María, via pulchritudinis
María, camino de la belleza
Pórtico
El camino de la verdad y el camino
de la belleza
Este retiro está dedicado a hablar de la
hermosura de la Virgen María. Queremos abordar el misterio de la Virgen Santa
por la via pulchritudinis, y al
llegar a ella por este sendero, contemplarla como reflejo de la belleza divina,
como retrato de nuestra verdadera efigie, y regresar con una sensación vida de
serenidad y paz, de fortaleza, en una palabra, de hermosura.
El punto de apoyo es un pensamiento de Pablo VI,
dirigido a una docta asamblea de mariólogos en el Año Santo de 1975 (16 de mayo
de 1975) – primera vez que el Papa participaba en una congreso mariológico –
cuando les decía, abriendo, en cierto modo, una vía nueva:
"En
este sentido se pueden seguir dos caminos. En primer lugar, el camino de la verdad, es decir, el de
la especulación bíblico-histórico-teológica, que concierne a la colocación
exacta de María en el misterio de Cristo y de la iglesia: es el camino de los
doctos, el que seguís vosotros, ciertamente necesario y del que saca provecho
la doctrina mariológica.
Pero
además de éste hay otro camino accesible a todos, incluso a las almas
sencillas: es el camino de la belleza,
al que nos conduce finalmente la doctrina misteriosa, maravillosa y estupenda
que constituye el tema del congreso mariano: María y el Espíritu Santo.
Efectivamente, María es la criatura tota
pulchra; es el speculum sine macula;
es el ideal supremo de perfección que en todo momento han intentado reproducir
los artistas en sus obras; es "la mujer vestida de sol" (Ap 12,1), en
la que los rayos purísimos de la belleza humana se encuentran con los
sobrehumanos, pero accesibles, de la belleza sobrenatural"
Ahora bien, un intento de abordaje a María por
el camino de la belleza, ¿no es un vuelo evasivo, estéril, que probablemente no
retorna a la tierra con compromiso, sino
que se queda aleteando en las alturas con grave peligro de ausencia?
Es cierto; todo camino contemplativo es peligroso;
sí, peligroso… para quien nos abe volar y finge que vuela y construye en la
fantasía; tan peligroso… como quien busca una imagen sociológica de María de
Nazaret, solidaria con los oprimidos, arrancando al magníficat un mensaje
social anacrónico.
Las grandes ideas son siempre peligrosas
asimiladas a medias. Pero si realmente María es la Tota pulchra, la Virgen que el sol más pura (Cervantes), el pensamiento
saciativo de su hermosura – que ya dejar de ser pensamiento para convertirse en
vivencia – no puede ser estéril. Por ser vital será pensamiento y transformador,
pensamiento que estructura el orden del corazón.
Veamos:
I. El camino
de la belleza que nos conduce a la Virgen Santa.
II. La llegada,
el hallazgo de la hermosura de María, logro del ser humano.
III. El regreso: la unción de la hermosura de la
Virgen en nuestra vida peregrinante.
I
EL CAMINO
El árbol de la belleza
1. El primer atributo de las cosas creadas es la
bondad, lo bueno. Y vio Dios que era bueno… Y vio Dios que era bueno…”Y vio
Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gen 1,31). ¿Qué significa ese tob, que asís e recalca en el primer capítulo
de la creación? Significa bueno, bien hecho, perfecto, hermoso.
El día sexto hizo al ser humano, varón y mujer
los creó, tan hermosos que los creó a su
imagen y semejanza; los bendijo. Estrenaron vida el día séptimo, el día
santificado, el día del descanso, de la paz y de la divinidad.
Así comenzó la historia.
2. O, dicho de otra manera: Dios, para comenzar,
plantó un jardín en Edén, “El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de
árboles hermosos par la vista y buenos para comer; además, el árbol de la vida
en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gen 2,9,
la verdad.
De nuevo el primer atributo de la ceración: la
hermosura y la bondad.
3. Hay dos experiencias primordiales de la
hermosura y de la bondad. La primera, cuando Adán vio que el mundo bello y
bueno no era la adecuación de su corazón, pero la mujer sí: “¡Esta sí que es
hueso de mis huesos y carne de mi carne!... los dos estaban desnudos, Adán y su
mujer, pero no sentían vergüenza uno del otro” (Gen 2,23-25).
