miércoles, 21 de septiembre de 2011

97. Coloquio con san Mateo

Fiesta de san Mateo
Mateo 9,9-13

1. Hoy he amanecido con san Mateo, y he hablado con él.
Y en unos versos sencillos, como un canto de juglares, le he ido diciendo:

A darte gracias, Mateo,
se presenta este escribano,
por tu Evangelio precioso
que acaricio con mis manos.
Hoy tenemos Internet,
Evangelio en luz contado,
más cerca de las estrellas,
más dentro de los humanos.
En la asamblea litúrgica
por siglos privilegiado,
el más leído de todos
y por todos escuchado.
Para un Sínodo evangélico
nos sentimos convocados
dispuestos, nuevos apóstoles,
a seis nuevos escenarios.
El Verbo de ayer y hoy,
el eterno y siempre amado,
nueva pasión ha encendido
para poder proclamarlo.
“Sígueme”, dijo a tus ojos;
“Sígueme” y se hizo el milagro.
“Sígueme”, me está diciendo:
pues me voy tras de sus pasos.

2. El Papa Benedicto XVI convocó la Asamblea del Sínodo para orar y dialogar en torno a la “nueva evangelización”. El Sinodo será celebrado en Roma en octubre de 2012.
Qué decimos al hablar de nueva evangelización, que es también evangelización nueva. El documento enviado a los Obispos, y que la Santa Sede nos suministra en Internet (vatican.va), las “Directrices” ( o Lineamenta, así llamado en latín) para iniciar el diálogo, se detiene en describir ampliamente en aclarar qué es lo que se significa con este concepto:

“5. ...El Papa Juan Pablo II recurre a esta expresión para hacer de ella un instrumento de intrepidez; la introduce como un medio de comunicación de energías en vista de un nuevo fervor misionero y evangelizador. A los Obispos de América Latina se dirige así: «La conmemoración del medio milenio de evangelización tendrá su significación plena si es un compromiso vuestro como obispos, junto con vuestro presbiterio y fieles; compromiso, no de re-evangelización, pero sí de una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión».[Haití, marzo 1983] No se trata de hacer nuevamente una cosa que ha sido mal hecha o que no ha funcionado, de modo que la nueva acción se convierta en un juicio implícito sobre el desacierto de la primera. La nueva evangelización no es una reduplicación de la primera, no es una simple repetición, sino que consiste en el coraje de atreverse a transitar por nuevos senderos, frente a las nuevas condiciones en las cuales la Iglesia está llamada a vivir hoy el anuncio del Evangelio. El Continente latino-americano se encontraba llamado, en aquel período, a hacer frente a nuevos desafíos (la difusión de la ideología comunista, la aparición de las sectas). La nueva evangelización es la acción que sigue al proceso de discernimiento con el cual la Iglesia en América Latina está llamada a leer y evaluar la situación en la cual se encuentra”.

3. Y luego se exponen los seis nuevas escenarios que aparecen en el panorama muna los que debemos llevar testimonio y palabra del Evangelio:
1.    “El primero de ellos es el escenario cultural de fondo. Nos encontramos en una época de profunda secularización, que ha perdido la capacidad de escuchar y de comprender la palabra evangélica como un mensaje vivo y vivificador”.
2.    Junto a este primer escenario cultural, podemos indicar otro, más social: el gran fenómeno migratorio, que impulsa cada vez más a las personas a dejar sus países de origen y vivir en contextos urbanizados, modificando la geografía étnica de nuestras ciudades, de nuestras naciones y de nuestros continentes”.
3.    “Esta profunda mezcolanza de culturas es el fondo sobre el cual actúa un tercer escenario, que está marcando en modo cada vez más determinante la vida de las personas y la consciencia colectiva. Se trata del desafío de los medios de comunicación social, que hoy ofrecen enormes posibilidades y representan uno de los grandes retos para la Iglesia”.
4.    “Un cuarto escenario que marca con sus cambios la acción evangelizadora de la Iglesia es el económico”.
5.    “Un quinto escenario es el de la investigación científica y tecnológica”.
6.    “Un sexto y último escenario es el de la política”.
De todo ello se habla con amplitud, y por honestidad científica, si queremos opinar, tenemos que ir al documento íntegro: La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana.

3. Hoy es San Mateo y tornamos a su Evangelio. las últimas líneas nos lanzan a la Misión. Dice el Señor:
“Se me ha dado todo poder ene l cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,
bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándolos a guardar todo lo que os he mandado.
Y sabed que yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,19-20).
Termina Jesús, continuamos. Es la nueva evangelización.

Puebla, San Mateo 2011.

Para orar en la fiesta de San Mateo, véase en Flos Sanctorum, en mercaba.org: Habla Cristo en el libro de Mateo



Himno para la fiesta de San Mateo

1. Habla Cristo en el libro de Mateo,
y del monte y del lago y de la casa
hasta nosotros llega la Noticia
y el Reino de los cielos se proclama.

2. Fue al principio la vida y el anuncio
de un Maestro de límpida palabra,
y luego fue la Iglesia de su sangre
y vino el Evangelio tras la Pascua.

