martes, 13 de septiembre de 2011

92. La sinceridad iluminada: soliloquio para un coloquio

Reflexiones ante el Comunicado del Congreso de
Teólogos de la Asociación Juan XXIII (Madrid, 11 septiembre 2012)


1. Ayer, 11 de septiembre, domingo XXIV del tiempo ordinario (ciclo A), celebré tres veces la Eucaristía. Prediqué tres veces la que fundamentalmente era la misma homilía, la que subí a estas Hermosas Palabras del Señor. Y comencé de este modo: “Hermanos: La palabra final del Evangelio hoy proclamado dice así: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18,35)”.  Pude observar que el mensaje del perdón llegaba al corazón de los fieles: se veía en la cara, se escuchaba en el silencio. Nada importaba que la homilía se hubiera alargado quince minutos, quizás más, tratando de que la Palabra anunciada fuera, como dice la Verbum Domini, “con convicción y pasión”.
Y naturalmente que en las tres misas conmemoré, orando, la tragedia de las Torres Gemelas de hace diez años (yo estaba en un congreso bíblico en Segovia), siniestro episodio de la Humanidad en el inicio del tercer Milenio (2001). Mencioné la Carta del Papa al arzobispo de New York: Con el terrorismo no vamos a ninguna parte; no es el camino de la humanidad.
En mi computadora vi las noticias de la Iglesia. Los Teólogos y Teólogas de la Asociación Juan XXIII terminaban el XXXI Congreso, este año  sobre “El Fundamentalismo”, con una declaración de ocho puntos. Transcribo el punto cuarto y el quinto, que punzaron sensiblemente mi corazón:

4°. En la Iglesia católica el fundamentalismo suele canalizarse través de los movimientos neoconservadores, empeñados en llevar a cabo la restauración eclesiástica hasta el extremo, y de no pocas actuaciones intolerantes de la jerarquía que minimizan, e incluso niegan, aspectos fundamentales del concilio Vaticano II y condenan el trabajo de los teólogos, las teólogas y los movimientos renovadores.
5°. Algunas de estas actitudes hemos podido comprobarlas en la reciente Jornada Mundial de la Juventud, que ha ofrecido una imagen autoritaria y patriarcal de la Iglesia, ajena a los problemas reales de los jóvenes, y ha fomentado la exaltación del pontífice, hasta caer en la papolatría, una de las más nítidas expresiones del fundamentalismo. Y todo ello con el apoyo y la legitimación de las diferentes instituciones municipales, autonómicas, militares y empresariales.

Sí es verdad y... no es verdad; y si hubiera que escoger entre el “sí” y el “no” – que en la vida nada es tan claro y todo anda mezclado – escojo el “no” (porque hay más “no” que “sí”), aunque personas para mí muy queridas escojan el sí desde su percepción global; y ciertamente que si pidieran mi consentimiento para firmar este texto, no lo firmo.

2. Hablo en voz alta. La palabra más sorprendente de este Comunicado es ésta: papolatría. Palabra que a un lector crítico y bienintencionado (creo que lo soy) le resulta insultante, agresiva, irritante, antidialogante y antiecuménica, y sinceramente... torpe e injusta. He ido al Diccionario a buscarla: no está. Las Autoridades de la Lengua hasta hoy solo reconocen estas clases de “latrías”: autolatría, demonolatría, egolatría, idolatría, necrolatría, ofiolatría, pirolatría. La papolatría no ha llegado todavía al Diccionario.
Pero seguramente que si prosigo a ras de este tono y con estas armas salgo a la palestra, me van a vencer, y ni me voy a evangelizar ni voy a evangelizar a nadie. En estos tipos de dialéctica no tiene por qué vencer el que más razón tiene, sino el que más habilidad tiene... No poseo tal habilidad; por tanto, precaución y no te lances.
Este grupo de Teólogos y Teólogas, al repasar su historia, reconocen que hay una fractura entre los Obispos y estas posturas y quienes las representan; un diálogo roto, por lo tanto... un “no-diálogo”, girando en torno a una Causa en la que creemos y que es la que motiva nuestra vida. Pero... – reflexionen, hermanos – ¿a uno le puede apetecer entrar a dialogar, que es un acto noble de cercanía y amistad... tomando como punto de partida este lenguaje...? Los que se sientan a dialogar, se sientan porque, de alguna forma, antes de sentarse ya se han entendido.
Acaso mi camino personal sea otro: un silencio que jamás sea autosuficiencia, un testimonio humilde y vibrante, y, si Dios fuere servido, una palabra pura como una flor.

3. Me vuelve la palabra: papolatría... con una noticia de última hora: ¿Acaso será papolatría la noticia que acaba de saltar a la prensa mundial, de primera plana, claro, en L’Osservatore Romano?  

Por primera vez se exponen 600 versiones de libros escritos por el Papa. La casa editorial Herder, en colaboración con la Libreria Editrice Vaticana, ha aprovechado la ocasión de la visita del Papa a Alemania para recoger y presentar las obras de Joseph Ratzinger-Benedicto XVI en sus múltiples traducciones.
En una exposición única en su género – organizada en Castel Gandolfo en primer lugar para el Santo Padre, después para los interesados en el Vaticano, en el Campo Santo Teutónico, y finalmente en la sede de la editorial Herder en Friburgo- se expondrán casi seiscientos volúmenes representativos de más de 25 países.

Ante un evento de tal significado, un intelectual se rinde, admira, y no tiene sino una felicitación en sus labios, el augurio que ofrecen editorial Herder y la Editrice Vaticana: Ad multos libros, sancte Pater!