4. la segunda es la del árbol de la belleza. “La
mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y
deseable para lograr inteligencia” (Gen 3,6). ¿Por qué era bueno para comer?
Por la misma razón por la que era fascinante para los ojos, por el misterio
vital que unifica la bondad, la hermosura y la sabiduría.
5. La primera experiencia tras el bocado fue que
entonces “se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban
desnudos; Y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron” (Gen 3,7).
Realmente hubo un cataclismo en el corazón, y nos produce una tristeza
inconmensurable el pensar que el hombre, con los “ojos abiertos”, ya no fue
capaz de soportar su propia hermosura, ni la mujer – considerada en toda la
historia de la cultura como lo más hermoso de toda al ceración, como el ápice
de la hermosura – tampoco pudo soportar su propia identidad. Trágica experiencia
de que el pecado fue – y es – la
violación de la hermosura. Aquel día aún no habían sido mirados por el
Señor, que después los cubriría con túnicas de piel para cubrirlos (Gen 3,21) y
no podían contemplar su propia hermosura, porque el corazón estaba manchado.
Y, faltos de los ojos primeros con los que
tenían la experiencia divina de su hermosura, ¡cómo iban a contemplar el mundo
como un mundo bello! La creación entera había quedado manchada y afeada desde
el corazón del hombre y de la mujer.
6. La consecuencia es que cada uno llevamos por
dentro una experiencia dramática: una nostalgia insaciable de hermosura, de
acceder a la belleza, donde esté, porque este es el designio de Dios y no otro,
y el durísimo contraste de que el corazón no está limpio… ¡Quién nos diera la
paz de la hermosura!
Ojos para la belleza
7. para el cristiano no cabe duda: fealdad es
igual a pecado. Es decir, la belleza es una realidad transfigurada, tocada por
la presencia de Cristo Redentor. Solo desde el misterio pascual promeso pasar
al corazón de la belleza. Los iconógrafos de Oriente empezaban su itinerario
pintando la imagen de la Transfiguración del Señor. Al arte de los pinceles
unían la oración y el ayuno. El icono de la Transfiguración nos está dando el
secreto de la belleza en cristiano. La gloria del Transfigurado es la Gloria de
Jesús Resucitado, por un instante emerge desde el corazón, como una profecía,
el esplendor de su verdadera e íntima realidad, su divina hermosura. Esa
realidad de Jesús, que es su genuina identidad, es alcanzable a través del paso
de la muerte. Con ello se nos revela que para alcanzar la Belleza tenemos que
morir al pecado, que solo a través de un
proceso de abrasadora purificación nos adherimos a lo Bello.
8. ¿Qué es la belleza? El cristiano puede responder
sencillamente: aquello que enamora. Y sabe que “aquello” es personal; es Jesús.
Al transcender, al espiritualizar, al
radicalizar, en modo alguno intentamos despreciar la belleza inmediata, que
alumbra los ojos, enciende el corazón, y da
alas para la unión. Es innegable: toda belleza sensitiva y de carne
tiene un fulgor divino. La belleza no existe para un animal; para una persona,
hombre o mujer, sí, justamente para nosotros, por su génesis divina.
9. Quede claro que este apetito voraz de belleza
nos pide ascesis y muerte, hasta tal
punto que, por la lógica general de las cosas del Espíritu, solamente
quienes mucho han penado pueden extasiarse fruitivamente con la belleza
personal.
Acceso
10. Acerquémonos a María por este cauce. El
camino de la belleza es un camino intuitivo, rápido y seguro. Cuando un hombre
se enamora de una mujer experimenta un proceso de totalidad que lo envuelve,
siente la fascinación de un misterio. Acaso pueda descomponer lo que le ha
ocurrido, examinando estos estratos:
- Lo primera fue una sensación de belleza, que
le embarga de un placer indefinido en cuerpo y corazón.
- Advierte que esa belleza se radica en una
persona que es buena: interpreta a la persona por el lado bueno.
