El Obispo de Roma,
Francisco, y Papa de la Iglesia, ha pronunciado una sencilla homilía para el
inicio de su pontificado en la fiesta de san José, custodio de María y de
Jesús, custodio de la Iglesia. Y en su homilía ha tenido dos palabras
preferentes: custodiar (custodire, 16
veces), con ternura (tenerezza, 6
veces).
Nos ha dicho:
“…Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre
nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las
intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos
tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura.
Y aquí añado entonces una ulterior anotación: el
preocuparse, el custodiar, requiere bondad, pide ser vivido con ternura. En los
Evangelios, san José aparece como un hombre fuerte y valiente, trabajador, pero
en su alma se percibe una gran ternura, que no
es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza
de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro,
de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.
“y, como él (san José), abrir los brazos para
custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda
la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños…”
“Custodiar la creación,
cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de
amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor
de la esperanza”.
El Papa ha dicho a los Cardenales, el
sábado 16 de marzo (ayer):
“Algunos no sabían por qué el Obispo de
Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en
Francisco de Sales, también en Francisco de Asís. Les contaré la historia.
Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y
también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio
Hummes: un gran amigo, un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco
peligrosa, él me confortaba. Y cuando los votos subieron a los dos tercios,
hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me
besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí:
los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en
Francisco de Asís. Después he pensado en las guerras, mientras proseguía el
escrutinio hasta terminar todos los votos. Y Francisco es el hombre de la paz.
Y así, el nombre ha entrado en mi corazón: Francisco de Asís. Para mí es el
hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la
creación”.
El Papa ha dicho a los Cardenales al día
siguiente de su elección: “Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin
la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor:
somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no
discípulos del Señor”.
Y el Papa ha dicho a sus feligreses de
Roma y al mundo entero, apenas ser elegido Papa, desde el balcón de San Pedro: “Y
ahora, comenzamos este camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de
Roma, que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de
fraternidad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros:
el uno por el otro”.
Desde estos pensamientos, desde este
estilo manifestado con varios signos van estos versos sencillos.
Homilía para el domingo V de Cuaresma,
ciclo C Jn 8,1-11
Texto
evangélico:
Jesús se retiró
al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo
el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y
fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio,
le dijeron:
“Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda
apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?” le preguntaban esto para
comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo
en el suelo
Como insistían
en preguntarle, se incorporó y les dijo: “El que esté sin pecado, que le tire
la primera piedra”. E, inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al
oírlo, se fueron escabullendo, uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó
solo Jesús con la mujer en medio que seguía delante.
Jesús se
incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha
condenado?” Ella contestó: “Ninguno”.
Jesús le dijo:
“Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.
Hermanos:
1.
Esta homilía la pronunciamos en esta circunstancia tan especial en la Iglesia,
de que ya tenemos un nuevo Papa, desde el miércoles pasado 13 de marzo. Un Papa
que ha querido llamarse Francisco, elección que seguramente le ha provocado el
humilde Francisco de Asís…, lo cual a los que hemos profesado la Regla de san
Francisco nos trae una alegría suplementaria, sin quitar nada a nadie. Podría
haberse llamado Ignacio, él, que profesó de jesuita, un nombre tan bien sonado,
y habría sido como un homenaje a todo el bien inmenso que la Compañía de Jesús
ha hecho a la Iglesia durante más de cuatro siglos y medio. Pero no, parece que
ha querido fijarse en san Francisco de Asís y dibujar con esta referencia un
estilo. Seguramente que en algún momento nos explicará por qué ha tenido
preferencia por este nombre.
Lo
cierto es que sus primeras palabras nos han cautivado. Esos pocos minutos de su
primer saludo quedarán para la historia de su pontificado y se han de recordar
muchas veces. Ahora esperamos la homilía de inicio de su ministerio, el día de
san José.
Comenzaba
diciendo: “Hermanos y hermanas”, que, por otra parte era el saludo habitual de
Benedicto XVI en sus audiencias y homilías. Nos decía que iniciaba un camino, y
este camino lo describía así: “Un camino
de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por
nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran
hermandad”.
¡Qué
cosa más hermosa, que hasta podríamos aprenderla de memoria como lema de vida!
Unas palabras que se pueden aplicar a la Iglesia universal y a cada parroquia
en particular.
Me
place evocar este momento espiritual de la Iglesia, pero ahora debemos
centrarnos en el mensaje de este domingo.
2.
La parábola del Padre bueno y del hijo
pródigo, que escuchábamos el domingo pasado, nos tocaba hasta las entrañas.
El sentido manante de aquel pasaje desde que lo pronunció Jesús llega hasta hoy
y no se agota. Es una parábola de infinito consuelo, que nos da una definición
de Dios amor y perdón que ninguna religión puede darla. Al fin, es el retrato
de lo que Jesús ofrecía al mundo: él es la reconciliación de todos nuestros
pecados. No hay pecado que se haya cometido o pueda cometerse que no tenga
perdón en el Hijo de Dios; él es el abrazo del Padre al mundo, a mí, pecador.