4. Papolatría en Madrid, hipnotizados millón y medio de jóvenes... Uno de esos jóvenes, mexicano, y no perteneciente a ninguna de las comunidades “neoconservadoras”, sino a las de nuevo cuño, concretamente a la Comunidad de las Bienaventuranzas (Francia 1973), vino a charlar tras la Jornada Mundial. No tenía palabras para ponderar la hermandad de nacionalidades diferentes, las que a él le tocó, durmiendo en el suelo..., radiantes por algo superior. Salió muy fortificado en su fe.
- ¿Y del papa?
- Lo vi tan sencillo, tan humilde..., y ¡cómo nos animaba! No quería retirarse de la lluvia. Del fondo del corazón le hubiese dicho: ¡papá...! Porque así lo percibí, como un padre con sus hijos.
Esto decía el joven. Y en mi soliloquio, Señor, yo me pregunto: ¿Y esto en cristiano no se llama puro, purísimo amor...? No todo lo que roza el Espíritu es perceptible a los ojos de cualquiera.

5. Me fascina la Unidad de la Iglesia (escribí un librito: Oblación por la Unidad), y bien sabemos que la Unidad de la Iglesia por la que pedimos todos los días antes de la comunión, se inicia en los fondos del ser.
¿Cómo no decir que en discursos de ese tipo hay montones de razones, cuyas verdades las sufrimos, las digerimos como podemos, las anhelamos como ideal de una Iglesia pura... que desde el fondo del alma deseamos? Cosa similar podría decir de todas las comunidades por las que he ido transitando en mi no breve curso de vida religiosa. Y, volviendo a lo dicho, hay que tornar a los fondos misteriosos y contradictorias del corazón. Y allí, en el corazón, la humildad es la única luz de la vida, la única esperanza.
Pero estoy escuchando: “Ya ese mismo discurrir es el discurso de un fundamentalista, sutilmente autosuficiente, que espiritualiza y riza el discurso para no entrar en pormenores y llamar a las cosas por su nombre”.
Si así lo fuera, pido al Espíritu su “logoterapia” (la Logos-terapia del Verbo), que es diferente de la otra, la logoterapia que tanto bien hace al descubrir la propia verdad debajo de las capas que la enmascaran.
¡Ven, Espíritu, Mistagogo del Padre, y por los secretos de la Mistagogía dame un baño de humildad, porque en la humildad me vendrá la Sabiduría, y en la serena Sabiduría, la Valentía (la Parresía)!
Y como ya tengo que terminar estos inicios de pensamiento a retazos, escritos a picos de reloj, te pido una gracia..., ¿la diré...?
Que yo sea una florcita perfumada en tu Iglesia; que un cristiano, una cristiana, al roce, a la mirada de esos pétalos, pueda decir: ¡Alabado sea el Señor! Amén.

San Juan Crisóstomo 2011.

13 de septiembre
San Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia
349-407

Este himno está compuesto al eco de una homilía antes del destierro (oficio de lectura) y de las catequesis de Benedicto XVI sobre san Juan Crisóstomo (19 y 26 de septiembre de 2007), cuando se celebraba el decimosexto centenario de la muerte del santo doctor (349-407).
Nació en la actual Turquía, en Antakaya (Antioquía de Siria, al sur de Turquía) en torno al 349; fue bautizado en el 368. “Se retiró durante cuatro años entre los eremitas del cercano monte Silpio. Prosiguió aquel retiro otros dos años, durante los cuales vivió solo en una caverna bajo la guía de un "anciano". En ese período se dedicó totalmente a meditar "las leyes de Cristo", los evangelios y especialmente las cartas de Pablo. Al enfermarse y ante la imposibilidad de curarse por sí mismo, tuvo que regresar a la comunidad cristiana de Antioquía”.
“Y aquí se realiza el giro decisivo de la historia de su vocación: pastor de almas a tiempo completo. La intimidad con la palabra de Dios, cultivada durante los años de la vida eremítica, había madurado en él la urgencia irresistible de predicar el Evangelio, de dar a los demás lo que él había recibido en los años de meditación. El ideal misionero lo impulsó así, alma de fuego, a la solicitud pastoral”.
En el año 381 es ordenado Diácono y en el 386 Presbítero, y en el 397 Obispo de Constantinopla, Capital del Imperio en Oriente. Nos quedan de él más de 700 homilías auténticas, 18 tratados, y comentarios a Romanos, Corintios, Efesio, Hebreos y 241 cartas. Sufrió dos destierros, y murió en el destierro, en el Ponto.
Al meditar en las obras de Dios en los días de la creación (nos recuerda Benedicto XVI) nos presenta cuatro estancias de la presencia de Dios: 1. La creación, “subida” desde la belleza hasta el Creador; 2. La Escritura “descenso” (bajada, synkatábasis) de Dios a su criatura; 3. La Encarnación, habitación de Dios entre nosotros; 4. El Espíritu Santo, principio vital y dinámico de la vida de la Iglesia cuando Jesús se fue.
Fue un gran predicador de exigencias sociales, y murió dejando su último testamento: ¡Gloria a Dios en todo! Con estos sentimientos cantamos.

1. Este es mi báculo firme,
mi total seguridad,
el códice que predico
Cristo, mi roca y verdad.

2. La Escritura es la respuesta
a cualquier humano afán;
se hará Palabra de vida
si es obra de caridad.

3. La creación es la escala,
que nos sube hasta el umbral,
y en la Escritura desciende
Quien marca su voluntad.

4. La Encarnación es la entrada
Del Hijo en su propio hogar;
y el Espíritu corona
cuanto Dios quiere plasmar.

5. Predicador catequista
de la fuente bautismal,
la divina Eucaristía
se hacía entrega social.

6. En doloroso destierro
fuiste lazo de unidad,
pastor que nunca dejaste
de orar, sufrir y de amar.

7. ¡Gloria a Dios sea en todo
en tiempo y eternidad,
y alabe la santa Iglesia
a su Esposo celestial! Amén.