- Y ve ademaos que eso es verdadero, que esa
actitud de corazón enamorados e fudnamenta en al verdad, en lo objetivo; es,
pro lo tanto, legítimo.
11. El pueblo creyente que se ha acercado a
María ha ido por el camino expeditivo de la belleza; se ha encontrado con la
realidad-misterio apenas abrir los ojos. La belleza ha ido por delante, y en la
belleza ha encontrado certeramente la verdad. La santidad de María ha sido
encontrada antes de que los pensadores, es decir, los teólogos de profesión
hallaran la fórmula adecuada y satisfactoria para legitimar esa plena santidad
que emanaban antes de estar definida.
12. El punto de partida de nuestro corazón para
acceder a María debe ser la paz que brota de la humildad. Y así, en esa
armonía, mirar. Cuando el corazón mira contemplando, saciándose de belleza, se
nutre de amor y siente que el amor viene de la verdad. Belleza-amor-verdad se
unifican en una vivencia envolvente, y entonces la divina revelación nos
entrega la imagen e María que en al vida de la Iglesia se ve cómo ha sido
donada por el camino de la contemplación. Solo en al conciencia contemplativa
de la Iglesia, que se inclina sobre las Escrituras se ha retratado el misterio
de la Inmaculada, de la Asunta, que ninguna exégesis crítica por sus propias
fuerzas nunca habría alcanzado.
13. estamos, pues, ante la Virgen María, quietos
y pacificados, con una relación amorosa de hijo a Madre. El cristiano que se
orienta a Dios simultáneamente se purifica, se ilumina, es aceptado a al unión.
Conviene subrayar ahora que en este camino espiritual hacia la Madre del Señor
se requiere la purificación, pues solo los ojos limpios son los ojos
iluminados.
II
LA LLEGADA
La llegada es el misterio de María entregado al
creyente como hermosura: tota pulchra,
la verdad, la bondad de María donadas como pulcritud.
¿Cuál es la pulcritud de María?
Sobre la belleza del
rostro de María
14. El arte, al menso el arte occidental, se ha
complacido en representara el rostro de María como un rostro físicamente
perfecto, abiertos el canon de la belleza a infinitas variaciones (rostro de
una Virgen japonesa, africana, india, renacentista…). El artista ha podido
nutrirse de una teología formal que ha conceptuado que en María no cabe ni
error, ni enfermedad, ni fealdad…, que son secuelas del pecado. Si el
pensamiento llamado teológico se mete por estas pistas puede patinar. Será
inoportuno, sensitivamente hiriente e indecoroso, forjarse un rostro de la Virgen
no bello…, pero al Escritura, que nada ofrece al respecto, no invita, que digamos,
a discurrir pro estos caminos.
Sobre la belleza
primordial de María
15. Si el canon del mundo bello está expresado
en al primera página del Génesis – y vio Dios que todo era buen (tob) – entonces bien podemos aplicar a
María este canon de hermosura. María es la integridad de lo creado, el logro de
lo creado, la armonía. El mundo bien
logrado queda coronado en el ser humano: hombre-mujer, el ápice de las obras
divinas, los únicos seres a quienes se atribuye le ser imagen y semejanza de Dios.
María, flor del mundo, lleva esplendorosamente en su ser la imagen y semejanza de Dios. Esta es la belleza
primordial de María, que aquieta al lector de la Escritura.
Sobre la belleza edénica
de María
16. Nos referimos ahora a la escena del jardín
de la hermosura y la caída, donde se vivió el primer idilio de la humanidad:
Adán y Eva en pureza, libertad, comunión y dominio. La belleza edénica era la
belleza en órbita de lo creado. La añorarán los profetas cuando Isaías aspire a
que vivan juntos el lobo y el cordero, el leopardo y el cabrito, y entre medio un
Niño que haga de pastor. Ese mundo donde todo está en su puesto según el
gratuito designio del Creador, ese mundo de la transparencia, es el mundo de
María. No hay crujidos, nada disuena. María es el Paraíso de Dios, según se han
complacido los Padres en meditarlo. Esta nuestra sensibilidad por la ecología
busca como “hábitat” de los humanos un espacio sin polución, en el que la
fragancia de lo verde y de lo azul impregne el cosmos. Quien tenga ojos para
ver, que vea en esa aspiración edénica la figura de María.
