domingo, 8 de diciembre de 2013

471. La Inmaculada en la peana del corazón y de las palabras



PENSAMIENTOS DE UN CREYENTE SOBRE MARÍA,
CON OCASIÓN DE LA FIESTA DE LA INMACULADA


Pórtico

Llega de la fiesta de la Inmaculada – ya ha llegado – y siento que dilata el alma alzar los ojos al cielo para hablar de la Virgen María. Desde hace 90 años (1923) los Romanos rinden un homenaje a la Inmaculada, monumento erigido en Roma (1857) a raíz de la proclamación dogmática de 1854; y desde hace 60 años (1953) es costumbre que el Papa se asocie a este homenaje. Los bomberos subirán hasta los pies de la Virgen una corona de flores.
Esta corona de flores es la que yo quiero depositar ante ella. Hablar de María es un suave descargo para un creyente. Un creyente, creyente de toda la vida por la fe que nuestros padres nos transmitieron, quiere honrarla. Al hacerlo, como ofrenda de amor, testimoniamos la fe viva y perenne de Iglesia. Ahora mismo el Papa Francisco, al concluir su Exhortación “La alegría del Evangelio” (24 noviembre 2013), corona sus pensamientos con un canto a María: María, la Madre de la Evangelización. Al final, le dirige una oración, y, entre otras cosas, le dice:
“Tú, Virgen de la escucha y la contemplación,
madre del amor, esposa de las bodas eternas,
intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono purísimo,
para que ella nunca se encierre ni se detenga
en su pasión por instaurar el Reino” (Evangelii gaudium, 288).
María es Vaso espiritual. María es el perfume de la Iglesia. Es misterio y es corazón de todos los misterios, por cuanto que en la sinfonía universal de la Encarnación María es el regazo del Verbo Encarnado. Y estas frases sublimadas podrían parecer vía libre al lirismo, salga lo que salga. Quien preste atención verá que no es así. María es misterio, y solo por la vía del misterio – que es la fe – se accede a ella. Entremos, avancemos.

La vía de la historia y vías del misterio

¿Cómo se puede hablar de María de Nazareth, con palabras adecuadas? Su historia se nos oculta casi toda ella; su misterio se pierde ene l misterio de Jesús. Hay muchas vías, como sin número son las imágenes que la representan, las capillas diseminadas por el mundo entero que celebran su memoria.
1. El Concilio, exponiendo la fe, tomó dos puntos de referencia: Cristo y la Iglesia, a saber: María situada en el misterio de Cristo; María situada en el misterio de la Iglesia. Nos ofreció una bellísima síntesis como nunca había acontecido tal, a nivel de esta suma autoridad, en los siglos del cristianismo.

2. Se puede hablar de la Virgen auscultando las Escrituras conforme van apareciendo los datos en la historia de la revelación (tarea científica basada en muchas hipótesis que habría que probar). En esta perspectiva nos preguntaremos:
- ¿Cuáles son los testimonios más arcaicos, que dan fe de la conciencia que tiene la Iglesia de misterio de María? Quizás el pasaje escrito más antiguo sean aquellas palabras de Pablo a los Gálatas: “Mas cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (4,4). El misterio de aquella Mujer queda incrustado en la plenitud del tiempo y forma parte indivisa del misterio de la Encarnación. No pudo conocer Pablo qué manantial de teología surgía de aquella “impostación” (impostazione) que hacía de una mujer, que ya sabemos que era María la Madre de Jesús (aunque no la nombre), fundiéndola con la misma Encarnación del Hijo. Ya no se podría hablar de María sino desde el Hijo, y, por así decir, a ras del Hijo.
- Vinieron los Sinópticos, y allí encontramos frases muy primitivas y muy verídicas, que proceden de labios de Jesús, y que nos dejan altamente pensativos: “¿Quiénes son mi madre y quiénes son mis hermanos? … Estos son mi madre y mis hermanos” (Mc 3,33-34 y paralelos). Y muy arcaico y muy verídico es lo que refiere Lucas cuando “una mujer de entre el gentío” se lanzó con aquel piropeo: “Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Y Jesús remató la felicitación: “Mejor, bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y al cumplen” (Lc 11,27-28). Metía a su madre bendita en lo más hondo y céntrico de la comunidad: maría era la acogedora de la Palabra, de la Alianza, de la Promesa, la acogedora de Dios; era, en efecto, el seno de Dios.
- Más tarde – no sabemos cuánto tiempo – vendría el Evangelio de la Infancia, lo mismo de Mateo (1-2) que de Lucas (1-2). Y aquí alcanzamos un monumento soberano de la sabiduría cristiana. Definitivamente María es Virgen, la Virgen María, así declarada por el testimonio de Mateo que por el testimonio de Lucas. Estos Evangelios, saturados de mariología, nos reflejan al vivo cuál era la conciencia espiritual que la Iglesia tenía de su madre, la santa Virgen María.
- Al parecer, con san Juan alcanzamos el ápice: María de Caná de Galilea, y María, la madre de Jesús en el Calvario, la Madre del discípulo amado, es la mujer que verifica en su ser y en su vida, en su súplica y en su presencia, la Hora de Jesús. En la Cruz es “la Mujer”, la nueva Eva, la Madre de la vida, preparada para ser la Madre del Crucificado que derrama su Espíritu en la Cruz y en Pentecostés, de donde nace la Iglesia. Por Jesús nosotros somos hijos de María, y hasta la podríamos llamar Esposa del Crucificado.