13 septiembre 2011.

sábado, 10 de septiembre de 2011

91. Mi Padre, Dios de perdón y misericordia

Domingo 24, ciclo A
Mateo 18,21-35

Hermanos

1. La palabra final del Evangelio hoy proclamado dice así: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano” (Mt 18,35).
En esta representación de la parábola se habla de un Padre – mi Padre, dice Jesús  – que es Dios de perdón y de misericordia, y de una comunidad  de hermanos, en la que debe circular el perdón, que es la comunidad de Jesús. Por tanto, dos preguntas están ahí delante para que las respondamos:
- ¿Quién ese Dios, el Dios de Jesús, el Dios que yo quiero que sea el único Dios vivo y verdadero de mi vida?
- ¿Cómo debe ser la comunidad de hermanos, la comunidad de Jesús, como comunidad de perdón?
Cada una de estas dos preguntas es para un cristiano un manantial vivo de revelación, pues ese Dios a quien miramos no es el Dios de la razón sino el Dios de la revelación; y de modo correlativo la comunidad de que hablamos, en la que vivo, no es una mera realidad sociológica, comunidad y convivencia que hacemos los hombres, sino una comunidad que Dios ha creado y convocado, por ello “comunidad de hermanos”, como Jesús dice: cada cual de corazón a su hermano.

2. La parábola nos lleva al mundo de la fantasía: dos deudores, que provocan dos escenas paralelas al mismo tiempo que contrarias. El primero debía diez mil talentos; el segundo cien denarios. La primera es una suma fabulosa, que, según cálculos, es un millón de veces mayor que la deuda del segundo. Cien denarios son cien sueldos diarios; recuerden aquella parábola del mismo evangelista Mateo, la de los trabajadores en la viña, cuando a cada uno se le paga lo justo y suficiente, un denario por jornada. Cien denarios, cien sueldos, no es una cantidad despreciable, pero, en todo caso, es ridícula comparada con la otra, que es un millón de veces más. Diez mil talentos son cien millones de denarios.
Entrando en la escena,  advertimos que el rey todopoderoso, al ver que su siervo no tiene con qué pagar, ordena que lo vendan a él con su mujer, sus hijos y sus posesiones, y pague de esta forma. El siervo se arroja a los pies del señor y le suplica no que le perdone, sino que tenga paciencia: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo” (v. 26).
El señor se compadeció de él y le perdonó todo, una solución radical y desde el fondo. Aquel hombre empezaba a nacer como un hombre nuevo; e igualmente su familia.
Pero ahora da vuelta la parábola para presentar otra escena equivalente, pero justo al revés. Al salir el criado aquél, encuentra a un compañero, que, a su vez, le debe una cantidad, un millón de veces menos. “Y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: Págame lo que me debes”. Y se repite la escena, pues el deudor humillado, se arroja a los pies para suplicar: “Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”. Este acreedor soberbio y despiado no tuvo entrañas de perdón, lo agarraba del cuello y lo estrngulaba, y a su compañero lo mandó a la cárcel.
La tercera parte de la parábola se deja entrever: que, enterado el rey,  entregó al primer deudor a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Y Jesús saca la conclusión: “Lo mismo hará con nosotros mi Padre celestial, si cada uno no perdona de corazón a su hermano”.

3. Esta escena, que no ha ocurrido, sí que ha ocurrido en el orden espiritual, si detrás de las palabras vemos la aplicación que se impone:
¿Quién es el deudor insolvente?
Yo soy; ninguno de nosotros podía pagar la deuda de sus pecados, por hablar con términos bancarios.
¿Quién es el señor magnífico, que perdona espléndidamente, del todo?
El Señor es Dios, a quien podemos y debemos llamar nuestro “Padre”.
Al parecer Jesús, desatando su fantasía como un catequista plástico y visual,  pone un caso irreal, que no ha sucedido, para que saquemos las consecuencias: sí que ha sucedido, sí que puede suceder. Quien fue perdonado no sabe perdonar: incomprensible, pero cierto.
Nuestro Dios es un Dios de perdones, que no se ha cansado ni se va a cansar de perdonar. Nuestro Dios es Padre, el mismo Padre de Jesús.

4. Pero pasemos a esa segunda cuestión que enunciábamos al principio: la comunidad de Jesús ha de ser una comunidad en la que circule el perdón de unos a otros, porque todos entre nosotros somos hermanos. Es casi imposible que entre hermanos no ocurran desavenencias, desatenciones y ofensas, cuya solución generosa y completa tiene que ser el perdón. La vida humana nos dice que donde hay tres bien pronto surgen dos pensamientos, y tras los pensamientos vienen las distancias, y a nada que nos descuidemos los odios del corazón.
La comunidad cristiana tiene que ser una comunidad de reconciliación y de perdón.
Para introducir las palabras del Señor, hemos escuchado las reflexiones de un espiritual del Antiguo Testamento, un sabio, maestro de sabiduría que había reflexionado sobre la Ley y los Profetas, y como fruto de su meditación nos había dado estos consejos:
“Perdona las ofensas a tu prójimo
y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados.
Si un ser humano alimenta la ira contra otro,
¿cómo puede esperar la curación del Señor?
Si no se compadece de su semejante,
¿cómo pide perdón de sus propios pecados?
Si él, simple mortal, guarda rencor,
¿quién perdonará sus pecados?” (Eclesiástico 28,2-5).

