Jesús se revela a sí mismo en la multiplicación de los panes
Mateo
14,13-21
Nota
Obsérvese que este año el Domingo XVIII del cilo A cae en el día 6 de agosto, Fiesta de la Transfiguración del Señor, y que pro ser fiesta del Señor en tiempo ordinario los textos de la fiesta (en este caso de la Trasfiguración) prevalecen sobre los del Domingo. Gracias.
Texto
del Evangelio
13 Al enterarse Jesús se marchó de allí en barca, a
solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde
los poblados. 14 Al desembarcar vio Jesús una multitud, se
compadeció de ella y curó a los enfermos. 15 Como se hizo
tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy
tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». 16 Jesús
les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». 17 Ellos
le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». 18 Les
dijo: «Traédmelos». 19 Mandó a la gente que se recostara en la
hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo,
pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los
discípulos se los dieron a la gente. 20 Comieron todos y se
saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. 21 Comieron
unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Hermanos:
1. La multiplicación de los panes es una escena sublime para responder a
esta pregunta esencial y total del Evangelio: ¿Quién es Jesús?
Su importancia única está significada en estos hechos: la multiplicación de
los panes está consignada en los cuatro Evangelios. Aparte de ellos, san Marcos
y san Mateo tienen un segundo relato, una segunda multiplicación de los panes,
lo que trae sus consecuencias específicas de las cuales no vamos a hablar en
una homilía.
Y san Juan agrega al hecho común narrado por todos un largo discurso: el discurso de Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm,
el discurso del pan de vida.
2. Un cristiano atento a los perfiles del Evangelio se pregunta: Cuando oímos
y escuchamos la multiplicación de los panes ¿debemos pensar en la Eucaristía?
Sin duda. El relato que hemos escuchado nos habla de cinco gestos de Jesús en
el momento central del relato, que son los cinco momentos que ha tomado el
Canon de la Misa (Canon primero) para transmitir las palabras de la
consagración. Estos cinco gestos de Jesús son los siguientes:
1)
Jesús tomó en sus manos los cinco panes y los dos
peces
2)
Jesús alzó la mirada al cielo
3)
Jesús pronuncio la bendición de alabanza y acción de
gracias
4)
Jesús partió los panes, signo de comunión
5)
Jesús los dio
Son cinco
gestos que repite el sacerdote cuando celebra la Eucaristía, y que los cinco
quedan consignados en el Canon Romano que durante siglos ha sido la única
plegaria eucarística de la Iglesia
“La víspera de su Pasión,
(1) tomó pan en sus santas y venerables manos,
(2) y elevando los ojos al cielo,
hacia ti, Dios Padre suyo todopoderoso,
(3) dando gracias te bendijo,
(4) lo partió
(5) y lo dio a sus discípulos”.
Siempre que celebramos la Eucaristía, asistimos místicamente a la
multiplicación de los panes realizada, celebrada…, por Jesús.
3. Con todo, el sentido radical de la escena del Evangelio que con la
gracia de Dios estamos interpretando, hay que tomarlo de más al fondo. Dios tiene
un banquete de salvación para la humanidad, y de este banquete, al que somos invitados
por Dios mismo, han hablado los profetas. Dice así la primera lectura de este
domingo, tomada de Isaías:
1 Oíd, sedientos todos, acudid por
agua; | venid, también los que no tenéis dinero: | comprad trigo y comed, venid
y comprad, | sin dinero y de balde, vino y leche.
2 ¿Por qué gastar dinero en lo que no alimenta
| y el salario en lo que no da hartura? | Escuchadme atentos y comeréis bien, |
saborearéis platos sustanciosos.
3 Inclinad vuestro oído, venid a mí: |
escuchadme y viviréis. | Sellaré con vosotros una alianza perpetua, | las misericordias
firmes hechas a David (Is 55,1-3).
