miércoles, 28 de noviembre de 2018

1138. Tú eres mi canto, Jesús – Himnos pascuales




Tú eres mi canto, Jesús


¡Guadalajara, fiesta principal de libro en América Latina!
En esta Feria Internacional del Libro (FIL) llega a mis manos una colección de poemas, dedicados a la Pascua del Señor, eje del año de la Iglesia, que vamos a reestrenar dentro de pocos días, con las primeras Vísperas de Adviento.
Comenzamos una ruta que no llevará a la Pascua, fiesta de las fiestas, sol del firmamento cristiano.
Este librito recoge 65 himnos del autor (ocho de los cuales han pasado a la Liturgia de Amética Latina
He aquí, mirando a la Pascua de Jesús del próximo Año de Gracia de 2019, una selección de poemas y una carta dedicatoria.
Paz y Bien.

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A Lidia
la primera discípula de Jesús en Europa,
“a quien el Señor abrió el corazón
para que aceptara lo que decía Pablo,
y se bautizó con toda su familia”
(Hech 16,14-15),
y a todas las comunidades cristianas
que tras ella cantan
a Jesús Resucitado.


Pórtico
Carta de envío

Mi querida Lidia: Alegría y paz
Adivinas con qué gozo íntimo te envío este Himnario, para decirte: Jesús ha resucitado. O, para decirnos, como se saludan en Pascua nuestros hermanos de Oriente:
- ¡Cristo ha resucitado! (Christós anesthi)
- ¡Verdaderamente ha resucitado! (Alethôs anesti)
Versos que han salido del corazón. Si alguna belleza tienen, es la belleza del amor. Puedes recibirlos como regalo de Pascua. Hace 40 años – fue en la Pascua de 1977 – se me ocurrió felicitar la Fiesta a los amigos con unos versos dirigidos a Jesús Resucitado.

Te felicito, oh Lirio
belleza de primavera.
Te felicito, purísima
carne de Jesús, que quiebras
la muerte oscura. Y te beso
cual ningún amante besa;
y te susurro, oh Dulcísimo,
oh Dios mío: (Enhorabuena!
Y con mis manos humanas
tus manos agarro prietas.
Y otra vez quiero decirte:
(Vencedor, bendito seas!
(Felicidades! No más
sino llorar yo quisiera,
de tanto gozo los párpados
hinchados.
           Hermano, (ea!,
que a ti también te saludo
con el ósculo de fiesta.
)No es Jesús delicia y Pascua,
no es él la mañana fresca
del gozo de los humanos?
Escanciad la copa, (venga!,
y por siempre ramo verde
los corazones florezcan.

¿Acaso muy ingenuo? Acaso…
Como ves, querida Lidia, este esbozo lírico (me parece que sentido y verdadero) no es para llevarlo a la liturgia. A partir de entonces, hasta hoy, cuando llega Pascua mi corazón se llena de poesía, y escribo un himno con que felicitar, y que sirva para rezar… Aquí tienes una colección. No son todos.
Algunos poemas que nacieron a la vera de la liturgia, pasaron a los libros oficiales[1].  Cuando venga la Hermana Muerte con un abrazo de paz y este peregrino rinda su cuerpo a la tierra (“polvo sí, mas polvo enamorado”, dijo en un soneto Francisco de Quevedo), acaso sigan flotando en la bóveda de la iglesita de una comunidad orante unos versos que nacieron en un corazón que leyó el Evangelio de la Pascua de Jesús. De cuanto he escrito, quizás la mejor herencia.
¿Qué es la Pascua?
Lo más bello que ha redescubierto la Madre Iglesia en esta profunda renovación que hay que contarla por múltiples decenios. La Pascua de Jesús es el eje de la Biblia, el eje de la Teología, el eje de la Pastoral, el eje de nuestra Presencia en el mundo.
Este librito no es para teorizar. Es simplemente para cantar…, para exultar, para amar…; o más bien, para dejarse amar, pues él nos amó primero.
Amado lector, amada Lidia, queda en tus manos.
La Madre del Señor, presente en la Cruz, que es misterio pascual, nos conduzca con ternura. Ella es la Madre de la Iglesia.
Desde México, Cuaresma 2018

Rufino María Grández, capuchino
Misionero de la Misericordia

Al fin será la paz y la corona

Al fin será la paz y la corona,
los vítores, las palmas sacudidas,
y un aleluya inmenso como el cielo
para cantar la gloria del Mesías.