3. A un funcionario diestro en su tarea,
publicano sin méritos ni fama,
lo hizo el Señor Apóstol de la Iglesia
con una sola voz y una mirada.

4. Cual padre de familia que en el arca
junta a la vieja herencia su ganancia,
Mateo, fiel testigo de Israel,
recoge de Jesús la nueva Gracia.

5. Apóstol que deleitas al discípulo
irradiando la luz que Cristo irradia,
la Iglesia que te lee y te bendice,
bebiendo en tu Evangelio, sacia el alma.

6. ¡Oh Hijo de David y de Abraham,
Nacido de María, Virgen santa,
guárdanos, tú que estás en tu asamblea,
para el reino en tu vuelta deseada! Amén.

martes, 20 de septiembre de 2011

96. El hijo que hizo la voluntad del padre

Domingo XXVI, ciclo A

Mateo 21, 28-32
Hermanos:

1. La parábola del Evangelio de hoy nos habla de dos hijos: el bueno y el malo. Al final resulta que el malo es el bueno y el bueno el malo.
Y en esta parábola hay un dicho chocante de Jesús, que no pocas veces se trae a colación desafortunadamente, fuera de contexto: las prostitutas os precederán en el reino de los cielos. Dicha así, parece un desafío a ir por el camino de la mala vida. Al fin lo que importa es el amor. Esto sería un abuso del Evangelio. Jesús no dice    que “las prostitutas nos preceden o nos precederán en el reino de los cielos”, sino que habla, frente a las autoridades, de las que han dejado de ser prostitutas, porque se convirtieron ante la voz severa de Juan.
Pero vayamos por partes y por detalles.

2. Y lo primero vayamos a los dos hijos. Uno es el educado, el obsequioso, el bueno, que tiene las palabras más bonitas para su padre. El otro es el maleducado y respondón. Le dice el padre: “Hijo, vete hoy a trabajar en la viña”. Y este, descarado, y mal hablado, le contesta: “No me da la gana”.
Pero luego este muchacho, cae en la cuenta de cómo le ha respondido a su padre, y “se arrepiente” (esta es la palabra evangélica). Y casi le oímos lo que está hablando consigo mismo: “Pero ¡qué sin vergüenza he sido! No hay derecho a responder así a mi padre. Venga, voy a trabajar. Voy a cumplir “la voluntad de mi padre”, que esta es la palabra del Evangelio.
La otra escena es la contraria. “Hala, hijo vete a trabajar hoy en la viña”. Y responde: “¡Sí, señor!”. Pero ¿qué pasó? Que no fue. Bonitas palabras, llenas de respecto, palabras que el viento se llevó... Y no fue a la viña.
Y ahora viene la pregunta de Jesús, examen de vida: “¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?” Cumplir la voluntad del padre, ése era el asunto.
Y respondieron: El primero. Evidentemente que el primero, el maleducado, el malo.

3. Este cuento, hermanos, es trágico, si desenmascaramos ahora a las personas y decimos de quién está hablando y en qué momento de su vida está hablando.
Jesús está hablando a los sumos sacerdotes del templo y a los ancianos del pueblo. Jesús no está hablando a la gente en general, sino a las autoridades, a los responsables espirituales de la nación. Y los está comparando con las prostitutas. Las prostitutas escucharon la predicación de Juan, reconocieron su mala vida, se convirtieron a la gracia de Dios. Los publicanos eran pecadores por trampas y corrupción; pero reconocieron sus abusos, sus injusticias, se arrepintieron. Pero vosotros, los espirituales, los guías del pueblo de Dios, no os habéis rendido, no nos habéis arrepentido, no aceptáis la voluntad de Dios, la voluntad del Padre del cielo, de mi Padre.
Lo dice Jesús en la semana última de su vida, y está haciendo un balance de la misión que le había traído a esta tierra. Las autoridades, los custodios sagrados de la Ley..., precisamente esos, no lo han recibido. En cambio, los pecadores, los que en Juan vieron a un enviado de Dios, esos sí, esos le han acogido...; acogieron primero a Juan y ahora acogen a Jesús.
“Porque vino Juan a vosotros, enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicados y las prostitutas le creyeron”.  Pero continúa Jesús: “Y, aun después de ver esto, no os arrepentisteis ni le creísteis” (Mt 21,32)

4. La magnitud del drama que aquí se encierra, lo advertimos cuando calibramos lo que para Jesús significa la “voluntad del Padre”. La voluntad del Padre es la pasión de su vida – “mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra” (Jn 4,34) – y esta voluntad no ha sido acogida. Jesús puede quejarse de que él no ha sido acogido, pero aquí nos está hablando directamente de Dios, de la voluntad de Dios. No abrirse a la voluntad de Dios es el pecado por esencia de la creatura.
¿Y Jesús va a terminar su vida de este modo? Su ministerio, cortado tan tempranamente, ¿ha sido un fracaso? Su palabra ¿no ha tenido la fuerza persuasiva para cambiar la situación, y, por otra parte, salvar a la nación de la amenaza que Jesús ve que se avecina?

