PENSAMIENTOS DE UN CREYENTE SOBRE MARÍA,
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE LA INMACULADA
Pórtico
Llega de la fiesta de la Inmaculada – ya
ha llegado – y siento que dilata el alma alzar los ojos al cielo para hablar de
la Virgen María. Desde hace 90 años (1923) los Romanos rinden un homenaje a la
Inmaculada, monumento erigido en Roma (1857) a raíz de la proclamación
dogmática de 1854; y desde hace 60 años (1953) es costumbre que el Papa se
asocie a este homenaje. Los bomberos subirán hasta los pies de la Virgen una
corona de flores.
Esta corona de flores es la que yo
quiero depositar ante ella. Hablar de María es un suave descargo para un creyente.
Un creyente, creyente de toda la vida por la fe que nuestros padres nos
transmitieron, quiere honrarla. Al hacerlo, como ofrenda de amor, testimoniamos
la fe viva y perenne de Iglesia. Ahora mismo el Papa Francisco, al concluir su
Exhortación “La alegría del Evangelio” (24 noviembre 2013), corona sus
pensamientos con un canto a María: María, la Madre de la Evangelización. Al
final, le dirige una oración, y, entre otras cosas, le dice:
“Tú,
Virgen de la escucha y la contemplación,
madre
del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede
por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para
que ella nunca se encierre ni se detenga
en
su pasión por instaurar el Reino” (Evangelii gaudium, 288).
María es Vaso espiritual. María es el
perfume de la Iglesia. Es misterio y es corazón de todos los misterios, por
cuanto que en la sinfonía universal de la Encarnación María es el regazo del
Verbo Encarnado. Y estas frases sublimadas podrían parecer vía libre al
lirismo, salga lo que salga. Quien preste atención verá que no es así. María es
misterio, y solo por la vía del misterio – que es la fe – se accede a ella. Entremos,
avancemos.
La vía de la historia
y vías del misterio
¿Cómo se puede hablar de María de
Nazareth, con palabras adecuadas? Su historia se nos oculta casi toda ella; su
misterio se pierde ene l misterio de Jesús. Hay muchas vías, como sin número
son las imágenes que la representan, las capillas diseminadas por el mundo
entero que celebran su memoria.
1. El Concilio, exponiendo la fe, tomó dos puntos de referencia: Cristo y
la Iglesia, a saber: María situada en el misterio de Cristo; María situada en
el misterio de la Iglesia. Nos ofreció una bellísima síntesis como nunca había
acontecido tal, a nivel de esta suma autoridad, en los siglos del cristianismo.
2. Se puede hablar de la Virgen
auscultando las Escrituras conforme van apareciendo los datos en la historia de
la revelación (tarea científica basada en muchas hipótesis que habría que
probar). En esta perspectiva nos preguntaremos:
- ¿Cuáles
son los testimonios más arcaicos, que dan fe de la conciencia que tiene la
Iglesia de misterio de María? Quizás el pasaje escrito más antiguo sean
aquellas palabras de Pablo a los Gálatas: “Mas cuando llegó la plenitud del
tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (4,4). El
misterio de aquella Mujer queda incrustado en la plenitud del tiempo y forma
parte indivisa del misterio de la Encarnación. No pudo conocer Pablo qué manantial
de teología surgía de aquella “impostación” (impostazione) que hacía de una mujer, que ya sabemos que era María
la Madre de Jesús (aunque no la nombre), fundiéndola con la misma Encarnación
del Hijo. Ya no se podría hablar de María sino desde el Hijo, y, por así decir,
a ras del Hijo.
- Vinieron
los Sinópticos, y allí encontramos frases muy primitivas y muy verídicas,
que proceden de labios de Jesús, y que nos dejan altamente pensativos:
“¿Quiénes son mi madre y quiénes son mis hermanos? … Estos son mi madre y mis
hermanos” (Mc 3,33-34 y paralelos). Y muy arcaico y muy verídico es lo que
refiere Lucas cuando “una mujer de entre el gentío” se lanzó con aquel piropeo:
“Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Y Jesús
remató la felicitación: “Mejor, bienaventurados los que escuchan la Palabra de
Dios y al cumplen” (Lc 11,27-28). Metía a su madre bendita en lo más hondo y
céntrico de la comunidad: maría era la acogedora de la Palabra, de la Alianza,
de la Promesa, la acogedora de Dios; era, en efecto, el seno de Dios.
- Más
tarde – no sabemos cuánto tiempo – vendría el Evangelio de la Infancia, lo
mismo de Mateo (1-2) que de Lucas (1-2). Y aquí alcanzamos un monumento
soberano de la sabiduría cristiana. Definitivamente María es Virgen, la Virgen
María, así declarada por el testimonio de Mateo que por el testimonio de Lucas.