5. Esta lógica del perdón, hermanos, Jesús la consideró tan importante, tan esencial en la vida cristiana que la puso dentro de su oración, el Padrenuestro. Allí oramos al Padre: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Si nosotros no perdonamos a nuestros semejantes, no tenemos derecho a decir a Dios que nos perdone de lo que a él el ofendemos.
No se dice que lo que nos han hecho nuestros hermanos no haya sido una ofensa. Se supone que sí, que lo ha sido, que tenemos derecho para enojarnos, que hemos quedado profundamente heridos..., que ha sido una injusticia y humillación lo que hemos recibido. Es cierto...
Pero tenemos que perdonar, hermanos.
Incluso más, si seguimos el ejemplo de Jesús: tenemos que perdonar aunque no nos pidan perdón.
Y que a la hora de nuestra muerte no haya ninguna deuda con nadie: que todo esté en orden, arreglado y perdonado.
También el mensaje de hoy nos recuerda este momento final de la verdad, que es la salida de este mundo:
“Piensa en tu final y deja de odiar,
acuérdate de la corrupción y de la muerte
y sé fiel a los mandamientos” (Eclesiástico 28,6).

6. “Equivocarse es humano; perdonar es divino”, dice una célebre sentencia en múltiples lenguas.
Hermanos, pienso que, al hablar, hablo como sincero expositor del Evangelio y en obediencia a Dios. Pero no puedo ignorar las situaciones dolorosísimas, e incluso dramáticas, en las que se ve envuelta la vida humana. Ahora pienso en los innumerables matrimonios rotos, definitivamente rotos, en los que el perdón no ha cundido su efecto. Hay matrimonios donde ha habido perdón otorgado, pero no aceptado, y uno de los dos se ha ido por su camino.
¿Hay que perdonar el adulterio, que rompe en su raíz el amor matrimonial? Es duro el decirlo, pero pienso que en cristiano, sí debemos decirlo: también  hay que perdonar el adulterio y restaurar el matrimonio en sus raíces.

Resumiendo, hermanos: Dios nos ha perdonado; nosotros hemos de perdonar. Sí, perdonar hasta lo imposible. Que triunfe el amor de Dios.
Equivocarse es humano; perdonar es divino.
Vivamos la vida divina que se nos regala. Amén.

Puede verse para la oración el himno que proponemos en este domingo: Setenta veces siete

miércoles, 7 de septiembre de 2011

90. Natividad de María

Meditación


Hermanos:

1. La fiesta de la Natividad de María es una fiesta muy hermosa, toda llena de poesía. Celebremos con alegría el nacimiento de María, la Virgen; de ella salió el Sol de justicia, Cristo, nuestro Dios, dice el Introito de la Misa.
Los textos  litúrgicos de la fiesta, lo mismo de la Misa que de la Liturgia de las Horas, son de saborearse hondamente, con paz. “En los nuevos libros litúrgicos promulgados por Paulo VI, - indica un liturgista - esta fiesta ha sido muy revalorizada, principalmente, por sus dos himnos nuevos: uno de autor anónimo del s. X y otro de S. Pedro Damiani” (A. M. Franquesa Garrós, Enciclopedia Rialp).
Efectivamente, canta San Pedro Damiani, doctor de la Iglesia, en las II Vísperas: “Beata Dei génetrix / nitor humani generis, / per quam de servis liberi / lucisque sumus filii” (Santa Engendradora de Dios, esplendor del género humano, por quien somos libres cuando éramos esclavos, e hijos de la luz...”).
Y muy dulce, muy tierno, el otro himno natalicio, que se escucha en Laudes: “O sancta mundi domina”: ¡Oh santa Señora del mundo, ínclita reina del cielo, oh fúlgida estrella del mar, maravillosa Virgen Madre! ¡Muéstrate, dulce hija; brilla ya, tierno tallo virginal...! El poeta amoroso es muy audaz para llamar a la humilde Virgen de Nazaret “mundi Domina”, Señora del mundo.
 Icono de la Natividad de María
en la iglesia de Santa Ana en Jerusalén

2. La fiesta de la Natividad de María tiene sabor de Jerusalén. Los viejos apócrifos legendarios – comenzando por el Evangelio de Santiago – no pretenden imbuirnos de episodios que nadie podrá demostrar. Lo que buscan es gustar meditativamente lo que la fe puede contemplar.
Sabemos que un día acaeció en la tierra el misterio soberano de la Encarnación, clave de la Trinidad. Esta jovencita virginal, María,  amor que ha arrebatado a todas las generaciones, un día nació. ¿Cómo no cantar Las Mañanitas a esa niña, que ya al nacer hubo de ser toda santa, y que sin duda nació de padres santos...? El hecho central es la Encarnación, y de ahí derivamos a los principios.
Y como estamos en la Casa de Judá, podemos repasar la Escritura porque la niña que hoy aparece en el mundo, es hija de Israel, y es la flor más bella de la historia de la salvación que Dios ha ido haciendo con nuestros antepasados y la continúa hoy con nosotros.
Al felicitar, pues, a María, recordamos estas cosas: “Natívitas gloriósæ Vírginis Maríæ ex sémine Abrahæ, ortæ de tribu Iuda, clara ex stirpe David”. “Hoy es el nacimiento de la gloriosa Virgen María, del linaje de Abraham, nacida de la tribu de Judá, y de la noble estirpe de David” (Antífona de Laudes). Y las antífonas sucesivas rezan así: “Gloriosa es la estirpe de María, santa su raíz, bendito el fruto de su vientre; su nacimiento ilumina al mundo entero”. “Celebremos con gozo el nacimiento de santa María y pidámosle que interceda por nosotros ante Jesucristo, nuestro Señor”.
En fin, para bendecir a Dios con el Benedictus, oramos y alabamos así: “Tu nacimiento, santa Madre de Dios, ha anunciado la alegría al mundo entero, pues de ti nació el sol de justicia, Cristo, nuestro Dios: él ha sido quien, destruyendo la maldición, nos ha aportado la bendición y, aniquilando la muerte, nos ha otorgado la vida eterna”.
Este es el tono de la fiesta.

