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(1025) Dom II ord. Bautismo de Jesús y Bautismo del cristiano
Bautismo
de Jesús y Bautismo del cristiano
Jn
1,29-34
29Al día siguiente, al ver Juan a Jesús que
venía hacia él, exclamó: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del
mundo. 30Este es aquel de quien yo dije: “Tras de
mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que
yo”. 31Yo no lo conocía, pero he salido a
bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel». 32Y Juan dio testimonio diciendo: «He
contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre
él. 33Yo no lo conocía, pero el que me envió a
bautizar con agua me dijo: “Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse
sobre él, ese es el que bautiza con Espíritu Santo”. 34Y yo lo he visto y he dado testimonio de
que este es el Hijo de Dios»
Hermanos:
1. El domingo pasado, cerrando el tiempo de
Navidad e iniciando el tiempo ordinario del año, contemplamos el Bautismo de
Jesús, narrado por el evangelista san Mateo. Hoy meditamos de nuevo sobre el
Bautismo de Jesús, con unas palabras misteriosas del Evangelio de san Juan, el
discípulo amado, puestas en labios de Juan Bautista, el que bautizó a Jesús, el
Precursor del Señor. El discípulo amado quiere dejar muy clara ante la
comunidad cristiana cuál es la identidad de Juan el Bautista y cuál es la
identidad, absolutamente única, de Jesús. Juan Bautista – el mayor nacido de
mujer, dirá Jesús – ha tenido una misión muy concreta: manifestar a Israel
quién era realmente Jesús, a quien llama Hijo de Dios. Cosas muy grandes y
hermosas habían dicho los patriarcas del que iba a venir; así Jacob cuando
bendijo a sus hijos y en particular a Judá, de cuya tribu había de nacer el
Mesías, Rey de Israel. Y Moisés encargado de transmitir al Pueblo la verdadera
Ley de la Alianza de Dios con los hombres. Hoy en el libro de Isaías leemos un oráculo
precioso, el segundo cántico del Siervo de Dios.
Y ahora
dice el Señor,
el que me
formó desde el vientre como siervo suyo,
para que
le devolviese a Jacob,
para que
le reuniera a Israel;
he sido
glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios
era mi fuerza:
«Es poco
que seas mi siervo
para
restablecer las tribus de Jacob
y traer
de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago
luz de las naciones,
para que mi
salvación alcance hasta el confín de la tierra» (Is 49,5-6)
El Siervo de Dios, que es Jesús, va a ser no
solamente la gloria de Israel, va a ser la luz de las naciones, el salvador del
mundo.
2. ¿Qué fue realmente el Bautismo? ¿Qué sintió
Jesús para ir al Bautismo? ¿Qué experimentó en lo íntimo de su ser cuando fue
bautizado? No son preguntas de
curiosidad que se hace el investigador curioso. Lo que fue el Bautismo de Jesús
allí quedó y punto. Pero ocurre que Jesús traspasa su bautismo a los que van a ser
sus discípulos, para que de alguna manera se repita el misterio, y esto nos
interesa altamente, porque nosotros, cristianos, hemos sido bautizados, hemos
entrado en la Iglesia pro la puerta del bautismo.
El día pasado dijimos y repetimos que el Bautismo
de Jesús fue real y verdadero, el más auténtico de los bautismos, que no fue un
acto ejemplar y ficticio, una representación sagrada para que nosotros nos
animáramos par entrar por el mismo rito. El cristiano ha de pensar que el bautismo noes
una simple ceremonia, un simple trámite de inscripción en la lista de los
bautizados, en el grupo de los pertenecientes a una institución. No es ese
requisito de inscripción que uno necesita para ser miembro de la sociedad,
normalmente acompañado de una cuota económica. Ni es tampoco un acto social y
familiar, una oportunidad que se brinda a una familiar para invitar a
familiares y amigos.
El bautismo, por el contrario, es ese acto solemne
por el cual uno toma una decisión definitiva de vida; pasa de un determinado
¡status” u otro de género diferente. El
bautismo es una consagración, con la peculiaridad de que no soy yo el agente de
esa obra sobrenatural que acontece, sino que Dios mismos es el autor de cuanto
allí ocurre. No es un acto de buena voluntad, de una buena persona; es
infinitamente más.