Sobre la belleza
mesiánica de María
17. Nota característica del tiempo evangélico en
los santos Evangelios es la alegría. La alegría, si se pudiera pintar, sería de
blanca luz y de gozoso movimiento: vestidos blancos y palmas agitadas en el
Apocalipsis. Esta alegría mesiánica la introduce Gabriel cuando saluda a María:
¡Alégrate, llena de gracia! María es hermosa como Agraciada y como “gratia
plena” está rebosante de alegría. “Dominus tecum”: la ausencia del pecado –
blancura de la gracia –, la alegría, la presencia de Dios, hacen la efigie
mesiánica de la hermosura de María.
Sobre la belleza nupcial
de María
18. Si la mujer es paradigma de la belleza de todo lo creado, el punto inicialmente
extático de la belleza femenina es su figura nupcial:
¡Ay, qué hermosa eres,
amada mía,
qué hermosa eres!
Esos ojos…,
palomas a través de tu velo.
Cinta de
escarlata, tus labios;
delicia, tus palabras… (Cant 4,1ss).
El título de Esposa, atributo de la Comunidad
santa de la Alianza, se lo ha aplicado la Iglesia a María desde la antigua era
patrística. Y con esa concreción y personificación se ha leído el Cantar
Divino. Para asomarnos al misterio de la maternidad la llamamos a María Esposa
del Espíritu Santo (así san Francisco de Asís), pues del Espíritu recibe el
germen divino de la concepción. Ya para apreciar su permanente unión con Dios,
modelo de la unión esponsal de la Iglesia son su Señor, le honramos con el
título de Esposa del Verbo, Sponsa Verbi.
Sobre la belleza
escatológica de María
19. la comunidad mesiánica, que mejo que en
nadie, se individualiza en María, tiene esta representación: “Una Mujer,
vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas
sobre su cabeza” (Ap 12,1). Y con esta otra: “¡Ven, que te voy a enseñar a la
Novia, a la Esposa del Cordero! …Y tenía la Gloria de Dios” (Ap 21,9.11).
Al final será la belleza sin fealdad y María
resplandecerá entre todos los elegidos.
Sobre la belleza
cotidiana de María
20. Vayamos a los días de Nazaret. ¿Cuál es la
belleza de María? Es la belleza de al presencia de Dios y de la virtud. Nos lo
expresa esta oración de la misa de “La Virgen María, Madre del amor hermoso”:
Señor Dios,
que en tu presencia resplandece toda hermosa
la Virgen María, tu humilde sierva,
gloria de tu Hijo y compendio de virtudes;
concédenos procurar, como ella,
todo lo que es verdadero y noble,
para llegar un día ante ti,
fuente de toda belleza y autor del amor hermoso.
Sobre la belleza total
de María, contemplando a la Virgen en su “historia salutis”
21. De nuevo la misa sobre “La Virgen María,
Madre del amor hermoso” nos pone en pista de esta contemplación, leyendo el
texto del Prefacio:
Ella fue toda hermosa en su concepción,
y, libre de toda mancha de pecado,
resplandece adornada con la luz de la gracia,
hermosa en su maternidad
virginal,
por la cual derramó sobre el mundo el resplandor
de tu gloria,
Jesucristo, tu Hijo,
Salvador y hermano de todos nosotros;
hermosa en la pasión y muerte
del Hijo,
vestida con la púrpura de su sangre,
como mansa cordera que padeció con el Cordero
inocente,
recibiendo una función e Madre;
hermosa en la resurrección de
Cristo,
con el que reina gloriosa,
después de haber participado en su victoria.
22. En resumen, la Tota pulchra ¿qué es? Si fuera la aspiración ciega de unas
aspiracioens imposibles, si fuera como un mito femenino de los pueblos puesto
en cristiano…, entonces todo lo anterior
sería una falaz divagación que no puede nutrir el corazón.
Hay que dar un paso, el paso de la fe. Dado este
paso, María es concretez, pro ser historia. María es realidad delante de
nosotros, aunque ignoremos el detalle de su vida. Y como realidad, sí, María es
la objetivización de esa hermosura de vida que apasiona al ser humano, pasión
dramática que lleva a la dulzura.
