MEMORIAL
de
nuestros Ejercicios
He tenido la gracia de dirigir
unos Ejercicios espirituales a 54 sacerdotes de la diócesis de Aguascalientes
(México) durante los días 26 al 30 de agosto de 2013. Ha sido una gracia
compartida.
Uno de los momentos bellos fue
una reunión de grupos para dar testimonio espontáneo de la fe que inspira
nuestra vida. Se trataba de compartir dos vivencias:
- Para ti ¿qué texto de la
Escritura puede definir mejor tus anhelos y el sentido de tu vida?
Para ti ¿qué experiencia
sacerdotal, que aspecto de tu ministerio… ha sido y sigue siendo lo más
gratificante de tu sacerdocio?
El tema de los Ejercicios ha sido
el “único” tema que tienen unos Ejercicios, sea un camino u otro el que se
tome: el encuentro conmigo mismo y el encuentro con Cristo, mi Señor.
He aquí un “Memorial de nuestros
Ejercicios” para reavivar la gracia de estos días.
Inicio: llaves
para entrar, disfrutar y compartir
Iniciamos los Ejercicios tomando como
primera inspiración un texto del Evangelio del día (lunes de la semana XXI),
conscientes de que siempre el texto sagrado es manantial de vida
¡Ay
de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino
de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis, pero además impedís el paso a
los que están entrando (Mt 23, 13)
Jesús recrimina a los escribas y
fariseos, guías espirituales de Israel, una praxis frontalmente opuesta a lo
que debieran ser y en consecuencia hacer. Estos guías
-
Tienen
en sus manos las llaves para abrir los tesoros del Reino.
-
No
entran ellos para disfrutar de lo que Dios les ha concedido.
-
No
dejan entrar, por su torpeza, a los que anhelan beneficiarse del regalo Dios.
Queda
definido con ello, por contraste, la grandeza y responsabilidad de lo que Dios
nos ha confiado como sacerdotes, como guías de su pueblo:
ü Las llaves de
los tesoros del Reino.
ü Para que
entremos y seamos los primeros beneficiarios.
ü Y demos entrada
a los demás.
Donde hay un sacerdote santo con él y en
torno a él se ha creado una comunidad en la que florece la santidad. Esa es mi
misión y mi responsabilidad.
Los Ejercicios, como alto en el camino,
buscan eso: reavivar la llama viva de nuestro ser y misión, y relanzar de nuevo
nuestra vida con una consagración total.
La oración preparatoria para todas y
cada una de las meditaciones y contemplaciones en los Ejercicios de san Ignacio
es la misma: La
oración preparatoria es pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis
intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza
de su divina majestad (EE 46).
El corazón,
punto de partida de nuestro itinerario
Corazón, - lugar de todo lo posible, de
todo bien creado y toda guerra - ahí es
donde se cifra mi secreto.
Desde el corazón se ha ido desplegando
mi vida, como “misterio de amor, siempre por descubrir, por admirar y
agradecer”. Hemos tratado de sondear el fondo corazón, en la medida en que el
Señor nos lo ha dado a conocer. El corazón se ha volcado hacia afuera trazando una
vida por etapas, un recorrido que cuidadosamente lo debemos analizar con todo
lo que en nuestra trayectoria ha ido pasando. El anhelo de la verdad sea anhelo
de nuestra vida, pues no habría peor mentira y desgracia que la pretensión de
engañarnos a nosotros mismos.
Un esfuerzo analítico de la propia
interioridad quedaría encerrado y como muerto en nosotros mismos, si no tratamos
de ver en el curso de nuestra vida la presencia del Dios vivo y verdadero, que
es quien en todo momento nos ha guiado. Dios es el que ha puesto unas
“constantes” en nuestro camino desde el despertar a la vida hasta el presente.
Mi corazón me entrega una misión y esta
misión acontece justamente en esta hora de la Iglesia, que la vemos, tanto en
el Pontificado de Benedicto XVI como en el del Papa Francisco, como hora
fascinante para vivirla, y la definimos como “hora de purificación, vida y esperanza”.
