Las llagas de san Francisco - Vivencia meditativa
17 de septiembre
El Misterio Pascual es
la fusión de la gloria final y del tránsito y dolor. Oppossitorum concordia, que es definición del trance místico:
concordia, conjunción de dos extremos: extremado gozo y sumo dolor.
Dios por su propia
sustancia es el infinito gozo y quien se adhiere a Él no puede menos de entrar
en ese gozo sustancial; pero el paso de la cruz es el supremo dolor.
Las palabars del
seguimiento que Jesús dice para sus discípulos son absolutas, llegando,
incluso, hasta la negación de sí mismo.
Mayor negación no puede caber. Ahora
bien, el panorama completo que Jesús propone es un panorama pascual: “El que
quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor
(Jn 12,26).
San Pablo repite esta
doctrina. La experiencia cristiana es la experiencia pascual íntegra: “Y, si
hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, de modo
que si sufrimos con él (compatimur:
compadecemos), seremos también glorificados con él (conglorificemur:
conglorificados)”. (Rom 8,7).
Lo que ocurrió en el
acontecimiento de las llagas fue esto: “Durante su permanencia en el eremitorio
que, por el lugar en que está, toma el nombre de Alverna, dos años antes de
partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un hombre que
estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y
aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se
desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta
contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en
admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía
envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable
belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo
tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su
pasión.
Se levantó, por así
decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de
fruición y pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su
espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando
nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la
visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los
clavos, al modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que
estaba sobre sí” (1 Celano 94).
Esta doble experiencia,
que puede ser el sumo de la mística, al contemplar en un ser humano como
Francisco, nos puede dejar anonadados. Si así ocurre, no entramos en la
celebración a la que la Iglesia nos invita.
Celebramos las Llagas
de san Francisco para celebrar a Jesús en el misterio de su Pasión y
Resurrección, y para celebrar mis llagas y mi resurrección.
Mis llagas son el dolor
de mi vida, y dentro del dolor de mi vida está el dolor del mundo. Yo sufro y
comparto el sufrimiento humano, que es mío, cuando alguien me cuenta sus penas
(por ejemplo en el confesionario); o cuando yo leo la prensa cotidiana.
Pero yo gozo con el
gozo de Jesús, porque veo en mí y en el mundo, que, por la misericordia de Dios
en su Hijo amado, el bien vence al mal, la vida vence a la muerte, la alegría,
ya desde ahora, pregustada de modo real e individual, anuncia la Pascua eterna
de Jesús.
Esto es vivir la Fiesta
de la Impresión de las Llagas a san Francisco, de modo concreto y personal, en
el misterio Pascual de Cristo.
1.
Configurado con Cristo,
llagado
y glorificado,
en
su Pascua creadora,
que
es misterio consumado.
2.
Las llagas de san Francisco
son
mis llagas de cristiano,
llagas
de toda la Iglesia
que
abraza a su Esposo amado.
3.
Llagas y fruto de paz
del
que ha vencido al pecado,
muerte
y vida yo muriendo
y
siendo glorificado.
4.
Ebrio de gozo divino,
y
de dolor macerado,
es
el fulgor de La Verna
y
el cuerpo crucificado.
5.
Las llagas de Job son mías,
yo
las besos resignado;
oh
Dios de amor dolorido
haz
que sufra como hermano.
6.
Mas el gozo del Espíritu
es
el gozo en mí escanciado;
haz
que yo sepa gozar
del
don a mí regalado.
7.
¡Alaba a mi Dios, La Verna,
testigo
del gran milagro,
la
creación ya salvada
por
Jesús Crucificado! Amén.
Guadalajara, Jalisco, 17 septiembre 2018
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