María en la armonía del misterio
Inmaculada – Virgen – Asunta
Pobre – Discípula – Creyente
Madre de Jesús – Madre de la Iglesia – Madre mía

No puedo echármelas de Filósofo. Pero, de alguna manera, quisiera trazar un perfil de nuestra fe en la Virgen María, acudiendo a las categorías dinámicas de Hegel, sea cual sea el origen idealista que las haya provocado. La realidad vital tiene ese ciclo dinámico:
Tesis o afirmación de una realidad plena.
Antítesis o contraste frente a esa primera realidad que nos fascina.
Síntesis o punto final hacia la quietud del pensamiento y de la vida.

Tesis: Inmaculada – Virgen – Asunta

Dejémonos conducir en todo momento por las santas Escrituras, sabiendo que en una hermenéutica de fe, la letra, siempre válida, siempre imprescindible, tiene que ser transcendida desde sí misma, como hizo Pablo, cuando en Abraham vio a Cristo. : «De hecho, la Palabra de Dios nunca está presente en la simple literalidad del texto. Para alcanzarla hace falta trascender y un proceso de comprensión que se deja guiar por el movimiento interior del conjunto y por ello debe convertirse también en un proceso vital» (Benedicto XVI, Verbum Domini 38, con la nota correspondiente).

María es Inmaculada. ¿Qué es esto exactamente y qué significa? Esto es que María fue concebida sin pecado original, mientras todos los demás hijos de Adán – Jesús excluido – nacemos inficionados por la culpa misteriosa del primer ser humano.
¿Y qué es lo que esto significa? Que María, ya desde el corazón de Dios, está consagrada a Jesús como Esposa del Verbo; que María y Jesús, siempre a infinita distancia como es la distancia de la creatura frente al Creador, por otra parte, en el plan salvífico de la Encarnación quedan como nivelados. Jesús ha envuelto a su madre en su propia santidad, y por eso, María como Jesús es santa en las raíces propias de su ser. María y Jesús fueron dos caminos que se acompasan y que Dios los funde en uno, porque los quiso unidos. Biene s cierto que María es silencio y Jesús Palabra. La Inmaculada Concepción de María, gracia y privilegio para ella, es fruto de la Redención de Cristo.
Un lector no avezado dirá. Esto es un mito. ¿Quién puede demostrar históricamente algo de esto?
No es un mito, ni siquiera en el más noble sentido que tiene las palabras. Todos los pueblos han tenido sus mitos para expresar de una manera accionada y dramática grandes verdades que Dios ha depositado en el corazón de sus hijos. Los cristianos no hemos fingido una lucha celestial entre la luz y las tinieblas para justificar la concepción inmaculada de María. Es una verdad contemplativa, que ha nacido de una historia. La historia es la muerte de Jesús, muerte y resurrección, causa de nuestra justificación. Contemplando más allá de lo que la mente alcanza, la Iglesia ha visto que la Pasión real e histórica de Cristo que la pasión de Cristo ha irradiado sobre su madre ya en el momento en que entraba en este mundo. “Hija de tu Hijo”, la llamó Dante en la Divina Comedia: figlia del tuo figlio. Son palabras que Dante en La Divina Comedia, en el Paraíso, pone como una súplica en labios de san Bernardo:

"Vergine madre, figlia del tuo figlio,
umile e alta più che creatura,
termine fisso d'etterno consiglio (Canto XXX)

Virgen madre, hija de tu hijo,
humilde y alta más que creatura,
término fijo del divino consejo.