3. Fiesta, pues, de alegría y de felicidades.
No nos sorprenda que la liturgia de nuestros hermanos de Oriente comience el año litúrgico con esta fiesta original de María, en la que se prepara el Nacimiento de Jesús, que es la verdad de la Encarnación, y que se termine en agosto con la Dormición de María, que es el fruto inmediato y más puro de la Pascua del Señor.
Los conocedores de la liturgia nos proporcionan datos de mucho valor para centrar nuestra piedad en armonía con la tradición de la Iglesia. Un benedictino, profundo conocedor de la liturgia oriental, escribe hoy (7/9/2011) en “L’Osservatore Romano”: “La Natividad de la Madre de Dios es una de las fiestas marianas más antiguas, de origen jerosolimitano, testimoniada ya en el siglo IV e introducida en Constantinopla en el siglo VI y en Roma en el VII. Los textos del oficio de la tradición bizantina de la fiesta —que retoman autores de Jerusalén (Esteban, siglo VI) o constantinopolitanos (Sergio y Germán, siglos VII-VIII)— subrayan la plegaria de Joaquín y Ana en la angustia por la falta de descendencia y la gran alegría por el nacimiento de María.
Romano el Melode (siglo VI) tiene un kontàkion (= himno de determinadas características) para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. En la estrofa introductoria el autor resume los temas que desarrolla el texto y, sobre todo, el misterio que la fiesta celebra y contempla: a María misma, cantada con los títulos de “Madre de Dios, inmaculada, nutriente del género humano”, y su nacimiento, fuente de gozo para dos parejas, la de Joaquín y Ana, liberados de la vergüenza de la esterilidad, y la de Adán y Eva, liberados de la muerte” (Manuel Nin). En este himno el santo poeta le dirá a María "el nido del Señor".
Anunciación  de María Teresa Peña Echeveste (1935-2002)

4. San Romano el Meloda (el Melodioso), principal poeta litúrgico de los siglos antiguos (Benedicto XVI habló de él), en el siglo VI, nos ha transmitido un himno espiritual para celebrar esta fiesta. Otro poeta posterior, San Andrés de Creta (ca. 660-740), nacido en Damasco (Siria) y monje en Jerusalén, obispo en la isla de Creta, nos da hoy, en el oficio de lectura, el sentido de esta hermosa fiesta, al presentárnosla como aurora de la Encarnación del Verbo, de donde vinieron todos los bienes.
“Éste es el compendio de todos los beneficios que Cristo nos ha hecho; ésta es la revelación del designio amoroso de Dios: su anonadamiento, su encarnación y la consiguiente divinización del hombre. Convenía, pues, que esta fulgurante y sorprendente venida de Dios a los hombres fuera precedida de algún hecho que nos preparara a recibir con gozo el gran don de la salvación. Y éste es el significado de la fiesta que hoy celebramos, ya que el nacimiento de la Madre de Dios es el exordio de todo este cúmulo de bienes, exordio que hallará su término y complemento en la unión del Verbo con la carne que le estaba destinada. El día de hoy nació la Virgen; es luego amamantada y se va desarrollando; y es preparada para ser la madre de Dios, rey de todos los siglos”.

5. Bella y dulce fiesta de la Virgen, nuestra Madre. De nuestra parte también queremos cantar.

Hoy es el Nacimiento de María.
alégrese la Iglesia,
y honore el resto santo de Israel
a aquélla que en su estirpe es la primera.

Recuerden los creyentes de sus páginas
a Débora guerrera,
- ¡oh madre de Israel junto al Tabor! -,
a Sara bendecida y a Rebeca.

Recuerden en el Cántico de Ana
la gracia de un profeta,
los campos de Belén, la humilde Rut,
que busca pan en tiempo de la siega.

Recuerden a la intrépida Judit
y a Ester, la reina bella;
recuerden, mas comprendan con gran gozo
que flor más bella vino a nuestra tierra.

Hoy nace en este mundo la alegría
por una niña hebrea;
de todas las mujeres ella es única,
la Madre de los hombres, nueva Eva.

¡Oh Dios de nuestros padres, Dios eterno,
oh Dios de las promesas,
por la Natividad que anuncia al Hijo
a ti la bendición, la gloria sea! Amén. (Jerusalén, 1986).

6. Concédanos la Madre del Señor el don de la alegría y la ternura. ¡Te bendecimos, María! Amén.

Puebla, 7 de septiembre de 2011.

Puede el lector consultar otras composiciones en torno a esta fiesta: mercaba.org / Rufino María Grández / El pan de unos versos / Natividad de María; en particular: El más bello deseo tiene nombre..


martes, 6 de septiembre de 2011

89. La Virgen de Europa, la Madre de Europa: Esplendor celeste


Meditación
ante unos cuadros europeos de la Virgen María


1. L’Osservatore Romano del día 6 de septiembre nos comunica esta noticia, acompañada por otra parte de un bello artículo del cardenal Giovanni Lajolo:
“Desde el martes 6 de septiembre se podrá visitar en Dresde “Esplendor celeste. Rafael, Durero y Grünewald pintan a la Virgen”, una exposición conjunta de los Museos Vaticano y de las Staatliche Kunstsammlungen organizada en la ciudad alemana con ocasión de la próxima visita apostólica de Benedicto XVI a Alemania del 22 al 25 de septiembre”.
La visita pastoral del Papa – un  hombre cultísimo, esteta de pensamiento y sensibilidad – promueve obras culturales como ocurre con esta exposición. Allí irán para dejarse ver dos obras cumbres de Rafael: La Madonna de Foligno (la ciudad para que fue destinada, si bien hoy está en la Pinacoteca Vatica, en la misma sala de la Transfiguración) y la Madona de Dresde.