Será el estrecho abrazo de los hombres,
sin muerte, sin pecado, sin envidia;
será el amor perfecto del encuentro,
será como quien llora de alegría.

Porque hoy remonta el vuelo el sepultado
y va por el sendero de la vida
a saciarse de gozo junto al Padre
y a preparar la mesa de familia.

Se fue, pero volvía, se mostraba,
lo abrazaban, hablaba, compartía;
y escondido la Iglesia lo contempla,
lo adora más presente todavía.

Hundimos en sus ojos la mirada,
y ya es nuestra su historia que principia,
nuestros son los laureles de su frente,
aunque un día le dimos las espinas.

Que el tiempo y el espacio limitados
sumisos al Espíritu se rindan,
y dejen paso a Cristo omnipotente,
a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.


No se apagó tu recuerdo

No se apagó tu recuerdo
perdido en la sepultura,
no te fuiste sin retorno,
muerto, por la senda oscura.

El manto de muchos siglos
no ha velado tu figura,
el olvido de los hombres
no ha olvidado tu hermosura.

Eres con ojos eternos
vida y sol desde la altura;
tu rostro cubre la tierra,
es paz en la guerra dura.

Eres presencia y banquete,
amor que por siempre dura,
eres lo que el hombre ansía,
Jesús de mi raza pura.

Oh Viviente de los mundos,
métenos por la hendidura
de la casa de tu pecho,
cielo de tus criaturas.

Oh Cristo, Flor de la tierra,
rocío, gracia, ternura,
con cantos te bendecimos,
danos la gloria futura. Amén.


Estaba al alba María

Estaba al alba María,
llamándole con sus lágrimas

Vino la Gloria del Padre
y amaneció el primer día.
Envuelto en la blanca túnica
de su propia luz divina,
la sábana de la muerte
dejada en tumba vacía ,
Jesús alzado reinaba,
pero ella no lo veía.

Estaba al alba María,
la fiel esposa que aguarda.
Mueva el Espíritu el aura
en el jardín de la vida.
Las flores huelan la Pascua
de la carne sin mancilla,
y quede quieta la esposa
sin preguntas ni fatiga.
¡Ya está delante el esposo,
venido de la colina!

Estaba al alba María,
porque era la enamorada.
"¡María!", la voz amada.
"¡Rabbuní!", dice María.
El amor se hizo un abrazo
junto a las plantas benditas;
las llagas glorificadas
ríos de fuego y delicia;
Jesús, Esposo divino,
María, esposa cautiva.

Estaba al alba María,
con una unción preparada.
Jesús en las azucenas
al claro del bello día.
En los brazos del Esposo
La Iglesia se regocija.
¡Gloria al señor encontrado,
gloria al Dios de la alegría,
gloria al Amor más amado,
gloria y paz, y Pascua y dicha!

Estaba al alba María;
es Pascua en la Iglesia santa.
Amén. ¡Aleluya!

28 noviembre 2018


[1] Mi agradecimiento del todo particular al presbítero de la Iglesia de Barcelona, don Pedro Farnés Scherer, fallecido el 24 de marzo de 2017, a los 91 años de edad.

viernes, 23 de noviembre de 2018

1137 Dom. XXXIV B – Jesús anuncia su reinado de verdad y de amor



Jesús anuncia su reinado de verdad y de amor
Jn 18,33-37
Texto evangélico:
33 Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo: « ¿Eres tú el rey de los judíos?». 34 Jesús le contestó: « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». 35 Pilato replicó: « ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?». 36 Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». 37 Pilato le dijo: «Entonces, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».