El Bautista anunciaba de Jesús que él, sí, era el fuerte, y que él nos bautizaría con Espíritu Santo y fuego (palabras que recordamos en el II domingo de Adviento). María fue bautizada por su divino Hijo en el Espíritu Santo y en fuego. Esta y no otra es la razón por la que ella fue inmaculada.

María Virgen y María Asunta. Otras dos verdades que no alcanza la historia por una demostración empírica. La ciencia no tiene nada que decir para afirmar la verdad de la virginidad perpetua de María. Es pura armonía y concordia de fe. Lo mismo cuando afirmamos que María ha participado ya plenamente en el misterio pascual de Cristo, en cuerpo y alma, cosa que un día se nos concederá como suprema gracia a los que hemos sido santificados pro Cristo. En María el misterio se ha realizado ya. Esto es la Asunción de María: la plena participación de maría, “la llena de gracia”, en la gracia redentora de Cristo, su Hijo.
Todo esto configura la tesis, la soberana afirmación del misterio de María. María es el don de Dios al mundo, a través de Cristo en el Espíritu Santo. María es la nueva creación de Dios. Ella es la gloriosa siempre Virgen María.
He aquí, pues, la carta de identidad de María como obra de la Trinidad santa, como obra perfecta, regalo para el mundo.

Antítesis/contraste: Pobre – Discípula – Creyente

Una sensibilidad humana y eclesial muy agudizada en estos tiempos nos ha convocado para considerar a María de Nazareth, hija de Adán, como una de nosotros, viviendo en un pueblo desconocido en los bordes del imperio romano. Una mujer del vecindario de Nazaret, pobre como la mayoría, casa con un artesano, José.
¿Podremos rescatar la vida de María, cuando los poquitos datos que de ella tenemos están transmitidos en un género tan peculiar, incluso único, como es el género de Evangelio?
Podemos ciertamente atisbar lo que fue, lo que pudo haber sido: María una mujer de su casa, que sigue las costumbres judías, que en su trabajo a diario tiene que ir a la fuente del pueblo, que acude a la sinagoga, que está casada con un varón de la casa de David llamado José… Los conocedores de la antigua literatura judía acuden a esas fuentes para conocer cómo era la vida cotidiana de Israel en aquel entonces y encuadrar allí la vida de la joven María de Nazareth, de la piadosa María de Nazareth. Pero nuestra pía curiosidad se ve frustrada, porque podemos atisbar muy poquito de lo que quisiéramos conocer.
Un dato destacado es que era pobre, pero tan normalmente pobre como los demás que ni siquiera los Evangelios le van a dar este apelativo de honor…Sí, llevó al templo la ofrenda de los pobres, no la de los pudientes; su esposo era un artesano, que no vivía, por tanto, de la caridad y de la providencia, sino de su humilde trabajo.
Hoy nos agrada subrayar que María era pobre, aunque en la Anunciación la pinten con ropa de princesa y, acaso, hasta coloquen un jarrón de plata en su estancia. Evidente, es una representación de otra cosa.
Pasando a un terreno más interior, esta María de Nazareth, de la historia, era una discípula y era una creyente. Estamos en el área de su pura humanidad, que es la nuestra.
Era discípula, hermoso título que le daba Pablo VI, al tratar de reconfigurar la piedad mariana tras el Concilio. “fue la primera y la más perfecta discípula de Cristo: lo cual tiene valor universal y permanente” (Marialis cultus. 35).
Como discípula del Señor fue creyente, creyente en toda la peregrinación de su vida. Jesús era el Hijo de Dios; eso no era una evidencia, sino un misterio que había que aceptarlo en la fe. María avanzó en la peregrinación de la fe, dice el Concilio. “A lo largo de su predicación acogió las palabras con que su Hijo, exaltando el reino por encima de las condiciones y lazos de la carne y de la sangre, proclamó bienaventurados (cf. Mc 3, 35; Lc 11, 27-28) a los que escuchan y guardan la palabra de Dios, como ella lo hacía fielmente (cf. Lc 2, 29 y 51). Así avanzó también la Santísima Virgen en la peregrinación de la fe, y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz…” (Lumen Gentium, 58).