5. ¡La voluntad de Dios!, hermanos, que es la bendición más grande que el hombre puede recibir en esta tierra. Hacer la voluntad de Dios, como pedimos en el padrenuestro: que este mundo sea el reino de la voluntad de Dios, como el cielo es ese reino de la voluntad de Dios.
La voluntad de Dios ha sido la pasión de Jesús, su único proyecto de vida. Y por la voluntad de Dios ha muerto. Si viéramos la vida de Jesús solo desde el rafe de esta parábola, podríamos inclinarnos a pensar que su obra fue un fracaso: no consiguió aquello por lo que había luchado. Sería una mirada parcial y falsa.
Él ha triunfado. Él ha cumplido la voluntad del Padre, como lo pidió en el Huerto de los Olivos, y ha levantado en torno a sí a una muchedumbre de discípulos, entre quienes nos encontramos, dispuestos, por gracia, a cumplir la voluntad de Dios en el mundo. Nosotros somos esa voluntad de Dios que Jesús quería y pedía.
La voluntad de Dios es nuestra misión para nuestra vida personal y para el mundo entero que Dios ha creado: ¡Que se haga tu voluntad lo mismo que en el cielo, así en la tierra!

6. No es ningún fanatismo el pedir con alma y vida que la Voluntad de Dios sea la ley que gobierne el mundo. Ciertamente que el mundo va por otros derroteros, pero, porque la gran mayoría vaya por el camino ancho, eso no prueba que ese sea el camino de la humanidad.
Al escribir esta homilía en vísperas de que el Papa va emprender la visita a su tierra patria, Alemania, donde va a estar del 22 al 25 de este mes de septiembre, me viene a la mente lo que es el eslogan de esta visita: Donde está Dios, ahí está el futuro. El sábado pasado, en la radio-televisión alemana, saludaba el Papa a su país. Les explicaba los sitios donde va a estar y por qué y para qué. Y añadía: “Todo esto no es turismo religioso, y todavía menos un “show”. De lo que se trata, lo dice el lema de estos días: Donde está Dios, ahí hay futuro. Debería tratarse del hecho de que Dios vuelva a nuestro horizonte, este Dios tan a menudo totalmente ausente, a quien sin embargo necesitamos tanto.
Quizás me preguntaréis: ¿Pero Dios, existe? Y si existe, ¿se ocupa verdaderamente de nosotros? ¿Podemos nosotros llegar hasta Él? Sí, es verdad: no podemos poner a Dios sobre la mesa, no podemos tocarlo como un utensilio o tomarlo en la mano como un objeto cualquiera. Debemos desarrollar de nuevo la capacidad de percepción de Dios, capacidad que existe en nosotros...” El Papa, Joseph Ratzinger, no va a su tierra como un ilustre alemán. Va sencillamente como un mensajero de Dios, que tiene una palabra que decir. Tendrá que hablar con sumo respeto y consideración para con todos – y ese es su estilo – pero tiene que decir lo que el Espíritu de Dios, tras sincera meditación, pone en sus labios. El Papa hablará de Dios. Decía: “Por eso, en estos días queremos empeñarnos para volver a ver a Dios, para volver nosotros mismos a ser personas por las que entre en el mundo una luz de la esperanza, que es luz que viene de Dios y que nos ayuda a vivir”.
Dios es el horizonte, el tema, el futuro. Y la voluntad de Dios es la obra a la que el hombre está emplazado.
Terminemos, pues, hermanos, con las palabras de la oración del Señor:
“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”. Amén.

Puebla, 20 septiembre 2011.


Dos hijos había
Canción espiritual para vivir en verdad
(sobre Mt 21,22-32)
 
Estribillo

Dos hijos había:

el bueno y el malo;

el bueno con halo,

mas no obedecía



Estrofas

1. Bonita apariencia,

corteses modales,

mas no son señales

de buena conciencia.

Que no es el que dice:

Jesús mi Señor,

sino el pecador.

¡perdón, mal lo hice!



2. No hay cosa más bella

que andar en verdad,

tomar la humildad

por guía y estrella.

Y ser el que soy

por dentro y por fuera,

y al ver mi manera

sabrán dónde voy.



3. Que al verme la cara

contemplen ni alma,

mi pena o mi calma

como en agua clara.

Yo busco anhelante

al Dios que está ahí;

si vienes a mí

no te desencante.



4. Que el sí sea sí,

por gracia y huy firme

y al punto de irme...,

diré: lo cumplí.

Que el no sea no

muy claro y valiente,

y diga obediente:

Jesús me ayudó.



5. Jesús, en tus manos,

la vida es verdad,

la sinceridad

fulgor de cristianos.

Tu rostro piadoso

me abra el paraíso,

que ya lo diviso,

misericordioso.


