El Bautismo de Jesús
Mt 3,13-17
Texto
13 Por entonces viene Jesús desde Galilea al Jordán y se presenta a Juan para que lo bautice. 14 Pero Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». 15 Jesús le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia»*. Entonces Juan se lo permitió. 16 Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Hermanos:
1. Ya dijimos en su momento que a la gran solemnidad de la Epifanía o Manifestación del Señor en el domingo siguiente se celebra la fiesta del bautismo del Señor, y con ella se cierra el ciclo de Navidad. Y detallamos algo peculiar: que en España y en Europa la Epifanía, fiesta de los Reyes Magos, se conserva en su día propio, el 6 de enero, que este año fue viernes; el domingo siguiente, este año día 8, se celebra, según el calendario litúrgico, el Bautismo del Señor.
Aquí en México no ocurre esto. La Epifanía se celebra en domingo, es decir, ayer; y la Fiesta del Bautismo el lunes siguiente, hoy, día 9. Cerramos las Navidades y esta homilía, que yo les entrego, viene al final del día; es decir, fuera de tiempo. Escúchenla, si tienen la benevolencia de hacerlo, como un mensaje del Evangelio. Hablar de Jesús siempre es deleitoso, para quien se le ha confiado, y deleitoso igualmente oír hablar de Jesús para todos aquellos que de verdad le aman.
2. Para entrar en el Bautismo de Jesús, quiero comenzar con una frase muy bella y conmovedora, muy consoladora apara todos, que la escribió el anciano apóstol san Juan, no en su Evangelio, sino en la primera de sus cartas. Dice: “Y sabéis que él se manifestó para quitar los pecados, y en él no hay pecado” (1 Jn 3,5).
Es una afirmación sublime de la que queremos partir. En él no hay pecado. Observémoslo bien, porque esta frase va a ser el firmamento sólido para empezar a hablar correctamente del bautismo de Jesús. En ningún sitio del Evangelio ni de las cartas de los apóstoles aparece Jesús como alguien que pidiera al Padre perdón de sus pecados, en ninguna. El gran apóstol san Pablo se confiesa como pecador. “Es palabra digna de crédito y merecedora de total aceptación* que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero” (1 Tim 1,15).
San Francisco de Asís, santo pro los cuatro costados, en cierta ocasión escribía a sus hermanos los frailes reunidos en el capítulo general, dándoles algunos consejos: “38Además, yo confieso todos mis pecados al Señor Dios, Padre e Hijo y Espíritu Santo, a la bienaventurada María, perpetua virgen, y a todos los santos del cielo y de la tierra, a fray H., ministro de nuestra religión, como a venerable señor mío, y a los sacerdotes de nuestra Orden y a todos los otros hermanos míos benditos. 39En muchas cosas he pecado por mi grave culpa, especialmente porque no he guardado la Regla que prometí al Señor, ni he rezado el oficio como manda la Regla, o por negligencia, o con ocasión de mi enfermedad, o porque soy ignorante e iletrado”.
Nunca salió de los labios de Jesús una súplica de este género: “Padre mío, perdóname por haber sido perezoso, por no haber tenido misericordia…”, o cosas del género. En él no hay pecado: una frase brillante, luminosa, consoladora, porque lo contrario veo en mí: sentimientos que no quisiera que existiesen y que ahí están, sentimientos de envidia, de orgullos… y de tantas cosas que no son buena. Pero en él, no: ¡En él no hay pecado!
3. Entonces, hermanos, viene la pregunta: ¿Por qué va al bautismo, si no tiene pecado? Unas líneas antes ha dicho el Evangelio que “Juan el Bautista se presenta en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos” (Mt 3,1-2). Juan no podía decir a Jesús: Conviértete de tus pecados.
Todo lo contrario, como lo hemos oído: Juan intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?
Efectivamente, Juan tenía razón: El que debía recibir el Bautismo era Juan, no Jesús, el Santo de Dios. ¿Eso quiere decir que el Bautismo de Jesús fue un bautismo de apariencia, de mentira…, como para darnos a nosotros un buen ejemplo y nos animáramos?
De ninguna manera, el bautismo de Jesús no fue un bautismo ficticio, para dar un buen ejemplo. El bautismo de Jesús fue el más verdadero de todos, y aquí comienza el misterio que no entendemos. ¿Qué es lo que entonces pensaba Jesús? Eso pertenece al secreto último de su vida y no lo podemos saber. Nos acercamos con respecto y obediencia y comenzamos a pensar: Si Jesús pide el bautismo, es que se siente el último de los hombres, el hermano de todos, el que quiere recogernos a todos en su total humildad y presentarnos a todos a su Padre. Cuando Jesús se bautizaba nos bautizábamos con él todos sus discípulos. Esto ya es correcto. Jesús santificaba aquellas aguas, al contacto de su cuerpo purísimo, al contacto de su alma limpia de todo pecado.
El bautismo de Jesús y su muerte en la Cruz son lo mismo: es la inauguración del bautismo cristiano.
De manera que bien podemos decir que el bautismo de Jesús lleva dentro dos dimensiones: una personal y otra colectiva: se bautizaba él, entregándose al amor del Padre, y con él éramos bautizados, santificados todos nosotros, para cuando llegase la hora de nuestro bautismo.
Jesús desciende al agua y allí quedan ahogados y sepultados todos nuestrolç+s pecados; pero el bautismo de Jesús no termina ahí, Oigamos de nuevo lo que dice el texto sagrado: Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. 17 Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco».
4. Esa es la belleza del bautismo cristiano: comienza a aparecer la revelación del misterio de la Santísima Trinidad. Jesús es el Hijo amado, en el cual Dios tiene todas sus complacencias, y nosotros somos igualmente amados en el Hijo. En la oración de hoy hemos pedido no perder nunca esta complacencia que Dios tiene con nosotros. La perderíamos si cometiéramos pecado, alejándonos de Dios. En la oración del día hemos pedido a ese Dios y Padre que proclamó a Jesús Hijo amado, en quien tenía sus complacencias: “…concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, que se conserven siempre dignos de tu complacencia”. ¡Qué expresión llena de sentido! Somos dignos de la complacencia de Dios, si nos mantenemos libres de pecado.
Volvamos a aquella frase del principio y oigamos lo que nos sigue diciendo san Juan:
“en él no hay pecado. 6 Todo el que permanece en él no peca. Todo el que peca no lo ha visto ni conocido. 7 Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo. 8 Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo.
Este el camino verdadero de la vida, de la libertad, de la felicidad. No nos dejemos engañar.
Señor Jesús, gracias pro el bautismo que un día recibimos. Consérvanos siempre en esa gracia bautismal, sobre todo acudiendo constantemente a al santa Eucaristía. Amén.
Cuautilán Izcalli, fiesta del Bautismo del Señor 2023.
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