Síntesis: Madre de Jesús – Madre de la Iglesia – Madre mía

Síntesis, punto cenital de nuestros pensamientos: María, hoy, ahora, aquí, frente a esta nuestra historia, frente a mí: la Madre de Jesús, que es la Madre de los hermanos de Jesús – nosotros – es mi madre, y a ella yo le puedo invocar: ¡Madre mía!
Al final, todo desemboca aquí: su maternidad humana es su divina maternidad, y esta maternidad nos envuelve a todos y llega dulcemente hasta mí. El misterio, desplegado en la teología, se hace culto. Y la cristiandad, como un manto de estrellas, queda cuajada de invocaciones a la Virgen, de ermitas, de templos… Aquí mismo donde escribo hay una imagencita de la Virgen, con su Niño.
¡Ea, pues, Señora,
abogada nuestra,
vuelve a nosotros estos tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre,
oh clementísima,
oh piadosa,
oh dulce Virgen María. Amén.


Oración del Papa Francisco hoy ante el monumento de la Inmaculada



Virgen Santa e Inmaculada,
a Ti, que eres el honor de nuestro pueblo
y la guardiana atenta que cuida de nuestra ciudad,
nos dirigimos con confianza y amor.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
El pecado no está en Ti.

Suscita en todos nosotros un renovado deseo de santidad:
en nuestra palabra brille el esplendor de la verdad,
en nuestras obras resuene el canto de la caridad,
en nuestro cuerpo y en nuestro corazón habiten la pureza y la castidad,
en nuestra vida se haga presente toda la belleza del Evangelio.

Tú eres la Toda Hermosa, oh María !
La Palabra de Dios se hizo carne en Ti.

Ayúdanos a mantenernos en la escucha atenta de la voz del Señor:
el grito de los pobres nunca nos deje indiferentes,
el sufrimiento de los enfermos y los necesitados no nos encuentre distraídos,
la soledad de los ancianos y la fragilidad de los niños nos conmuevan,
toda vida humana sea siempre amada y venerada por todos nosotros.

Tú eres la Toda Hermosa, ¡Oh María!
En ti está el gozo pleno de la vida bienaventurada con Dios

Haz que no perdamos el sentido de nuestro camino terrenal:
la suave luz de la fe ilumine nuestros días,
la fuerza consoladora de la esperanza dirija nuestros pasos,
el calor contagioso del amor anime nuestro corazón,
los ojos de todos nosotros permanezcan fijos, allí, en Dios, donde está la verdadera alegría.

¡Tú eres la Toda Hermosa, oh María!
Escucha nuestra oración, atiende nuestra súplica:
se Tú en nosotros la belleza del amor misericordioso de Dios en Jesús,
que esta belleza divina nos salve a nosotros, a nuestra ciudad, al mundo entero.

Amén.



Guadalajara-Zapopan, Jalisco, 8 diciembre 2013, junto al templo de Ntra. Sra. de los Ángeles, filian de la parroquia de San Martín de Porres.

viernes, 6 de diciembre de 2013

470. El que viene detrás de mí, el Fuerte, el Fuego.



Homilía para el Domingo II de Adviento, Ciclo A
Mt 3,1-12


Texto evangélico:
Por aquellos días Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando: “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Este es el que anunció el profeta Isaías diciendo:
“Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor. Allanad sus senderos”.
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, Judea y de la comarca del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: “¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión.
Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abraham”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la raíz de los árboles, y todo árbol que no dé buen fruto será talada y echado al fuego.
Yo os bautizo en agua, para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”.

Hermanos:
1. Estas cuatro semanas de Adviento son exuberantes en los mensajes que nos traen, a través de los múltiples textos de la liturgia: antífonas y oraciones, y muy particularmente con las lecturas de Isaías, de san Pablo y de los Evangelios. Adviento, venida de Dios, y con la venida de Dios, viene todo lo bueno; viene la salvación, sea, pues, firme nuestra esperanza.
Conviene recordar que en el Adviento hay tres venidas del Señor: vendrá, vino, viene; una es del futuro, otra es del pasado y otra es del presente, Hoy está viniendo Jesús: en los acontecimientos que suceden y en las personas con quienes convivimos.
San Bernardo, un santo de hace mil años, predicando del Adviento hablaba de estas tres venidas, en una pasaje que se ha hecho clásico: “Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera y de la última, hay una venida intermedia. Aquéllas son visibles, pero ésta no. En la primera, el Señor se manifestó en la tierra y convivió con los hombres, cuando, como atestigua él mismo, lo vieron y lo odiaron. En la última, todos verán la salvación de Dios y mirarán al que traspasaron. La intermedia, en cambio, es oculta, y en ella sólo los elegidos ven al Señor en lo más íntimo de sí mismos, y así sus almas se salvan. De manera que, en la primera venida, el Señor vino en carne y debilidad; en esta segunda, en espíritu y poder; y en la última, en gloria y majestad” (Sermón 5 de Adviento, que se lee el miércoles de la I semana).