Puebla, 20 septiembre 2011

sábado, 17 de septiembre de 2011

95. Llagas de dolor y gozo

En la fiesta de la Impresión de las Llagas a san Francisco
Fiesta del 17 de septiembre para la Familia Franciscana


Hermanos:
1. La familia franciscana celebra el día 17 de septiembre una fiesta que para nosotros resulta entrañable: Las llagas de san Francisco. Se trata de un episodio que ocurrió dos años antes de la muerte o tránsito del santo. Fue el papa Benedicto XI, Beato Benedicto XI, de la Orden de Predicadores, que fue Papa solo ocho meses (1303-1304) quien concedió esta celebración litúrgica a la Orden Franciscana. No aparece, pues, en el Misal de la Iglesia, ni, en consecuencias, en los pequeños “misales mensuales” a uso de los fieles.
Pero en nuestras iglesias franciscanas sí la celebramos. Se trata de aquel episodio en el mes de septiembre de 1226, en torno a la fiesta de la Santa Cruz, dos años antes de su muerte (atardecer del 3 de octubre de 1226).
El primer biógrafo de san Francisco, Fray Tomás de Celano, a quien el Papa Gregorio IX orenó que escribiera la Vida con motivo de la canonización (1228), evoca el episodio con estas palabras.

94. Durante su permanencia en el eremitorio que, por el lugar en que está, toma el nombre de Alverna (nota 5), dos años antes de partir para el cielo tuvo Francisco una visión de Dios (6): vio a un hombre que estaba sobre él; tenía seis alas, las manos extendidas y los pies juntos, y aparecía clavado en una cruz. Dos alas se alzaban sobre su cabeza, otras dos se desplegaban para volar, y con las otras dos cubría todo su cuerpo (7). Ante esta contemplación, el bienaventurado siervo del Altísimo permanecía absorto en admiración, pero sin llegar a descifrar el significado de la visión. Se sentía envuelto en la mirada benigna y benévola de aquel serafín de inestimable belleza; esto le producía un gozo inmenso y una alegría fogosa; pero al mismo tiempo le aterraba sobremanera el verlo clavado en la cruz y la acerbidad de su pasión. Se levantó, por así decirlo, triste y alegre a un tiempo, alternándose en él sentimientos de fruición y pesadumbre. Cavilaba con interés sobre el alcance de la visión, y su espíritu estaba muy acongojado, queriendo averiguar su sentido. Mas, no sacando nada en claro y cuando su corazón se sentía más preocupado por la novedad de la visión, comenzaron a aparecer en sus manos y en sus pies las señales de los clavos, al modo que poco antes los había visto en el hombre crucificado que estaba sobre sí.
95. Las manos y los pies se veían atravesados en su mismo centro por clavos, cuyas cabezas sobresalían en la palma de las manos y en el empeine de los pies y cuyas puntas aparecían a la parte opuesta. Estas señales eran redondas en la palma de la mano y alargadas en el torso; se veía una carnosidad, como si fuera la punta de los clavos retorcida y remachada, que sobresalía del resto de la carne. De igual modo estaban grabadas estas señales de los clavos en los pies, de forma que destacaban del resto de la carne. Y en el costado derecho, que parecía atravesado por una lanza, tenía una cicatriz que muchas veces manaba, de suerte que túnica y calzones quedaban enrojecidos con aquella sangre bendita.
Notas
5) En la montaña del Alverna (1.269 m), en Toscana, diócesis de Arezzo. San Francisco lo recibió como regalo del conde Orlando de Chiusi en 1213.
6) Tuvo lugar hacia el 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz (LM 13,3).
7) Cf. las visiones de Is 6,2, y, sobre todo, las de Ez 1,5-14.22-25.

2. ¿Qué había ocurrido exactamente? Que Francisco tenía en sus manso pies y6 costado las llagas del Crucificado.
Los artistas, para indicarlo de forma visual, representan al Crucificado alada en los aires, y de esta imagen viene unos rayos, que, como saetas luminosas, hieren a Francisco en las partes del cuerpo donde Jesús tuvo sus llagas. Pero, leído el relato con atención, lo que escribió fray Tomás de Celano no dice exactamente eso.
Dice que Francisco tuvo aquella visión admirable, y que, cuando pasó, Francisco cavilaba en su corazón qué es lo que aquello significaba, y entonces vio en su cuerpo aquellas maravillas.
Estamos en el mundo de la más pura mística y no es lícito meterse con curiosidad en los secretos de Dios.

3. Este eminente – y santo –escritor, Tomás de Celano no es el primer testigo de las Llagas. El primer testimonio escrito nos lo dio el que entonces era el superior de la Orden, Fray Elías de Cortona, hombre luego discutido, pero, sin duda, hombre de excelente cualidades. Él comunión la muerte de san Francisco con una carta “encíclica” de este tenor, que es un Canto a las Llagas y al cuerpo santo de Francisco:

“... Su nombre se ha divulgado hasta en las islas lejanas y toda la tierra se maravilla por sus obras admirables. Por eso, hijos y hermanos, no queráis entristeceros en exceso, porque Dios, padre de huérfanos, os consolará con su santa consolación. Y si lloráis, hermanos, llorad por vosotros mismos, no por él. Pues nosotros, en medio de la vida, vivimos en la muerte, mientras él ha pasado de la muerte a la vida. Y alegraos, porque antes de separarse de nosotros, como otro Jacob, ha bendecido a todos sus hijos y ha perdonado todas las culpas que cualquiera de nosotros hubiese cometido o pensado contra él.
Y ahora os anuncio un gran gozo y un nuevo milagro. El mundo no ha conocido un signo tal, a no ser en el Hijo de Dios, que es Cristo el Señor.
No mucho antes de su muerte, el hermano y padre nuestro apareció crucificado, llevando en su cuerpo cinco llagas que son, ciertamente, los estigmas de Cristo. Sus manos y sus pies estaban como atravesadas por clavos de una a otra parte, cubriendo las heridas y del color negro de los clavos. Su costado aparecía traspasado por una lanza y a menudo sangraba.
Mientras su alma vivía en el cuerpo no había belleza en él, sino un rostro despreciable, y ninguno de sus miembros quedó sin sufrimientos. Sus miembros estaban rígidos por la contracción de los nervios, como sucede con los difuntos, pero después de su muerte su aspecto se volvió hermosísimo, resplandeciente de un candor admirable, agradable a la vista. Y sus miembros, que antes estaban rígidos, se volvieron blandos como los de un niño tierno, pudiéndose doblar a un lado u otro, según su posición”.

Era la primera vez que la Cristiandad había conocido tal maravilla.
Años más tarde, cuando san Buenaventura, sucesor de san Francisco en el gobierno de la Orden, escribió al Vida de San Francisco (1262), al tiempo que “un santo escribía al vida de otro santo”, como teólogo de la vida de san Francisco hizo una teología del Crucificado. La cumbre y corona de este amigo del Señor, fueron “Las sagradas Llagas”: es el título que el seráfico Doctor da al acontecimiento del monte Alverna.

4. Pero todas estas cosas sublimes ¿qué nos dicen a nosotros, humildes cristianos, no destinados a esos sublimes carismas?
Nos dicen algo muy sencillo, muy verdadero, muy evangélico.
Nuestro modelo, en el fondo, no es Francisco; nuestro modelo es Cristo. Nuestro ideal no es configurarnos con Francisco, sino configurarnos con Cristo, con el misterio pascual de Cristo, que celebramos todos los días en la Eucaristía.
La “transfixión” de san Francisco, la “estigmatización” de este siervo de Cristo, es para nosotros referencia de vida, porque en ella vemos realizado el Misterio Pascual de Cristo. Este Misterio Pascual es simultáneamente, de modo indiviso, la realización de la muerte en cruz y la gloriosa resurrección: el dolor y el gozo. Si quitamos la resurrección, destruimos al Jesús verdadero de los Evangelio; si negamos la cruz, anulamos la resurrección.
Esto es lo que sucedió en Francisco y es lo que sucede en nosotros. Francisco experimentó un indecible gozo y un acerbísimo dolor. Si el dolor que nosotros padecemos en la vida, en el fondo no nos da gozo, no estamos gustando el Misterio Pascual. Y, a la inversa, si el gozo y placer de la vida no está sostenido por una comunión secreta en los padecimientos del Señor, tampoco estamos participando del Misterio pascual del Salvador.
La vi es este misterioso secreto: la Cruz y la Luz; la Luz con la Cruz.
Y el lazo de unión, solo Jesús, a quien amamos, a quien adoramos, en quien esperamos. Amén.

Puebla, en la Fiesta de las Llagas de san Francisco, 2011.

Para orar en la fiesta de san francisco, véase en mercaba.org, en Flos sanctorum, conb sus introducciones respectivas: En la cumbre de La Verna.

En la cumbre de La Verna

En la cumbre de La Verna

se han dado cita de amor

el siervo con su Señor

unidos en Pascua eterna.



Del cielo el Señor venía,

Hijo de Dios humanado,

tenía el cuerpo llagado

y el rostro resplandecía.



¡Oh Jesús, el más hermoso

entre los hijos de Adán,

libres tus brazos están

para el abrazo de esposo!



Y Francisco se ha quedado

de gracia y amor transido;

por Cristo se encuentra herido

en manos, pies y costado.



Ved la Regla ya cumplida

en el monte de la alianza;

amor que la sangre alcanza

es de aquél que da la vida.



¡Gloria a ti, Cristo benigno,

en el precioso madero;

para el gozo verdadero

guárdanos bajo tu signo! Amén



Himno compuesto en 1976

viernes, 16 de septiembre de 2011

94. La Madre de Jesús, del discípulo y de la Iglesia

En la fiesta de Ntra. Sra. de los Dolores
Jn 1,25-27
Hermanos:

1. La fiesta del 15 de septiembre figura en la Calendario de la Iglesia con este título: Nuestra Señora de los Dolores. El Evangelio es el de María al pie de la cruz, según san Juan. Este breve evangelio suena así:

“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dijo al discípulo: ‘Ahí tienes a tu madre’. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio”.