Somos herederos de un pontificado gloria
de la Iglesia, y estamos gustando los primeros meses de otro pontificando que
por todas partes, como una oleada del Espíritu, ha generado entusiasmo y nuevas
esperanzas.
Para el logro de miv ida como sacerdote,
el Concilio nos ha dado una pauta cuando ha presentado la Unidad y armonía de la vida de los presbíteros (Presbyterorum ordinis,
14). Véase, de modo paralelo, la descripción de la Espiritualidad misionera que propone el Concilio (Ad gentes, 24).
El secreto (nos dice el Concilio)
-
no
está en una planeación y programación táctica;
-
ni
tampoco siquiera en salvar un ritmo exigente de actos de piedad.
-
El
secreto está en que Cristo habite en el
centro del corazón como vida y manantial de vida. Solo él puede operar la
unidad del ser, y desde ese movimiento interno se alcanza la simplicidad y la
armonía; con ello, la felicidad y la paz.
Nuestros esfuerzos hemos de
concentrarlos ahí.
Comunión con
Dios
Puedo abrir mi “Yo” a la plenitud. Soy
un individuo en el planeta tierra, y la tierra se abre al universo como un
polvillo invisible en medio de la inmensidad sin límites del universo creado.
Esa apertura hacia afuera nos aboca a una inmensidad cuyas dimensiones nos las
podremos saber. Pero no es menos asombrosa la apertura del Yo hacia adentro
para indagar científicamente quiénes somos. ¿Quién puede decir lo que es el
átomo, constitutivo del ser y lo que hay dentro del átomo, si hablamos protón y
neutrón? Si lo inmenso (macrocosmos)
nos sume en el asombro adorante, igual lo mismo la indagación, que nunca se
podrá cumplir, de lo infinitésimamente pequeño (microcosmos). Es el sondeo hacia adentro de mí mismo, hacia la
última partícula de mi ser, que linda directamente con Dios.
Ahí
radica el Yo,
pero el Yo no puede medirse como materia ni como energía. El Yo es inmanencia,
que está pidiendo la transcendencia divina.
Quedamos abocados al misterio de la
Comunión con Dios como destino del hombre. ¿Quién es Dios, contemplado desde la
revelación que nos suministra la Escritura?
1.
Dios
es el ser: PRESENCIA.
2.
Dios
es la vida: PERSONA.
3.
Dios
es la palabra: DIÁLOGO.
4.
Dios
es padre: TRINIDAD
5.
Dios
es amor: PLENITUD-TOTALIDAD.
6.
Dios
es el santo: DESTINO
Mi destino es, por tanto, abrirme a la
comunión con Dios, que da la medida de mi ser.
Mi vida deificada consiste en esto:
-
Dios
es hombre.
-
El
hombre es Dios (El hombre es “una manera finita de ser Dios”, Xavier Zubiri).
Seguir a Jesús
Si Dios es carne y ese es Jesús, no hay Dios más grande que Jesús mismo.
En Jesús hallo a Dios; en él está el
Espíritu. Él, que es la puerta del universo, es, al mismo tiempo, la puerta de
la Trinidad.
Para seguir a Jesús, adherirme a él,
configurarme con él, me pregunto, ante todo Quién es Jesús. Y discierno:
Jesús
en la historia.
Jesús
en la fe.
Jesús
en el Evangelio.
El Evangelio es la fusión de fe, historia y experiencia, y todo ello es la
Tradición sagrada, único vehículo para alcanzar a Jesús.
¿Quién es Jesús? El mismo Jesús ha
preguntado opiniones a los apóstoles. Cuando Pedro confiesa: “Tú eres el Hijo
de Dios”, Jesús ratifica:
-
Eso
no lo has encontrado tú.
-
Eso
no te lo ha comunicado la carne ni la sangre. No hay instancia humana
(magisterio, universidad) que pueda comnunicar con exactitud y garantía quién
es Jesús.
-
Solo conoce a
Jesús aquel a quien se lo revela el Padre. Cualquier otro planteamiento
cae fuera de la órbita exacta. Y esto ha de ocurrir ayer y siempre.
Yo solo puedo conocer a Jesús en cuanto
revelado por el Padre; no hay más vía que la vía mística.