2. El Evangelio nos recuerda cómo fue aquella primera venida de Jesús, anunciada por el Bautista. Nos dice dos cosas en las que vamos a centrar ahora nuestra atención.
Del texto sagrado vamos a destacar estas palabras tomadas de labios del Bautista:
La primera: El que viene detrás de mí es más fuerte que yo y no merezco ni llevarle las sandalias.
La segunda: Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego.
Es la figura que él tiene de Jesús, es la primera cristología que los creyentes formulan para acceder al misterio recóndito de Jesús.

3. Antes que el apóstol san Pablo hablara de Jesús, antes que los evangelistas, comenzando por Marcos, nos hablaran de Jesús en sus Evangelios, nos lo había predicado Juan Bautista.
Juan el Bautista es el heredero de los profetas. Jesús dijo de él que era Elías, profeta de fuego. Habla con la fuerza de Amós; anuncia el juicio de Dios. ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión.
Todo esto es sumamente grave y reclama una revisión de vida, lo que se está llamando hoy la reforma. ¿Quién de nosotros no debe convertirse y reformarse? Sería necio pensar que no necesitamos esa conversión.
Pero no es esto lo principal que anuncia Juan. La cumbre de su mensaje es el anuncio de Cristo. Jesús de Nazareth, el que vino a ser bautizado por Juan en el Jordán es la palabra más hermosa y llena de esperanza que el Precursor tiene que anunciar y anuncia. Estaríamos en el Antiguo Testamento si Juan, el que bautizaba en el Jordán, no acabara de dar su última palabra, que explica todas las anteriores. Viene el Fuerte.
La última de las palabras que encontramos en los libros de la Profecía del Antiguo Testamento es una palabra de infinita esperanza, que trae el consuelo que sustenta nuestra vida de hoy; abramos cualquier de los libros proféticos y hagamos esta experiencia del consuelo de Dios como final de la profecía. Lo peculiar del Bautista no es que anuncie el consuelo de Dios, sino al mismísimo Consolador en la persona de Jesús de Nazaret. En Jesús, que iba viniendo y ya está ahí, “Dios ha visitado y redimido a su pueblo”, como dijo Zacarías, padre de Juan Bautista.

4. Viene el Fuerte, el más fuerte que yo. Sin duda que a Jesús le gustó esta definición, porque la tomó para su predicación. Cuando Jesús lanzaba demonios, el grupo de los malintencionados decía: “Tiene dentro a Belcebú, y expulsa a los demonios con el poder del jefe de los demonios” (Mc 3,22). Jesús respondió: “Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa” (v. 27).
Jesús es el Fuerte de Dios. “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal”, aclamamos nosotros en la liturgia de Viernes Santo; aclamamos a Dios, aclamamos a Cristo Redentor.

5. Jesús es el Fuerte. Claro que nada puede si yo no lo dejo, porque soy libre y él no fuerza mi libertad. En una lectura de estos días (viernes de la I semana de Adviento) dos ciegos claman a Jesús: “Ten compasión de nosotros, hijo de David” (Mt 9,27). Jesús les hace un examen: “¿Creéis que puedo hacerlo? Ellos contestaron: Sí, Señor”. Pasaron, pues, el examen de la fe. Y fijaos, hermanos, qué decidió Jesús: “Entonces les tocó los ojos diciendo: Que os suceda conforme a vuestra fe”. Es la misma respuesta que nos puede dar hoy Jesús a nosotros.

6. Jesús, pues, es el Fuerte de Dios, y el que nos va a dar el Espíritu Santo: Él os bautizara con Espíritu Santo y fuego. El bautismo cristiano no es un rito, aunque se verifique con un rito. Es la irrupción en la vida del Espíritu Santo y del fuego. Yo, cristiano, soy una hoguera; no una hoguera apagada, ni una hoguera de brasas bajo la ceniza, sino una hoguera ardiendo, la hoguera del Espíritu Santo, como lo fue Jesús.
Concluimos con una súplica: Señor Jesús, que arda en mi persona la hoguera del Espíritu Santo.

