2082 (1026) Dom III ord. - Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos
Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos
Mt
4,12-23
Texto:
12Al enterarse Jesús de que habían
arrestado a Juan se retiró a Galilea. 13Dejando
Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y
Neftalí, 14para que se cumpliera lo dicho por medio
del profeta Isaías: 15«Tierra
de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles. 16El pueblo que
habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y
sombras de muerte, una luz les brilló».
17Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos».
18Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado
Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran
pescadores. 19Les dijo: «Venid en pos de mí y os
haré pescadores de hombres». 20Inmediatamente dejaron las redes y
lo siguieron. 21Y pasando adelante vio a otros dos
hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la
barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. 22Inmediatamente
dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.
23Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el
evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el
pueblo.
Hermanos:
1. Al entrar en la vida de Jesús, hemos de tener
muy en cuenta esta secuencia con que está escrita: primero es el Bautismo; a continuación,
viene el desierto, y en tercer lugar es el arranque de su predicación, con este
detalle previo, señalado por el Evangelio: “Al
enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando
Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y
Neftalí”. Jesús sale de su pueblo, Nazaret, que era una aldea escondida, y
se establece en la ciudad central de entonces, Cafarnaúm.
Esta triple secuencia de Bautismo, Desierto,
Predicación es ciertamente una secuencia de tiempos sucesivos, pero más en
profundidad es una secuencia de hechos íntimos. Yo no puedo lanzarme a predicar
si no paso por una transformación profunda que se da en el bautismo y luego por
esa soledad e intimidad del desierto. Y cada vez que tenemos que predicar,
aplicándonos el ejemplo de Jesús, hemos de decir: Yo no puedo predicar si no
paso por la oración todo eso que voy a anunciar, porque lo que yo voy a
proclamar no es mío, sino mensaje de Dios.
Definitivamente ha dejado su pueblo de Nazaret, su
ambiente, su vecindario y va adonde Dios le llama. Efectivamente, el predicador
de Dios tiene que estar dispuesto a dejarlo todo, como lo hemos de ver más
claramente en los episodios de hoy.
Pero san Mateo nos da una nota que el simple
historiador no la advierte. ¿Por qué Jesús va a establecerse en Cafarnaúm? La
respuesta obvia y aparente es esta: porque era el centro principal de la
comarca, el centro principal del comercio y del movimiento. San Mateo ve las
cosas desde arriba, y se acuerda del profeta Isaías. Cafarnaúm está en las
tierras donde se habían asentado las tribus de Zabulón y Neftalí, al hacer
Josué la división de la Tierra prometida, ahora tierra conquistada. La geografía se ha aplanado y por aquellas
llanuras venían las tribus de Oriente si quería alcanzar el Mar mediterráneo. Y
el evangelista ve una conexión providencial. Cita a Isaías en un pasaje que hemos
escuchado en la primera lectura. Con palabras poéticas nos dice un mensaje de
salvación: “En otro tiempo humilló el
Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de
gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una
luz grande; | habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló”
(Is 8,23-9,1).
No me voy a detener en esta frase, pero es para
meditarla, porque hoy vemos cómo se está cambiando la geografía de la fe. Ya no
es el occidente, ya no es Europa; el mensaje va cundiendo por África, por Asia
y regiones de Oriente. Hoy todavía no hemos visto en la sede de Pedro a un Papa
de raza negra, pero un día llegará; quizás no lo veamos, sí nuestros descendientes.
La geografía de Dios no la vamos a determinar nosotros. Jesús no va a comenzar
por Judea, al parecer, la parte preferida; va a comenzar por la Galilea de los
gentiles, por el pueblo que yacía en tinieblas.
Y Jesús comienza cuando Juan termina. Pero su
mensaje no va a ser el mismo, sino distinto y nuevo.
2. Entremos, pues, en el mensaje de Jesús. Desde entonces comenzó Jesús a predicar
diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.
Jesús predica o anuncia y proclama dos cosas: un acontecimiento
y una actitud.
El acontecimiento es el Reino de Dios, llamado
igualmente, el Reino de los cielos. Y una actitud: la conversión. Aclarémonos.