2. Hoy, estas máquinas computadoras que usamos, con un leve golpe en el teclado nos introducen en el tiempo del Renacimiento italiana y europeo, para contemplar atónitos esas “Madonas” que con un refinado humanismo pintaron aquellos grandes: Rafael, de Urbino (1483-1520), Alberto Durero (Albrecht Dürer1471-1528), Matthias Grünewald (1470-1528), Lucas Cranach, padre, “el Viejo” (1472-1553). Una especie de mareada espiritual se filtra en el cuerpo y llena el alma. Y dejándose llevar por el candor – que son las azucenas que Dios ha puesto en todo corazón que quiera pensar amorosamente – uno se pregunta: ¿Y después de estos vino la Reforma? ¿Cómo es posible que después de haber pintado suave y divinamente a la Virgen, Madona de toda belleza, haya explotado la Reforma? En aquel momento se rompió Europa, y la fractura persiste.
 Madonna di Foligno (Pinacoteca Vaticana)
He aquí, ante la luz de la computadora, una de esas Madonas de la Exposición espiritual que acompaña al Papa y sigue a su visita hasta diciembre, la Madona de Foligno.

La de Foligno de alguna manera es hermana de la de Dresde (Alemania), llamada Madonna Sixtina, que se nos muestra así
Madonna Sixtina, de Rafael (Dresde)

El cardenal italiano Giovanni Lajolo comenta lo que ve en estos cuadros
“De María, en el cuadro de Dresde, se puede decir que está representada como en una “epifanía”, una aparición: se abre el cortinaje y aparece la mujer, muy sólida, verdadera señora romana, y tan ligera en su figura apenas movida por el viento, con la mirada atenta, dirigida a quien la contempla; tan escultural –Mulier fortis, Virgo intemerata– y tan viva. Aparece, y está presente. Ella con su Niño, no tan pequeño y ya crecido: el Hijo de Dios que es verdadero hombre.
Más que una aparición, la Virgen de Foligno se presenta casi como una visión que emerge del nimbo solar, entre un paisaje encantado y la corona de ángeles etéreos casi formados por la vaporosa sustancia de las nubes. En el oval ideal que la circunscribe, es una mujer toda dulzura en la sinuosidad de su actitud –Virgo sapiens, Mater amabilis– atenta al Niño todavía pequeño, el Dios partícipe de la fragilidad humana que parece quererse refugiar bajo su velo.
Por primera vez se nos permite admirar a las dos mayores Vírgenes de Rafael expuestas juntas por algunos meses en Dresde, junto a las obras de otros celebérrimos pintores alemanes de vísperas de la reforma luterana: Alberto Durero, Matías Grünewald y Lucas Cranach el Viejo. Obras todas estupendas que revelan a la mirada de los visitantes, en la diversidad de la propia configuración estilística, la unidad en la misma fe” (L’Osservatore Romano, 6 de septiembre).
Los angelitos del alféizar de la Madonna Sixtina,
muy célebres en todo el mundo
3. En nuestra reflexión hemos grabado este título: “La Virgen de Europa”, añadiendo el eslogan de la exposición: “Resplandor ceelste”.

Después de haber hablado tanto..., tanto de la pobreza..., los mariólogos no escogerán ninguna de estas imágenes como retrato histórico de María, la humilde entre los “anawim” del Antiguo y Nuevo Testamento. También lo sabían los artistas que la Virgen nunca llevó esos trajes de señora, ni fue una europea, sino una bella judía de tez morena y ojos profundos. Los artistas que, sabiendo la historia, la transcienden anhelaban un retrato espiritual de la Virgen María. La vieron pura, la vieron señora, la vieron  dulce y delicada, la vieron... quizás, por encima de todo, hermosa. La hermosura había venido de Grecia, y aposentada en Adán y Eva (el Adán y Eva de los renacentistas), en la Madre de Jesús la hermosura clásica, quería reproducir la hermosura santa... No era la santidad mística de los iconos de Oriente, sino la santidad que quería hermanarse con los tiempos modernos. Para rezar, ciertamente la santidad de un icono de la Santa Madre de Dios te eleva más que la total hermosura humana de las Vírgenes del Renacimiento; pero estas también elevan de otra manera. De hecho, esas Vírgenes las hemos visto en tantas estampas que iban a nuestros misales de mano. Luego vendría Murillo con su especial ternura, llena de devoción.

4. Pero mi pensamiento regresa al principio, a Europa, que la pienso con las inmortales Madonas de aquellos artistas. La Virgen era entonces la Madre de Europa, aunque no se le hubiera dado este título, la Virgen que se pinta en Italia, en Flandes, en Alemania... Porque esas imágenes nacían de una fe existente, de un orbis catholicus, que tanto había amado.
Los artistas no pensaban en Europa al sacar del corazón aquellas representaciones de la Virgen. Pero la fe que vivía, que les embargaba (aunque en su vida hubiese lances que no iban de acuerdo con los cuadros y tablas que pensaban), aquella fe |era el fono de la belleza que admiramos.
En la Virgen de Foligno vemos qué divinoe s el cielo y qué cerca está el cielo de la tierra. María, que no es una diosa, es la Madre de Jesús, y emerge desde la Trinidad como Tota pulchra, toda hermosa, en esa hermosura no de jovencita, sino de mujer plena. Los ángeles, que salen de las nubes, orlan esa belleza de la Señora; y lo mismo el angelito rollizo que a pie de tierra sostienes el cartel. Y debajo está el paisaje y las personas: el mundo.
Juan Bautista, el del dedo alzado, el que indicó a Jesús, está indicando lo mismo, pero esta vez al Hijo con la Madre. Francisco de Asís, que en la mano izquierda tiene una cruz, está orando. El Serafín de Asís era todo oración, y en este caso, este humilde miembro de la familia, está orando a la Madre intercesora.
San Jerónimo, que viene del desierto (ahí está la fierra) y que posa su mano sobre la cabeza de quien encarga hacer el cuadro, Segismundo dei Conti.
El cielo y la tierra tienen una clave: es cierto; es Cristo. Pero donde stá l Hijo está la Madre.
La Virgen María, que fue la Madre del Verbo en la vida, desde el cielo intercede y protege. No nos podemos escapar de su esfera, porque ella quiere caminar con nosotros.
Europa..., Europa..., los pintores descubrieron tu alma y es ésa. No te puedes marchar de la dulce mirada de la Madre. La realidad es esa;  la verdad es esa;  y la hermosura... es ese camino.
Desde lo íntimo del corazón, como Francisco siento, y a ella le dirijo mi palabra.
Y ella, deja hacerse una suave palabra en mi corazón:
- Haced lo que él os diga.