Guadalajara, viernes 6 diciembre 2013.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

469. Un día hermoso: coplas de cumpleaños



Hoy cumplo setenta y siete

Hoy cumplo 77 Advientos. Fue a la 1 de la noche (así certifica el registro) del 5 de diciembre de 1936. Un día perdido del calendario para el común de los mortales. Para mí un día único en el calendario del corazón de Dios. Fue aquel día en que el Padre, comunicando su alegría, dijo, como un brindis: Hoy “al mundo le ha nacido un hombre” (Jn 16,22), palabra de Jesús que muchas veces me ha enternecido.
Es que con esto – amigo, amiga…de silenciosa amistad en la vibración de la Red – quiero asociarme a “el día hermoso”, que fue el día de tu nacimiento, y, como eco, el día de tu cumpleaños. Todos tenemos este día de soberana liturgia de nuestro nacimiento, celebrado con Dios y con ese coro de amigos que nos regala la vida. ¡Gracias, Dios mío! Te lo gradezco por toda la eternidad. Soy un destello radiante del amor de Dios; soy una célula de Dios en la Historia, dulce encarnación de su latiente corazón. Así me veo, porque así soy. No pasará aquel 1 de diciembre de 1936, sábado de la primera semana de Adviento, a los Anales, para hacer parte de las efemérides dignas de mención, día 5 de diciembre señalado, porque en tal día, 1492, se descubrió la Hispaniola, la Española – hoy República Dominicana – con la llegada de Colón y un grupo de aguerridos navegantes españoles; día 5 de diciembre, digno de memoria por la muerte de Wolfgang Amadeus Mozart (1791).
Día 5 de diciembre de 1936, cuando mis hermanos de mi tierra patria, estábamos en guerra, unos contra otros. Baste con recordar en familia que en aquellos días mi padre se encontraba muy enfermo (“¡qué malito estaba tu padre, hijo…!”), pero el Adviento o Advenimiento de aquel segundo hijo le daba un pulmón de vida, y cuando me vio sus ojos brillaron como las estrellas. Luego, aunque el Señor se lo llevó temprano (menos de 40 años: 1 diciembre 1947), pudo ver bendecida la humilde mesa de familia con otros vástagos, hasta completar seis hermanos: cuatro mujeres y dos hombres.
Anécdotas que no interesan al común de los mortales, internautas o no, pero que embellecen la crónica íntima de mi vida – gloriosa y amorosa Historia de Salvación de Dios – que es lo que celebro. Y repito, amable amigo, que hago esta evocación, compartiendo el día de tu nacimiento, que ignoro. El Señor te bendiga. El Señor nos bendiga y nos guarde.
Celebro la fiesta con alguna copla. No sé cantar - ¡lástima! – pero ahí queda la letra. El corazón la tararea a su modo. Y, como andamos entre Profetas, profesor y testigo de los Profetas que trato de explicar, ahí va de mi taller de alfarero la vasija de barro que he cocido en el horno de mi corazón.
Recíbela con ojos risueños, que es para decirte que “¡gracias!, querida hermana, querido hermano, por tu felicitación”.

7 coplas de amor
para mis 77 Advientos
1. Hoy cumplo setenta y siete,
números de perfección,
uno dice, otro repite:
“Dios es solo corazón”.

2. Ya tengo claro el futuro
y aprendida la lección:
siete y siete están diciendo
ser perfecto en el amor.

3. El examen ya está hecho
a cuenta de mi Señor;
balance y punto final:
su ternura y compasión.

4. Lo aprendí en la Profecía
desde los tiempos de Amós:
“¿Cómo no compadecerte
del pobrecillo Jacob?” (Am 7,2)-

5. Tu Palabra es juventud,
así me lo entiendo yo;
cada verso es un pimpollo
y dentro se abre una flor.

6. Sea mi vida tu Adviento,
profecía con tu voz,
y entre sones muy distintos
ser siempre Consolación (Is 40,1).

7. ¡Mi más dulce Poesía,
Jesús de mi vocación,
tus manos y plantas beso,
guárdame en tu bendición!


(5 de diciembre de 1936-2013)
Fr. Rufino María Grández Lecumberri
(de bautismo Francisco Javier), OFMCap.

77 años de Bautismo, día 9 de diciembre


Brindis en fraternidad por 77 años de bautismo 
con una botella de vino exquisito
guardada para esta ocasión.
Dos hermanos de mi fraternidad:
Eduardo (a mi derecha),
Erid ( a la izquierda).