¿Jesús no predica al Ley de Moisés? No, si bien en
ningún momento la quiera contradecir. Jesús predica algo superior: Dios ha
traído su reinado a la tierra, y está ahí. Ese reinado no lo pudo traer Moisés,
ni ninguno de los profetas. Dios ha traído ese reino y reinado; lo ha traído
por medio de su Hijo, Jesucristo. Y está ahí. Jesús es la palabra definitiva de
Dios en la historia. Para recibirlo, hace falta un vuelco total, que él llama
“la conversión”. Y este vuelco lo necesitamos
todos, los malos y los buenos, por así decir, todos, absolutamente todos
debemos convertirnos.
3. Vamos a reflexionar un poco más hondo.
Jesús se como enviado de Dios con un mensaje que
se le ha confiado de arriba. No es un líder de este mundo que ha descubierto un
mensaje de salvación y viene a decirnos: Somos el pueblo elegido de Dios; somos
libres y es indigno que estemos sujetos al dominio del Imperio Romano. Dios no
puede querer eso, y este es el menaje que yo os traigo, una libertad digna de
nuestra raza, de nuestra historia y destino. Desde la libertad hemos de
construir nuestro gobierno como pueblo soberano, y desde ahí nuestro trabajo,
nuestra vivienda, nuestra economía.
Somos los dueños de nuestro propio destino. ¿Hay cosa más digna para un
pueblo único, como ha sido y debe ser el Pueblo de Israel, preferido por Dios
sobre todos los demás?
Un caudillo puede hablar en estos o parecidos
términos. Pero Jesús no ha levantado su voz con este tono. Esa política humana,
que podría y puede defenderse desde otros planteamientos, no es el Reino de
Dios. Dios quiere reinar. Lo irá explicando Jesús a través de tantas palabras y
parábolas.
Y para ello nos pide la conversión, que es un acto
de entrega del corazón a Dios o a él mismo.
Es maravilloso que Dios enetre en la tierra y
pueda hacer lo que Él, solo Él puede y quiere hacer. Esto es lo que nos trae
Jesús: la obra de Dios en el mundo.
5. Y sigue el Evangelio con dos escenas que nos
dejan pasmados. Unos trabajadores del lago, que están en su faena cotidiana:
Simón y Andrés, por un lado; Santiago y Juan, por otro. Son pescadores, gente
sencilla que se gana la vida con este oficio. “Venid en pos de mí, y os haré
pescadores de hombres”.
Pero, si todavía no lo conocen; si ellos no han
nacido ni estudiado para ser líderes, jefes de nadie. Pero es que esto es una
elección divina, y Jesús actúa con una autoridad que nadie tiene, que no se la
ha dado nadie, sino Dios mismo, y que se impone por sí sola. Ellos dejan oficio
y familia, dejan futuro y planes personales y siguen a Jesús. Evidentemente que
esto es un milagro. Van a ser “pescadores de hombres”, una frase terrible y no
propiamente simpática. Jesús entiende que el mundo está en un naufragio y en
esta situación extrema hay que salvarlo como sea.
6. Hermanos, todo esto que decimos tiene hoy su
propio realismo y actualidad. Hemos seguido a Jesús, porque él nos ha dado y
está dando el Reino de Dios, su Padre, la vida nueva que solo Dios puede
darnos. Eso es la vida cristiana, la vida venida de Dios puesta en la tierra.
Y hay otro pensamiento. Jesús necesita
colaboradores: Venid en pos de mí. Si oímos esta voz, no tengamos miedo, que
Jesús mismo nos garantiza el éxito de la empresa. Dios está con nosotros, y no
hay fuerza humana que pueda impedir la actuación de lo divino. Dios quiere
hacer maravillas, y las quiere hacer por nuestras manos. Dios quiere anunciar
su Palabra y quiere sanar toda enfermedad y dolencia. Digámosle humildemente:
Señor, si
me llamas, cuenta conmigo. No serán mis fuerzas que operen; será tu voluntad y
tu poder divino. A ti, Señor Jesús, todo honor y toda alabanza. Amén.
Pamplona, sábado, 24 enero 2026
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