Hermanos:
1. Hoy es un domingo muy especial, Domingo de Jesucristo Rey del universo. Rey en la Cruz alzada, Rey cuando venga a dar el veredicto final de la historia. Jesús es Rey…
Hace poco aparecía un artículo documentado propugnando que tendría que desaparecer este título, que trae más confusión que aclaraciones.
Con respeto, si esta opinión fuera cierta, tendríamos que arrasar algunas páginas del Evangelio, comenzando por aquella tabla del título de la cruz que hizo escribir Pilatos: Jesús Nazareno rey de los judíos. Por esto murió Jesús.
Tendríamos que quitar aquella otra página del Evangelio de san Mateo, del juicio universal cuando el Rey congregará a todas las naciones.
Tendríamos que quitar la entrada de Jesús en Jerusalén. En el Evangelio de san Mateo leemos muy conmovidos: “Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”» (Mt 21.4-5).
Jesús quiso ser Rey, pero rey de esta manera, rey montado en una borrica y aclamado por el amor del pueblo sencillo. Él nunca hizo un milagro a favor suyo, para mostrar su superioridad y aplastar al enemigo. Bien al contrario, cuando curaba a un enfermo, él mismo, con cierta severidad, conminaba al que había sido prodigiosamente favorecido: Vete, y no se lo digas a nadie. Pero unos días antes de su Pasión quiso entrar en Jerusalén como Rey, como rey humilde y sencillo, Rey de amor cumpliendo la profecía de Zacarías. Si él quiso ser Rey de esta manera, muy a gusto nos unimos nosotros a sus sentimientos, y le proclamamos Rey. El único homenaje para sí, que ha pedido Jesús en su vida.

2. El Evangelio de San Juan en el relato de la Pasión se ha complacido en hacernos esta presentación de Cristo Rey, y en todas las iglesias se lee hoy este pasaje en el cual se declara Jesús Rey, de una manera que nos estremece y nos consuela con íntima alegría.
Pilato es el poder político del imperio, de un imperio que se ha apoderado de los despojo del antiguo reino de Israel. Jesús ¿a qué reino pertenece? Ciertamente que no al imperio romano. No tiene la ciudadanía romana, como el judío Pablo un día la tendrá. El reinado de Israel está dividido, y todo él sometido a Roma. Jesús ¿a cuál demarcación?
Pilato le pregunta si es el nuevo Rey que va a unificar y restablecer el viejo reinado que alcanzó su máximo esplendor en los tiempos de David. Acaso Jesús podría ser la alternativa para esta fragmentación reinante. ¿Eres tú el Rey de los judíos?
La pregunta está fuera de lugar, porque estamos hablando lenguajes distintos. Jesús contesta: « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?».
Como si aclarara: ¿De qué estamos hablando? Mi reino no es de este mundo.
Es decir: Yo no pretendo ni desbancar a nadie, si suplantar a nadie con una alternativa, ni ponerme al frente de nadie en contra del Imperio que ha llegado a la tierra palestina.

3. Están, pues, frente a frente Pilato y Jesús. Pilato seguramente no ha leído a Moisés, ni Jesús ha leído el derecho romano. Pero Jesús ha predicado el Reino de Dios, que es la clave de todas sus parábolas; y él mismo se ha visto como protagonista y cima de este Reino que ya ha venido a la tierra.
Entonces viene la pregunta definitiva: «Entonces, ¿tú eres rey?».
Era como un reto sagrado. Y Jesús respondió de un modo solmene:
-         Tú lo dices: soy rey.
Y ahora proclama el Código de este Reino, el reino de Jesús, al cual eso hemos apuntado: Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.
Jesús se autodeclara Rey, al eco de las palabras del Procurador Poncio Pilato, y proclama su revolución.
No es Rey de los valores que priman en este mundo, pero sí es y quiere ser Rey en esta historia nuestra, en este que llamamos nuestro mundo, en esta que llamamos nuestra época. Y declara su revolución: Él es el Rey de la verdad.
Luego queda colgando la pregunta escéptica que lanzó Pilato: Qué es la verdad?