Estos Evangelios, saturados de mariología, nos reflejan al vivo cuál era la
conciencia espiritual que la Iglesia tenía de su madre, la santa Virgen María.
- Al
parecer, con san Juan alcanzamos el ápice: María de Caná de Galilea, y María,
la madre de Jesús en el Calvario, la Madre del discípulo amado, es la mujer que
verifica en su ser y en su vida, en su súplica y en su presencia, la Hora de
Jesús. En la Cruz es “la Mujer”, la nueva Eva, la Madre de la vida, preparada
para ser la Madre del Crucificado que derrama su Espíritu en la Cruz y en
Pentecostés, de donde nace la Iglesia. Por Jesús nosotros somos hijos de María,
y hasta la podríamos llamar Esposa del Crucificado.
María en la
armonía del misterio
Inmaculada –
Virgen – Asunta
Pobre – Discípula
– Creyente
Madre de Jesús –
Madre de la Iglesia – Madre mía
No puedo echármelas de Filósofo. Pero,
de alguna manera, quisiera trazar un perfil de nuestra fe en la Virgen María,
acudiendo a las categorías dinámicas de Hegel, sea cual sea el origen idealista
que las haya provocado. La realidad vital tiene ese ciclo dinámico:
Tesis
o
afirmación de una realidad plena.
Antítesis o contraste
frente a esa primera realidad que nos fascina.
Síntesis o punto final
hacia la quietud del pensamiento y de la vida.
Tesis: Inmaculada – Virgen – Asunta
Dejémonos conducir en todo momento por
las santas Escrituras, sabiendo que en una hermenéutica de fe, la letra,
siempre válida, siempre imprescindible, tiene que ser transcendida desde sí
misma, como hizo Pablo, cuando en Abraham vio a Cristo. : «De hecho, la Palabra
de Dios nunca está presente en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla
hace falta trascender y un proceso de comprensión que se deja guiar por el
movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso
vital» (Benedicto XVI, Verbum Domini 38, con la nota correspondiente).
María
es Inmaculada.
¿Qué es esto exactamente y qué significa? Esto es que María fue concebida sin
pecado original, mientras todos los demás hijos de Adán – Jesús excluido –
nacemos inficionados por la culpa misteriosa del primer ser humano.
¿Y qué es lo que esto significa? Que
María, ya desde el corazón de Dios, está consagrada a Jesús como Esposa del
Verbo; que María y Jesús, siempre a infinita distancia como es la distancia de
la creatura frente al Creador, por otra parte, en el plan salvífico de la
Encarnación quedan como nivelados. Jesús ha envuelto a su madre en su propia
santidad, y por eso, María como Jesús es santa en las raíces propias de su ser.
María y Jesús fueron dos caminos que se acompasan y que Dios los funde en uno,
porque los quiso unidos. Biene s cierto que María es silencio y Jesús Palabra.
La Inmaculada Concepción de María, gracia y privilegio para ella, es fruto de
la Redención de Cristo.
Un lector no avezado dirá. Esto es un mito.
¿Quién puede demostrar históricamente algo de esto?
No es un mito, ni siquiera en el más
noble sentido que tiene las palabras. Todos los pueblos han tenido sus mitos
para expresar de una manera accionada y dramática grandes verdades que Dios ha
depositado en el corazón de sus hijos. Los cristianos no hemos fingido una
lucha celestial entre la luz y las tinieblas para justificar la concepción
inmaculada de María. Es una verdad contemplativa, que ha nacido de una
historia. La historia es la muerte de Jesús, muerte y resurrección, causa de
nuestra justificación. Contemplando más allá de lo que la mente alcanza, la
Iglesia ha visto que la Pasión real e histórica de Cristo que la pasión de
Cristo ha irradiado sobre su madre ya en el momento en que entraba en este
mundo. “Hija de tu Hijo”, la llamó Dante en la Divina Comedia: figlia del tuo
figlio. Son palabras que Dante en La Divina Comedia, en el Paraíso, pone como
una súplica en labios de san Bernardo:
"Vergine madre, figlia del tuo
figlio,
umile e alta più che creatura,
termine fisso d'etterno consiglio (Canto
XXX)
Virgen madre, hija de tu hijo,
humilde y alta más que creatura,
término fijo del divino consejo.
El Bautista anunciaba de Jesús que él,
sí, era el fuerte, y que él nos bautizaría con Espíritu Santo y fuego (palabras
que recordamos en el II domingo de Adviento). María fue bautizada por su divino
Hijo en el Espíritu Santo y en fuego. Esta y no otra es la razón por la que
ella fue inmaculada.
María
Virgen y María Asunta.