El Evangelio sugiere un mundo a la contemplación cristiana: el dolor, la fidelidad, todo lo más bello que se pueda decir sobre la femineidad, la nueva creación que Jesús anuncia al establecer una relación recíproca entre la madre de Jesús, que pasa a ser madre del discípulo amado, y el discípulo que se convierte en hijo, continuando la filiación de Jesús...
En ningún caso el evangelista ha puesto de relieve el dolor. El dolor queda asumido, sin ser expresado, y lo que pone en evidencia el apóstol Juan es lo nuevo que comienza con la muerte de Jesús en la Cruz. Nace el mundo, nace la Iglesia.
Pero la Iglesia durante siglos, los cristianos, se han complacido particularmente en meditar el dolor de María, la Madre, hasta el punto de que el título de la fiesta queda plasmado por el dolor, y esto en plural: Nuestra Señora de los Dolores.
Los dolores de la Virgen María, que según el Evangelio de la Infancia de Lucas, fueron anunciados por el anciano Simeón son un dato evangélico, que ha tocado la fibra más pura del corazón de los creyentes. El anciano Simeón había dicho a María, la madre del niño: “... y será como un signo de contradicción, y a ti misma una espada te traspasará el alma” (Lc 2,34-35). Cosa diversa es decir que un evangelista puede acentuar un aspecto u otro.
Nuestra contemplación de hoy, en esta fiesta de una dulzura entrañable, quiere examinar dos aspectos: los dos, venero de luz, de inspiración y de gracia. El primero es el de los dolores de María, considerados estos, sin fantasía. En la más cruda realidad histórica que un lector crítico advierte. El otro aspecto es sublime, espiritual y místico, que es el tono que asume el cuarto evangelista para asomarnos a un misterio de amor que, vertido por Jesús en la cruz, está protagonizado por la Virgen María, la Madre de Jesús.

2. ¿Qué fue la muerte de Jesús, ajusticiado en medio de dos malhechores? Tuvo que ser algo horrendo, que la imaginación rehúsa el representarlo. Tres cuerpos colgados de un palo, con un travesaño, seguramente que desnudos, bajo la maldición y la befa de quien pasara por allí.
Pero una madre estaba junto a su hijo. Los otros ¿tenían algún familiar, algún ser querido allí cerca? ¿Un hermano, una hermana, la mujer..., la madre, el padre? Cualquier respuesta es mera fantasía, pero el preguntarse estas cosas es una hipótesis razonable.
La madre de Jesús estaba allí, muda de dolor. Un familiar, María la de Cleofás, la acompañada, y otra de fuera de la familia: María, la Magdalena. Y un apóstol: Juan, el discípulo amado. Era la respuesta más pura y convincente al amor con que Jesús lo había distinguido.
Ningún evangelista no  ha querido detenerse en la descripción angustiosa que habría hecho un novelista, dando curiosidad y morbo a una escena que nos repele. Cuando se escriben los Evangelios todo había pasado y la historia que de Jesús se escribe, aun esta historia de la pasión y muerte es la historia de un Resucitado.
El dolor de la Madre hubo de ser un dolor sin fondo. Todos los sentimientos personales podían acudir a su sensibilidad para decir: Esto es incomprensible; este odio es absurdo. Pero hay otra cosa. María había visto a su hijo como alguien con una misión sublime de cara al pueblo de Israel y a los de fuera, en definitiva, con una misión universal. Ahora todo aquello se venía abajo. Las autoridades no habían reconocido la autoridad de Jesús, que incluso se presentó como profeta.
En este momento Jesús está abandonado, solo, y no tiene más consuelo que la confianza puesta en el Padre, con un salto infinito, y la dulce y compasiva mirada de su Madre, que le tiene que resultar una experiencia de paraíso.
De la contemplación de este cuadro – María con su hijo ajusticiando, muriendo entre malhechores – ha nacido aquella rima conmovedora del “Stabat mater dolorosa iuxta crucem lacrimosa, dum pendebat filius”, poema atribuido a Jacopone de Todi, franciscano del siglo XIII (1236 – 1306). Innumerables músicos le han puesto melodía. Y el gran Lope de Vega tradujo los 60 versos del poema en un castellano lleno de emoción y de ternura:
La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.
...
Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

3. Pero san Juan, seguramente que ya anciano, recuerda y escribe. Nos entrega una escena de Paraíso en medio de aquel sinsentido de la vida. San Juan describe una escena litúrgica y celestial. Jesús habla con sus labios y con dos miradas: una va para la madre, otra para el discípulo amado. “Dijo a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo” (v. 26).
Habría sido la hora de decirle: Madre, Madre, Madre... con una infinita piedad, como un indigente para quien el amor ya resta como el único valor y agarradero de la vida. Y desde su trono augusto, Jesús le dice: “Mujer”. En realidad, está ejerciendo como Mesías, como Hijo de Dios. Mujer es Eva, la madre de los vivientes, la Esposa de la nueva Alianza, la Madre de la nueva creación de Israel, Madre de pueblos, Madre íntima y dulcísima de la Iglesia.

