sábado, 17 de enero de 2026

2081 (1025) Dom II ord. Bautismo de Jesús y Bautismo del cristiano

 

2081 (1025) Dom II ord. Bautismo de Jesús y Bautismo del cristiano

Bautismo de Jesús y Bautismo del cristiano

Jn 1,29-34

 

29Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30Este es aquel de quien yo dije: “Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo”. 31Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». 32Y Juan dio testimonio diciendo: «He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. 34Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios»

Hermanos:

1. El domingo pasado, cerrando el tiempo de Navidad e iniciando el tiempo ordinario del año, contemplamos el Bautismo de Jesús, narrado por el evangelista san Mateo. Hoy meditamos de nuevo sobre el Bautismo de Jesús, con unas palabras misteriosas del Evangelio de san Juan, el discípulo amado, puestas en labios de Juan Bautista, el que bautizó a Jesús, el Precursor del Señor. El discípulo amado quiere dejar muy clara ante la comunidad cristiana cuál es la identidad de Juan el Bautista y cuál es la identidad, absolutamente única, de Jesús. Juan Bautista – el mayor nacido de mujer, dirá Jesús – ha tenido una misión muy concreta: manifestar a Israel quién era realmente Jesús, a quien llama Hijo de Dios. Cosas muy grandes y hermosas habían dicho los patriarcas del que iba a venir; así Jacob cuando bendijo a sus hijos y en particular a Judá, de cuya tribu había de nacer el Mesías, Rey de Israel. Y Moisés encargado de transmitir al Pueblo la verdadera Ley de la Alianza de Dios con los hombres. Hoy en el libro de Isaías leemos un oráculo precioso, el segundo cántico del Siervo de Dios.

Y ahora dice el Señor,

el que me formó desde el vientre como siervo suyo,

para que le devolviese a Jacob,

para que le reuniera a Israel;

he sido glorificado a los ojos de Dios.

Y mi Dios era mi fuerza:

«Es poco que seas mi siervo

para restablecer las tribus de Jacob

y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.

Te hago luz de las naciones,

para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra» (Is 49,5-6)

El Siervo de Dios, que es Jesús, va a ser no solamente la gloria de Israel, va a ser la luz de las naciones, el salvador del mundo.

 

2. ¿Qué fue realmente el Bautismo? ¿Qué sintió Jesús para ir al Bautismo? ¿Qué experimentó en lo íntimo de su ser cuando fue bautizado?  No son preguntas de curiosidad que se hace el investigador curioso. Lo que fue el Bautismo de Jesús allí quedó y punto. Pero ocurre que Jesús traspasa su bautismo a los que van a ser sus discípulos, para que de alguna manera se repita el misterio, y esto nos interesa altamente, porque nosotros, cristianos, hemos sido bautizados, hemos entrado en la Iglesia pro la puerta del bautismo.

El día pasado dijimos y repetimos que el Bautismo de Jesús fue real y verdadero, el más auténtico de los bautismos, que no fue un acto ejemplar y ficticio, una representación sagrada para que nosotros nos animáramos par entrar por el mismo rito.  El cristiano ha de pensar que el bautismo noes una simple ceremonia, un simple trámite de inscripción en la lista de los bautizados, en el grupo de los pertenecientes a una institución. No es ese requisito de inscripción que uno necesita para ser miembro de la sociedad, normalmente acompañado de una cuota económica. Ni es tampoco un acto social y familiar, una oportunidad que se brinda a una familiar para invitar a familiares y amigos.

El bautismo, por el contrario, es ese acto solemne por el cual uno toma una decisión definitiva de vida; pasa de un determinado ¡status” u otro de género diferente.  El bautismo es una consagración, con la peculiaridad de que no soy yo el agente de esa obra sobrenatural que acontece, sino que Dios mismos es el autor de cuanto allí ocurre. No es un acto de buena voluntad, de una buena persona; es infinitamente más.