Él es la seguridad de mi vida; y, al fin, la única seguridad.
3.
La doctrina de Jesús la vemos hecha vida en el episodio de hoy. Una mujer ha
sido sorprendida en adulterio, y los escribas y los fariseos, celosos
guardianes de la santidad de la Ley, quieren que se ponga en marcha la justicia
de la Ley, la santidad de la Ley.
Maestro
¿qué opinas? La pregunta no es inocente, porque se van a enfrentar Moisés – el
que hablaba cara a cara con Dios – y este maestro, Jesús de Nazaret.
A
veces el periódico nos ha traído la noticia horrible de tal o cual mujer
condenada en el Islam por una infidelidad semejante; de manera que la cuestión
del Evangelio no es algo arcaico.
4.
Una solución humanitaria repudia que a una mujer, por esa debilidad, se le
excluya de la sociedad humana y pague su pecado con la muerte. Por de pronto,
nosotros, en defensa de la mujer, tendríamos que decir que el hombre con quien
ha pecado merece la misma sentencia. Un adulterio no lo comete una sola; un
adulterio se comete entre dos.
Hay,
pues, un sentido de humanismo que repele la pena de muerte para una adúltera,
para un adúltero.
5.
Pero Jesús no va por este camino. Sería una mala solución de la inmoralidad del
mundo, haciendo, como quien dice, “la vista gorda” y pasando por encima como si
anda pasara. Un adulterio, aunque no llegara a saberse, puede ser la ruptura
íntima de un matrimonio.
Jesús
no dice: ¿Qué más da? No pasa nada…
Jesús
dice otra cosa bien distinta. Jesús mira al pecado de frente y dice: El que esté sin pecado, que le tire la primera
piedra.
Que
era como decir: ¡De acuerdo! ¡Al ataque! Pero no solo a los adúlteros. En la
vida se puede pecar de muchas maneras, y se peca. Hay que extirpar el pecado
desde la raíz. Por tanto: El que esté sin
pecado, que le tire la primera piedra.
6.
Y la escena sigue entre lo cómico y dramático. Y anota el escritor sagrado: Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo, uno
a uno, empezando por los más viejos. De modo que están ya solos la mujer y
Jesús. ¡Qué miradas se han cruzado!
No
es ninguna irreverencia decir que están frente a frente el amante y la amada.
Mujer, ¿dónde
están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Creo que no
ofenderé a la gramática de la lengua griega en la que se escribió el Evangelio,
si traducimos la frase con un giro equivalente:
¿Ninguno te ha
podido condenar?
Ninguno, Señor.
Aquí
termina el diálogo evangélico. Pero podemos continuar la frase que está en el corazón
de Jesús:
Pues yo, mucho menos.
Yo, el único sin pecado, el único que te podía condenar, yo, mucho menos, porque
tú eres mi amada y yo voy a morir por ti.
Por ti y por
todos los pecadores, por todos ellos. Por todos.
7.
Hermanos, en este drama de la vida humana en el que estamos metidos y que
estamos considerando, hay algo más que decir. Lo que dijo Caifás, sumo
sacerdote, aunque con un sentido diferente: “Vosotros no entendéis ni palabra;
no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la
nación entera” (Jn 11,50).
Y
así fue. El pecado es muy serio, y merece la muerte. Jesús murió; mas no murió
al azar de unos políticos oportunistas. Murió porque su muerte es la expiación
de nuestros pecados. Murió uno por todos.
Desde
que él murió, que no muera nadie más. ¡Fuera la pena de muerte, porque Jesús ha
muerto por todos los malhechores, por todos los pecadores! ¡Jesús ha muerto por
mí! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, jueves 14 de marzo de 2013.
Por qué el Papa se llama Francisco. En el día de hoy, 16 de marzo, el Papa, hablando a numerosos periodistas ha explicado por qué ha escogido el nombre de Francisco, y literalmente lo ha contado así (vatican.va): "Algunos no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse
Francisco. Algunos pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también
en Francisco de Asís. Les contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al
lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la
Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo, un gran
amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba. Y cuando los
votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había
sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres».
Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en
relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís. Después he pensado en
las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos los votos. Y
Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en mi corazón:
Francisco de Asís. Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el
hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros
mantenemos con la creación una relación no tan buena, ¿no? Es el hombre que nos
da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre
y para los pobres! Después, algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías
llamarte Adriano, porque Adriano VI fue el reformador, y hace falta
reformar...». Y otro me decía: «No, no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por
qué?». «Clemente XV: así te vengas de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de
Jesús». Son bromas... Os quiero mucho. Os doy las gracias por todo lo que habéis
hecho. Y pienso en vuestro trabajo: os deseo que trabajéis con serenidad y con
fruto, y que conozcáis cada vez mejor el Evangelio de Jesucristo y la realidad
de la Iglesia. Os encomiendo a la intercesión de la Santísima Virgen María,
Estrella de la Evangelización, a la vez que os expreso los mejores deseos para
vosotros y vuestras familias, a cada una de vuestras familias, e imparto de
corazón a todos mi Bendición"