Es un acto sacramental con todo el poder divino lo que Jesús está haciendo en la Cruz. Está constituyendo a su propia Madre, madre de Juan discípulo, el más amado entre todos.
La maternidad específica con que María ha sido investida, gloria suprema de la Santísima Virgen, aquí está siendo declarada solemnemente aquella maternidad que empezó en Nazaret. La vida de Jesús terminó, pero esa vida, que es una con el misterio mismo de Jesús, se prolonga en el tiempo. Es lo que celebramos en esta escena: la presencia de Jesús.
Y de modo igual el discípulo amado queda constituido en hijo de la Virgen María. Ambas funciones –maternidad y filiación recíprocas - están derivadas del mismo de Jesús. María, esposa del Verbo, es madre de la Iglesia.
Hoy la mejor exégesis está de acuerdo en pensar que la interpretación de la escena no puede quedar reducida a un hecho afectuoso y familiar entre Jesús agonizante, la madre que queda sola y el discípulo. Sola había estado en el ministerio de Jesús; sola podía continuar lo mismo. Si ahora Juan es entregado como hijo y ella es declarada madre de alguien que no había engendrado de sus entrañas, es señal clara de que la escena queda elevada a un rango espiritual y místico.
María va a ser definitivamente la Madre del discípulo, lo que vale tanto como decir la “Madre de los discípulos”.
La Iglesia se revela como mariana desde su propia entraña. María desde la cruz y por la cruz es la esposa, es la madre. Nadie podrá arrancarla de la Iglesia, puesto que su propio Hijo la ha constituido Madre en el Espíritu Santo.
La Trinidad santísima es el alma de la Iglesia. Y en este misterio de gracia, María, primera discípula del Maestro, es en la Iglesia Madre entrañable. No se puede pensar en la Iglesia sin pensar en la Virgen María, porque, en el Calvario, esta Iglesia que nace del costado de Cristo, nace igualmente de las entrañas de la Madre de Jesús.
Misterio de contemplación, hermanos.
La Virgen nuestra Madre nos enseñe estos secretos de amor. Amén.

Como himnos de la Virgen de los Dolores puede ver el lector nuestras colaboraciones en mercaba.org, Himnario de la Virgen María:  Peregrina de la fe - La Madre de Jesús junto al madero - Padece el Rey de la gloria.


Puebla, 15 septiembre 2011

miércoles, 14 de septiembre de 2011

93. Los viñadores de la gracia

Domingo XXV del tiempo ordinario, ciclo A
Mt 20,1-16a


Hermanos:

1. Esta parábola de los viñadores contratados y enviados a la viña, muchos años ha traído a mi mente recuerdos de infancia. En aquellos tiempos, ya muy lejanos, en mi pueblo agrícola, si uno quería peones para tareas eventuales del campo, iba a la Plaza Chica y allí encontraba corros de hombres charlando que podía contratar, para la vendimia, para la remolacha, peones temporeros. Y cuando yo, niño, oía esta parábola, decía: Mira, como en mi pueblo. Eso lo hacían solo por la noche, no cinco veces al día como pinta Jesús.
Hoy, al oír la parábola, el pasaje evangélico me evoca cosa muy distinta: las primeras palabras que pronunció el actual Papa Benedicto XVI recién elegido, cuando apareció en el gran balcón de la Basílica Vaticana frente a la Plaza de San Pedro. Dijo que era un humilde trabajador de la viña del Señor. Se me quedó y espero nunca olvidarlo, porque pienso que es verdad lo que el Papa creía y decía de sí mismo. El discursito entero de siete líneas, sin escribir, antes de dar la bendición “urbi et orbi” era este:
“Queridos hermanos y hermanas: después del gran Papa Juan Pablo II, los señores cardenales me han elegido a mí, un simple y humilde trabajador de la viña del Señor. Me consuela el hecho de que el Señor sabe trabajar y actuar incluso con instrumentos insuficientes, y sobre todo me encomiendo a vuestras oraciones. En la alegría del Señor resucitado, confiando en su ayuda continua, sigamos adelante. El Señor nos ayudará y María, su santísima Madre, estará a nuestro lado. ¡Gracias!” (19 abril 2005).

2. Estamos en un pueblo campesino de Galilea. A lo mejor, cuando Jesús recobra una escena de la vida, la exagera, la adorna, porque un narrador es inventor para sus fines.
Había, pues, un hacendado que salió a contratar jornaleros para su viña. Salió de madrugada antes de levantarse el sol, y se ajustó con el jornal adecuado: un denario. Eso era lo justo y equitativo. Pero he aquí que volvió a media mañana, que es también una hora oportuna. El texto evangélico va marcando el horario según el reloj romano: hora de tercia, que son las 9 de la mañana – media mañana –; hora de sexta, que son las 12 del mediodía; hora de nona, que son las tres de la tarde; hora undécima, que son las cinco de la tarde, cuando falta una hora para la duodécima, que sería el fin del día. Y a cada una de esas horas encuentra gente.
En la hora última, al atardecer, el amo de la viña, lanza una pregunta que suena a reproche: “¿Cómo es que estáis el día entero sin trabajar?” (v. 7). Acaso son unos indolentes, unos holgazanes..., acaso. Esto daría más dramatismo y sorpresa al desenlace del episodio.
Se terminó el trabajo y le mandó al capataz que les pagara, pero con dos circunstancias: la primera que les pagara “el jornal”, es decir, a todos lo mismo, el jornal completo; y la segunda circunstancia que comenzara por los últimos.
Aquí la escena tiene dos cuadros: el pago de los últimos y el pago de los primeros. A los últimos se les da un denario, un sueldo entero. Los primeros, cuando les toca la fila, tienen un pensamiento: Si a esos que han doblado la espalda solo una hora les da un denario... ¿cuánto nos dará a nosotros? Pues estos reciben igual, un denario, y viene la protesta. “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor de la jornada”. ¡No hay derecho! Y en un sindicato de trabajadores, en una oficina de reivindicaciones, tienen razón: a cada uno el precio de su trabajo; esto es justicia social.