III
EL REGRESO
23. Los religioso son los enamorados de la belleza de Dios (S. Agustín, regula ad servos
Dei, VIII, 48). Si realmente, en una especie de atisbo de éxtasis, d e trasposición
de gozo y de dulzura, de una mínima experiencia de amor divino, hemos llegado a
captar la belleza de María como ámbito del Espíritu, ¿cuál será nuestros estilo
de vida al regreso?
24. La Orden de los Siervos de María (servitas,
OSM), celebrando en Roma su 208 capítulo general, redactan su “Documento sobre
la Virgen María”, dirigido a los miembros de la Orden ya vierto a las Iglesias
locales y a los institutos religiosos, masculinos y femeninos; y, hablando de
esta via pulchritudinis, proponen a
las familias religiosas:
Ø “hacer de la piedad
mariana un espació santo y una ocasión propicia para la contemplación de la
Belleza increada – Dios – de su esplendor divino-humano – Cristo – , de la obra
principal del Espíritu Santo de belleza – la Virgen María –;
Ø Hacer de la piedad
mariana un lugar propicio para el encuentro festivo de todas las expresiones de
la creación artística” (n. 63).
El corazón, ámbito bello
25. Que vuelva nuestro corazón recreado por la
belleza. El corazón es la esencia, el estilo; es el ápice de los valores. En el
corazón se fragua la vida. ¿No hay una vida en pulcritud? Sí, la hay. Aceptamos
la pureza del corazón como secreto de nuestra existencia. Lo que a ella se
opone es el pecado. Todo se resuelve dentro el corazón, si de él nos apartamos,
las soluciones no serán verdaderas.
26. esta lectura de la vida desde lo evillo d el
corazón nos lleva a la novedad de lo cristiano. Es verdad que la realidad es
múltiple y que frente a ella caben posturas contrarias. Dentro d la limitación
en que se realiza toda valoración humana, ¿por qué no aceptar la clave del
corazón como fuente de hermosura, como talante para afrontar la vida? No es
ingenuidad, no e disimulo; es otra cosa.
Se comprende esto, s i nos fijamos lo que es una persona enamorada. Un
enamorado vive disgtinto, a saber, enamoradamente. Pues así, elq eu respira al
hermosura desde el corazón.
Pensar bellamente
27. Esto es lo mismo, pero concentrándonos ahora
en la capacidad razonadora, pensante, del ser humano. ¿Por qué, en lugar de un
pensamiento quejumbroso, al final resulta asfixiante, no aceptamos el
pensamiento sereno, que por su propio cauce lleva a la paz? Esto es la
hermosura del pensamiento. Hay modos intelectuales de afrontar la realidad, que
se diferencian entre sí como lo hermoso y lo hórrido, con sus variantes y
matices.
28. María, paradigma de lo bello, es paradigma
al que debe acomodarse nuestra estructura vital. Se habla de que una persona es
“bien pensada”. El “bien pensar” –que es una forma estructural de pensare
en pulcritud, en pureza – ¿no tiene que
ser el talante intelectual del cristiano, que se abre a la realidad desde una
previa aceptación de la misma? Al aceptar las cosas antes de su previó
análisis, se nos hacen radicalmente amables. Recuperemos de esta forma la
bondad fontanal que Dios puso en ellas en el día de la creación, bondad sellada
por la redención verificada en al Cruz. Es mundo “distinto” no es engaño de
nuestra fantasía, poetizado, sino que es reencuentro con la virginidad original
del universo, restaurada en Jesús.
29. la teología es un pensar bellamente acerca de
lo verdadero, tan amable y hermoso cuanto cierto. Los hombres contagiados pro
al belleza buscan una teología pulcra. En realidad, los misterios que
anunciamos son más hermosos que los conceptos en los cuales quedan concebidos.
El engendro teológico nunca alcanza la hermosura de la paternidad de donde
proceden. Por eso, el esfuerzo por la belleza del pensamiento teológico está en
plena armonía con la realidad a que sirvend e vehículo.
