sábado, 3 de abril de 2021

1569. Sábado Santo, el día después

 

Silencio de la verdad

 

El día después comienza en el instante de la muerte de Jesús, un poco antes del Sábado Santo: El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 16,39). ¿Cómo fue aquella noche? El Evangelio nos cuenta cómo fue la noche anterior de la mujer de Pilatos: “Y mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó a decir: «No te metas con ese justo porque esta noche he sufrido mucho soñando con él»”(Mt 27,19). No queremos pensar en la noche de Judas, que terminó en el suicidio.

Pero hay otra manera de ver la noche, “el día después”. La Iglesia nos invita al silencio meditativo, a la serenidad, a la paz, con María, en espera de la Resurrección, y con la Resurrección de Jesús mi propia muerte y resurrección.

Silencio de la verdad
es el de Sábado Santo:
mi Dios ha muerto de amor
y el mundo rueda entretanto.

Silencio, esperanza y paz,
un silencio consolado,
bálsamo de corazones
que nos llega del Calvario.

Silencio que me anticipa
lo que ha de haber a mi lado,
aquel día – Dios lo sabe –
del adiós a mis hermanos.

El silencio de María,
pozo de amor remansado,
de lágrimas rebosantes
y de amor inmaculado.

Silencio recordatorio
de todo lo que ha pasado:
las cosas ya han sucedido
y es distinto recordarlo.

Las cosas fueron las mismas,
entre el amor y el pecado,
pero aquel día después
la Verdad abrió sus labios.

Yo me agarro cual creyente 
al centurión confesando:
Este es el Hijo de Dios
que ha muerto crucificado.

Con José de Arimatea
yo su cuerpo he desclavado:
mi tumba será su tumba:
tumba nueva, cuerpo santo.

Y también con Nicodemo
he venido a embalsamarlo,
con perfumes y con mirra,
que ya ofrecieron los Magos.

Y quisiera el corazón
amor desinteresado
de aquellas santas mujeres
que llorando están mirando.

Silencio, consagración
de lo más bello y humano:
Dios ha muerto, calle el mundo
y diga “que he sido amado”.

Silencio, noche de paz,
como en Belén le cantaron,
Dios ha nacido de amor,
y de amor ha terminado.

Madrid, Jesús de Medinaceli, Sábado Santo 2021

viernes, 2 de abril de 2021

1568. El beso del Viernes Santo - Adoración de la Cruz

 

Venimos a tus pies, Jesús amado


“Me amó y se entregó por mí” (Gálatas 2,20)

Venimos a tus pies, Jesús amado,
a sellar nuestro amor con este beso,
que lleva nuestra historia y tu perdón,
respuesta a tu ternura y tu deseo.

Sin previa condición tu nos amaste
y del Padre aprendiste su secreto,
amaste a lo infinito a tus hermanos,
locura que jamás entenderemos.

Clavado en Cruz y en Cruz abandonado,
allí eras tú, amando vivo y muerto,
amando con el Padre y el Espíritu,
amando, y al final, herido el pecho.

Yo beso con temblor tus pies sangrantes
y en esa Cruz adoro el Cuerpo entero,
tu santa Encarnación, que te hizo mío,
oh Dios de mis caminos y mis sueños.

Presente estás, presente entre los hombres,
que tu vida inefable es Sacramento,
y ese amor regalado y celebrado,
es vida de mi Dios, amor eterno.

Te adoramos, oh Cristo universal,
que en la Cruz fuiste fuego y hoy destello,
acógenos a todos como Hermano,
Hermano deseado y verdadero.

Jesús, en este día de los siglos,
mi corazón cual es yo te presento,
tú lo hiciste sin frontera para amar,
guárdalo en tu santo mandamiento.

Madrid, Noche Viernes Santo 2021.

jueves, 1 de abril de 2021

1567 Jueves Santo Mi principal ministerio – celebrar la Eucaristía

 

Mi principal ministerio – celebrar la Eucaristía

 

“Los sacerdotes, teniendo siempre presente que en el misterio del Sacrificio eucarístico se realiza continuamente la obra de la redención, deben celebrarlo frecuentemente; es más, se recomienda encarecidamente la celebración diaria, la cual, aunque no pueda tenerse con asistencia de fieles, es una acción de Cristo y de la Iglesia, en cuya realización los sacerdotes cumplen su principal ministerio.” (CIC 904). Y a continuación (c. 906) explica que con causa “justa y razonable” (e. d., no precisamente grave) se pueda celebrar “sin la participación por lo menos de algún fiel”.

A los buenísimos y excelentísimos sacerdotes que he conocido en mi pueblo, por citar solo los últimos: Don Carlos, Javi, Alejandro y Juanjo. Recordando que fui ordenado sacerdote hace 61 años (2 abril 1960), con cariño, un abrazo

Mi principal ministerio
celebrar la Eucaristía:
unirme a Cristo en la Cruz
y vivir lo que él vivía.

Ser menor de los menores,
ser el último en la lista;
para ser buen sacerdote
es esa la norma y guía.

¿Quién habla de dignidad,
de privilegios y usía,
si nunca lo supe así
desde aquel soñado día?

Celebrar humildemente,
uniendo a Jesús mi vida,
y sin buscar reverencias,
que vergüenza me daría.

Celebrar el don de Dios,
sus divinas maravillas,
la Encarnación y la Pascua,
eso por dentro es la Misa.

La Misa de la pandemia
en mi celda capuchina,
con todo el mundo presente
que a mi corazón se arrima.

Y orar unidos a todos,
porque en Jesús son familia,
y nada que sea humano
es ajeno a mi franquicia.

Predicar el Evangelio,
que ha de ser mi primacía,
y darle este pan de vida,
que es lo que más necesita.

Escuchar y acompañar
a la gente más sencilla,
sin títulos resonantes,
con el amor por pericia.

Sacerdocio no es ser casta,
ni social categoría,
es un modo de presencia
de acogida y compañía.

Pastor que lleva al rebaño
a pastar en serranía,
en prados verdes de cielo,
con aguas sanas y limpias.

El párroco de mi aldea,
que mil oficios practica,
y no olvida lo principal
cuando ora y se arrodilla.

Quizás te llaman Don Carlos,
o Javi, como hoy se estila:
Sacerdote del Señor
con tirilla o sin tirilla.

¡Oh qué hermosa vocación,
que, si es verdad, nos fascina,
si la vemos, como existe,
en tantos hermanos viva!

Jóvenes que vais buscando
cosas no vistas ni oídas:
verdades de octogenario
acaso den lucecitas.

Si Jesús te llama, ven;
solo por él: ¡rompe y grita!
Y dale lo que te pide:

entera toda tu vida.

 Desde Madrid, Jesús de Medinaceli, Jueves Santo, 1 abril 2021