Descansa en paz, Benedicto
En la octava de Navidad, el día 31 de diciembre del año de gracia 2022, a las 9.34 horas de la mañana, se durmió en el Señor el Papa Benedicto XVI. Sus últimas palabras en al tierra fueron: Jesus, Ich liebe dich: Jesús, yo te amo. Y entonces en la Iglesia escuchamos en la fe que Jesús decía: “Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor”.
Todos los periódicos hablan de él. Y hay doctores muy inteligentes que quiere decir una palabra y perfilar los perfiles de su mensaje… Sí, pero… Yo también tengo una palabra en el corazón y una lágrima en mis ojos: Gracias. Pero no es cuestión de teologizar entre teólogos, que podemos, sin orgullo. Es, más bien, hora de contemplar, y alzar la mirada al Padre.
A su honor, y con humilde convencimiento, quien esto escribe escribió un “Poemario de fe y gratitud en la Despedida del Papa” (21 febrero 2013 – publicado en el número 359 de “Las hermosas palabras del Señor”).
Hoy pongo el sello final, besando el sello del pescador, y poniendo igualmente un beso sobre ese corazón que ha dejado de latir, pero que de otra manera sigue atiendo en la Iglesia. Él, escuchando a san Juan, quiso ser en su episcopado uno entre los “cooperatores veritatis” (3 Jn 8). Y hoy, escuchando al mismo Discípulo amado, llega a mis entrañas este mensaje de la liturgia eucarística del día: “Y en cuanto a vosotros, la unción que de él habéis recibido permanece en vosotros, y no necesitáis que nadie os enseñe. Pero como su unción os enseña acerca de todas las cosas —y es verdadera y no mentirosa—, según os enseñó, permaneced en él” (1Jn 2,27).
Sin aplaudir ni rebatir yo puedo dejar que salgan unos versos de adiós al querido Papa, versos que son la Verdad de mi corazón.
Descansa en paz, Benedicto,
pasa al banquete pascual,
el Dueño te abre la puerta
para ser su comensal.
Los ángeles te reciben
y te brindan su amistad;
en sus palmas te presentan
a la santa Trinidad.
Vive con Cristo, cristiano,
Venciste a carta cabal
y una palma entre tus manos
te entrega el Rey inmortal.
Fuiste lámpara en la Iglesia
en tiempos de oscuridad;
fuiste roca de Jesús
apoyado en la humildad.
Fuiste fiel en todo tiempo,
fiel al Libro y al Altar,
en tus labios de Evangelio
el Amor se hizo Verdad.
Predicabas muy sencillo
y te ungía la bondad,
y en tus bellas homilías
contagiabas santidad.
Fuiste entero y verdadero
y limpio como el cristal,
y en la hora del Espíritu
decidiste renunciar.
Hoy la Iglesia te agradece
tu hermosa Fe y Caridad,
y en comunión con tu vida
hoy queremos avanzar.
Yo te amo, mi Jesús,
fue tu palabra final,
y es la herencia que has dejado
a toda la Cristiandad.
Papa bueno, Benedicto,
resplandor y claridad,
desde el cielo donde habitas
nunca nos vas a olvidar.
Ruega a Cristo por nosotros,
navegantes en la mar,
la navecilla de Cristo,
cierto, no va a naufragar.
Con María, intercesora,
y su rosario a rezar,
esperamos confiados
que la Fe florecerá.
Y una hermosa primavera
sin duda que va a llegar,
todos juntos con un alma
la vamos a celebrar.
¡Descansa, querido Papa,
descansa con Cristo en paz;
tu vida fue bendición
y hoy es paz de eternidad! Amén.
Cuautitlán Izcalli, 2 de enero de 2023.
No hay comentarios:
Publicar un comentario