Conocer a Jesús es vivir a Jesús. Jesús
vive en mí, porque el Padre me lo ha revelado. Vivo yo, mas no soy yo: es Cristo quien vive en mí.
Esa inmanencia vital de Cristo en mí nos lleva
a ver la Comunión con Dios como Comunión con Jesús.
Conoce a Jesús el que da la vida por él,
solo ese. Este conocimiento intrínseco, configurativo, tiene tres aspectos:
-
Ser
pobre como Jesús, en verdadera pobreza.
-
Ser
humilde como Jesús, por el camino de la humillación.
-
Morir
como Jesús, en Jesús.
Nos
remitimos a continuación a la doctrina de los Ejercicios de San Ignacio. Ignacio
de Loyola, maestro en el discernimiento de espíritus, llega a un punto crucial
en los Ejercicio, cuando nos habla de la táctica dl demonio y de la táctica de
Jesús en ese proceso de la transformación radical del corazón. La
representación militar de Íñigo de Loyola nos invita a imaginar dos arengas: la
que hace el demonio a sus huestes de demonios; la que hace Jesús a sus siervos
y amigos.
Táctica del demonio: “tres escalones”
[142] 3° puncto. El 3°: considerar el sermón que les hace, y cómo
los amonesta para echar redes y cadenas; que
Ø primero hayan de tentar de cobdicia de riquezas, como suele,
ut in pluribus, para que más fácilmente vengan a vano honor del mundo, y
después a crescida soberuia; de manera que el primer escalón sea de riquezas,
Ø el 2° de honor,
Ø el 3° de soberuia, y destos tres escalones induce a todos los otros vicios.
Táctica de Cristo nuestro Señor: “tres escalones”
[143] Assí por el contrario se ha de imaginar del summo y
verdadero capitán, que es Christo nuestro Señor.
[144] 1° puncto. El primer puncto es considerar cómo Christo
nuestro Señor se pone en un gran campo de aquella región de Hierusalén en lugar
humilde, hermoso y gracioso.
[145] 2° puncto. El 2°: considerar cómo el Señor de todo el
mundo escoge tantas personas, apóstoles, discípulos, etc., y los envía por todo
el mundo, esparciendo su sagrada doctrina por todos estados y condiciones de
personas.
[146] 3° puncto. El 3°: considerar el sermón que Christo nuestro
Señor hace a todos sus siervos y amigos, que a tal jornada envía,
encomendándoles que a todos quieran ayudar en traerlos, primero a summa pobreza
spiritual, y si su divina majestad fuere servida y los quisiere elegir, no
menos a la pobreza actual; 2°, a deseo de oprobrios y menosprecios, porque
destas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones:
-
el primero, pobreza contra riqueza;
-
el 2°, oprobrio o menosprecio contra el
honor mundano;
-
el 3°, humildad contra la soberuia; y
destos tres escalones induzgan a todas
las otras virtudes.
[147] Coloquio. Un
coloquio a nuestra Señora, porque me alcance gracia de su hijo y Señor, para
que yo sea recibido debaxo de su bandera,
ü (Pobreza) y primero en
o summa pobreza espiritual,
o y si su divina majestad fuere servido y me quisiere elegir y
rescibir, no menos en la pobreza actual;
ü (Oprobios) 21, en pasar oprobrios y injurias por más en ellas le imitar, sólo que las pueda
pasar sin peccado de ninguna persona ni displacer de su divina majestad, y con
esto una Ave María.
2° coloquio. Pedir otro tanto al Hijo,
para que me alcance del Padre, y con esto decir Anima Christi.
3° coloquio. Pedir otro tanto al Padre,
para que él me lo conceda, y decir un Pater noster.
En este clima de realidades espirituales podemos comprender
la oblación a la que llega en ejercicio el corazón dispuesto. Véase el texto de
san Ignacio (Libro de los Ejercicios, n. 98)
[98] Eterno Señor de todas las cosas (JESUCRISTO), yo hago
mi oblación, con vuestro favor y ayuda, delante vuestra infinita bondad, y
delante vuestra Madre gloriosa, y de todos los sanctos y sanctas de la corte
celestial,
que yo quiero y deseo y es mi
determinación deliberada, sólo que sea vuestro mayor servicio y alabanza,
de imitaros en pasar
Ø todas injurias y
todo vituperio
Ø y toda pobreza,
Ø
así actual como spiritual,
queriéndome vuestra sanctísima majestad elegir y rescibir en tal vida y
estado.
|
En suma, seguir a Jesús o vivir en
comunión con él es verter toda mi vida en donación a él:
-
Donación
inmanente, desde las raíces del ser en intimidad con él, donación esponsal.