De por sí el bautismo es un acto soberano de adultos. Si se puede bautizar a un infante, a un bebé, sin que él se entere, es porque entendemos que queda envuelto en toda la fe de la familia, que él va a profesar, y porque no queremos privarle de esta gracia sublime desde el inicio de su vida.

 

3. En Jesús adulto, su Bautismo sagrado es el encuentro de lo humano y lo divino, fundido en el misterio de la Encarnación. Jesús, Hombre celestial, baja al misterio último del pecado del hombre, y se solidariza con el pecado del hombre. Y ene se momento, explota, por así decir, la divinidad en lo íntimo del misterio humano. Baja el Espíritu sobre él, y todo lo humano queda para siempre divinizado.

 

En el bautismo cristiano hay tres momentos que configuran el acto sagrado:

1) La renuncia a un mundo sin Dios, que acaso es el mundo en que vivimos

2) La profesión de fe a todo lo que nos ha traído Jesucristo

3) y la consagración a una vida nueva, según el modelo de Jesús.

 

En la noche santa de la Vigilia Pascual, esto se hace con las palabras más explícitas, reafirmando la interioridad de nuestro bautismo que un día recibimos. Podemos recordarlo:

-       ¿Renunciáis a Satanás, esto es: 

           al pecado, como negación de Dios; 

           al mal, como signo de pecado en el mundo; 

           al error, como ofuscación de la verdad; 

           a la violencia, como contraria a la caridad; 

           al egoísmo, como falta de testimonio del amor?

-       Si, renuncio.

-       ¿Renunciáis a sus obras, que son: 

           vuestras envidias y odios; 

           vuestras perezas e indiferencias; 

           vuestras cobardías y complejos; 

           vuestras tristezas y desconfianzas; 

           vuestras injusticias y favoritismos; 

           vuestros materialismos y las sensualidades; 

           vuestras faltas fe, esperanza y caridad?

-       Si, renuncio.

-       ¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden ser: 

           el creeros mejores; 

           el veros superiores; 

           el estar muy seguros de vosotros mismos; 

           el creer que ya estáis convertidos del todo; 

           el quedaros en las cosas, medios, instituciones, 

           métodos, reglamentos, y no ir a Dios?

 

4. El Bautismo es renuncia, porque ha habido una iluminación; los antiguos también llamaban al Bautismo iluminación. Iluminación de una fe que no nos la puede dar nadie de este mundo, sino Dios mismo. Y esta Fe nos lleva a una consagración, lo cual supone el inicio de una vida del todo distinta.

Fe en Jesucristo, que es la Palabra definitiva de Dios en la historia, y en todo el misterio de Jesús.

Juan Bautista proclama: Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Un bautizado es alguien que proclama que Jesús es el Hijo de Dios.

Mi vida y la de Jesús se funden en un mismo proyecto. Y esto es la consagración que se verifica en el Bautismo cristiano.

Este es el misterio divino del bautismo cristiano. Nuestra lengua castellana ha creado un verbo castizo, para decir que es bautizar: Bautizar es lo mismo que “cristianar”, hacer a uno cristiano. Es un hermoso verbo que bien podemos mantener.

 

5. Hermanos, no hay gracia mayor que hayamos recibido que la gracia del Bautismo. Es la gracia de la filiación divina. Somos hijos de Dios y herederos del Reino de los cielos.

El Bautismo es un sello, también decían los antiguos, un sello o marca que nos dice a nosotros y a los demás que pertenecemos a Dios.

Ser cristiano es vivir de acuerdo al Bautismo, en mi vida personal, familiar y social.

 

Señor Jesús, gracias infinitas por el don del bautismo que me diste un día. Nunca me avergonzaré de ser lo que soy, de ser cristiano, y ante ti y ante todos mostraré que tú eres el sentido de mi vida. Amén.

 

Pamplona, sábado 17 de enero de 2026.

 

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