Otras dos verdades que no alcanza la historia por una demostración empírica. La
ciencia no tiene nada que decir para afirmar la verdad de la virginidad
perpetua de María. Es pura armonía y concordia de fe. Lo mismo cuando afirmamos
que María ha participado ya plenamente en el misterio pascual de Cristo, en
cuerpo y alma, cosa que un día se nos concederá como suprema gracia a los que
hemos sido santificados pro Cristo. En María el misterio se ha realizado ya. Esto
es la Asunción de María: la plena participación de maría, “la llena de gracia”,
en la gracia redentora de Cristo, su Hijo.
Todo esto configura la tesis, la
soberana afirmación del misterio de María. María es el don de Dios al mundo, a
través de Cristo en el Espíritu Santo. María es la nueva creación de Dios. Ella
es la gloriosa siempre Virgen María.
He aquí, pues, la carta de identidad de
María como obra de la Trinidad santa, como obra perfecta, regalo para el mundo.
Antítesis/contraste: Pobre
– Discípula – Creyente
Una sensibilidad humana y eclesial muy
agudizada en estos tiempos nos ha convocado para considerar a María de
Nazareth, hija de Adán, como una de nosotros, viviendo en un pueblo desconocido
en los bordes del imperio romano. Una mujer del vecindario de Nazaret, pobre
como la mayoría, casa con un artesano, José.
¿Podremos rescatar la vida de María,
cuando los poquitos datos que de ella tenemos están transmitidos en un género
tan peculiar, incluso único, como es el género de Evangelio?
Podemos ciertamente atisbar lo que fue,
lo que pudo haber sido: María una mujer de su casa, que sigue las costumbres
judías, que en su trabajo a diario tiene que ir a la fuente del pueblo, que
acude a la sinagoga, que está casada con un varón de la casa de David llamado
José… Los conocedores de la antigua literatura judía acuden a esas fuentes para
conocer cómo era la vida cotidiana de Israel en aquel entonces y encuadrar allí
la vida de la joven María de Nazareth, de la piadosa María de Nazareth. Pero nuestra
pía curiosidad se ve frustrada, porque podemos atisbar muy poquito de lo que quisiéramos
conocer.
Un dato destacado es que era pobre, pero tan normalmente pobre
como los demás que ni siquiera los Evangelios le van a dar este apelativo de
honor…Sí, llevó al templo la ofrenda de los pobres, no la de los pudientes; su
esposo era un artesano, que no vivía, por tanto, de la caridad y de la
providencia, sino de su humilde trabajo.
Hoy nos agrada subrayar que María era
pobre, aunque en la Anunciación la pinten con ropa de princesa y, acaso, hasta coloquen
un jarrón de plata en su estancia. Evidente, es una representación de otra
cosa.
Pasando a un terreno más interior, esta
María de Nazareth, de la historia, era una discípula y era una creyente. Estamos
en el área de su pura humanidad, que es la nuestra.
Era discípula, hermoso título que le
daba Pablo VI, al tratar de reconfigurar la piedad mariana tras el Concilio. “fue
la primera y la más perfecta discípula
de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente” (Marialis cultus. 35).
Como discípula del Señor fue creyente,
creyente en toda la peregrinación de su vida. Jesús era el Hijo de Dios; eso no
era una evidencia, sino un misterio que había que aceptarlo en la fe. María
avanzó en la peregrinación de la fe, dice el Concilio. “A lo largo de su
predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima
de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados
(cf. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios,
como ella lo hacía fielmente (cf. Lc 2, 29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y
mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz…” (Lumen Gentium, 58).
Síntesis:
Madre de Jesús – Madre de la Iglesia –
Madre mía
Síntesis, punto cenital de nuestros pensamientos:
María, hoy, ahora, aquí, frente a esta nuestra historia, frente a mí: la Madre
de Jesús, que es la Madre de los hermanos de Jesús – nosotros – es mi madre, y
a ella yo le puedo invocar: ¡Madre mía!
Al final, todo desemboca aquí: su
maternidad humana es su divina maternidad, y esta maternidad nos envuelve a
todos y llega dulcemente hasta mí. El misterio, desplegado en la teología, se
hace culto. Y la cristiandad, como un manto de estrellas, queda cuajada de
invocaciones a la Virgen, de ermitas, de templos… Aquí mismo donde escribo hay una
imagencita de la Virgen, con su Niño.
¡Ea, pues, Señora,
abogada nuestra,
vuelve a nosotros estos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu
vientre,
oh clementísima,
oh piadosa,
oh dulce Virgen María. Amén.
Oración del Papa Francisco hoy ante el monumento de la Inmaculada
Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.
¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
El pecado no está en Ti.
Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.
Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.
Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.
Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios
Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.
¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.
Amén.
Guadalajara-Zapopan, Jalisco, 8
diciembre 2013, junto al templo de Ntra. Sra. de los Ángeles, filian de la
parroquia de San Martín de Porres.