jueves, 27 de mayo de 2021

1599.10 Sacerdote de Jesús. Rima en la Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno sacerdote.

 

Sacerdote de Jesús

El jueves que sigue a Pentecostés es la Fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. No es una fiesta del Calendario universal de la Iglesia, sino una fiesta que se concede a todas las Conferencias Episcopales que la pidan. Fiesta, por ejemplo, en España, fiesta en México… Con esta fiesta intensificamos sentimientos expresados en Jueves y pedimos especialmente por los sacerdotes. La operación del día, en efecto, se centra en este particular: “Oh Dios, que para gloria tuya y salvación del género humano constituiste a tu único Hijo Sumo y Eterno Sacerdote, concede a quienes Él eligió para ministros y dispensadores de sus misterios la gracia de ser fieles en el cumplimiento del ministerio recibido”.

No es Sacerdote quien quiere ser sacerdote, sino el que es llamado. Así dice la Carta a los Hebreos. Y para ser llamado, la misma carta nos presenta dos cualidades: ser fiel y ser compasivo.

La Iglesia Latina, para llamar a uno al sacerdocio, mira si uno ha recibido previamente el don del celibato, sin excluir a quienes un día estuvieron consagrados en el santo matrimonio. En cualquier caso, el sacerdocio nunca es una adquisición, ni un derecho, sino una “vocación”, una llamada, garantizada por la Iglesia, que es quien elige y consagra.

Sacerdote de Jesús,
que no ofreció sacrificios,
pero su vida purísima

fue el sacrificio legítimo.

Sacerdote con  su sangre,
como ofrenda hacia el Altísimo,
sacerdote abierto a todos,

el último en el servicio.

Sacerdote acreditado
como fiel y compasivo,
que otros títulos no pide

el oráculo divino.

Sacerdote a ras de hermano,
a sus hermanos unido,

hermandad del Evangelio
presidida por el Hijo.

Sacerdote, que no juez,
sí médico comprensivo,
que sabe curar heridas,
que él mismo las ha sufrido.

Sacerdote bien visible
en mi porte y en mis signos,

sin jamás avergonzarme
de ser su claro testigo.

Sacerdote en sencillez
que no sabe de prestigio,

con su casa abierta a todos,
los pobres sus preferidos.

Sacerdote en oblación
al hoy del mundo en que vivo,

muy lúcido para ver,
muy generoso en el juicio.

Sacerdote en oración
con el pábilo encendido,
día y noche en la presencia
del Padre que lo ha elegido.

Sacerdote del Espíritu,
que hasta el tuétano fue ungido,

para ser perdón y amor,
y entrega a fondo perdido.

Sacerdote simplemente
porque Dios así me quiso,

y sin envidia ni orgullo
acepto el don recibido.

¡Gloria a Jesús Sacerdote,
siempre vivo en sus ministros,

y paz a sus siervos fieles,

felices y agradecidos! Amén.

Madrid, Fiesta de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, 27 mayo 2021.

Nota técnica. Al enumerar las entradas anteriores como 1599.1/2/3/4/5/6/7/8/9/10 hemos querido subsanar el vacío existente entre los números 1323 y 1334, lapsus de diez entradas que no existen.

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