A través del pueblo de Israel Dios ofrece a todo el mundo, gratis, sin
dinero, de balde, un banquete que nos va a saciar, que nos va a quitar para
siempre el hambre y la sed, que nos va a saciar como nunca lo pudimos pensar.
Este banquete de vida es una alianza de amor; es el banquete de Dios regalado
al hombre.
4. Pues he aquí que Jesús toma la misma iniciativa de Dios y ofrece a toda
la humanidad, hoy, en la historia, el banquete que Dios tiene preparado. Él es
el que toma la iniciativa, él es el que ofrece y regalada el banquete, y al
final diremos: Él mismo es el banquete
regalado.
La escena más bella y sublime del desierto, pasado el Mar Rojo, fue el
maná, dado al pueblo liberado durante todo camino de liberación rumbo a la tierra
prometida. El maná no fue nada comparado con este don de Dios que se entrega al
mundo por medio de Jesús.
5. Nosotros podemos hacer múltiples reflexiones en torno a la
multiplicación de los panes, pero, si no nos queremos salir de la dinámica de lo
que ha quedado escrito en el texto sagrado, lo primero que tenemos que recalcar
es la figura de Jesús. El cristiano que escucha el Evangelio ya sabe que Jesús es
Dios. Por eso el banquete de Jesús es el banquete de Dios.
Observemos en la narración este protagonismo de Jesús en varios detalles:
la multitud fascinada sigue a Jesús, atraída por lo que está viendo. Y entonces
san Mateo nos dice
-
Que Jesús vio a la multitud
-
Que Jesús sintió compasión por ella
-
Que Jesús, por esa compasión, curó a los enfermos
-
Y entendemos que Jesús predicaba. Si la multitud
seguía a Jesús era por el atractivo irresistible de lo que decía y de cómo lo
decía.
Los apóstoles plantean un problema. «Estamos
en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas
y se compren comida».
Jesús responde, como solo Dios puede responder: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer».
5. Una respuesta tajante que en nosotros levanta muchos pensamientos: ¿Quién
les va a dar de comer, los apóstoles o Jesús?
La respuesta es clara: Jesús y los apóstoles, formando unidad indisoluble.
Hoy se está abusando de esta frase, cortando su último sentido. Dadle vosotros
de comer, como si el sentido fuese la urgencia de una promoción social que
nosotros debemos promover.
Dadles vosotros de comer. Los apóstoles no les dieron de
comer. Los apóstoles ni fueron a comprar ni hicieron ningún milagro. Los apóstoles repartieron el milagro
de Jesús.
Porque hoy Jesús sigue diciendo. Dadle
vosotros de comer.
Sí, hermanos, vamos a dar de comer; pero ¡bien entendido, que el banque es
el banquete que Dios regala y para el cual pide nuestra colaboración! No somos
nosotros, y al mismo tiempo, sí somos nosotros…
Dios no tiene manos, y quiere dar de comer por nuestras manos; pero ese que
sea el banquete de Dios, y que todos puedan ver que es el amor de Dios, la compasión,
la ternura de Dios, la misericordia de Dios.
Somos nosotros, todos los cristianos, los
repartidores de la misericordia de Dios.
Dios no tiene manos, Dios no tiene ojos, Dios no tiene pies. Y a nosotros nos
ha dado manos para trabajar y acariciar: que se vea que es el trabajo de Dios y
la caricia de Dios.
El banquete de Dios está celebrándose en la humanidad… ¡Cuántas reflexiones
podemos ir sacando a medida que vamos desmenuzando la parábola! Pero, por la
fuerza del tiempo, hemos de terminar.
6. Señor Jesús, revelación
esplendente en el don de la multiplicación de los panes, banquete de Dios al
mundo, a todos sus hijos, al ver que eres tú quien estás dando el banquete de Dios,
acepto al incitación que me haces. Dadles vosotros de comer. Amén.
Pamplona, sábado 5 de agosto de 2017