De por sí el bautismo es un acto soberano de
adultos. Si se puede bautizar a un infante, a un bebé, sin que él se entere, es
porque entendemos que queda envuelto en toda la fe de la familia, que él va a
profesar, y porque no queremos privarle de esta gracia sublime desde el inicio
de su vida.
3. En Jesús adulto, su Bautismo sagrado es el
encuentro de lo humano y lo divino, fundido en el misterio de la Encarnación.
Jesús, Hombre celestial, baja al misterio último del pecado del hombre, y se
solidariza con el pecado del hombre. Y ene se momento, explota, por así decir,
la divinidad en lo íntimo del misterio humano. Baja el Espíritu sobre él, y
todo lo humano queda para siempre divinizado.
En el bautismo cristiano hay tres momentos que
configuran el acto sagrado:
1) La renuncia a un mundo sin Dios, que acaso es
el mundo en que vivimos
2) La profesión de fe a todo lo que nos ha traído
Jesucristo
3) y la consagración a una vida nueva, según el
modelo de Jesús.
En la noche santa de la Vigilia Pascual, esto se
hace con las palabras más explícitas, reafirmando la interioridad de nuestro
bautismo que un día recibimos. Podemos recordarlo:
-
¿Renunciáis a Satanás, esto es:
al pecado, como negación de Dios;
al mal, como signo de pecado en el mundo;
al error, como ofuscación de la verdad;
a
la violencia, como contraria a la caridad;
al egoísmo, como falta de testimonio
del amor?
-
Si, renuncio.
-
¿Renunciáis a sus obras, que son:
vuestras envidias y odios;
vuestras perezas e indiferencias;
vuestras cobardías y complejos;
vuestras tristezas y desconfianzas;
vuestras injusticias y favoritismos;
vuestros materialismos y las sensualidades;
vuestras faltas fe, esperanza y caridad?
-
Si, renuncio.
-
¿Renunciáis a todas sus seducciones, como pueden
ser:
el creeros mejores;
el veros superiores;
el estar muy seguros de vosotros mismos;
el creer que ya estáis convertidos del todo;
el quedaros en las cosas, medios, instituciones,
métodos, reglamentos, y no ir a Dios?
4. El Bautismo es renuncia, porque ha habido una
iluminación; los antiguos también llamaban al Bautismo iluminación. Iluminación
de una fe que no nos la puede dar nadie de este mundo, sino Dios mismo. Y esta
Fe nos lleva a una consagración, lo cual supone el inicio de una vida del todo
distinta.
Fe en Jesucristo, que es la Palabra definitiva de
Dios en la historia, y en todo el misterio de Jesús.
Juan Bautista proclama: Y yo lo he visto y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.
Un bautizado es alguien que proclama que Jesús es
el Hijo de Dios.
Mi vida y la de Jesús se funden en un mismo
proyecto. Y esto es la consagración que se verifica en el Bautismo cristiano.
Este es el misterio divino del bautismo cristiano.
Nuestra lengua castellana ha creado un verbo castizo, para decir que es bautizar:
Bautizar es lo mismo que “cristianar”, hacer a uno cristiano. Es un hermoso
verbo que bien podemos mantener.
5. Hermanos, no hay gracia mayor que hayamos
recibido que la gracia del Bautismo. Es la gracia de la filiación divina. Somos
hijos de Dios y herederos del Reino de los cielos.
El Bautismo es un sello, también decían los
antiguos, un sello o marca que nos dice a nosotros y a los demás que
pertenecemos a Dios.
Ser cristiano es vivir de acuerdo al Bautismo, en
mi vida personal, familiar y social.
Señor
Jesús, gracias infinitas por el don del bautismo que me diste un día. Nunca me
avergonzaré de ser lo que soy, de ser cristiano, y ante ti y ante todos
mostraré que tú eres el sentido de mi vida. Amén.
Pamplona, sábado 17 de enero de 2026.
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