Hablar bellamente
30. San Ambrosio se expresa así (oficio de
lectura de su fiesta): “Quien mucho lee (la Escritura) y entiende, se llena; y
quien está lleno puede regar a los demás. Si las nubes van llenas, descargan la
lluvia sobre el suelo.
Que tus predicaciones sean fluidas, puras y
claras, de modo que, en la exhortación moral, infundas la bondad a la gente, y
el encanto de tu palabra cautive el favor del pueblo, para que te siga
voluntariamente adonde el conduzcas”.
31. El Magníficat es transmitido por el
evangelista san Lucas como palabra de la Virgen María. Sea la palabra-cántico
de la Virgen inspiración de nuestro buen decir. “Que en todos resida el alma de
María para glorificar al Señor; que en todos esté el espíritu de María para
alegrarse en Dios” (S. Ambrosio, Exposición sobre el Evangelio de san Lucas).
Las bellas imágenes de
la Madre del Señor
32. la compenetración con el fascinante misterio
lleva a las ceraciones humanas que intentas expresarlo: el arte visual del
color y de la luz, el arte de la palabra creadora (poiesis, poética), el arte del movimiento, que trata de poner en
órbita la vida aspirando a la unión. David, “el suave salmista de Israel” (2Sam
23,1), poeta, músico y danzador, es un indicio de lo que pretende la expresión
bella de lo cristiano. En este aspecto, no es superflua una consideración sobre
las representaciones de la Virgen María, máxime sobre aquellas destinadas al
culto. Se podrá representar a la Virgen d e mil maneras: lo que se pide es que
la imagen infunda fe y piedad. Fe, no
fantasía sentimental, de la Escritura, que es fe compenetrada de lo humano.
La Virgen Santa,
atmósfera del Espíritu
33. Una síntesis última de María es esta: la
Virgen es una criatura santificada por el Espíritu Santo. “Juan salta de gozo y
María se alegra en su espíritu. En el momento en que Juan salta de gozo, Isabel
se llena del Espíritu, pero, si observas bien, de María nos e dice que fuera
llena del Espíritu, sino que se afirma únicamente que se alegró en su espíritu
(pues en ella actuaba ya el Espíritu de una manera incomprensible); en efecto,
Isabel fue llena del Espíritu después de concebir; María, en cambio, lo fue
antes de concebir, porque de ellas se dice: ¡Dichosa tú que has creído!” (S.
Ambrosio, Exposición sobre el Evangelio de san Lucas).
34. María se presenta a la Iglesia como Morada
del Espíritu. Esta es sud ivina hermosura. “El eso santo descenderá sobre ti y
al fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lc 1,35). María queda
constituida en tienda del Señor. El que se acerca a ella encuentra a la
Hermosura, que es el Señor: “…Por eso (porque ella es Tienda) el que ah de
nacer será Santo, y se llamará Hijo de Dios”.
María en su propio recinto nos introduce en la
presencia de la Trinidad.
Esta es la via
pulchritudinis.
Amén.
Himno
para cantar la belleza de María
en
la liturgia de las Horas
Belleza del principio, sin pecado,
el día en que estrenaba el mundo vida,
relieve y pulcritud de tierra virgen,
fragancia y transparencia, ¡oh María!
Belleza del Edén, al aire puro,
el hombre y la mujer en armonía,
oh Virgen fiel, sin mácula ni arruga
belleza no dañada y no perdida.
Belleza en la pobreza, suerte dura
que tuvo para sí Jesús Mesías,
belleza de la esposa, cuya frente
con perlas de la Cruz resplandecía.
Belleza y paz, sosiego de la gracia
y grande dulcedumbre en fe sentida,
oh Virgen del Espíritu, serena,
que emanas de tu faz sabiduría.
Belleza y gloria, cielo y añoranza
en búsqueda de amor el alma herida,
oh Madre de las sendas elevadas,
oh límpida belleza prometida.
¡Varón el más hermoso de los hombres,
oh Verbo-Esposo, bello de María,
recibe la alabanza, verde ramo,
y el cántico y la voz a ti debida! Amén.
Logroño, diciembre 1988, al concluir el
Año Mariano de 1987-1988.
(Retiro impartido a la Confer de la
Rioja).