3. Pero, hermanos, estamos dentro de las santas Escrituras, que nos descubren los planes de Dios, las maravillas y quereres de Dios. Dios no es caprichoso; Dios es amoroso y hay que saber las querencias de Dios. La primera lectura de hoy nos ha alertado. En el libro de Isaías, en el capítulo 55, hemos escuchado esta sentencia: “Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de  vuestros planes” (Is 55,9).
¿Qué le responde el amo a los jornaleros que protestaban de la injusticia perpetrada? “Él replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” (Mt 20,15).
Si uno lo piensa, tiene que decir que el amo tiene razón. Ha habido un contrato, y ese contrato se ha cumplido. Por lo tanto, toma lo tuyo y en paz.
Lo que da el amo al trabajador que ha bregado solo una hora es propina..., es un regalo que el amo lo da porque quiere darlo. Tapa esa boca, que no tienes razón.
Extraño proceder, pero la cosa está clara: el amo está en su derecho, el amo tiene razón. Y aquí se acaba la historia, hermano; y aquí empieza otra: la verdadera historia de Dios con los hombres, la verdadera historia, que es la historia de Dios conmigo y con su Iglesia.

4. Volvemos a la pregunta que hacíamos el domingo pasado a propósito de “cómo es Dios”. ¿Dios es caprichoso? No. Dios, que no es ni puede ser injusto, no es caprichoso. Dios es amor y verdad, Dios es gracia.
Dios es bondad, pero nosotros, humanos, ignoramos los secretos de su bondad.
Ahora bien, la Sagrada Escritura nos da pistas, desde las primeras historias del Génesis. Dios escoge lo pequeño, lo humilde, lo que aparentemente no vale, lo que a los ojos del mundo no es apreciado. El ejemplo más admirable lo encontramos en la humilde esclava del Señor. “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1,46-47).

5. Tomando de estas vistas nuestros puntos de reflexión y de síntesis de vida, nosotros, cristianos iluminados, confesamos: la vida es gracia, solo gracia, todo gracia...
Y el trabajo humano ¿qué? ¿Vamos a cantar un canto a los perezosos? De ninguna manera. El trabajo es gracia, y no modifica para nada el principio que estamos estableciendo. El trabajo, el empeño humano para transformar, para producir, para cambiar el mundo, es gracia. Es gracia el que Dios infunda ese anhelo en mi corazón; es gracia el que yo sepa responder, venciéndome a mí mismo y dándome a la tarea.
En la anécdota que citaba al principio, las primeras palabras del recién elegido Papa, hemos oído. “Soy un simple y humilde trabajador en la viña del Señor”. Por edad, ya era un hombre jubilado, acababa de cumplir 78 años; pero los cardenales pusieron los ojos en él, porque vieron que Dios podía hacer grandes cosas con él. Un humilde trabajador que no descansa, abierto y disponible a lo que Dios quiera hacer con él. Y sigue en la brecha a sus 84 años.

5. Hermano, Dios es gracia, Dios es gracia para mí. Y en la historia de los pueblos Dios es gracia. Dios fue gracia para Israel, el primero; Dios es gracia para los gentiles, los últimos.
Dios fue gracia para San Pablo. “Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí” (1Co 15,10).
Dios es gracia para mí y Dios ha de ser gracia en mi muerte. Entretanto, mi respuesta es la de un humilde trabajador de la viña del Señor.
Dios espera mucho de mí, porque Dios es gracia. Amén.

Puebla, 14 septiembre 2011.


Mi vida es gracia, Señor

Canto para cantar el amor gratuito de Dios


Estribillo

Mi vida es gracia, Señor,
de tus manos recibida:
que mi entrega sin medida
sea respuesta de amor.

Estrofas
1. Venid presto, viñadores,
a trabajar en mi viña,
que el fruto de la campiña
requiere vuestros sudores.
Os daré vuestro salario,
sin engaño ni codicia,
sin faltar a la justicia:
por la jornada un denario.

2. Y de par de madrugada
fue la gente a su tarea
bajo el sol de Galilea
para toda la jornada.
Otros a media mañana,
otros más a mediodía,
y a media tarde aún había
gente en la plaza cercana.

3. Ya la tarde iba al caer,
avanzada la faena,
y era ya la hora oncena
para cerrar el quehacer.
¿Qué habéis hecho todo el día,
parados, sin trabajar?
Nadie nos quiso emplear...
porque nadie nos quería.

4. Los de la última hora
Venid, vosotros, también,
que para Dios sois un quien
y Dios en vosotros mora.
Y el amo fue generoso
con un sueldo familiar
que él les quiso regalar
por corazón dadivoso.

5. ¡Dios Padre, Dios sorprendente,
Dios de sorpresas de amor,
Dios de gracia y de estupor,
por ser Dios omnipotente!
¡Gloria a ti por ser quien eres;
quita de mí toda envidia,
que es maldad y que es perfidia!
¡Yo solo sé que me quieres! Amén.