lunes, 17 de septiembre de 2018

1116. Las Llagas de san Francisco - Vivencia meditativa

Las llagas de san Francisco - Vivencia meditativa
17 de septiembre


El Misterio Pascual es la fusión de la gloria final y del tránsito y dolor. Oppossitorum concordia, que es definición del trance místico: concordia, conjunción de dos extremos: extremado gozo y sumo dolor.
Dios por su propia sustancia es el infinito gozo y quien se adhiere a Él no puede menos de entrar en ese gozo sustancial; pero el paso de la cruz es el supremo dolor.
Las palabars del seguimiento que Jesús dice para sus discípulos son absolutas, llegando, incluso, hasta la negación de sí mismo.  Mayor negación no puede caber. Ahora bien, el panorama completo que Jesús propone es un panorama pascual: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor (Jn 12,26).
San Pablo repite esta doctrina. La experiencia cristiana es la experiencia pascual íntegra: “Y, si hijos, también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, de modo que si sufrimos con él (compatimur: compadecemos), seremos también glorificados  con él (conglorificemur: conglorificados)”. (Rom 8,7).
Lo que ocurrió en el acontecimiento de las llagas fue esto: “Durante su permanencia en el eremitorio que, por el lugar en que está, toma el nombre de Alverna, dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios: vio a un hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo. Ante esta contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión.
Se levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición y pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, al modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que estaba sobre sí” (1 Celano 94).

Esta doble experiencia, que puede ser el sumo de la mística, al contemplar en un ser humano como Francisco, nos puede dejar anonadados. Si así ocurre, no entramos en la celebración a la que la Iglesia nos invita.
Celebramos las Llagas de san Francisco para celebrar a Jesús en el misterio de su Pasión y Resurrección, y para celebrar mis llagas y mi resurrección.
Mis llagas son el dolor de mi vida, y dentro del dolor de mi vida está el dolor del mundo. Yo sufro y comparto el sufrimiento humano, que es mío, cuando alguien me cuenta sus penas (por ejemplo en el confesionario); o cuando yo leo la prensa cotidiana.
Pero yo gozo con el gozo de Jesús, porque veo en mí y en el mundo, que, por la misericordia de Dios en su Hijo amado, el bien vence al mal, la vida vence a la muerte, la alegría, ya desde ahora, pregustada de modo real e individual, anuncia la Pascua eterna de Jesús.
Esto es vivir la Fiesta de la Impresión de las Llagas a san Francisco, de modo concreto y personal, en el misterio Pascual de Cristo.


1. Configurado con Cristo,
llagado y glorificado,
en su Pascua creadora,
que es misterio consumado.

2. Las llagas de san Francisco
son mis llagas de cristiano,
llagas de toda la Iglesia
que abraza a su Esposo amado.        

3. Llagas y fruto de paz
del que ha vencido al pecado,
muerte y vida yo muriendo
y siendo glorificado.

4. Ebrio de gozo divino,
y de dolor macerado,
es el fulgor de La Verna
y el cuerpo crucificado.

5. Las llagas de Job son mías,
yo las besos resignado;
oh Dios de amor dolorido
haz que sufra como hermano.

6. Mas el gozo del Espíritu
es el gozo en mí escanciado;
haz que yo sepa gozar
del don a mí regalado.

7. ¡Alaba a mi Dios, La Verna,
testigo del gran milagro,
la creación ya salvada
por Jesús Crucificado! Amén.

Guadalajara, Jalisco, 17 septiembre 2018

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