sábado, 31 de enero de 2026

2082 (1026) Dom III ord. - Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

 2082 (1026) Dom III ord. - Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos

Mt 4,12-23

 

Texto:

12Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. 13Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí14para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: 15«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. 16El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló». 

17Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos». 

18Paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos, a Simón, llamado Pedro, y a Andrés, que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores. 19Les dijo: «Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres». 20Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 21Y pasando adelante vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, su hermano, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre, y los llamó. 22Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron. 

23Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 

Hermanos:

1. Al entrar en la vida de Jesús, hemos de tener muy en cuenta esta secuencia con que está escrita: primero es el Bautismo; a continuación, viene el desierto, y en tercer lugar es el arranque de su predicación, con este detalle previo, señalado por el Evangelio: “Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaúm, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí”. Jesús sale de su pueblo, Nazaret, que era una aldea escondida, y se establece en la ciudad central de entonces, Cafarnaúm.

Esta triple secuencia de Bautismo, Desierto, Predicación es ciertamente una secuencia de tiempos sucesivos, pero más en profundidad es una secuencia de hechos íntimos. Yo no puedo lanzarme a predicar si no paso por una transformación profunda que se da en el bautismo y luego por esa soledad e intimidad del desierto. Y cada vez que tenemos que predicar, aplicándonos el ejemplo de Jesús, hemos de decir: Yo no puedo predicar si no paso por la oración todo eso que voy a anunciar, porque lo que yo voy a proclamar no es mío, sino mensaje de Dios.

Definitivamente ha dejado su pueblo de Nazaret, su ambiente, su vecindario y va adonde Dios le llama. Efectivamente, el predicador de Dios tiene que estar dispuesto a dejarlo todo, como lo hemos de ver más claramente en los episodios de hoy.

Pero san Mateo nos da una nota que el simple historiador no la advierte. ¿Por qué Jesús va a establecerse en Cafarnaúm? La respuesta obvia y aparente es esta: porque era el centro principal de la comarca, el centro principal del comercio y del movimiento. San Mateo ve las cosas desde arriba, y se acuerda del profeta Isaías. Cafarnaúm está en las tierras donde se habían asentado las tribus de Zabulón y Neftalí, al hacer Josué la división de la Tierra prometida, ahora tierra conquistada.  La geografía se ha aplanado y por aquellas llanuras venían las tribus de Oriente si quería alcanzar el Mar mediterráneo. Y el evangelista ve una conexión providencial. Cita a Isaías en un pasaje que hemos escuchado en la primera lectura. Con palabras poéticas nos dice un mensaje de salvación: “En otro tiempo humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles.  El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; | habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló” (Is 8,23-9,1).

No me voy a detener en esta frase, pero es para meditarla, porque hoy vemos cómo se está cambiando la geografía de la fe. Ya no es el occidente, ya no es Europa; el mensaje va cundiendo por África, por Asia y regiones de Oriente. Hoy todavía no hemos visto en la sede de Pedro a un Papa de raza negra, pero un día llegará; quizás no lo veamos, sí nuestros descendientes. La geografía de Dios no la vamos a determinar nosotros. Jesús no va a comenzar por Judea, al parecer, la parte preferida; va a comenzar por la Galilea de los gentiles, por el pueblo que yacía en tinieblas.

Y Jesús comienza cuando Juan termina. Pero su mensaje no va a ser el mismo, sino distinto y nuevo.

 

2. Entremos, pues, en el mensaje de Jesús. Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.

Jesús predica o anuncia y proclama dos cosas: un acontecimiento y una actitud.

El acontecimiento es el Reino de Dios, llamado igualmente, el Reino de los cielos. Y una actitud: la conversión. Aclarémonos.

¿Jesús no predica al Ley de Moisés? No, si bien en ningún momento la quiera contradecir. Jesús predica algo superior: Dios ha traído su reinado a la tierra, y está ahí. Ese reinado no lo pudo traer Moisés, ni ninguno de los profetas. Dios ha traído ese reino y reinado; lo ha traído por medio de su Hijo, Jesucristo. Y está ahí. Jesús es la palabra definitiva de Dios en la historia. Para recibirlo, hace falta un vuelco total, que él llama “la conversión”.  Y este vuelco lo necesitamos todos, los malos y los buenos, por así decir, todos, absolutamente todos debemos convertirnos.

 

3. Vamos a reflexionar un poco más hondo.

Jesús se como enviado de Dios con un mensaje que se le ha confiado de arriba. No es un líder de este mundo que ha descubierto un mensaje de salvación y viene a decirnos: Somos el pueblo elegido de Dios; somos libres y es indigno que estemos sujetos al dominio del Imperio Romano. Dios no puede querer eso, y este es el menaje que yo os traigo, una libertad digna de nuestra raza, de nuestra historia y destino. Desde la libertad hemos de construir nuestro gobierno como pueblo soberano, y desde ahí nuestro trabajo, nuestra vivienda, nuestra economía.  Somos los dueños de nuestro propio destino. ¿Hay cosa más digna para un pueblo único, como ha sido y debe ser el Pueblo de Israel, preferido por Dios sobre todos los demás?

Un caudillo puede hablar en estos o parecidos términos. Pero Jesús no ha levantado su voz con este tono. Esa política humana, que podría y puede defenderse desde otros planteamientos, no es el Reino de Dios. Dios quiere reinar. Lo irá explicando Jesús a través de tantas palabras y parábolas.

Y para ello nos pide la conversión, que es un acto de entrega del corazón a Dios o a él mismo.

Es maravilloso que Dios enetre en la tierra y pueda hacer lo que Él, solo Él puede y quiere hacer. Esto es lo que nos trae Jesús: la obra de Dios en el mundo.

 

5. Y sigue el Evangelio con dos escenas que nos dejan pasmados. Unos trabajadores del lago, que están en su faena cotidiana: Simón y Andrés, por un lado; Santiago y Juan, por otro. Son pescadores, gente sencilla que se gana la vida con este oficio. Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres”.

Pero, si todavía no lo conocen; si ellos no han nacido ni estudiado para ser líderes, jefes de nadie. Pero es que esto es una elección divina, y Jesús actúa con una autoridad que nadie tiene, que no se la ha dado nadie, sino Dios mismo, y que se impone por sí sola. Ellos dejan oficio y familia, dejan futuro y planes personales y siguen a Jesús. Evidentemente que esto es un milagro. Van a ser “pescadores de hombres”, una frase terrible y no propiamente simpática. Jesús entiende que el mundo está en un naufragio y en esta situación extrema hay que salvarlo como sea.

 

6. Hermanos, todo esto que decimos tiene hoy su propio realismo y actualidad. Hemos seguido a Jesús, porque él nos ha dado y está dando el Reino de Dios, su Padre, la vida nueva que solo Dios puede darnos. Eso es la vida cristiana, la vida venida de Dios puesta en la tierra.

Y hay otro pensamiento. Jesús necesita colaboradores: Venid en pos de mí. Si oímos esta voz, no tengamos miedo, que Jesús mismo nos garantiza el éxito de la empresa. Dios está con nosotros, y no hay fuerza humana que pueda impedir la actuación de lo divino. Dios quiere hacer maravillas, y las quiere hacer por nuestras manos. Dios quiere anunciar su Palabra y quiere sanar toda enfermedad y dolencia. Digámosle humildemente:

Señor, si me llamas, cuenta conmigo. No serán mis fuerzas que operen; será tu voluntad y tu poder divino. A ti, Señor Jesús, todo honor y toda alabanza. Amén.

 

Pamplona, sábado, 24 enero 2026

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