-
Donación
“histórica” de mi ser, por cuanto que esa donación interna se despliega como
donación del todo concreta en el servicio a mis hermanos los hombres.
La
presencia de la Madre de Jesús
en
la Iglesia y en mi vida
Al coronar nuestros Ejercicios volvemos nuestros
ojos a María, porque en ella hacemos síntesis. Hay un instinto en el corazón de
la Iglesia, y en el mío, que nos lleva a la Virgen como misterioso centro, como
aura envolvente de la vida. Tomamos el Evangelio de Juan, que nos entrega la
conciencia de la era apostólica.
“Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la
hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena” (Jn 19,25).
En el Evangelio de Juan María no tiene nombre: es “la madre de Jesús”, aquí lo
mismo que en Caná. En el Evangelio de la Infancia de Lucas será nada menos que
“la madre de mi Señor” (Lc 1,43).
La escena de ninguna manera se resuelve con una
exégesis pío-sentimental; Jesús muriente resuelve el caso de su madre sola.
Esta nota en sí misma tan humana, no cuadra con el estilo de todo el Evangelio,
cargado de simbolismo sacramental. De modo que pertenece a la exégesis
“literal” del texto la intención eclesiológica y sacramental del autor. “Mujer,
ahí tienes a tu hijo” (Jn 19,26). María – Mujer del Génesis, madre de vida – es
constituida, en el momento supremo de la Hora, como Madre de los discípulos del
Hijo, Madre de la comunidad mesiánica.
En Caná dice Jesús: “Todavía no ha llegado mi hora”
(Jn 2,4). La presencia de María ya era parte de la Hora. “Haced lo que él os
diga” (v.4). Y fue la hora, el despuntar de la Hora, llena de gloria.
¿Cómo se puede definir teológicamente esa presencia
de gracia, que fue y es la misión de María, superior al ministerio de los
Apóstoles? Ese toque materno-mariano de la Iglesia es real, mas no se puede
capturar como “definirlo” nosotros. Vale, como antes indicamos acerca del
conocimiento de Jesús Mesías e Hijo de Dios, lo que dijo el mismo Señor a
Simón: Eso lo tiene que revelar el Padre. María está entrañablemente presente
en la Iglesia y en mi vida. El Concilio ha dado este espléndido testimonio.
En la semana pascual estuve en Medjugorje, donde se
siente la dulzura de la Reina de la Paz. ¿Qué es Medjugorje? La amplia comisión
de teólogos, creada para redactar un “informe” que debía entregarse a finales
de 2012, no ha logrado todavía presentar su trabajo para que la Iglesia dé un
veredicto. Y entretanto, Medjugorje, adonde han ido más de 20 millones de
peregrinos, sigue siendo un centro de Eucaristía y de Perdón, porque ese es el
centro espiritual de aquel lugar, no la Virgen. Y la voz suave de la madre de
Jesús sigue diciendo: Haced lo que él os diga.
Las gentes sencillas de nuestras parroquias tienen
mucho que enseñarnos
En la Virgen María seguimos poniendo nuestra
confianza, pues ella, al ser la Madre de Jesús, es la Madre de la Comunidad de
Jesús, la Madre de la Iglesia.
Así la hemos invocado al iniciar cada una de
nuestras meditaciones.
La
Encarnación de Díaz, Jal., 29 agosto 2013
Rufino María
Grández, OFMCap
Hermanos
Menores Capuchinos
Privada
Bugambilias 350,
Col.
Rinconada Santa Rita,
C.P.
44690, ZAPOPAN, Jalisco.
Tel.
(01 33) 33357406
rufinomg@yahoo.com.mx
Blog:
Las Hermosas Palabras del Señor