Puebla, 6 septiembre 2011.


POSTSCRIPTUM

1. Señora celestial y de esta tierra,

belleza de mujer, Santa María,

tu vida es un oasis cuando pienso

tu nombre es clave y luz me adentra.



2. Adán no fuera nadie, solo y mero,

si junto a Adán no fuera Eva;

y el mundo fuera opaco, oscuro y triste,

si eterno femenino no existiera.



3. Por eso yo me postro reverente

al pronunciar “María”, cinco letras,

que son los cuatro puntos cardinales

y el quinto, el corazón que reconcentra.



4. María es lo indecible muy sencillo

y a flor de labios rezo de quien reza,

y en mente de teólogos conspicuos,

sabiduría y ciencia sobre ciencia.



5. Mas hoy que anhelo, miro y me extasío

me place consentir que es la belleza,

aquello que presiento, ojos lánguidos,

mi vocación rescate que  me llena.



6. Belleza de la paz y bien cumplido,

que ha de ser la paz de la Asamblea;

María es la ruta de la marcha

y el ritmo del viajero que jadea.



7. Hoy te he visto al mirar una azucena

y no tuve valor para prenderla,

mis ojos con amor la acariciaban

y mi alma se vestía de pureza.



8. Ahora, Madre mía, me despido,

y dejo de pensar, mas no me dejas,

que al punto que despierte, te diré:

estás ahí, bellísima presencia.

Puebla, In Nativitate Mariae Virginis, 2011

lunes, 5 de septiembre de 2011

88. En torno a un Manifiesto de sacerdotes

Diálogos espirituales:
Opiniones y criterios sobre la crítica a la Iglesia


A través de la Agencia eclesiástica de Zenith, llega a mi conocimiento que un grupo de sacerdotes de Austria – 300 sobre un total de 2000 (según la misma agencia) – ha firmado un “Manifiesto” (Pfarrer-Initiative, que sería “Iniciativa de Párrocos” sobre una toma de postura precisa en asuntos que afectan a la fe y disciplina de la Iglesia. El Manifiesto en cuestión, liderado por el que fue Vicario general de Viena, Helmut Schüller en su redacción integral, dice así:

MANIFIESTO DE LOS SACERDOTES AUSTRÍACOS
Llamada a la desobediencia

El rechazo de Roma a una largamente esperada reforma de la Iglesia y la inactividad de nuestros obispos no solo nos permiten sino que incluso nos obligan a seguir nuestra propia conciencia y actuar de manera independiente.

Nosotros, sacerdotes, queremos dejar establecidos para el futuro los siguientes signos:

1.   En adelante en todas las misas rezaremos una oración por la reforma de la Iglesia. Tomaremos en serio las palabras de la Biblia, pedid y recibiréis. Ante Dios existe la libertad de expresión.

2.   No negaremos, en principio, la Eucaristía, a los fieles de buena voluntad. Con especial referencia a los divorciados en segundo matrimonio, a los miembros de otras Iglesias cristianas y en algunos casos también a los católicos que han abandonado la Iglesia.

3.   Evitaremos, en lo posible, celebrar más de una Misa los domingos y los días de fiesta o de encargarlas a los sacerdotes que están de paso o no son residentes. Es mejor celebrar una Liturgia de la Palabra localmente organizada que turnos litúrgicos.

4.   Organizaremos en el futuro la liturgia de la palabra con distribución de la comunión como una “Eucaristía sin sacerdote” y así la llamaremos. De esta forma cumpliremos con nuestra obligación dominical cuando falten sacerdotes.
5.   Rechazaremos igualmente la prohibición de predicar para laicos competentes y cualificados y profesoras de religión. Es necesario anunciar la Palabra de Dios en tiempos especialmente difíciles.

6.   Nos comprometeremos a que cada parroquia tenga su propio superior, hombre o mujer, casado o soltero, a tiempo completo o parcial. No por medio de fusión de parroquias sino mediante un nuevo modelo de sacerdote.

7.   Por lo tanto vamos a aprovechar todas las oportunidades de manifestarnos públicamente a favor de la ordenación de las mujeres y de las personas casadas. Los vemos como colegas y como colegas bienvenidos al servicio pastoral.

Nos sentimos solidarios además con aquellos que a causa de su casamiento no pueden seguir ejerciendo sus funciones y también con quienes, a pesar de mantener una relación, continúan prestando su servicio como sacerdotes.

Ambos grupos siguen con su decisión los dictados de su conciencia como lo hacemos nosotros con nuestra protesta. Os vemos como “hermanos nuestros”, como al Papa y los obispos. No sabemos qué otra cosa debe ser un “co-hermano”. Uno solo es nuestro Maestro y todos somos hermanos y hermanas, como deberíamos llamarnos entre cristianos y cristianas.
Por lo tanto es por eso que queremos rebelarnos, eso es lo que queremos que suceda y por eso queremos rezar. Amén.
Domingo de la Trinidad, 19 de junio de 2011” (Traducción del alemán por Susana Merino”.

