto se refiere a mí en particular y podemos aplicarlo a la sociedad en su conjunto.
Jesús nos está invitando a ir al centro mismo de la persona, a lo que la sagrada Biblia llama corazón, que no es solamente la sede de los sentimientos, sino también la sede de las decisiones. En el corazón se fragua la maldad del mundo, y en el corazón acontece lo más bello de la vida.
San Pablo recogió esta doctrina de Jesús en aquellas palabras que escribía a los Romanos: “Porque el reino de Dios no es comida y bebida, sino justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Rom 14,17).

4. Cuando nosotros vayamos a confesarnos, de esto tenemos que examinarnos: qué es lo que pasa en el corazón. ¿Necesitamos las normas? Sin ninguna duda, pero la norma debe proyectar lo que pasa en el corazón. Eso es lo que quiso la Ley del Señor. Dios hacía alianza con los hombres sobre un código de comportamiento; eso es lo que quiso ser la Ley del Señor. Hemos leído del libro del Deuteronomio un pasaje muy bello, que enternece y entusisma: “Esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: “Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación”. Porque ¿dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como el Señor, nuestro Dios, siempre que lo invocamos? 8 Y ¿dónde hay otra nación tan grande que tenga unos mandatos y decretos tan justos como toda esta ley que yo os propongo hoy?” (Deut 4,6-7).

5. En esta nuestra patria, que es España (me dirijo ahora en particular a quienes nacimos en la tierra madre, en la madre patria), estamos viviendo días muy agitados en torno a la lo que se llama la Memoria Histórica. Si las decisiones que toma el Gobierno, se toman con serenidad y paz, en vista del bien común, es correcto. Si las decisiones se toman en revancha, en venganza, con mal corazón, entonces ante los ojos de Dios eso es pecado, por muchas palabras bonitas que se digan.
La carta de Santiago, que hoy leemos, nos dice: “La religiosidad auténtica e intachable a los ojos de Dios Padre es esta: atender a huérfanos y viudas en su aflicción y mantenerse incontaminado del mundo” (St 1,27).
Mantenerse incontaminado del mundo es estar atentos y vigilantes del corazón. Las guerras y asesinatos ¿de dónde nacen? No nacen fortuitamente de las contingencias de la historia; nacen del corazón ambicioso y malvado, no de la fraternidad humilde que se busca con buena voluntad.

Hermanos, en esta homilía quería comentar circunstancias muy dolorosas que justamente estos días están sucediendo en la Iglesia. Vamos a traerlas a la oración. El tiempo no posibilita otra cosa, ni tampoco el lugar y estilo de la celebración eucarística.

Señor Jesús, tú has salvado el corazón. Lo has purificado de sus pecados para llevar una vida personal y social según tu voluntad. Te pido este milagro: Dame un corazón humilde, sencillo y puro. Te lo pido por mí y por mis hermanos. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 31 agosto 2018.

2 comentarios:

  1. Me resuena el salmo 50, Señor crea en mi un corazón puro, renuevame por dentro con espíritu firme.
    El hace la obra, como decía San Juan de la cruz, a zaga de tu huella.
    Desde la experiencia de que un corazón quebrantado y humillado Tu no lo desprecias

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  2. El apostol Santiago exhorta a ayudar a “huérfanos y viudas”. En pocas palabras nos indica a los cristianos de hoy la situación humanitaria en la que se hallaban ambos grupos.

    La situación de las viudas en la sociedad israelita era de total desamparo. Para paliar en parte esta situación se estableció la conocida Ley de Levirato que protegía a la viuda y la ponía en una situación de seguridad y estabilidad. Sin embargo, la la viuda tenía hijos pequeños y el cuñado se negaba a tomarla por esposa, o si la viuda no tenía cuñados, entonces su situación era terrible. A la preocupación por sus hijos huérfanos, se unía la vida insegura, y finalmente la miseria y el hambre. Tanto en el A.T. como el N.T. se recomienda vivamente la caridad para con las viudas.

    Todas las guerras, de todas las épocas de la historia, han traído consecuencias “colaterales”, que son los recuerdos imborrables que quedan en los que las sufrieron y en sus familias durante generaciones. Se llamen “recuerdos”, o “memoria histórica”, es lo mismo. Sin embargo, aunque el recuerdo queda, los hombres inteligentes se dan cuenta de que es mucho más positivo “enterrar el recuerdo” y darse la mano que “desenterrar cadáveres”. Es verdad que se necesita un gran esfuerzo, pero merece la pena. Gracias a eso tenemos un Europa de amigos que trabaja por el progreso y el bienestar. Gracias a eso vemos amistad y cooperación entre pueblos que en un cercano ayer sufrieron millones de muertos en sangrientos enfrentamientos o en espantosas y feroces acciones individuales.
    J.J.

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