viernes, 28 de septiembre de 2018

1120. Dom. XXVI B - Jesús, tolerancia cero y perdón absoluto


Jesús, tolerancia cero y perdón absoluto
Mc 9,38-48

Texto evangélico:
38 Juan le dijo: «Maestro, hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros». 39 Jesús respondió: «No se lo impidáis, porque quien hace un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. 40 El que no está contra nosotros está a favor nuestro. 41 Y el que os dé a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa. 42 El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. 43 Si tu mano te induce a pecar, córtatela: más te vale entrar manco en la vida, que ir con las dos manos a la gehenna, al fuego que no se apaga. 45 Y, si tu pie te induce a pecar, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida, que ser echado con los dos pies a la gehenna. 47 Y, si tu ojo te induce a pecar, sácatelo: más te vale entrar tuerto en el reino de Dios, que ser echado con los dos ojos a la gehenna, 48 donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. 49 Todos serán salados a fuego. 50 Buena es la sal; pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salaréis? Tened sal entre vosotros y vivid en paz unos con otros».
                                                              
Hermanos:
1. Estos versículos del Evangelio que acabamos de escuchar recogen sentencias múltiples del Señor que es difícil, acaso imposible, agruparlas bajo un solo título concreto y específico. Por eso, el conjunto del pequeño bloque está indicado en la Biblia oficial española, la Biblia para la liturgia y para la catequesis aprobada por los Obispos hace diez años (25/XI/2008), con una designación muy genérica: “Instrucción comunitaria”.

2. Comienza el texto con una anécdota, que al principio, nos suena curiosa, que a lo mejor podría provocar una sonrisa benévola, y luego nos invita a una reflexión crítica y seria. Hemos visto a uno que echaba demonios en tu nombre, y se lo hemos querido impedir, porque no viene con nosotros.
La reflexión seria es esta: ¿Es que nosotros podemos controlar los cauces de la bondad de Dios? Evidentemente que no. Dios puede actuar como quiera, donde quiera y por quien quiera. ¿Por qué no tener esta visión optimista del mundo espiritual, y abrir los ojos para ver que Dios está actuando en las personas que no son de nuestro agrado y que, incluso, hasta nos persiguen.

Muy fácil que al que haya leído con atención el Antiguo Testamento, le venga al recuerdo lo que pasó con Moisés. El Espíritu del Señor bajo sobre 70 ancianos elegidos. Habían quedado dos fuera, por razones que desconocemos. Y entonces: “Un muchacho corrió a contárselo a Moisés: «Eldad y Medad están profetizando en el campamento» Josué, hijo de Nun, ayudante de Moisés desde joven, intervino: «Señor mío, Moisés, prohíbeselo». Moisés le respondió: «¿Es que estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor recibiera el espíritu del Señor y profetizara!»” (Núm 11,27-29).En suma, el bien hay que aceptarlo, venga de donde venga.
Esa palabra de Moisés es maravillosa: ¡Ojalá todos tuviéramos, vivo y despierto el Espíritu del Señor, para profetizar, es decir, para alabar y bendecir en medio de la comunidad!

3. Pero, volviendo al texto evangélico, es que Jesús va más lejos, cuando dice: El que no está contra nosotros está a favor nuestro.
Esta palabra del Señor o es muy ingenua e inofensiva (cosa que no aceptamos), o es altamente reveladora, cosa que de pronto ignoramos: El que no está contra nosotros es de los nuestros. Misteriosa alternativa que propone el Evangelio, y que aplicada al terreno religioso nos abre una mirada optimista al mundo de las religiones. Los Padres de la Iglesia, si no me equivoco, llegaron a decir que el alma humana es “naturalmente cristiana”: el parentesco con Dios está inserto en todas las religiones, porque nos lo ha traído Jesús.
Si nos encontramos con un hermano musulmán el primer consejo que le daríamos es éste: que seas un buen musulmán, coherente con lo más puro de tu fe. Pero le añadiría: Soy cristiano y creo y confieso que un hombre, llamado Jesús, es Hijo de Dios y salvador nuestro. Te invito a que conozcas esta fe.
En suma, hermanos, El que no está contra nosotros está a favor nuestro.

4. De entre los versículos que sigue tomamos ahora uno y reflexionamos sobre él. Dice el Señor: 42 El que escandalice a uno de estos pequeñuelos que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar. Una exégesis erudita y comparativa de textos nos dirá que los pequeñuelos no son solamente los niños, sino que aquí se incluye a adultos que, por condiciones, se pueden llamar “pequeñuelos”. La versión que usamos en México no ha traducido el término original por “pequeñuelos” sino por “gente sencilla”.
Pero ciertamente Jesús ha hablado de los niños y sus pronunciamientos han sido inexorables.
La pederastia es una palabra fatídica que solo el pronunciarla te hace temblar, y te crea una instintiva repugnancia para no entrar en tema. Pero el tema está ahí.

5. “Tolerancia cero”, decimos, y esto se ha convertido en una evidencia desde la que hay que partir. Si esto es verdad, no es menos verdad que cuando Dios perdona, perdona de verdad.
Consideren, hermanos: El amor, si es amor, es total, gratuito y para siempre.
Esta mismo lógica intrínseca del amor, hemos de aplicarla al perdón de Dios, porque la Misericordia no es otra cosa sino el amor activo de Dios, total, gratuito y para siempre. El que entra en el perdón de Dios entra en una realidad nueva y definitiva.
Por lo tanto, si yo digo “Tolerancia Cero”, he de añadir sin remedio: “Y perdón absoluto”, que ese es el Perdón de Dios. El hombre mancillado queda dignificado si es capaz de perdonar como Jesús nos perdonó.
“Tolerancia Cero y Perdón absoluto”. Dios nos conceda una sabiduría descendida de lo alto, para saber cómo se conjugan dos realidades aparentemente distantes como lo negro y lo blanco. El perdón sana; el perdón es sanador.

6. Las palabras siguientes del Evangelio nos hablan, con una paradoja extrema, de la seriedad y de la gravedad del pecado, que puede llevar a la perdición eterna, y que exige la autodestrucción de lo que sea: la mano, el pie, el ojo: “sácatelo”; córtate la mano, córtate tu pie…
¿Es que el pecado es tan serio como para hablar con ese lenguaje hiperbólico…? Así es de serio; así lo ha visto Jesús.  
Si nosotros predicáramos con ese estilo…, no sabemos qué pasaría; pero seguramente que nuestras palabras tendrían un tono y un impacto más teatral que real, porque nuestros corazones seguramente no se han estremecido ante la horrorosa visión del pecado.

Hermanos, concluyamos con una visión de paz.
Jesús misericordioso, tú eres nuestra verdadera esperanza. Ten misericordia de nosotros. Líbranos del pecado, y haz que tu perdón, que nosotros aceptamos, sea el canto de tu Misericordia y Ternura. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes 28 de octubre de 2018

2 comentarios:

  1. Muchas felicidades Padre Rufino, muy profundas sus reflexiones

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  2. Mil gracias Padre Rufino por tan lindas homilías, siempre inspiradas en la más límpida fuente del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.

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