* * *

Como ocurre en este tipo de Manifiestos, se pone el dedo en la llaga de puntos importantísimo, tal, el de las misas dominicales. Las reacciones y comentarios surgen, especialmente en el ámbito en que han nacido (http://www.pfarrer-initiative.at/).
Los firmantes de este documento no hablan de una “ruptura” (Spaltung, Abspaltung) ni con la Iglesia ni en la Iglesia. Pero si la cosa sigue adelante, los presupuestos en los que se apoya la “llamada a la desobediencia” (Aufruf zum Ungehorsam, título que se atribuye al sacerdote párroco que ostenta el liderazgo), el punto de partida puede llevar a una ruptura con la Iglesia.
Sin duda que Lutero tenía muchas “razones” para dejar la Iglesia; pero no tenía simplemente “la razón”; y no es un socorrido juego de palabras.
Hace unos años – antes de 2005 – el entonces Ratzinger, dio una célebre conferencia con el título de “¿Por qué pertenezco a la Iglesia?”, conferencia accesible en Internet. El comienzo era bastante escalofriante: Tengo muchos motivos para no permanecer en la Iglesia... Decía así: “Existen hoy muchos y opuestos motivos para no permanecer en la Iglesia. En nuestros días están tentados de volver la espalda a la Iglesia no sólo aquellos a quienes se les ha hecho extraña la fe de ésta, a quienes aparece demasiado retrógrada, demasiado medieval, demasiado hostil al mundo y a la vida, sino también aquellos que amaron la imagen histórica de la Iglesia, su liturgia, su independencia de las modas pasajeras, el reflejo de lo eterno visible en su rostro.
Estos tienen la impresión de que la Iglesia está a punto de traicionar su especificidad, de venderse a la moda del tiempo y de este modo perder su alma. Están desilusionados como el amante traicionado y por eso piensan seriamente en volverle la espalda”.
Según estas observaciones, no solo los rebeldes sienten la tentación de irse de la Iglesia, por sentirla anquilosada y obsoleta, ajena a la marcha del mundo; sino los fieles, los devotos... también, por verla traidora a su amor.
Luego el cardenal dabas las razones de por qué permanezco en la Iglesia. En suma, una conferencia, que merecería ser releída ante noticias de este género.

* * *

Al leer el comunicado mis sentimientos son dobles: cercanía y distancia. Cercanía, porque veo el celo y las razones que subyacen en el documento. Distancia, porque sencillamente no pienso así. Y tengo razones para ello. No solo los más de 50 años de vida sacerdotal, sino también mi reflexión personal sobre la Teología y la Escritura.
Pedir por la reforma de la Iglesia (de mi orden, de mi Comunidad en la que vivo), sí; a condición de que, con absoluta seriedad, responsabilidad y compromiso, pida por mi propia reforma personal, en la que procuro aplicarme. Si no partiéramos de esta base, lo demás sería un asunto meramente académico, presa de discusiones interminables. Tantas veces la vida me ha enseñado – y me reduzco a normas de “perfección evangélica” (pues mi vida se ha centrado mayormente en trabajos de educación) –  que las cosas son de dos maneras: de la forma como las hacemos, y de otra con que también las podríamos hacer. Ahora bien, tratándose de comunidad, ha de haber una instancia, la que sea, la que, al fin, dé una palabra. También se puede disentir, con razones, frente a la palabra establecida, pero salvo ofensa de Dios, la praxis hay que hacerla en unidad.
El inicio de este discurso nos llevaría a lo que es una exposición académica, perfilando matices, con “distingos” y “subdistingos”.
Valga un espécimen con una reflexión cristiana en torno al celibato sacerdotal. Es obvio que el ministerio sacerdotal no va de sí ligado al celibato. La Iglesia, desde hace muchos siglos, ha optado por no llamar al sacerdocio, sino a aquellos candidatos que al desear ser investidos del ministerio sagrado,  se comprueba que han recibido el carisma del celibato. ¿Es esto lo mejor para la Iglesia? No hay razones matemáticas que puedan demostrarlo, ni tampoco rebatirlo. Habrá razones teológicas... La teología puede justificar perfectamente el sacerdocio celibatario y el sacerdocio de quienes ni optaron ni optan por el celibato. El Espíritu es amplio para hacer posibles las dos opciones, las dos hermosas, llenas de los dones de Dios.
Pero la Iglesia ha escogido una. ¿Es infiel al Espíritu? ¿Está ahogando el Espíritu? ¿Quién puede demostrarlo...? Ciertamente que nadie.
Yo “opino” – y muy decidido doy mi voto a favor – que la Iglesia hace muy bien en tomar para ministros a quienes, con gran fervor de corazón, han respondido a una llamada celibataria. A mí me parece mejor que el sacerdocio católico resplandezca surgido en el celibato. Es una opinión tan solo que no anula la de mi hermano; pero es “una” que no puede ser anulada por la opinión de otro; en este caso, opinión avalada por una tradición consistente de siglos.
En el fondo, uno tiene que ampararse en una concepción mística y real de la Iglesia.
Esto es lo que no se percibe en el documento transcrito de los sacerdotes.
Y pienso que solo desde ese fondo, real e inasible, avanza la Iglesia.
El amor y la verdad en la Iglesia son vasos comunicantes. Y tanto avanza la Iglesia cuanto ama, y tanto queda iluminada la Iglesia cuanto ama.
Al final, “solo el amor es digno de fe”.

Puebla de los Ángeles (México), 5 septiembre 2012.


Nota. La citada conferencia de Joseph Ratzinger puede verse pulsando en:
http://hagaseestar.files.wordpress.com/2010/03/por-que-permanezco-en-la-iglesia-joseph-ratzinger.pdf