4. Jesús es el testigo de la verdad, portador de la verdad; el rey de la verdad, Un filósofo político dirá: La verdad política no existe, es la que queramos hacer nosotros. Nosotros somos dueños de nuestros actos y nosotros configuramos nuestros actos y reacciones a nuestro antojo. Otra vez nos saldríamos del área en que nos está hablando Jesús.
Jesús es testigo de la verdad como lo fueron los Profetas, como humildemente quiere serlo la Iglesia, pese a todos los pesares.
Jesús es testigo de la verdad como revelador de Dios, como iniciador de una familia nueva.
Jesús no quiere hacer de su Iglesia, comunidad mesiánica del Reino, la organización fuerte de su reinado, dotándoles de los poderes de un reinado de la tierra. Sería fatal concebir así la Iglesia.

5. La Iglesia quiere ser la portadora de la humildad y de la misericordia de Cristo. La Iglesia del Crucificado no puede tener armas,  no puede tener ejército como un reino de esta tierra. No puede tener escudos ni grandezas humanas. La Iglesia no es una organización política, ni tampoco una organización cultural mundial, ni tampoco una Academia superior para comunicar la mejor moral del mundo.
La Iglesia es la congregación de los discípulos de Jesús, abierta a todas las naciones y culturas, para entregar el perdón de Dios, el amor de Jesús, la hermandad divina de los hijos de Dios que eso ha traído nuestro hermano y señor Jesús con su muerte. La Iglesia no es otra cosa que la pura misericordia de Dios para nosotros peregrinos en esta aventura humana.
La Iglesia no son banderas. La Iglesia es el abrazo de la ternura de Dios, nada más y nada menos. Esta es la Iglesia de Dios, presidida por Jesús, el Señor, “y todos vosotros sois hermanos”, añade el Señor.

6. Podríamos ahora, hermanos, proyectar este Evangelio a la situación política agitadísima que se ha vivido en España esta semana, en Congreso; podríamos proyectarlo a la política de México, que dentro de unos días, el 1 de diciembre va a estrenar nuevo gobiernos con nuevas promesas. Hechos reales…, pero el reinado de Jesús se yergue puro y acogedor, para que todos, de la inclinación o bando que seamos, hallemos en él la paz de nuestros corazones.

Señor Jesús, tú no eres rey de los poderes de este mundo, pero sí eres rey nuestro que estamos en este mundo, y queremos conducirnos con el Evangelio que nos has revelado. Concédenos que en todos nuestros afanes seamos, como tú lo has sido, testigos de la verdad. Amén.

Guadalajara, Monasterio de la Visitación e María (Ejercicios espirituales), viernes 23 de noviembre de 2018.


Cántico de comunión
en la solemnidad de Cristo Rey

El rey que vio Zacarías,
montado en una  borrica,
ese mi Rey que yo adoro,
el Rey que el Padre me envía

El Rey que va caminando
entre la gente sencilla,
sin banderas ni trofeos
orlando su comitiva.

Rey de perdón y de paz
en su mirada infinita,
Rey divino de humildad
que amor regala y respira.

Su trono puso en la cruz
y alzado quedo en la cima,
y un abrazo nos ofrece
con sus manos extendidas.

Oh Rey único anunciado
en las santas profecías,
como Rey te confesamos
viviente en la Eucaristía.

¡Hijo de Dios, Jesucristo,
que en tu gloria nos cobijas,
recibe nuestro homenaje
y acéptanos cual familia! Amén.

(Noche de Cristo Rey)